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Texturas. Descubriendo la librería como proyecto de vida. Re-Read Bilbao

Texturas. Descubriendo la librería como proyecto de vida. Re-Read Bilbao

La revista Texturas es una publicación periódica del sector editorial y librero. Bueno, no tenemos muy claro si esta es la definición adecuada o que satisfaría a sus editores. Nosotros la definimos como la mejor publicación del mundo mundial, y parte del extranjero, del sector profesional del libro. Sus diferentes números los subrayamos y estudiamos con ahínco.

Nos lleva a la reflexión continua y a auditar nuestra propia librería en base a las propuestas que otros profesionales escriben en ella.

La revista ha alcanzado, si cabe todavía, calidad inigualable desde que propusieron a los Re-Read Bilbao que escribiésemos un artículo contando nuestra experiencia. Ya estamos escribiendo nuestro discurso para recoger nuestro premio Pulitzer…

Por supuesto la primera respuesta ante la propuesta fue no. ¿A quién le puede importar lo que nosotros hagamos, opinemos, nos equivoquemos? Mucho menos a profesionales con mayor experiencia. ¡¡Es a nosotros a quienes nos interesa su bagaje vital!!

Por otro lado, tal vez leer en qué consistió nuestro aterrizaje forzoso en este mundillo y cómo hemos ido superando los diferentes desafíos/problemas/putadas pudiera resultar de interés para otros inconscientes que quieran meter el hocico en esta profesión en la que los días pares son maravillosos y los impares horribles.

Eso que nos dijo una amiga, yo creo que vosotros trabajáis demasiado, tal vez pudiera ayudar a sacar conclusiones a compañeros, clientes, amigos y curiosos.

¿Os va bien, verdad?, nos preguntan muchas personas cuando llegan a las horas punta y ven el ajetreo humano en el local. Hombre, esta mañana a las 6 de la mañana con ojeras en el almacén no nos iba tan bien, y la semana pasada, cuando el ascensor de aquel quinto piso fue boicoteado a conciencia ante nuestra desesperación, tampoco moló mucho. Los Safier, Zweig, Almudena Grandes, Toti Martínez de Lezea, Grisham, Wilbur Smith y compañía, pesan lo que antiguamente denominaban como quintal, y las escaleras de pisos antiguos, cuyos peldaños curvos se estrechan a nuestro paso, os las recomendaríamos si nuestro cuñado fuese traumatólogo.

Seguir leyendo en el blog de Re-Read Bilbao.

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Los libros como herramientas de bolsillo. Josep Mengual

Los libros como herramientas de bolsillo. Josep Mengual

Existe desde 2007 en Barcelona (c/ Aragó, 367) una librería especializada en literatura infantil y juvenil con vocación de espacio cultural cuyo nombre es tremendamente significativo de una determinada manera de concebir los libros y la lectura: La caixa d’Eines (“La caja de herramientas”). Existe igualmente en el Grup 62 una colección de clásicos universales (Llull, Shakespeare, Orwell, Huxley, Joan Oliver…) que toma también esa idea, Llibres de les Eines (“Libros de las herramientas”), pero a ambos casos se les puede identificar un antecedente en la colección de la editorial Laia Les Eines, que estuvo activa entre 1973 y 1983 y publicó casi un centenar de títulos.

Les Eines, una colección encuadernada en rústica con solapas y un tamaño de 20 x 13, en su primer año de existencia se dio a conocer con cinco títulos que daban cuenta de la flexibilidad en cuanto a géneros literarios y a procedencias, pero que encajaban perfectamente con la identidad crítica y combativa de la editorial Laia: el ensayo sociológico Capvespre de creences, de Antoni M. Güell, una segunda edición de La CIA: el govern invisible, de David Wise, Els drets de l’home, de E. H. Carr (1892-1982), la primera edición íntegra de la novela Els plàtans de Barcelona, de Víctor Mora (1931-2016) y Societat catalana i reforma escolar: La continuïtat d’una institució, de Joan Gay, Àngels Pascual y Rosa Quitllet.

Más divulgación incluso tuvo la colección derivada de esta, Les Eines de Butxaca (20 x 13, en rústica, con diseños de Enric Satué), que en contra de lo que suele suceder no fue el destino de los libros de mayor éxito de la colección madre, sino que publicó sobre todo novedades y tuvo un criterio propio muy explícito (concretamente, expresado en las páginas finales de algunos títulos) desde el momento de su aparición en 1979:

Los clásicos catalanes como sugerencia permanente. Textos introducidos por los mejores especialistas de la literatura catalana actual. Herramientas para quien desee releer o estudiar los grandes hitos de nuestra cultura escrita.

 

Seguir leyendo en Negritas y cursivas.

 

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¿Deberíamos preocuparnos por una “brecha de lectura profunda”? Evelio Martínez

¿Deberíamos preocuparnos por una “brecha de lectura profunda”? Evelio Martínez

No parece que sean buenos tiempos para la lectura, y de vez en cuando surge algún artículo para confirmarlo.

Uno de los últimos ha sido reseñado en The Conversation . El estudio fue llevado a cabo en EEUU, analizando datos de casi un millón de adolescentes recogidos desde 1976.

Los resultados muestran que los adolescentes cada vez dedican menos tiempo a la lectura en favor de las pantallas y los nuevos medios de distribución de contenidos (como Netflix). 

Algo que podíamos esperar, pero aún así sorprende la amplitud de los datos y la contundencia de los resultados. Además, el seguimiento a lo largo de ese periodo tan dilatado permite desmentir una afirmación popular: que los nuevos medios pueden convivir con los antiguos, sin que ello signifique un desplazamiento. Convivencia hay, pero está claro que ha habido un fuerte desplazamiento en favor de las pantallas, al menos para los adolescentes estadounidenses de estas últimas décadas.

Como se apresuran a comentar los autores, los adolescentes sí leen pero se han acostumbrado a leer textos cortos, en detrimento de los textos más largos en formato libro o artículo (interesante también el apunte de que los jóvenes siguen leyendo libros, pero la lectura de libros por placer va en descenso).

¿Y por qué importa ese cambio de preferencia, de textos largos a lectura breve? En palabras de los autores:

Leer libros y artículos largos es una de las mejores maneras de aprender cómo pensar de manera crítica, comprender temas complejos y separar los hechos de la ficción. Es crucial para ser un votante informado, un ciudadano comprometido, un estudiante exitoso y un empleado productivo.

En esa misma línea se manifestaba Maryanne Wolf en un artículo paraThe Guardian. Wolf es investigadora en neurociencia, así que su foco está puesto en los cambios neuronales que el hábito de la lectura fragmentada puede acabar produciendo, y no sólo en los jóvenes. Wolf comenta:

La posibilidad de que el análisis crítico, la empatía y otros procesos de lectura profunda puedan ser el inesperado daño colateral de nuestra cultura digital no es una simple cuestión binaria sobre la lectura impresa versus la digital. Es sobre cómo todos hemos empezado a leer y cómo eso cambia no sólo lo que leemos, sino también los propósitos por los cuales leemos. Tampoco es una cuestión que afecte sólo a los jóvenes. La sutil atrofia del análisis crítico y de la empatía nos afecta a todos. Afecta a nuestra habilidad para navegar por un constante bombardeo de información. Incentiva un retraimiento a nuestros silos familiares de información no contrastada, que no requiere y no recibe análisis, dejándonos a merced de la información falsa y la demagogia.

Seguir leyendo en emartibd.

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En torno a la edición. Damián Tabarovsky en Perfil

En torno a la edición. Damián Tabarovsky en Perfil

¿Qué historia de la edición estaría faltando y por qué? La edición es, como pocas, una institución sobredeterminada, para decirlo con las viejas palabras del marxismo estructuralista a lo Althusser, es decir, una institución condicionada simultáneamente por varios factores. Una institución de cruce: primero, pertenece a la industria cultural, con todo lo que se juega en ese oxímoron, en esa tensión entre industria y cultura: de un lado la economía, la producción en serie, la distribución, el stock, la tecnología… del otro lado, la singularidad de cada libro, de cada autor, la dimensión artesanal de la edición. Pero también y sobre todo la edición es una institución de cruces, porque ella, como un prisma, permite ver el estado de la cultura y de la literatura en un momento dado.

Es decir, permite preguntarnos acerca de qué libros se publicaron en que época y en qué contexto, y también qué libros no se publicaron en esa época y en ese contexto. Y también qué circulación tuvieron esos libros, qué debate generaron, qué tomas de posiciones existieron detrás de esos libros. Las editoriales, entonces, pueden ser pensadas como la caja de resonancia de esos debates. O a veces como las impulsoras de esos debates, e incluso, en casos extremos, pero no por eso menos ciertos ni menos interesantes –al contrario, tal vez sean los más interesantes– las editoriales pueden ser pensadas como la vanguardia de esos debates. Tal vez podríamos decir que así como hubo (¿o hay?) autores de vanguardia, hubo (¿o hay?) editoriales de vanguardia.

Seguir leyendo en Perfil.

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Adeu Eduard Miralles

Adeu Eduard Miralles

Conocimos a Eduard Miralles en distintos momentos vitales.

Sabemos, en mayo nos lo confirmó, que era un fiel y agradecido seguidor de nuestro boletín digital.

Carme Fenoll recordaba el artículo de Eduard Miralles que en su momento recogimos en este mismo blog.

 

Hoy y en la medida en que una parte del corazón de Trama siempre anda cerca de México queremos recoger el recuerdo de Eduard que desde allí nos acerca Victoria Contreras Peña.

Muchos amigos de Trama y de Eduard, Roberto, Xavi, Javier, Mikel, Pello, el otro Mikel, Carme… están dolidos y fastidiados como nosotros. Va también por ellos.

Eduard Miralles i Ventimilla (Barcelona 1961-2018): Vislumbrar las Opciones Estratégicas del Campo Cultural en la Vida Pública de los Países. Victoria Contreras Peña

Esta mañana en Ciudad de México, un querido amigo y colega de la gestión cultural de Medellín, Colombia, me dio la noticia de la muerte de Eduard Miralles, un reconocido profesional de la Gestión Cultural en el mundo.

 Conocí a Eduard Miralles en diciembre de 2003, durante el III Campus Euroamericano de Cooperación Cultural en Sevilla, España.

 Y aquí hago un paréntesis:

 Ese año yo había tomado una decisión muy relevante en mi vida profesional: Dedicarme profesionalmente a la Gestión Cultural.

Tenía menos de un mes que había renunciado a mi puesto público de la coordinación de asesores de un área de la Comisión Federal de Electricidad, compañía donde había laborado 8 años.

 En el año 2003, México no tenía muchas opciones para profesionalizarse en Gestión Cultural (hoy existen más de 20 programas entre licenciaturas, maestrías o doctorados en el país). Después de una búsqueda en internet encontré que Sevilla celebraría el III Campus de Cooperación Cultural. Como mi licenciatura la hice en Relaciones Internacionales, encontrar ésta opción me pareció un inicio magnífico como espacio de profesionalización. Con parte del dinero de mi liquidación, compré mi vuelo a Sevilla, me inscribí al Campus y llegué ahí sin conocer a ninguno de los profesionales que ahí se encontraban.  Lo cual fue irrelevante, pues los extintos Campus fueron un excelente espacio de aprendizaje y construcción de redes transnacionales de profesionales de la cultura, así que todas las posibilidades estaban por suceder…

 Durante los días del Campus, recuerdo bien cuando escuché la intervención de Eduard Miralles, hablando categóricamente de la Gestión Cultural y de las oportunidades de cooperación entre Europa y América Latina. Sobre el valor indiscutible de la variable cultural en el diseño de las políticas públicas y su implementación para solucionar aspectos de la vida social de nuestros países. De cómo los Estados y gobiernos deben apostar al crear sistemas sostenibles de Gobernanza Cultural con todos los actores de su ecosistema; a fin de mejorar las cadenas de valor de la cultura, impulsar la diversidad de expresiones y su respeto, la profesionalización, su intersección con otros sectores y mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Esa fue la primera vez que escuché una explicación integral de lo que significan la dimensión cultural en la vida de los países y la implementación de políticas culturales.

Seguir leyendo en Conecta Cultura.

Cerramos con una cita suya que debe seguir sirviéndonos de aviso a navegantes:

Del mismo modo que, a mediados del siglo XX, la explotación indiscriminada de los recursos naturales a lo largo de más de cien años, junto con la aparición de problemas globales como la contaminación primero y el calentamiento global o la perforación de la capa de ozono algo más tarde, dieron paso al surgimiento de una nueva conciencia ante el agotamiento de los recursos naturales y la necesidad de que la especie humana avanzara hacia un mayor respeto en su relación con el medio ambiente y con su entorno, probablemente uno de los grandes desafíos para la humanidad en el siglo XXI sea la gestación de esa nueva conciencia y mayor respeto hacia la segunda esfera de su existencia: la esfera de lo cultural. O de lo contrario, el empleo reiterado de la cultura como coartada, prescindiendo de cualquier lógica propia de lo cultural, puede acabar siendo un factor decisivo de mal desarrollo. (La cultura, de factor de desarrollo a pilar de la sostenibilidad)

Cómo no arruinarse comprando libros. Elena Rius

Cómo no arruinarse comprando libros. Elena Rius

Soy consciente de que a muchos de los seguidores de este blog este artículo  les resultará superfluo. La mayoría son tan adictos a la lectura que, o bien no les importa en absoluto dedicar buena parte de su presupuesto a adquirir libros, o bien -como yo- hace tiempo que han desarrollado, por pura necesidad (¿hay algún verdadero lector que pueda vivir sin nutrirse constantemente de nuevas lecturas?), las estrategias que les expongo a continuación para que la incesante adquisición de libros no les suponga una sangría económica. Sin embargo, una y otra vez me encuentro con personas que dicen no comprar libros por lo caro que resulta, o que me piden consejo acerca de cómo hacerse con ellos a buen precio. (A modo de acotación diré que me sigue alucinando cómo algunos conocidos míos de amplios posibles, que no pestañean cuando han de rascarse el bolsillo para comprar cualquier chuchería, no se lo piensan ni un minuto cuando se trata pedirme en préstamo un ejemplar de El Lazarillo de Tormes u otro clásico que les haya caído en suerte a sus hijos comentar en el colegio. ¡Dios les libre de gastarse diez euros -o menos- en alguna de las numerosas ediciones escolares que abundan de estas obras!)  Aunque debo insistir en que los libros no son caros -piensen únicamente en lo que cuesta salir de copas una noche-, también es cierto que los bibliómanos, de no andar con cuidado, corremos el serio peligro de encontrarnos sin fondos cada vez que visitamos una librería. Si el precio de los libros les hace sufrir, no hay motivo para que cunda el pánico, existen muchas maneras de leer sin arruinarse. Aquí van algunas:

El método principal y el mejor, porque sale gratis: la biblioteca pública. Por suerte, hoy en día -al menos en España, en especial en las ciudades grandes o medianas- disfrutamos de una amplia red de bibliotecas. Aún hoy, cada vez que visito una me parece un milagro tener tantos miles de libros a mi absoluta disposición y sin necesidad de desembolsar ni un céntimo. Las bibliotecas son -y no es extraño- uno de los equipamientos públicos mejor valorados por sus usuarios. Por si esto fuera poco -aparte de la absoluta maravilla de poder tomar prestados libros, cómics y música, de disponer de un espacio cómodo y climatizado para sumergirse durante horas en la lectura, de las decenas de actividades culturales que organizan- es que su oferta no se limita a los libros que exhiben sus estanterías: sepan que es posible pedir casi cualquier libro de otras bibliotecas, lo que amplía enormemente el catálogo a nuestra disposición, y que te lo traen en pocos días (pagando, sólo a veces, un precio simbólico).  Hay gente -ves a saber por qué extraña inhibición- a la que aún le cuesta un esfuerzo entrar en una biblioteca. Adelante, no me sean tímidos, úsenlas y disfruten. Ya nunca más tendrán excusa para decir que no leen porque van mal de dinero. Las bibliotecas, como dice Borges, son lo más parecido a la idea del paraíso.

Seguir leyendo en el blog de Elena Rius, Notas para lectores curiosos.

Elena Rius es autora de El síndrome del lector publicado por Trama editorial en su colección Tipos móviles.

 

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Pantallas contra libros: la tormenta perfecta continúa perfeccionándose. Jaime Fernández

Pantallas contra libros: la tormenta perfecta continúa perfeccionándose. Jaime Fernández

La Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Madrid, que se celebra a comienzos de la primavera y del otoño en el céntrico Paseo de Recoletos, es una excelente oportunidad para buscar libros normalmente descatalogados y a un precio accesible a cualquier bolsillo. Librerías madrileñas y de otras capitales del país encadenan sus casetas en los distintos tramos del paseo hasta la plaza de Cibeles. Un lugar envidiable para cualquier comerciante.

Desde hace muchos años visito esta feria. La recuerdo con las casetas abarrotadas de curiosos que se agolpaban a la caza del libro que les había llamado la atención. A veces era imposible hacerse un hueco entre aquella reducida multitud. Casi siempre había que pasar de largo ante numerosas casetas hasta dar con una en la que ojear los libros con cierta desenvoltura. Pues bien, en los últimos años he observado un progresivo descenso de público en la feria. Ahora es posible visitar las casetas sin molestia alguna, aunque en los fines de semana estén más frecuentadas. Los visitantes más jóvenes tiene alrededor de 40 años.

Una tarde de sábado en que acudí a la feria de esta primavera me encontré con un espectáculo un tanto extraño: una fila de personas, en su mayoría jóvenes de ambos sexos, sentados en los bordillos de las zonas ajardinadas que se extienden a lo largo de uno de los tramos del paseo, enfrente de las casetas casi desiertas, leyendo el libro que se supone acababan de comprar. Estaban tan concentradas en la lectura que ni el tráfico de coches ni los ruidos propios de la ciudad lograban distraerlas (tampoco escuchaban música por los auriculares). Pasaban las páginas con cierto apresuramiento, embebidas por el pasaje que estaban leyendo. Aquel sitio parecía más una biblioteca al aire libre que un lugar de esparcimiento.

En este breve relato que acabo de hacerles hay una verdad y una mentira. Quizá los lectores más avezados las hayan distinguido. La verdad es que las casetas de la feria estaban prácticamente desiertas. La mentira es que las personas sentadas en los bordillos de las zonas ajardinadas no estaban enfrascadas (¡que verbo más hermoso para definir la actividad lectora!) en la lectura de ningún libro sino…en las pantallas de sus teléfonos móviles.

No era el fantástico Yelmo de Mambrino, o sea, libros, lo que veían mis ojos en las manos de aquella gente, sino la vulgar bacía de barbero, o sea, los teléfonos móviles que sus usuarios miraban extasiados, como a una nueva deidad. Si hubiese estado en mi pellejo, hasta el pobre Don Quijote habría tenido que rendirse ante la evidencia, con lo cual Sancho Panza se habría visto privado de la oportunidad de inventar una palabra conciliadora pero de imposible traslación a la realidad: el libromóvil.

Seguir leyendo en el blog En lengua propia de Jaime Fernández.

 

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Las fajas de los libros, esas intrusas. Cristian Vázquez

Las fajas de los libros, esas intrusas. Cristian Vázquez

Las fajas, esas tiras de papel que rodean a los libros con el objetivo de llamar la atención de los posibles compradores, son cada vez más frecuentes y enormes. Quizás en el futuro las tapas carezcan de ilustraciones, como sucedía con los libros antiguos. Todo será faja.

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La conjura de los necios, la extraordinaria novela de John Kennedy Toole, fue publicada en Estados Unidos en 1980, más de una década después del suicidio de su autor. Un año más tarde ganó el Premio Pulitzer; en mayo del año siguiente fue publicada en español, por Anagrama. Fue un éxito notable: en diciembre de 1983, diecinueve meses después de la primera edición, el sello de Jorge Herralde lanzaba la decimotercera. Incluía una faja —esa tira de papel que rodea al libro con el objetivo de llamar la atención del observador— que lo aclamaba:

¡13.a edición!

“Un libro extraordinario”

“Incesante hilaridad”

“Si se quiere comenzar el año acudiendo no a un libro bueno sino a uno excepcional, ese tiene que ser LA CONJURA DE LOS NECIOS”…

Un ejemplar de esa decimotercera edición de Anagrama es el que tengo en mi biblioteca. Lo compré usado, hace más de diez años. Quien(es) lo había(n) poseído antes de mí durante casi un cuarto de siglo no le había(n) quitado la dichosa faja. Yo tampoco lo hice en todo este tiempo. Permanece, amarillenta, ajada, medio rota, ocultando parte de la clásica ilustración de Ed Lindlof en la portada. Me pregunto: ¿por qué esa faja sigue ahí?

 

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La faja es un elemento curioso. No es parte del libro, aunque de algún modo sí lo es. Podría no estar, pero a veces está. Está para irse: casi siempre termina en la basura. Aunque puede tener otros usos. “Nunca he comprado un libro por su faja —señala el escritor Sergio del Molino—. Los he comprado a pesar de sus fajas. Los desfajo nada más pagarlos y, si no tengo marcapáginas, doblo la faja y la uso como tal sin leerla”.

El grupo de los detractores de las fajas es numeroso, e incluye a muchos libreros. La librería pamplonesa Deborahlibros se declaró en enero de 2017 “espacio libre de fajas”. “Los libros aquí no están enfajados —decía un papel pegado en la fachada en esos días— sea cual sea su edición, autor(a) premiado(a) o digan de él lo que quieran en el Babelia o en el New York Times. En caso de duda, pregunte a la librera. Nota: Guardamos todas las fajas en una caja, puede usted llevarse la que más le guste”.

Otros escritores, apunta Del Molino, proponen intercambiar las fajas. “Colocar la que dice ‘Una conmovedora historia de lucha bajo el nazismo’ en el último de Mario Vaquerizo y la que dice ‘La mejor guía de mindfulness’ en los diarios de Anna Frank. Por ejemplo. El librero —y yo con él— sostenía que la mayoría de los compradores no se iban a dar cuenta”.

Seguir leyendo en Letras Libres.

 

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El libro y la lectura en tiempos de AMLO. Alejandro Zenker

El libro y la lectura en tiempos de AMLO. Alejandro Zenker

Un nuevo gobierno trae consigo oportunidades de cambio en muchos terrenos y, siendo el del libro, la lectura y la gestión cultural lo que desde el punto de vista profesional más me inquieta, he estado imaginando diversos escenarios que podrían cambiar para bien el maltrecho panorama que hemos estado viviendo. Sé que suelen prevalecer los muchos intereses que impiden que vivamos en México una verdadera transformación cultural —y editorial— como la que tan urgentemente necesitamos. Sin embargo, soñar nada cuesta, como tampoco cuesta proponer. Por eso les comparto algunas notas, reflexiones en proceso de maduración, sobre los cambios que creo urgentes, convenientes, necesarios en materia educativa, cultural y particularmente editorial.

Educar para la diversidad
Parto del replanteamiento por parte de AMLO y de su equipo de la “Reforma Educativa” impulsada en el presente sexenio, de la cual se derivó la exigencia de evaluar al magisterio. Evaluarlo no está mal, se plantea. La pregunta es: qué vamos a evaluar. Hay, detrás del cuestionamiento, un razonamiento muy interesante. Hoy en día lo que se busca es educar atendiendo a la diversidad. El mundo es muy diverso, y atrás han quedado los totalitarismos que buscaban crear ciudadanos amoldados a las ideologías de los gobernantes. El ser humano nace con infinidad de capacidades, algunas más desarrolladas o susceptibles de ser estimuladas que otras. De allí que existan modelos educativos que buscan precisamente apoyar al alumno según sus circunstancias, según sus aptitudes y necesidades. Educar para esa diversidad requiere maestros bien formados que sepan detectar precisamente esas capacidades especiales. Maestros que, en efecto, no pueden ser formados ni evaluados a rajatabla. Allí es donde entra el tema del libro de texto.

El libro de texto y la diversidad
Conocemos bien las razones por las que surgió el libro de texto único, gratuito y nacional. Constituyó un parteaguas en la educación en México sin el que no se entendería quizás el avance en el combate al analfabetismo y el mejoramiento del nivel educativo de la población. Sin embargo, creo que ya superamos en buena medida esa etapa y que el libro de texto único se ha convertido en un obstáculo en muchos sentidos, más que en un acicate para el progreso. Adicionalmente, al convertirse el Estado en editor que monopolizó durante tanto tiempo el libro de texto, frenó el desarrollo de la industria editorial y nunca implementó mecanismos para, al menos, propiciar una vinculación entre libro de texto y circuito del libro

Seguir leyendo en el blog de Alejandro Zenker.

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Vida, cultura y Constitución. Manuel Borrás. Infolibre

Vida, cultura y Constitución. Manuel Borrás. Infolibre

Intervención de Manuel Borrás, editor del sello Pre-Textos, en el ciclo La Constitución que queremos, organizado por CC.OO. de León y la Fundación Jesús Pereda, el pasado mes de mayo.

Aunque no soy un entendido en leyes y menos aún experto constitucionalista, yo centraría mi reflexión en torno al artículo 44.1 de la vigente Constitución española, que reza como sigue: “Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho”. Es nuestra responsabilidad como ciudadanos cuidar por que ese compromiso expreso que compromete a los poderes públicos sea una realidad y no un mero adorno de cara a la galería, es decir, a esos ciudadanos que los poderes públicos dicen representar.

 El acceso a la cultura pasa irremediablemente por la educación. No hay pueblo educado que sea inculto, ni pueblo inculto que no sea maleducado. Yo, como individuo comprometido con el mundo del libro, puedo sostener que no hay acceso a la educación sin acceso a la lectura. Este debería ser un derecho contemplado en todas las constituciones.
Y si el acceso a la cultura pasa necesariamente por la educación, deberíamos empezar a saber exigir, como ciudadanos consecuentes, que la formación de los maestros sea de lo más exigente y del más alto nivel posible. Hay maestros en verdad admirables en nuestras escuelas, pero es de todo punto imprescindible que absolutamente todos estudien la mejor pedagogía posible para que nuestros hijos sean educados con el nivel y rigor que requieren los tiempos en que vivimos. No hay que olvidar que desde la Antigüedad al maestro no sólo se lo consideraba mentor, sino también seductor. Es decir, era aquel a quien competía crear estados de perplejidad en sus discípulos a fin de poder transmitirles con mayor eficacia el conocimiento.A la luz de una globalización en perpetuo desarrollo, la idea de contribuir a un mejor entendimiento a través de los libros cobra en nuestra sociedad cada vez mayor peso.

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