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“Leer te da vidas extras”: planes que hacen soñar. Rocío Antón Cortés

“Leer te da vidas extras”: planes que hacen soñar. Rocío Antón Cortés

Desde mayo contamos con un Plan Nacional de Lectura, que bajo el hermoso título de “Leer te da vidas extras”, pretende potenciar las actuaciones en torno al libro y a la lectura hasta el año 2020. Confieso que me ilusionó tanto la idea de todo un país implicado en la tarea de formar lectores que me puse a soñar…

Sueño con la implicación de todas las administraciones, remando juntas y en la misma dirección con el objetivo de hacer, de esta nuestra España, una nación lectora.

Sueño con la elaboración de Planes Locales de Lectura que apoyen, doten y coordinen proyectos en torno al libro y la lectura en municipios de todo el país.

Sueño con profesores que lean con entusiasmo a sus alumnos, cumpliendo con el  deber  principal de todo docente: provocar el gusto por la lectura.

Sueño con familias unidas en torno a un libro, acudiendo a librerías y bibliotecas para escoger historias para compartir.

Sueño con clubes de lectura en bibliotecas, centros escolares, asociaciones y en cualquier otro espacio físico o virtual donde sea posible el diálogo.

Sueño con una lectura accesible para todos, convencida de que no hay herramienta más integradora e inclusiva que la lectura.¡¡Viva la “Lectura Fácil”!!.

Sueño con empresas que se impliquen en este Plan Lector y que no sólo ejerzan labores de mecenazgo, sino que den ejemplo promoviendo actividades que tenga al libro como protagonista.

Seguir leyendo en Dinamiza Lectura.

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Formas de leer un libro. Emilio Lara en Zenda

Formas de leer un libro. Emilio Lara en Zenda

Ir a comprar un libro tiene algo de caza incruenta. El coto o la sabana de una librería nos sumergen en un tiempo sin relojes en el que, ensimismados y ávidos, seleccionamos piezas, sacamos volúmenes de las estanterías o cogemos alguno de los libros apilados en las mesas de novedades. En las librerías ralentizamos nuestros movimientos, como si nos rodasen a cámara lenta, pues nos desenvolvemos con la sensación de estar en un espacio sagrado en el que hablar alto merece miradas de reconvención. Antes de que sea nuestro, ojeamos el argumento, la biografía del escritor en la solapa —si no lo conocemos— y leemos la primera página. Esto es la prueba del nueve. Si el primer párrafo es un relámpago y los siguientes tienen cadencia y nos impelen a continuar leyendo, lo compramos. A la buchaca. Ya tenemos botín.

Sentados en casa, antes de la vista recurrimos a otros sentidos para posesionarnos de él. El olfato y el tacto. Olemos el papel y la tinta con los ojos cerrados, pasamos con lentitud las yemas de los dedos por sus hojas para calibrar la calidad del papel, y sonreímos. Esta exploración sensorial es especialmente gustosa si el papel de las guardas es de buen gramaje, tiene un color vistoso o reproduce un mapa o una imagen alusiva al contenido.

A veces me gusta decirles a mis alumnos: «Seamos lógicos, empecemos por el final». Por eso, si el libro dispone de nota del autor —o agradecimientos—, comienzo la lectura siempre por ahí, pues suele estar en las últimas páginas. Es mi debilidad. Esto no desvela nada importante de la trama y me hago una idea, en los libros de historia o en las novelas históricas, de quienes de variada manera han colaborado en la conformación del libro, de los lugares que ha visitado el autor para documentarse y de las ligazones sentimentales que éste mantiene con algunas personas. Hillary Mantel, en los agradecimientos de su novela Una reina en el estrado (Destino, 2013), al referirse con gratitud a su marido, da en el clavo al decir de él «que ha compartido una casa con tanta gente invisible», en alusión a los personajes imaginarios o muertos hace siglos que copan la mente de los escritores y que conviven con ellos día y noche durante la escritura.

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Las consecuencias de la migración digital del libro no han concluído. Antonio Rodríguez de las Heras

Las consecuencias de la migración digital del libro no han concluído. Antonio Rodríguez de las Heras

El libro electrónico, el e-book, es la añoranza del libro que se dejó sobre el papel durante la migración digital. Si la memoria es el espejo en donde nos vemos a nosotros mismos reflejados entre los recuerdos, el e-book es la imagen especular del libro de papel. Sin volumen ni peso, mantiene el recuerdo de las páginas…, pero sin hojas.

Consigue, sin embargo, propiedades turbadoras como la de no tener copias, tan solo reflejos. La Red se convierte para el libro en un facistol inimaginable. Leemos todos el mismo ejemplar, reflejado tantas veces como lectores en el juego de espejos de las pantallas. Así que el libro digital reverbera en el espacio sin lugares de la Red.

El e-book es un libro en el espejo. Es una ilusión óptica la posesión del texto. Las palabras están tan solo sostenidas, no están impresas en la pantalla, así que una vez leídas no quedan en el reverso de la hoja (un libro sin hojas, pero con páginas), sino que se diluyen en nube de ceros y unos a la espera de otro lector. Por eso parece que adquieren calidades sonoras, pues las palabras se desvanecen como las habladas, como las hechas con ondas de aire.

Seguir leyendo en retina de El País.

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Digitalización e industrias creativas y culturales. Juan Pastor Bustamante

Digitalización e industrias creativas y culturales. Juan Pastor Bustamante

La digitalización está en boca de todos. No hay evento que se precie que no trate de esta cuestión. Y probablemente sea necesario, dada la baja penetración de las tecnologías digitales en la empresa española.

Las industrias culturales no son ajenas a esta transformación. Es más, alguno de los sectores que forman parte de ellas, como es la música, fue uno de los primeros en experimentar cambios de gran calado con el surgir lo digital.

Y los efectos fueron dramáticos. Según algunas estimaciones, las ventas de música analógica o física de desplomaron alrededor de un 60% entre 2000 y 2015.

Sin embargo, la digitalización no ha destruido el sector, aunque sí lo ha transformado radicalmente y la industria musical ha liderado la adaptación digital. Los modelos de negocio en torno a la propiedad (ventas físicas y descargas) han dado lugar a soluciones basadas en el acceso, como ocurre con el streaming.

Pocos sectores han sabido encontrar nuevas formas de monetizar el contenido online como el musical. Los músicos, por su parte, han potenciado los tours y las actuaciones en directo, y se han esforzado por ampliar su base de fans a través de canales como las redes sociales.

La digitalización ha afectado a la industria creativa y cultural, sobre todo a su cadena de valor. Y este es el tema que se analiza a fondo en el estudio “Mapping the creative value chains – a study on the economy of culture in the digital age”, realizado para la Comisión Europea por Idea ConsultKea European  Arrairs y SMIT – Vrije Universidad de Bruselas.

Repasamos en este post algunas de sus principales conclusiones, en forma de retos a los que se enfrentan, porque creemos que pueden ser de utilidad para todos aquellos que estén en la industria creativa y cultural o se estén planteando emprender en este sector.

 # Imbricación y convergencia

La colaboración entre actores o agentes de la cultura no es nueva. De hecho, tradicionalmente han tenido un carácter más abierto, más permeable que otros sectores. Pero con la digitalización, la integración en la cadena de valor es más intensa que nunca. Algunos sectores han sido más proclives a la interrelación con otras actividades económicas (los videojuegos, por ejemplo, en el campo de la salud con los serious games o la televisión y las empresas de telecomunicaciones), mientras que otros lo han sido menos (las artes visuales).

Seguir leyendo en Repensadores.es.

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Por qué los autores necesitan agente. Guillermo Schavelzon

Por qué los autores necesitan agente. Guillermo Schavelzon

En el actual panorama de la edición, con un proceso de concentración editorialcomo nunca se había visto, y una caída importante de la venta de libros en España y en todo Latinoamérica, los autores necesitan agente literario más que nunca.

Las editoriales independientes de hace unas décadas, que competían por conseguir y promover autores, ofrecer lo mejor a los lectores fieles a su línea, y también vender más, hoy casi no existen. Aunque mantengan su nombre original, muchas veces el apellido de su fundador, poco a poco han sido adquiridas por compañías muchísimo más grandes, hasta llegar a constituir, en el mundo del libro en español, solo dos grandes grupos que, sin contar los libros de enseñanza, tienen más del 75% de las ventas.

Las empresas de semejante dimensión, tienen dos problemas tan grandes como ellas mismas:

Uno, que deben cumplir con las expectativas de ganancias que exigen los accionistas, que suelen vigilar más la rentabilidad, que cualquier otro aspecto de la empresa y sus productos.

Dos, que son organizaciones muy costosas, con grandes estructuras internacionales, enormes gastos e instalaciones, que no es fácil trasladar al precio de venta de los libros. Tienen una operación global, que también requiere un alto margen de ganancias para subsistir.

Por todos lados, el imperativo es uno y principal: ganar más. Este es el origen de muchísimas de las situaciones que, para los autores, son desconcertantes.

Seguir leyendo en el blog de Guillermo Schavelzon.

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Primeras impresiones de una librería de Amazon. Mike Shatzkin

Primeras impresiones de una librería de Amazon. Mike Shatzkin

La recién abierta librería de Amazon en Manhattan (Nueva York) le recordó a mi mujer a las librerías o “galerías de los aeropuertos, donde los libros más que venderse se exponen”. Todas las portadas están de frente. La selección es reducida. Una librería de aeropuerto seguramente tendría una selección más amplia de títulos: bastantes menos libros de cocina (en la tienda de Amazon ocupan bastante espacio) y una selección mucho más amplia de novelas, novelas de género en concreto (de las cuales parecía haber relativamente pocas en Amazon).

Pero la percepción es parecida. No es una tienda en la que se espere que pases horas ojeando. Estás ahí para escoger entre los títulos más populares de manera rápida y de un simple vistazo.

Las baldas tienen de largo el equivalente a cinco portadas, un espacio desconcertante entre títulos para alguien que lleva toda una vida observando librerías. Todos los libros tienen una tarjeta delante con un resumen, normalmente de un lector. Las estanterías constan de bloques ajustables que empujan los libros para verlos de frente, aunque solo haya una copia del título. (Al preguntar, supe que el personal de la tienda recibe una alerta cuando hay una balda vacía, pero no pregunté si era porque sabían que los libros se habían vendido o porque había un sensor que no vi. Algo que preguntar la próxima vez…). Está muy limpia, pero es un uso llamativo del espacio de una balda por cada título, algo que no había visto en mis 60 años, más o menos, visitando librerías.

Seguir leyendo en inglés en The Shatzkin files.

 

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En la colección Tipos móviles se ha publicado el libro de

Jean-Baptiste Malet,

En los dominios de Amazon. Relato de un infiltrado (15 €)

Leer en la cama. Elena Rius

Leer en la cama. Elena Rius

Cada cual tiene sus pequeños ritos y manías para propiciar el sueño. Hay quien necesita que la cama esté orientada de una forma determinada, quien escucha la radio, los fanáticos de la oscuridad completa, que usan hasta antifaz… Los lectores no concebimos la posibilidad de dormir si antes no hemos leído unas cuantas páginas; pueden ser muy pocas, si el cansancio aprieta y el libro se te cae literalmente de las manos, o muchísimas, si el libro es tan apasionante que resulta imposible dejarlo. (¡Esas noches en que te dan las dos y las tres y a cada capítulo te prometes que será el último!) Pero poco o mucho, dormir sin antes haber leído parece -o me lo parece a mí al menos- una aberración. Lo primero que hago, cuando llego a un hotel o a cualquier nueva habitación donde haya de pernoctar, es colocar mi libro en la mesilla: una promesa que anticipa los agradables momentos en que la lectura abre la puerta del sueño.
Lo de leer en la cama es una actividad relativamente nueva, como recordaba hace poco un artículo en The Atlantic. Disponer de la privacidad de una habitación dedicada solo al sueño es algo reciente. Hasta hace poco, los pobres desde luego no podían permitirse ese lujo, pues se hacía la vida en una o dos habitaciones. En 1837, un testigo describía así las viviendas de una pequeña aldea francesa, según se recoge en la Historia de la vida privada:

Seguir leyendo en Notas para lectores curiosos.

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Elena Rius es autora de El síndrome del lector publicado en la colección Tipos móviles.

Precio: 19 €

 

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¿Es imposible tener una librería en Colombia? Camila Builes en El Espectador

¿Es imposible tener una librería en Colombia? Camila Builes en El Espectador

Que cierre una librería independiente significa la desaparición de un centro cultural. Muchas veces, años de tradición editorial se van por la borda cuando la cuestión comercial domina cualquier tipo de movimiento formativo que la librería haya creado en el lugar en el que esté. Que desaparezca una librería independiente es un golpe en la cara de los lectores y una voz de alarma para libreros y editores.

Sin embargo, que las pequeñas librerías cierren no es un fenómeno nuevo ni exclusivo de Colombia. A finales de los años 70, muchas desaparecieron en las grandes ciudades de Estados Unidos. Lo mismo ocurrió en ciudades de Francia, España y Alemania, países con una importante tradición lectora. El lugar de las grandes librerías lo ocuparon las grandes cadenas. La razón, según Jason Epstein (editor del New York Review of Books, creador de los libros de bolsillo y la Book Expresso Machine) era que la relación alquiler-stock no se correspondía: los altos costos de arriendo e impuestos en las grandes ciudades hace inviable un producto de poca rotación como el libro.

Ese fue el caso de La Madriguera del Conejo, uno de los centros culturales más importantes de Bogotá, que cerró sus puertas porque no le alcanzó la plata. “Nunca pudimos llegar al punto de equilibrio para poder solventar los gastos que requería funcionar ahí donde estábamos”, cuenta David Roa, uno de los dueños de la librería. La madriguera abrió sus puertas el 6 de julio de 2011 en  la carrera 11 con calle 85. El sitio, ubicado en una de las partes más convulsas de Bogotá, se convirtió rápidamente en un centro literario donde además de vender todo tipo de libros, se hacían presentaciones de autores, de nuevas obras y servía como escenario para la discusión entorno a temas académicos y literarios.

Seguir leyendo en El Espectador.

Libros sobre librerías en la colección Tipos móviles.

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Políticas públicas de lectura e investigación. El diseño del Plan Valenciano de Lectura. Gemma lluch y otros...

Políticas públicas de lectura e investigación. El diseño del Plan Valenciano de Lectura. Gemma lluch y otros…

Artículo de Gemma Lluch, Universitat de València; Dari Escandell, M. Àngels Francés, Josep Maria Baldaquí, Anna Esteve, Universitat d’Alacant.

Publicado en OCNOS, Vol. 16 nº 1 (2017)

Resumen
Para determinar con exactitud qué acciones deben ser consideradas prioritarias en el diseño de las políticas públicas de lectura es necesario contar, en primer lugar, con equipos de investigación que aporten datos concretos que aseguren su éxito; en segundo lugar, con metodologías para su diseño, seguimiento y evaluación; en tercer lugar, con protocolos para su mejora y, finalmente, con indicadores para la medición de los objetivos y los resultados. Este artículo resume y reflexiona sobre los retos que enfrentan las políticas de lectura a partir de la revisión de las principales investigaciones e informes institucionales sobre el tema y describe el proceso de trabajo, las metodologías utilizadas y las líneas de acción prioritarias propuestas para el Plan Valenciano de Lectura. En resumen, se trata del proceso de trabajo emprendido por un grupo de investigación para asesorar a la administración en la puesta en marcha de un Plan de Lectura.

Introducción
En otoño de 2015, la Conselleria d’Educació, Investigació, Cultura i Esport de la Generalitat Valenciana encargó a un grupo de investigación universitario1 el diseño de las líneas estratégicas para la elaboración de un Plan Valenciano de la Lectura (PVL). El informe El Pla Valencià del Llibre i la Lectura. Accions recomanades (Lluch, Baldaquí, Escandell, Esteve y Francés, 2016) recoge el resultado del trabajo aunque, ebido al carácter del documento, se obvió todo el proceso de investigación que sustentaba la propuesta. Justamente, el objetivo del artículo es resumir los principales estudios sobre las políticas públicas de lectura, reflexionar sobre los retos que plantea su construcción y presentar el estudio de un caso. Concretamente, este artículo sintetiza las principales investigaciones, estudios e
informes que se han realizado en Iberoamérica con el objetivo de conocer qué y cómo se ha investigado y a qué conclusiones se ha llegado.El estado de la cuestión ha sido la base para el diseño de las líneas prioritarias del PVL; así pues, la segunda parte del artículo describe su proceso de trabajo, las metodologías utilizadas
y las propuestas prioritarias de acción.

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Los libros son como son por una serie de razones. Enric Jardí

Los libros son como son por una serie de razones. Enric Jardí

El libro de lectura corriente tiene una formas que pocas veces cambian. Eso es debido a que por un lado hasta hace poco la técnica era bastante limitada y por la otra por costumbre; llevamos más de 500 años componiendo los libros prácticamente igual y está demostrado que lo que mejor leemos es aquello a lo que estamos acostumbrados a leer. Pero hay una tercera razón: es muy difícil hacer cambios que aporten mejoras este objeto para la lectura. Sé que éste es es un mensaje que puede parecer inmovilista, pero hay que admitir que el libro es un objeto difícil de mejorar.

Los libros son como son por una serie de razones. La mayoría son cuestiones funcionales, aunque muchas veces parezcan únicamente formales. Sangrar la primera línea de un párrafo no es para hacerlo más elegante, es una razón práctica, por eso se sigue haciendo. Pero también hay cuestiones que no son más que el reflejo de la técnica con la que se han ido fabricando el libro a lo largo de su historia.

Es sabido que Johannes Gutenberg no inventó la imprenta en sí sino que más bien su aportación fue agrupar una serie de técnicas conocidas, la más importante de las cuales fue la idea de la tipografía, es decir, la escritura prefabricada. Los tipos móviles se mantuvieron hasta el siglo XX y a partir de la segunda mitad de éste la mayoría de libros ya se componían en monotipia y linotipia, sistemas de composición de texto que fundían en metal los tipos y las líneas al momento. Una vez la impresión tradicional de presión se substituyó por el offset o litografía, los textos de los libros pasaron a ser compuestos casi siempre en lo que se conocía como fotocomposición, un sistema informático menos intuitivo que los ordenadores actuales que tenía que ser manejado todavía por profesionales especializados. Los textos una vez editados y compuestos se materializaban en fotolitos, láminas transparentes con los textos en negro, que servían para insolar las planchas para la impresión en offset.

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