Ya me he registrado:

Recuperar contraseña

Ver tu carrito

El Rincón Literario Dominical de Paco Marín: “La sabiduría del editor”. En Cartagena Actualidad

El Rincón Literario Dominical de Paco Marín: “La sabiduría del editor”. En Cartagena Actualidad

TÍTULO:     La sabiduría del editor

AUTOR:      Hubert Nyssen

Traducción de Auxiliadora Cabrera Granados

EDITA:       Trama Editorial (2008) –Tipos móviles

 

Encuadernación: Rústica con solapas. Tamaño: 14,5 x 20,5 cm. Número de páginas: 80. PVP: 12,00 €. ISBN: 978-84-89239.90-6

Hay autores que redactan un “porrón” de páginas para conformar una historia y… no dicen, ni aportan absolutamente nada. Por el contrario, otros, en unas pocas páginas, te dejan más que satisfechos y con ganas de más.

Es el caso de La sabiduría del editor. Un libro que se publicó en 2008 y por cosas curiosas de la vida, ha caído en mis manos no hace mucho. Es una auténtica joya literaria, amén de un ejemplo de superación y tesón hasta conseguir lo que se quiere. Hubert Nyssen fundó una editorial que publicó un único libro… el proyecto se malogró a causa de la nula experiencia, una autofinanciación imposible, amen de lectores y ayudas inexistentes…

Una segunda tentativa editorial… fue un nuevo proyecto sin recorrido alguno. Entre esta tentativa y la siguiente, los libros que él había escrito empezaron a publicarse: El ensayo Les voies d l’escriture (Mercure de France) y la novela Le nom de l’arbre (Grasset).

A finales de los años setenta, del pasado siglo, un geógrafo que lo asistía en la preparación de un libro sobre Argelia le sugirió crear una pequeña empresa cartográfica reflexiva… y tomó la decisión de crear un taller sobre la materia y llamarle Actes. La Universidad de Marsella, unos años más tardes, le encargó la confección de un atlas regional… al acabar, comprendió que había editado un libro. Ese fue el punto de partida a su tercera y definitiva locura editorial. Era 1978.

«Ser editor, lo supe aquel día, no es solamente poseer un savoir faire y el recuerdo de ciertas enseñanzas. Consiste, en primer lugar, en manifestar un querer hacer, aliado con un querer soñar. Es también, en ocasiones, un saber sobrevivir. Digamos más sencillamente que es tener un ápice de locura o, si se prefiere, ser más obstinado que una mula.»

Hubert Nyssen, fundador de la imprescindible editorial francesa Actes Sud, despliega en este libro algunos recuerdos y reflexiones sobre el oficio de editor,

Seguir leyendo en Cartagena Actualidad.

Si quieres estar al día de las actividades, colecciones, propuestas, cursos, información destacada semanalmente del sector del libro y la cultura, DATE DE ALTA en el Boletín semanal de Trama Editorial.¡NO TE ARREPENTIRÁS!

Si únicamente quieres recibir información de nuestras novedades. Lo puedes hacer aquí: acceder.

Don Pepe Latorre ¡nos vemos pronto maestro!

Don Pepe Latorre ¡nos vemos pronto maestro!

Una nota rápida y sentida.

Don Pepe Latorre, que se sabía los vámonos derechos, y también los chuecos… Irrepetible, incomparable. Nos vemos pronto, maestro…

Decía ya hace unos cuantos años Javier López de Munain, histórico librero de la ya desaparecida Parnasillo de Pamplona:

Me acordaré siempre de Pepe Latorre, de Nuevas Estructuras, una distribuidora que todavía funciona, y que estaba entonces en la calle Libertad. Encontrabas de todo: libros de la editorial Joaquín Mortiz (que era una filial mexicana de Seix Barral, donde editaban Goytisolo y tantos otros prohibidos), libros de Sender, de Alberti, todos prohibidos, editados en Argentina o México. Lo cuentas ahora y la gente no se lo cree. Y encontrabas sexo (el Marqués de Sade, por ejemplo), y política… Cuando digo política digo marxismo, o a lo sumo cosas de los anarquistas.

 

Pepe fue en su tiempo y momento uno de los importadores y distribuidores heroicos que permitieron ese viaje de ida y vuelta de libros y editores entre las ‘dos orillas’.

Otro Pepe, Pepe Alcrudo fundador del las librerías Pórtico en Zaragoza nos cuenta:

A través de un viajante de libros, Pepe Latorre, consigue que su futuro amigo y otro hombre clave en el mundo del libro español de la segunda mitad del pasado siglo, Pancho González, le proporcione libros sudamericanos prohibidos, iniciando así tanto un arriesgado comercio clandestino y antifascista, como una referencia mítica en la ciudad.

¡Nos vemos pronto maestro!

Adeu Eduard Miralles

Adeu Eduard Miralles

Conocimos a Eduard Miralles en distintos momentos vitales.

Sabemos, en mayo nos lo confirmó, que era un fiel y agradecido seguidor de nuestro boletín digital.

Carme Fenoll recordaba el artículo de Eduard Miralles que en su momento recogimos en este mismo blog.

 

Hoy y en la medida en que una parte del corazón de Trama siempre anda cerca de México queremos recoger el recuerdo de Eduard que desde allí nos acerca Victoria Contreras Peña.

Muchos amigos de Trama y de Eduard, Roberto, Xavi, Javier, Mikel, Pello, el otro Mikel, Carme… están dolidos y fastidiados como nosotros. Va también por ellos.

Eduard Miralles i Ventimilla (Barcelona 1961-2018): Vislumbrar las Opciones Estratégicas del Campo Cultural en la Vida Pública de los Países. Victoria Contreras Peña

Esta mañana en Ciudad de México, un querido amigo y colega de la gestión cultural de Medellín, Colombia, me dio la noticia de la muerte de Eduard Miralles, un reconocido profesional de la Gestión Cultural en el mundo.

 Conocí a Eduard Miralles en diciembre de 2003, durante el III Campus Euroamericano de Cooperación Cultural en Sevilla, España.

 Y aquí hago un paréntesis:

 Ese año yo había tomado una decisión muy relevante en mi vida profesional: Dedicarme profesionalmente a la Gestión Cultural.

Tenía menos de un mes que había renunciado a mi puesto público de la coordinación de asesores de un área de la Comisión Federal de Electricidad, compañía donde había laborado 8 años.

 En el año 2003, México no tenía muchas opciones para profesionalizarse en Gestión Cultural (hoy existen más de 20 programas entre licenciaturas, maestrías o doctorados en el país). Después de una búsqueda en internet encontré que Sevilla celebraría el III Campus de Cooperación Cultural. Como mi licenciatura la hice en Relaciones Internacionales, encontrar ésta opción me pareció un inicio magnífico como espacio de profesionalización. Con parte del dinero de mi liquidación, compré mi vuelo a Sevilla, me inscribí al Campus y llegué ahí sin conocer a ninguno de los profesionales que ahí se encontraban.  Lo cual fue irrelevante, pues los extintos Campus fueron un excelente espacio de aprendizaje y construcción de redes transnacionales de profesionales de la cultura, así que todas las posibilidades estaban por suceder…

 Durante los días del Campus, recuerdo bien cuando escuché la intervención de Eduard Miralles, hablando categóricamente de la Gestión Cultural y de las oportunidades de cooperación entre Europa y América Latina. Sobre el valor indiscutible de la variable cultural en el diseño de las políticas públicas y su implementación para solucionar aspectos de la vida social de nuestros países. De cómo los Estados y gobiernos deben apostar al crear sistemas sostenibles de Gobernanza Cultural con todos los actores de su ecosistema; a fin de mejorar las cadenas de valor de la cultura, impulsar la diversidad de expresiones y su respeto, la profesionalización, su intersección con otros sectores y mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Esa fue la primera vez que escuché una explicación integral de lo que significan la dimensión cultural en la vida de los países y la implementación de políticas culturales.

Seguir leyendo en Conecta Cultura.

Cerramos con una cita suya que debe seguir sirviéndonos de aviso a navegantes:

Del mismo modo que, a mediados del siglo XX, la explotación indiscriminada de los recursos naturales a lo largo de más de cien años, junto con la aparición de problemas globales como la contaminación primero y el calentamiento global o la perforación de la capa de ozono algo más tarde, dieron paso al surgimiento de una nueva conciencia ante el agotamiento de los recursos naturales y la necesidad de que la especie humana avanzara hacia un mayor respeto en su relación con el medio ambiente y con su entorno, probablemente uno de los grandes desafíos para la humanidad en el siglo XXI sea la gestación de esa nueva conciencia y mayor respeto hacia la segunda esfera de su existencia: la esfera de lo cultural. O de lo contrario, el empleo reiterado de la cultura como coartada, prescindiendo de cualquier lógica propia de lo cultural, puede acabar siendo un factor decisivo de mal desarrollo. (La cultura, de factor de desarrollo a pilar de la sostenibilidad)

Cómo no arruinarse comprando libros. Elena Rius

Cómo no arruinarse comprando libros. Elena Rius

Soy consciente de que a muchos de los seguidores de este blog este artículo  les resultará superfluo. La mayoría son tan adictos a la lectura que, o bien no les importa en absoluto dedicar buena parte de su presupuesto a adquirir libros, o bien -como yo- hace tiempo que han desarrollado, por pura necesidad (¿hay algún verdadero lector que pueda vivir sin nutrirse constantemente de nuevas lecturas?), las estrategias que les expongo a continuación para que la incesante adquisición de libros no les suponga una sangría económica. Sin embargo, una y otra vez me encuentro con personas que dicen no comprar libros por lo caro que resulta, o que me piden consejo acerca de cómo hacerse con ellos a buen precio. (A modo de acotación diré que me sigue alucinando cómo algunos conocidos míos de amplios posibles, que no pestañean cuando han de rascarse el bolsillo para comprar cualquier chuchería, no se lo piensan ni un minuto cuando se trata pedirme en préstamo un ejemplar de El Lazarillo de Tormes u otro clásico que les haya caído en suerte a sus hijos comentar en el colegio. ¡Dios les libre de gastarse diez euros -o menos- en alguna de las numerosas ediciones escolares que abundan de estas obras!)  Aunque debo insistir en que los libros no son caros -piensen únicamente en lo que cuesta salir de copas una noche-, también es cierto que los bibliómanos, de no andar con cuidado, corremos el serio peligro de encontrarnos sin fondos cada vez que visitamos una librería. Si el precio de los libros les hace sufrir, no hay motivo para que cunda el pánico, existen muchas maneras de leer sin arruinarse. Aquí van algunas:

El método principal y el mejor, porque sale gratis: la biblioteca pública. Por suerte, hoy en día -al menos en España, en especial en las ciudades grandes o medianas- disfrutamos de una amplia red de bibliotecas. Aún hoy, cada vez que visito una me parece un milagro tener tantos miles de libros a mi absoluta disposición y sin necesidad de desembolsar ni un céntimo. Las bibliotecas son -y no es extraño- uno de los equipamientos públicos mejor valorados por sus usuarios. Por si esto fuera poco -aparte de la absoluta maravilla de poder tomar prestados libros, cómics y música, de disponer de un espacio cómodo y climatizado para sumergirse durante horas en la lectura, de las decenas de actividades culturales que organizan- es que su oferta no se limita a los libros que exhiben sus estanterías: sepan que es posible pedir casi cualquier libro de otras bibliotecas, lo que amplía enormemente el catálogo a nuestra disposición, y que te lo traen en pocos días (pagando, sólo a veces, un precio simbólico).  Hay gente -ves a saber por qué extraña inhibición- a la que aún le cuesta un esfuerzo entrar en una biblioteca. Adelante, no me sean tímidos, úsenlas y disfruten. Ya nunca más tendrán excusa para decir que no leen porque van mal de dinero. Las bibliotecas, como dice Borges, son lo más parecido a la idea del paraíso.

Seguir leyendo en el blog de Elena Rius, Notas para lectores curiosos.

Elena Rius es autora de El síndrome del lector publicado por Trama editorial en su colección Tipos móviles.

 

Si quieres estar al día de las actividades, colecciones, propuestas, cursos, información destacada semanalmente del sector del libro y la cultura, DATE DE ALTA en el Boletín semanal de Trama Editorial.¡NO TE ARREPENTIRÁS!

Si únicamente quieres recibir información de nuestras novedades. Lo puedes hacer aquí: acceder.

Paisajes en movimiento. Literatura y cambio cultural entre dos siglos. Gustavo Guerrero. Eterna Cadencia

Paisajes en movimiento. Literatura y cambio cultural entre dos siglos. Gustavo Guerrero. Eterna Cadencia

Gustavo Puerta

Paisajes en movimiento. Literatura y cambio cultural entre dos siglos

Eterna Cadencia

2018. 192 p.

ISBN 978-987-712-147-6

 

Paisajes en movimiento. Literatura y cambio cultural entre dos siglos (Eterna Cadencia) es el título completo de este ensayo que hace una biografía del ecosistema del libro de una región que ha tenido una larga sombra del boom latinoamericano desde los años sesenta. Medio siglo después es claro el cambio de paradigma que elimina etiquetas y muestra la frondosidad literaria de una región cultural con una misma lengua pero de creación polifónica, policéntrica y exploratoria.

Gustavo Guerrero (Caracas, 1957), baquiano de este ecosistema como escritor, profesor de literatura y consejero literario para la lengua española de la casa Gallimard (Francia), hace su investigación sobre tres temas que avanzan paralelos en apariencia pero que en realidad se trenzan y son uno solo: el estado de la poesía como pilar literario, las transformaciones de la industria editorial y su relación con los productos culturales y la crisis de las identidades y culturas nacionales.

El ensayo y la investigación es un género que Guerrero ha trabajado desde finales de los años ochenta con obras como La estrategia neobarroca o La religión del vacío oHistoria de un encargo: ‘La catira’ de Camilo José Cela, con el cual obtuvo el 26º Premio Anagrama de Ensayo.

En una de las azoteas de uno de los edificios centenarios de la Gran Vía de Madrid, desde donde se contemplan los techos sobre los que duerme la ciudad española, por la que quieren pasar física y literariamente autores hispanoamericanos, Guerrero amplía temas y reflexiona sobre algunos aspectos de su ensayo esencial para comprender la realidad literaria hispanoamericana.

Seguir leyendo en WMagazín.

 

Si quieres estar al día de las actividades, colecciones, propuestas, cursos, información destacada semanalmente del sector del libro y la cultura, DATE DE ALTA en el Boletín semanal de Trama Editorial.¡NO TE ARREPENTIRÁS!

Si únicamente quieres recibir información de nuestras novedades. Lo puedes hacer aquí: acceder.

 

Entrevista a Abelardo Linares: «Los libros son como un veneno. Un veneno raro que solo es perjudicial en pequeñas dosis». Fran G. Matute en Jot Down

Entrevista a Abelardo Linares: «Los libros son como un veneno. Un veneno raro que solo es perjudicial en pequeñas dosis». Fran G. Matute en Jot Down

Aunque el mote no le haga mucha gracia, lo cierto es que a Abelardo Linares (Sevilla, 1952) se le conoce entre bastidores como «el hombre del millón de libros». Lo cual, por otro lado, no es ninguna exageración. La fama le cayó el día que se trajo de Nueva York, a lomos de un barco, los fondos de la librería de Eliseo Torres, adquiridos al completo a su viuda tras la muerte del reconocido librero, en una operación sin precedentes en España por su envergadura, sobre la que tantas leyendas en su día se escribieron.

Para entonces, Linares ya se había labrado toda una reputación de amante impenitente del libro viejo, también de implacable cazador. Tras recorrerse las Españas en los setenta, dio buena cuenta de las Américas en los ochenta, llegando así a convertirse en uno de nuestros últimos grandes bibliófilos.

Su biblioteca personal compite por ser una de las más completas que hay sobre literatura en castellano de principios del siglo xx. De ella se nutre buena parte del exquisito catálogo de su editorial Renacimiento, fundada a principios de la década de 1980, referente en el rescate literario de dicho periodo histórico.

Los inmensos fondos de Abelardo Linares descansan ahora en tres frías naves industriales a las afueras de Sevilla. Allí, entre pasillos y pasillos, cajas y más cajas, se llevó a cabo esta entrevista sobre lecturas, pasiones y emociones. Viendo luego los miles de joyas librescas que se albergaban en las estanterías se nos hizo de noche.

¿Te sientes a gusto con la etiqueta de bibliófilo?

La bibliofilia como tal, el mundo de los bibliófilos, es algo que no me interesa demasiado, por más que, como todo coleccionismo, me parezca muy respetable. G. K. Chesterton decía que en esta vida hay que estar loco por algo para no volverse completamente loco. Para eso el coleccionismo puede ser de bastante ayuda. Lo que ocurre es que hay gente que, por culpa de la bibliofilia, solo compra libros raros anteriores al siglo xviii, o libros diminutos en dieciseisavo, o se empeña en que todos los volúmenes de su biblioteca tengan bonitas encuadernaciones en marroquín. Todo eso, dentro de lo que cabe, está bien, salvo cuando uno, por ejemplo, se dedica a reunir facsímiles de códices medievales o renacentistas a varios miles de euros la pieza, en ediciones limitadas (es un decir) de dos o tres mil ejemplares, creyendo que tal cosa no es sino pura bibliofilia o que está haciendo una estupenda inversión financiera.

Quiero decir con esto que a mí el libro raro porque sí, o de mucho precio, o el impreso de forma especialmente lujosa, no me interesa. Me importan los libros para leer, valga la redundancia, y también los periódicos, folletos y revistas relacionados con la historia y la literatura. Sobre todo si por su interés y rareza son susceptibles de ser reeditados. Y cuando un autor me interesa de verdad, ya sea el citado Chesterton, Silverio Lanza, Nabokov o el conde de Keyserling, procuro reunir todo lo que sobre él se haya publicado.

En cualquier caso, para mí los libros son un bien sin mezcla de mal alguno. En mi opinión, una pared, una habitación llena de buenos libros, es algo totémico. Estoy convencido de que los libros son algo tan bueno que muchas veces no hace falta ni leerlos. Basta tenerlos cerca para poder sentir su protección.

Tal y como lo cuentas, la bibliofilia parece una patología.  

Sí, aproximadamente. Los libros son como un veneno, pero un veneno raro que solo es perjudicial en pequeñas dosis. Por ejemplo, es muy peligroso leer un solo libro, valgan la Biblia o el Corán, o administrarse una dieta lectora a base únicamente de premios Planeta, Paulo Coelho o Jorge Bucay. Pero, en grandes cantidades, los libros, la lectura, tienen siempre efectos beneficiosos.

¿Recuerdas el primer libro que compraste?

Fue en una librería que había a cincuenta metros de mi casa, en la calle Hernando Colón, en Sevilla. Yo tendría trece o catorce años. Era un tomo de las Vidas paralelas de Plutarco, publicado en la colección Austral, con una hermosa y humilde camisa de color amarillo. Me costó veinticinco pesetas. Me acuerdo perfectamente del precio porque esa era la paga semanal que me daban mis padres. Durante varias semanas me gasté aquella paga en completar todos los tomos. Compré esa obra porque en la excelente biblioteca que tenía mi padre, de la que tuve la gran suerte de poder disfrutar, había encontrado por entonces las Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres de Diógenes Laercio, obra que leía por las noches antes de dormir. Aquel fue literalmente un libro de cabecera.

Empezaste a escribir poesía también muy joven.

Las primeras cosas que escribí las hice con once años, estudiando segundo de bachiller. De niño era bastante lector. Aparte de, sobre todo, acudir a la biblioteca de mi padre, creo que era el único alumno de mi clase en el Claret de Heliópolis, en Sevilla, que visitaba asiduamente la biblioteca del colegio. Por lo que recuerdo, mi primer motivo de «inspiración» fueron los cuentos un tanto poéticos de Andréiev. Basándome en ellos escribí unos pequeños engendros, sin el más mínimo interés, que eran un ingenuo pero también genuino homenaje, y a la vez acercamiento, a la literatura. La cosa es, a fin de cuentas, de lo más normal. Todos los niños pintan y dibujan con una feroz alegría, no porque vayan a serPicasso, sino porque son niños. Lo mismo que casi todos los adolescentes escriben, no porque vayan a ser Marcel Proust o Juan Bonilla, sino porque son adolescentes.

Seguir leyendo en Jot Down.

 

Si quieres estar al día de las actividades, colecciones, propuestas, cursos, información destacada semanalmente del sector del libro y la cultura, DATE DE ALTA en el Boletín semanal de Trama Editorial.¡NO TE ARREPENTIRÁS!

Si únicamente quieres recibir información de nuestras novedades. Lo puedes hacer aquí: acceder.

Naúfragos de papel: en torno a la literatura, los libros y la memoria. Javier Martín Ríos. Comares

Naúfragos de papel: en torno a la literatura, los libros y la memoria. Javier Martín Ríos. Comares

Javier Martín Ríos

Naúfragos de papel: en torno a la literatura, los libros y la memoria

Comares

20178. 126 p.

ISBN 978-84-9045-653-8

 

El nombre de Javier Martín Ríos, profesor de la Universidad de Granada, está estrechamente ligado a toda una serie de publicaciones sobre lengua, cultura y literatura chinas. Además, sus traducciones de poesía contemporánea de dicho país han llegado a ser bien conocidas. No es de extrañar, pues, que un libro como Náufragos de papel, donde se recopilan varios artículos digitales escritos por el autor en el periodo comprendido entre 2006 y 2010, pueda llegar a ser visto como una excepción en su dilatada carrera como traductor y ensayista.

Sin embargo, en el transcurso de la lectura del libro, lo que nunca abandonaremos será este lugar, China, al que Martín Ríos no puede evitar volver constantemente. Entre los diversos artículos sobre la situación del mercado literario —que son más bien amargas quejas—, sus elogios a sus escritores contemporáneos favoritos (destaca especialmente a José Carlos Llop y Andrés Trapiello) y unas cuantas diatribas acerca de la situación política del país, brillan con luz propia aquellos textos donde Martín Ríos nos muestra su saber de literatura y cultura chinas, país sobradamente conocido por él y en el que ha vivido durante largos periodos de tiempo.

Cabe destacar el esfuerzo creativo de Martín Ríos, que huye del estilo —o falta de él— que habitualmente encontramos en este tipo de artículos para ofrecernos un intento de prosa poética, a lo Octavio Paz o Claudio Guillén (autores que él mismo reconoce admirar), que, aunque en un principio no cuenta con la calidad de la de los autores citados, va mejorando a medida que profundizamos en sus textos más recientes, llegando a culminar en algunos artículos de cierto valor literario, como su «Corto Maltés se despide de Venecia» (p. 119).

Con todo, si bien es cierto que algunos de los artículos que aparecen en el libro carecen de interés, en buena parte por expresar opiniones no demasiado originales y viciadas por los ecos del discurso dominante —destaca especialmente su desconocimiento sobre la situación real de las distintas lenguas que conviven en España—, Náufragos de papel nos ofrece una buena cantidad de textos bastante lúcidos sobre libros y autores. No obstante, dejando a un lado los artículos sobre China —cuyo valor ya suponíamos desde un principio—, en sus páginas aparecerán grandes figuras de la literatura en otras lenguas como Marguerite Duras o J.G. Ballard, y grandes clásicos de la nuestra, como Machado, Cernuda, Lorca o Juan Ramón Jiménez, a los que Martín Ríos, como espíritu afín a la buena literatura, hace bien en venerar.

Seguir leyendo en el blog de l’Escola de llibreria.

Si quieres estar al día de las actividades, colecciones, propuestas, cursos, información destacada semanalmente del sector del libro y la cultura, DATE DE ALTA en el Boletín semanal de Trama Editorial.¡NO TE ARREPENTIRÁS!

Si únicamente quieres recibir información de nuestras novedades. Lo puedes hacer aquí: acceder.

 

Pantallas contra libros: la tormenta perfecta continúa perfeccionándose. Jaime Fernández

Pantallas contra libros: la tormenta perfecta continúa perfeccionándose. Jaime Fernández

La Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Madrid, que se celebra a comienzos de la primavera y del otoño en el céntrico Paseo de Recoletos, es una excelente oportunidad para buscar libros normalmente descatalogados y a un precio accesible a cualquier bolsillo. Librerías madrileñas y de otras capitales del país encadenan sus casetas en los distintos tramos del paseo hasta la plaza de Cibeles. Un lugar envidiable para cualquier comerciante.

Desde hace muchos años visito esta feria. La recuerdo con las casetas abarrotadas de curiosos que se agolpaban a la caza del libro que les había llamado la atención. A veces era imposible hacerse un hueco entre aquella reducida multitud. Casi siempre había que pasar de largo ante numerosas casetas hasta dar con una en la que ojear los libros con cierta desenvoltura. Pues bien, en los últimos años he observado un progresivo descenso de público en la feria. Ahora es posible visitar las casetas sin molestia alguna, aunque en los fines de semana estén más frecuentadas. Los visitantes más jóvenes tiene alrededor de 40 años.

Una tarde de sábado en que acudí a la feria de esta primavera me encontré con un espectáculo un tanto extraño: una fila de personas, en su mayoría jóvenes de ambos sexos, sentados en los bordillos de las zonas ajardinadas que se extienden a lo largo de uno de los tramos del paseo, enfrente de las casetas casi desiertas, leyendo el libro que se supone acababan de comprar. Estaban tan concentradas en la lectura que ni el tráfico de coches ni los ruidos propios de la ciudad lograban distraerlas (tampoco escuchaban música por los auriculares). Pasaban las páginas con cierto apresuramiento, embebidas por el pasaje que estaban leyendo. Aquel sitio parecía más una biblioteca al aire libre que un lugar de esparcimiento.

En este breve relato que acabo de hacerles hay una verdad y una mentira. Quizá los lectores más avezados las hayan distinguido. La verdad es que las casetas de la feria estaban prácticamente desiertas. La mentira es que las personas sentadas en los bordillos de las zonas ajardinadas no estaban enfrascadas (¡que verbo más hermoso para definir la actividad lectora!) en la lectura de ningún libro sino…en las pantallas de sus teléfonos móviles.

No era el fantástico Yelmo de Mambrino, o sea, libros, lo que veían mis ojos en las manos de aquella gente, sino la vulgar bacía de barbero, o sea, los teléfonos móviles que sus usuarios miraban extasiados, como a una nueva deidad. Si hubiese estado en mi pellejo, hasta el pobre Don Quijote habría tenido que rendirse ante la evidencia, con lo cual Sancho Panza se habría visto privado de la oportunidad de inventar una palabra conciliadora pero de imposible traslación a la realidad: el libromóvil.

Seguir leyendo en el blog En lengua propia de Jaime Fernández.

 

Si quieres estar al día de las actividades, colecciones, propuestas, cursos, información destacada semanalmente del sector del libro y la cultura, DATE DE ALTA en el Boletín semanal de Trama Editorial.¡NO TE ARREPENTIRÁS!

Si únicamente quieres recibir información de nuestras novedades. Lo puedes hacer aquí: acceder.

Las fajas de los libros, esas intrusas. Cristian Vázquez

Las fajas de los libros, esas intrusas. Cristian Vázquez

Las fajas, esas tiras de papel que rodean a los libros con el objetivo de llamar la atención de los posibles compradores, son cada vez más frecuentes y enormes. Quizás en el futuro las tapas carezcan de ilustraciones, como sucedía con los libros antiguos. Todo será faja.

1

La conjura de los necios, la extraordinaria novela de John Kennedy Toole, fue publicada en Estados Unidos en 1980, más de una década después del suicidio de su autor. Un año más tarde ganó el Premio Pulitzer; en mayo del año siguiente fue publicada en español, por Anagrama. Fue un éxito notable: en diciembre de 1983, diecinueve meses después de la primera edición, el sello de Jorge Herralde lanzaba la decimotercera. Incluía una faja —esa tira de papel que rodea al libro con el objetivo de llamar la atención del observador— que lo aclamaba:

¡13.a edición!

“Un libro extraordinario”

“Incesante hilaridad”

“Si se quiere comenzar el año acudiendo no a un libro bueno sino a uno excepcional, ese tiene que ser LA CONJURA DE LOS NECIOS”…

Un ejemplar de esa decimotercera edición de Anagrama es el que tengo en mi biblioteca. Lo compré usado, hace más de diez años. Quien(es) lo había(n) poseído antes de mí durante casi un cuarto de siglo no le había(n) quitado la dichosa faja. Yo tampoco lo hice en todo este tiempo. Permanece, amarillenta, ajada, medio rota, ocultando parte de la clásica ilustración de Ed Lindlof en la portada. Me pregunto: ¿por qué esa faja sigue ahí?

 

2

La faja es un elemento curioso. No es parte del libro, aunque de algún modo sí lo es. Podría no estar, pero a veces está. Está para irse: casi siempre termina en la basura. Aunque puede tener otros usos. “Nunca he comprado un libro por su faja —señala el escritor Sergio del Molino—. Los he comprado a pesar de sus fajas. Los desfajo nada más pagarlos y, si no tengo marcapáginas, doblo la faja y la uso como tal sin leerla”.

El grupo de los detractores de las fajas es numeroso, e incluye a muchos libreros. La librería pamplonesa Deborahlibros se declaró en enero de 2017 “espacio libre de fajas”. “Los libros aquí no están enfajados —decía un papel pegado en la fachada en esos días— sea cual sea su edición, autor(a) premiado(a) o digan de él lo que quieran en el Babelia o en el New York Times. En caso de duda, pregunte a la librera. Nota: Guardamos todas las fajas en una caja, puede usted llevarse la que más le guste”.

Otros escritores, apunta Del Molino, proponen intercambiar las fajas. “Colocar la que dice ‘Una conmovedora historia de lucha bajo el nazismo’ en el último de Mario Vaquerizo y la que dice ‘La mejor guía de mindfulness’ en los diarios de Anna Frank. Por ejemplo. El librero —y yo con él— sostenía que la mayoría de los compradores no se iban a dar cuenta”.

Seguir leyendo en Letras Libres.

 

Si quieres estar al día de las actividades, colecciones, propuestas, cursos, información destacada semanalmente del sector del libro y la cultura, DATE DE ALTA en el Boletín semanal de Trama Editorial.¡NO TE ARREPENTIRÁS!

Si únicamente quieres recibir información de nuestras novedades. Lo puedes hacer aquí: acceder.

Javier Pradera: los mejores oficios del mundo. Hugo Vargas en Nexos

Javier Pradera se hizo editor por necesidad.

Su vocación inicial fue la abogacía, carrera en la que logró titularse en 1955, pero su militancia en el Partido Comunista de España —al que ingresó por amistades como la de Federico Sánchez / Jorge Semprún— lo llevó a prisión en dos ocasiones. La primera en 1956, por su participación en las manifestaciones contra la dictadura y de la que logró salir más o menos indemne, y la de 1958 que le costaría su puesto de profesor universitario y la prohibición de ingresar al Colegio de Abogados y ejercer esa profesión.

Gabriel Tortella, ex compañero universitario, le tendió la mano y lo llevó a la editorial Tecnos donde se inició como agente comercial. Gracias a ello conocería a Arnaldo Orfila Reynal, director general del Fondo de Cultura Económica. Don Arnaldo no se arredraba ante nadie y había ido a España para desafiar a la censura dictatorial ofreciendo los libros color naranja del Fondo.

Y, por supuesto, se vendían. El FCE necesitaba, pues, una casa en Madrid, que no sólo distribuyera los libros mexicanos, sino que publicara autores españoles.

Era irónico que el Fondo hubiese nacido gracias a la negativa de Manuel Aguilar de publicar una colección de 50 libros sobre economía propuesta por Daniel Cosío Villegas en un viaje ex profeso a Madrid. Frustrado, Cosío regresó a México, gestionó los apoyos necesarios y fundó la más importante editorial latinoamericana: el Fondo de Cultura Económica.

Ya como gerente del Fondo en España, Pradera se entregó a una inagotable labor de gestión comercial: habla con libreros, con críticos, establece contactos con revistas como Ínsula,Índice, Destino, Triunfo y con diarios como el Abc y La Vanguardia; organiza mesas redondas con Seix Barral para promover la literatura latinoamericana, y pone en marcha un premio para las mejores tesis doctorales de economía. A Pradera también le ocupa mucho tiempo negociar con los censores. Logra introducir la historia del pensamiento socialista, de Cole, y debe pelear duramente para que se distribuyan Alfonso Reyes, Manuel Altolaguirre, El asalto a la razón, de G. Luckács, y algunas obras de E. Fromm y L. Febvre. Pero fracasa con las obras de Max Aub, Moreno Villa o Libertad bajo palabra, de Octavio Paz.

Seguir leyendo en Nexos.

Comprar libro.

Leer un fragmento.

 

Si quieres estar al día de las actividades, colecciones, propuestas, cursos, información destacada semanalmente del sector del libro y la cultura, DATE DE ALTA en el Boletín semanal de Trama Editorial.¡NO TE ARREPENTIRÁS!

Si únicamente quieres recibir información de nuestras novedades. Lo puedes hacer aquí: acceder.