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Contra la lectura. Mikita Brottman. Blackie Books

Contra la lectura. Mikita Brottman. Blackie Books

Mikita Brottman

Contra la lectura

Traducción: Lucía Barahona

Blackie Books

2018. 168 p.

Colección: Pensamiento

ISBN 978-84-17059-54-5

 

Dice Mikita Brottman que leer y masturbarse son dos actividades que se asemejan más de lo que podría parecer al primer vistazo. “Aunque en un principio no parezca evidente, las dos actividades tienen mucho en común. Ambas suelen llevarse a solas y en privado, a menudo en la cama y por la noche, antes de dormir”, argumenta en ‘Contra la lectura’ (Blackie Books, 2018), un ensayo sobre la personalísima pero transferible —al fin y al cabo ni usted ni yo somos tan especiales como para tener unos hábitos de lectura únicos e irrepetibles— relación del lector con el acto de la lectura y con los libros como objetos que pueden acercar las pasiones más encendidas o matarte traicioneramente con el filo de sus hojas.

No, ‘Contra la lectura’ no es un alegato en contra de nuestros amigos —a veces— los libros. Anticipándose a los críticos de comprensión más literal, Brottman defiende que es más bien una carta de amor con peros:

Seguir leyendo en El Confidencial.

 

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El editing, esa arma de doble filo ¿Mejorar o transformar? Guillermo Schavelzon

El editing, esa arma de doble filo ¿Mejorar o transformar? Guillermo Schavelzon

El trabajo del editor con el texto del autor ha tenido momentos de gloria, resultando algunas veces un aporte muy agradecido por los escritores, que vieron cómo el editor les ayudaba a mejorar, o incluso a poder terminar su obra. Hoy, la imperiosa necesidad de vender más ha distorsionado la idea del editing, llevando a muchos escritores a una zona de conflicto con sus convicciones.

T. S. Eliot trabajo años en La tierra baldía, el poema más trascendente del siglo veinte, del que Andreu Jaume dice, en la reciente edición a su cargo: “no hay, en el siglo veinte, una obra que concentre con tanta intensidad todas las ideas…”. El manuscrito, antes de su publicación en 1922, fue editado por Ezra Pound, logrando así “la reducción de varios pasajes a sus términos más intensos”. El largo poema se redujo a la mitad, según uno de sus traductores, Esteban Pujals Gesali. El aporte de Pound como editor fue tan determinante, que Eliot se lo reconoció en la dedicatoria: «Para Ezra Pound, il miglior fabbro», (el mejor artesano, referencia a un verso de Dante, traducción de Andreu Jaume).

Este tipo de trabajo, tan intenso y personal, se perdió cuando la gran industria editorial, hace unas décadas, emigró del área de educación y cultura, hacia la del ocio y entretenimiento, consecuencia del cambio global en la política educativa, que “en lugar de producir ciudadanos cultos, produce individuos que buscan diversión” (Jordi Llovet, Adiós a la Universidad). Este cambio trascendente, modificó el concepto de editing, empujando a muchos editores a una intervención comercial en los textos. A esto lo llamo nuevo editing.

Cuando un editor trabajaba con una docena de manuscritos al año (hoy lo hace con ochenta o cien), se establecía una relación muy próxima entre ambos, porque podía dedicar, siempre en forma presencial, el tiempo necesario para trabajar juntos sobre un texto, generando, en ese intercambio, una colaboración comprometida y creativa. Pese a desacuerdos y discusiones, de este trabajo conjunto casi siempre se emergía con un buen texto, y una gran amistad.

Seguir leyendo en el blog de Guillermo Schavelzon.

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Leer es un riesgo. Alfonso Berardinelli. Círculo de Tiza

Leer es un riesgo. Alfonso Berardinelli. Círculo de Tiza

Alfonso Berardinelli

Leer es un riesgo

Círculo de Tiza

2016. 239 p.

ISBN 978-84-945719-1-6

 

Leer es un riesgo, y además es contagioso, pero para que se produzca el contagio hace falta leer con pasión. Leer es un lujo, un impulso noble o ligeramente perverso, un vicio que la sociedad no censura. Es también una forma de salirse de uno mismo y del ambiente que nos rodea, un medio para conocerse mejor, para ser más conscientes de nuestro orden y desorden mental.
Alfonso Berardinelli, el agitador cultural más indómito y polémico de Italia, recoge en este libro sus reflexiones más lúcidas y provocadoras sobre la lectura y los cánones literarios sin posicionamientos políticos, sin proclamas ni programas.
Para Berardinelli la lectura es conocimiento, identificación, escándalo y evasión. Su irónica inteligencia alerta sobre los riesgos de la tecnología, la banalidad de autores sagrados, o el mercantilismo de la industria cultural.
Una reivindicación del valor de la independencia y la necesidad de tomar distancia con el pensamiento dominante que no dejará indiferente.

“No tiene dinero. Piensa. Lee. Escribe. Trabaja. Tal vez se haya apartado a propósito, o quizá haya sido expulsado. No se queja. Es testarudo. Por suerte, a lo largo de los siglos siempre ha habido un par de individuos así.”
Hans Magnus Enzesberger-

 

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Los trenes y la lectura. Elena Rius

Los trenes y la lectura. Elena Rius

Una de las mayores ventajas de viajar en tren es que nos brinda un rato propicio a la relajación y a olvidarnos del resto del mundo (o así era, al menos, antes del advenimiento de los móviles). Mientras nos hallamos en tránsito, ni aquí ni allí, cómodamente arrellanados en nuestra butaca, podemos decidir en qué vamos a emplear ese espacio de tiempo vacío: dormitar, admirar el paisaje, hacer crucigramas o sumirnos en la lectura. Diríase que la alternativa de darle palique a los otros viajeros, ese recurso tan utilizado en las novelas, ha caído en desuso, junto con la tradicional fiambrera y chorizo del pueblo que ya nadie lleva consigo. Es más, ahora que tantas de nuestras ciudades están unidas por cómodos y raudos AVE, corremos el riesgo de llegar a nuestro destino sin haber podido terminar el crucigrama.
Antes de la era del ferrocarril -un par de fechas para que se sitúen: en Gran Bretaña, la primera línea regular de pasajeros, entre Liverpool y Manchester, se inauguró en 1830; en España, el primer trayecto en tren (Barcelona-Mataró) se realizó en 1848- tanto confort era impensable. Los coches de caballos, las diligencias o las tartanas, el transporte terrestre más habitual, transitaban por caminos irregulares y, a menudo, en muy mal estado, de modo que los sufridos viajeros, zarandeados durante todo el trayecto, se conformaban con no llegar del todo molidos. Por supuesto, nada de leer durante el viaje, el bamboleo lo hacía inviable. El ferrocarril, pues, abrió nuevos horizontes.

Seguir leyendo en Notas para lectores curiosos.

 

Elena Rius es autora de El síndrome del lector publicado en la colección Tipos móviles.

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Vida nueva a los libros descatalogados: el horizonte digital y sus desafíos. Manuel Rico

Vida nueva a los libros descatalogados: el horizonte digital y sus desafíos. Manuel Rico

Es mucha la carga de polémica que a estas alturas del siglo llevamos acumulada respecto a las ventajas del libro en papel (sobre todo para quienes nos hemos formado, literaria y sentimentalmente, en su universo) en relación con el libro en formato digital, es decir, en e-book. Tacto, olor, valor artístico y cultural del objeto libro, sencillez y despojamiento, ahorro de baterías y otros artilugios alimentadores del lector electrónico en sus distintos formatos, han sido argumentos colocados sobre la mesa en cada debate. Comparto, como no podía ser de otro modo, todos los que se utilizan para defender el libro tradicional y no voy a contradecirlos. Pero quienes escriben y publican desde hace mucho tiempo con buena acogida crítica y no tienen ninguno de los títulos (Premio Cervantes, premio Nobel y pocos más, o una dilatada carrera de best-sellers) que permiten mantener vivo (es decir, accesible y reeditado) todo el catálogo de obra propia, se encuentran con enormes dificultades para que obras publicadas hace diez, quince o veinte años, descatalogadas por muerte de las colecciones en que aparecieron o por voluntad del director o directora editorial correspondiente sean conocidas, compradas o leídas por los lectores de hoy. Si ya es extremadamente difícil lograr que una novedad se mantenga un par de meses en las mesas de novedades de las librerías, aspirar a que ésta se incorpore al fondo vivo de las mismas —cada vez hay menos “librerías de fondo”—parece un objetivo que linda con lo imposible. Si esa pretensión la extendemos a los libros que se publicaron hace más de una década y planteamos junto a esa presencia “viva” en las librerías de fondo la posibilidad de la reedición, nos encontraremos con la misma, o más contundente imposibilidad. Solo la casualidad, el ojo curioso de un editor (casi siempre modesto e idealista), o la apuesta de un experto o maniático buscador entre los libros  que enterró el tiempo pueden ejercer cierta labor salvadora. La inmensa mayoría de las novedades dejan de ser novedades a los pocos meses y al cabo del año o de los dos años quedan sepultadas por toneladas de papel de incierto destino.

Seguir leyendo en nuevatribuna.es .

 

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Memorias de un librero en Librerías del mundo. César Benedicto Callejas

Memorias de un librero en Librerías del mundo. César Benedicto Callejas

Uno de los géneros literarios que más me gustan son las memorias y las autobiografías, en pocos textos como en aquellos se puede percibir con mayor intensidad el ansia humana de ser recordado, nuestra innata necesidad de mirarnos al espejo y la necesidad de sentirnos presentes. Las memorias son un género peculiar a medio camino entre la novela, por cuanto el recuerdo es siempre reinvención del pasado y quien cuenta el suyo propio hace mea culpa o se justifica y el reportaje porque si bien reconstruye, no puede del todo mentir.

Yánover no quiere justificarse, no tiene por qué ni de qué, más bien quiere dejar constancia de aquello que le pasó y que no desea que se pierda en aquel mundo cambiante de los libros en el que ya adivina sus transformaciones (Yánover murió en 2003), y, sobre todo, es un canto al libro como objeto, como forma de vida y como camino de diálogo.

Sus memorias no son un anecdotario, son una mezcla rarísima y deliciosa, entre los trabajos del librero, desde el más sencillo vendedor hasta el propietario de Norte, la célebre librería de Buenos Aires. Personajes anodinos, grandes escritores, compradores desaprensivos, locos y cuerdos, sabios e ignorantes se pasean por sus anaqueles y él observa pasar el mundo con la certeza de que todo está ahí,
en la librería, desde antes de que ocurra y para siempre.

No pierde de vista que su tarea es vender libros, que es escritor y promotor cultural, que es lector y amigo de celebridades, ésas son cosas accesorias, no vende libros y por eso, no sin cierta amargura, denota el espíritu de quienes leen y de quienes no lo hacen.

Acceder al artículo completo en El Excelsior.

 

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Diseñadores en la nebulosa. El diseño gráfico en la era digital. José María Cerezo. Campgràfic

Diseñadores en la nebulosa. El diseño gráfico en la era digital. José María Cerezo. Campgràfic

José María Cerezo

Diseñadores en la nebulosa. El diseño gráfico en la era digital. Edición corregida y ampliada

Campgràfic

2018. 130 p.

Colección: Pensamiento

ISBN 978-84-96657-52-6

Diseñadores en la nebulosa es un clásico en el que el autor reflexiona sobre la posición del diseñador en un entorno de continuo cambio. El diseñador ante lo digital obliga a un replanteamiento, la enésima, en el proceso de repensar el diseño. Su vigencia es absoluta pues su reflexión es sobre el cambio.

 

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Cultura Ciberliteratura, más allá del ‘ebook’, la tableta o las redes sociales. Cecilia Castelló Llantada

Cultura Ciberliteratura, más allá del ‘ebook’, la tableta o las redes sociales. Cecilia Castelló Llantada

Literatura para Facebook o Twitter, obras para móvil, tabletas y redes sociales, eBooks, blognovelas, booktubers… ¿Qué implica la ciberliteratura? ¿Una expresión artística de vanguardia? ¿O es la adaptación natural de la literatura tradicional a un mundo conectado? ¿Será una tabla de salvación digital para la industria? Como todo movimiento complejo puede tener múltiples facetas, niveles y desarrollo.

En esencia se considera literatura digital aquella obra “que ya se ha creado usando la textualidad electrónica, que no se podría traducir al papel. Ha nacido con una dimensión tecnológica”, explica María Goicoechea, coordinadora del proyecto de investigación eLITE (Edición Literaria Electrónica) y profesora de la Universidad Complutense de Madrid. Y es aquí donde llega la primera confusión. “Una interpretación errónea es que literatura electrónica es cualquier texto digitalizado, que se pueda leer en una tableta, en una pantalla”, explica Goicoechea. Es decir, para que una obra se considere puramente digital debe ir más allá, contar con una determinada estructura y reunir, en un mismo espacio, lenguajes y formas expresivas diversas, desde el texto y la música, lo visual o la animación.

Pilares de la literatura electrónica son el hipertexto, que implica una propuesta no secuencial (sino laberíntica), así como el hipermedia (convergencia de medios). Planteamientos que ya recogen creaciones anteriores a la generalización de los ordenadores personales y soportes digitales, como el caso de la poesía sonora del siglo XX, El Aleph de Jorge Luis Borges oRayuela, de Julio Cortázar.

Pero además de la composición por nodos, la obra digital se complementa con otros recursos que la enriquecen, el autor explora nuevas formas narrativas y de expresión, como efectos sonoros, visuales y de diseño gráfico. Todo con el fin de dar profundidad a la obra, de traspasar las limitaciones que impone el papel.

Seguir leyendo en Retina-El País.

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Leer por suscripción. Elena Rius

Leer por suscripción. Elena Rius

Tenemos tendencia a imaginar que la forma actual de organización de la mayoría de actividades humanas es la misma que ha prevalecido durante siglos. Damos por supuesto que ciertos adelantos han modificado algunas costumbres -ahora podemos comprar por internet, sin necesidad de desplazarnos a una tienda física, o volar al otro extremo del globo en pocas horas, realizando travesías impensables dos siglos atrás-, pero muchos otros cambios en los usos cotidianos han caído en el olvido. Hablando de la lectura -y olvidándonos por un rato de la ya cansina discusión entre las bondades respectivas del libro físico y el digital-, un poco de investigación en la historia de la comercialización de los libros revela que nuestros antepasados conocían una forma de acceder los libros que ya no existe, la lectura por suscripción. Hoy, si nos apetece estar al día de las últimas novedades editoriales, tenemos básicamente dos opciones: acudir a una librería y hacernos con ellas (previa adquisición de los libros en cuestión) o ir a la biblioteca y tomarlas prestadas sin cargo alguno (suponiendo que se trate de una biblioteca bien abastecida y que renueve regularmente su fondo). Sin embargo, antes de que se generalizasen las bibliotecas públicas abiertas a todo el mundo (un avance en realidad bastante reciente), los lectores victorianos disponían de otra salida: suscribirse a una biblioteca circulante, que por una cantidad anual permitía a sus socios hacerse con todos los libros que deseasen. Se calcula que a principios de la década de 1830 existían más de mil bibliotecas circulantes en Gran Bretaña, que se ocupaban de satisfacer los gustos lectores de todos los estratos sociales, desde los trabajadores que recurrían a ellas para completar su educación hasta las clases acomodadas que en los libros buscaban simple entretenimiento.

Seguir leyendo en Notas para lectores curiosos.

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O libro galego a intemperie. Manuel Bragado

O libro galego a intemperie. Manuel Bragado

Pasada unha década da aprobación da Lei do Libro e da Lectura de Galicia o sector do libro quedou á intemperie, abrigado pola forza dos seus lectores e lectoras e sostido pola súa dependencia do sector educativo. Pouco queda xa das intencións acuñadas nunha lei magnífica, pioneira en España, forxada co consenso do sector e dos grupos parlamentarios durante o derradeiro Goberno Fraga e aprobada (con algúns recortes significativos, como o do Instituto Rosalía de Castro para a difusión da lingua e cultura galegas no mundo) polo Goberno de coalición de Pérez Touriño. Unha lei derrogada de facto polo Goberno de Feijóo e coa que os seus tres conselleiros de Cultura (Varela, Vázquez e Rodríguez) nunca se sentiron identificados, a pesar de que o seu cumprimento fose reclamando de forma insistente polo sector como espazo de encontro institucional e de apoio profesional ao seu proceso de dixitalización e proxección internacional.

Un desinterese do equipo cultural de Feijóo pola lei de 2006 que podemos entender tanto pola súa concepción avanzada da lectura como unha competencia a desenvolver por toda a cidadanía, independentemente de cal fose a súa idade, como e sobre todo pola consideración explícita da lectura en galego e do propio sector editorial como un dos alicerces para a lingua galega, seguindo as recomendacións do Plan Xeral de Normalización da Lingua Galega de 2004, aqueloutro espazo de consenso erradicado polos gobernos de Feijóo, sobre todo dende a aprobación do decreto para o plurilingüismo de maio de 2010, a peza angular das políticas de retroceso para a lingua e para a lectura en galego.

Seguir leyendo en Luzes.

 

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