Ya me he registrado:

Recuperar contraseña

Ver tu carrito

Alí Chumacero: entre Cenzontle y Tezontle. Consuelo Sáizar en Reforma

Alí Chumacero: entre Cenzontle y Tezontle. Consuelo Sáizar en Reforma

Publicado en Reforma 9 Julio 2018

Los nombres de las colecciones de las editoriales se proponen dar rumbo y destino, claridad a los lectores y una definición del compromiso y la oferta de lectura que ofrece el editor. En el Fondo de Cultura Económica los nombres de las diferentes colecciones se han elegido con extremo cuidado y han dado pie a grandes historias. Por ejemplo, a principios de la década de los cuarenta, cuando el proyecto editorial empezaba a consolidarse, don Daniel Cosío Villegas propuso la creación de una nueva colección a la que se decidió nombrar Cenzontle, pensando en el pájaro de las cuatrocientas voces. El primer título contratado fue La rama viva, poemas de Francisco Giner de los Ríos; el manuscrito se compuso en linotipo -el sistema de producción entonces imperante- y se mandó a la imprenta. En algún momento, el jefe del taller llamó por teléfono a la editorial para decir que no entendía la letra en donde se detallaba el nombre de la colección. Al ruido estruendoso de las máquinas de impresión se sumaba el de las múltiples voces de la oficina y -por si fuera poco- las fallas de conexión de la línea telefónica. “¿Qué como se llama la nueva colección?”, “¿cómo?”, se escuchó preguntar en repetidas ocasiones al impresor, quien terminó entendiendo Tezontle. Así fue impresa, pues así había escuchado la palabra que con su acento castizo había dicho a gritos Bernardo Giner de los Ríos, el entonces jefe de producción.

Alí Chumacero contaba con enorme gracia esta anécdota, y concluía diciendo: “no hay que alarmarse: Nezahualcóyotl le cantó al cenzontle por sus cuatrocientas voces, pero también vagaba por los pasadizos que mandó construir en medio de las montañas, con esa roca ígnea que es el tezontle. Es decir, que las dos colecciones tienen como vínculo indisoluble a uno de nuestros poetas mayores”.

En 2003, Alí me sugirió una colección de textos breves. Había un antecedente, la Colección Fondo 2000, que -según me dijo- se quedó rebasada por el cambio de siglo. Aprobé el proyecto, y le propuse retomar el nombre de Cenzontle. Lo acogió con agrado, diría incluso que con emoción. Le pedí, además, que se hiciera cargo del diseño gráfico. Acompañado de Alejandro Valles, uno de los más conspicuos de sus discípulos, y con la colaboración de Joaquín Díez-Canedo Flores, el maestro Chumacero trabajó durante meses. Eligió una bellísima tipografía -la minion-, estudió con inmenso cuidado el interlineado -10 en 12-, el papel -un crema de noventa gramos-, y en un último impulso, amplió el medianil para darle más aire a la caja. Cruzar el atlántico, de José Luis Martínez (uno de los grandes directores del Fondo) apareció en 2004. Ese primer título también lo había elegido Alí.

Hoy celebramos el centenario de Alí Chumacero, gran poeta, hombre de letras y libros, bibliófilo y uno de los grandísimos editores del siglo XX mexicano. Recordarlo es evocar una de las mejores etapas de la historia de la edición en nuestro idioma.

 

Si quieres estar al día de las actividades, colecciones, propuestas, cursos, información destacada semanalmente del sector del libro y la cultura, DATE DE ALTA en el Boletín semanal de Trama Editorial.¡NO TE ARREPENTIRÁS!

Si únicamente quieres recibir información de nuestras novedades. Lo puedes hacer aquí: acceder.

 

Deja un comentario