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La República Digital del Conocimiento. Entrevista a Robert Darnton. Rhys Tranter en Texturas 17

La República Digital del Conocimiento. Entrevista a Robert Darnton. Rhys Tranter en Texturas 17

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El 5 de diciembre de 2011, el catedrático Robert Darnton (Universidad de Harvard) dio, en el marco de las «Cardiff University Distinguished Lecture in Humanities» de la Universidad de Cardiff, una conferencia ante un público de expertos. Partiendo de Thomas Jefferson, el profesor Darnton trazó el camino del intercambio de ideas, desde la «bujía» de Jefferson hasta la comercialización a través de Internet, postulando que aunque Internet parezca la traducción del ideal de Jefferson a un sistema de comunicación viable, los intereses comerciales están explotando la tecnología digital para acotar una parte importante de nuestro acervo cultural común. Habló también del proyecto de creación de una Biblioteca Pública Digital de Estados Unidos como respuesta a esta amenaza.

En Las razones del libro escribió que «la explosión de los medios de comunicación electrónicos ha sido tan revolucionaria como la invención de la imprenta con tipos móviles». ¿De qué manera cree que esta revolución está afectando la forma en que se difunden el conocimiento o la información?

Para empezar debo decir que el término revolución se suele emplear, en general, de forma muy laxa, así que dije aquello tras haberlo pensado mucho. Es decir, he leído cosas sobre la revolución en la ropa masculina, en los estilos de defensa del fútbol y demás. No quiero restar fuerza al término. Y es un término que puede emplearse en muchos sentidos distintos. Pero digamos que la frase quiere significar que los medios para comunicarse están cambiando hoy con tanta rapidez y de una forma tan radical como en los tiempos de Gutenberg. Y, de hecho, hoy hemos aprendido mucho sobre aquella época: quizá el cambio no fuera tan rápido como pensaron quienes se refirieron a él como una revolución. Sabemos, por ejemplo, que hasta tres siglos después de Gutenberg continuó la publicación de manuscritos, y que además floreció. Sirva esto como comentario preliminar a lo que estaba diciendo. Pero lo que nos planteamos es cómo este cambio, revolucionario o no, ha afectado la forma en que la comunicación penetra en la sociedad.

Basta con ir en autobús o en metro en Nueva York, Londres o París y observar a la gente con su smartphone o con otros dispositivos de mano. A veces decimos que «la gente está siempre conectada». Esto es, siempre está on-line,
siempre se está comunicando. Creo que ha habido una especie de reducción de los espacios en blanco de la vida, del tiempo en que la gente, por decirlo de alguna manera, estaba sin hacer nada. Por supuesto que nunca estaban realmente sin hacer nada. Pero significaba que había momentos en los que no se estaban comunicando conscientemente sino dejando que la vida siguiera su curso, pasando de todo. No está nada mal eso de dejar que la vida siga su curso, de pasar de todo.

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Robert Darnton es también autor de Las razones del TM08_razones_libro-225x225libro. Futuro, presente y pasado (22 €), publicado en la colección Tipos móviles.

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Antinomias y disquisiciones sobre el mercado digital. Manuel Gil y Jorge Portland en Texturas 18

Antinomias y disquisiciones sobre el mercado digital. Manuel Gil y Jorge Portland en Texturas 18

Compra hasta el 3 de julio el artículo completo y todos los contenidos de Texturas 18 en digital por sólo dos euros.

Transcurridos ya más de dos años desde que la edición comenzó el proceso de digitalización y comercialización de contenidos digitales, son muchas las conclusiones que se pueden extraer de la experiencia. En primer lugar el cambio de actitud de la edición española, del «vade retro» inicial al «pase sin llamar» actual; en este sentido, se ha comprobado que la inexistencia de una hoja de ruta de la transición digital ha llevado a numerosos editores a «ir por libre» y dar palos de ciego, cuando no a matar moscas a cañonazos. No es lo mismo obligar a que todo aquel que quiera vender los contenidos españoles deba adaptarse a lo establecido de común acuerdo por la edición, que
ser la edición la que se adapta a los majors, como así ocurre en la actualidad. Y esto es un desastre. En esta línea, cada vez tenemos más claro que se hace imprescindible un centro de análisis y consultoría de datos del propio sector, como servicio a sus agremiados. ¿O sólo sirve la agremiación para ir a la Feria del Libro de Madrid? No es posible tener una carencia de datos tan alarmante, no se puede funcionar con informes de «retrovisor» acerca de lo que ocurrió el año pasado. Se imponen un conjunto de informes de situación, casi en tiempo real, que hagan avanzar la comercialización digital. Vamos a analizar aquí algunos temas sobre los que ya se tienen datos suficientes gracias a la experiencia de estos años, y sobre los que conviene iniciar una reflexión profunda.

El mercado

El mercado está comenzando a moverse, muy lentamente pero se está moviendo. En estos momentos hay editores que aseguran que sus aumentos de ventas (por descarga) están en torno al 400% en su volumen de comercialización con Libranda; el porcentaje, que parece una salvajada, hay que matizarlo debido a que partían de cero y arrancaron con muy poquitos libros electrónicos. Y una cosa son descargas y otra muy distinta beneficios.
El aumento del fondo de catálogo obviamente ha elevado las descargas. En cualquiera de los casos, ni que decir tiene que para alcanzar una masa crítica de base todavía habrá que esperar mucho tiempo. Si, como varios informes aseguran, el parque de dispositivos, entre eReaders y tabletas está en torno a 1 millón, y las expectativas para 2012 es alcanzar 1,8 millones, comienzan a sentarse las bases de una masa crítica de dispositivos que permita evaluar la consistencia del mercado y establecer unas proyecciones juiciosas de evolución posible. Un problema que aparece en el horizonte es el de los descensos en precios, cuya horquilla de comercialización en compra por impulso se sitúa ya por debajo de 8 euros; a esto hay que añadir el problema acuciante de renta que tienen los jóvenes, más que castigados por el impacto del decrecimiento salarial y la polarización de las rentas, lo que nos lleva a pensar en un decrecimiento todavía más fuerte de los precios. Si los editores esta disconformes con estos precios de ganga, los usuarios también. Los contenidos de calidad pueden no valer un euro.

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Manuel Gil es coautor de dos de los títulos publicados en la colección Tipos móviles:

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El paradigma digital y sostenible del libro

 

20 € en papel y 5,99 en electrónico

 

 

 

 

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El nuevo paradigma del sector del libro

 

18 € en papel  y 4,99 en electrónico

Mi ‘lustratio’ digital. Pablo Francisco Arrieta Gómez en Texturas 19

Mi ‘lustratio’ digital. Pablo Francisco Arrieta Gómez en Texturas 19

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Una tarde en el 2006, una caminata por Nueva York me permitió descubrir algo que me sorprendió completamente. Lo vi en una vitrina en la tienda principal de Sony; era un aparato costoso, y como las prioridades eran otras, tan solo podía mirarlo, antojado, desde la vidriera, así como soñar al sostenerlo en la sala de ventas imaginando lo que sería poseer uno de ellos en la vida diaria. Al año siguiente, en medio de Central Park, bajo las estrellas, una inglesa amable y generosa me entregaba un paquete mientras decía: «Esto es para ti, y creo que lo disfutarás enormemente». Y así, de la manera más mágica, un lector digital de ePaper hacía aparición en mi vida.

Un quinquenio ha pasado ya, o, como también podría decirse, un lustro. En la Antigua Roma, al finalizar un periodo de estos se celebraba la ceremonia de la lustratio (purificación) para conseguir la bendición y protección de una divinidad. Y si me preguntan cuál es la divinidad a agradar, ha de ser esta la del Libro Electrónico, conocida como eBook, ePub, app de lectura o cualquier otra variación que su nombre ha venido tomando durante estos años de gestación y consolidación. Un camino que he podido observar desde el Caribe, mientras recorro las calles de mi nativa Colombia y accedo de manera digital a los mercados mundiales, o incluso como viajero físico intercontinental que ha podido presenciar en diferentes países y culturas la formación de ideas, propuestas e industrias en torno a esta llamativa transformación de la centenaria industria editorial.

Así pues, me dispongo a compartirles un diario de lectura en el que veremos cómo la tecnología ha tomado un lugar importante en la manera como los textos llegan a mí, las novedosas posibilidades con las que puedo compartirlos y, en últimas, cómo he podido convertirlos en parte vital de mis días y actividades. Más que reemplazo, estos dispositivos han ido convirtiéndose en una ampliación del campo de lectura.

Ahí vienen todos…

Si bien contaba que en el 2007 tuve mi Sony Reader, nunca lo disfruté realmente pues el contenido hecho para estas máquinas no podía llegar a mi aparato.Me explico: era posible meterle PDFs y archivos que yo creara, pero,
como soy colombiano, mi tarjeta de crédito nunca me dio acceso a la compra de contenido. Cual náufrago, quedé a la deriva: fue como adquirir un reproductor de CDs al que no podía sinometermis propios CDs grabados, pues
los otros no me los vendían ya que vivía en el lado equivocado del globo.

El lector de papel electrónico me acompañó desde entonces en mis viajes y pude apreciar la maravilla que era llevar conmigo innumerables textos, leerlos fuera del computador bajo el sol picante de nuestras ciudades… pero
la imposibilidad de introducirlos en la máquina de manera sencilla, así como la pobre calidad en la que muchos de ellos aparecían en la pantalla (al no ser hechos para tal fin), lo fueron dejando en casa con mayor frecuencia. Eran
los días en los que se conseguían pocos ePubs en el Proyecto Gutenberg… Pero igual me convertí en asiduo visitante de sus archivos.

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Editar y vender en el mundo digital. Cómo aprender del pasado para dar de leer. Alejandro Katz en Texturas 20

Editar y vender en el mundo digital. Cómo aprender del pasado para dar de leer. Alejandro Katz en Texturas 20

Compra hasta el 19 de junio el artículo completo y todos los contenidos de Texturas 20 en digital por sólo dos euros.

Uno de los errores más frecuentes que cometemos al intentar resolver un problema consiste en no saber distinguir si se trata de un nuevo problema, de un problema antiguo que ya fue resuelto o de una nueva forma de un viejo problema. La irrupción de lo digital en el mundo del libro se nos aparece a priori como algo absolutamente novedoso, y como toda novedad provoca a la vez atracción y rechazo, admiración y temor.  Sin embargo, si bien la tecnología digital es relativamente reciente, y su utilización para la fabricación de productos editoriales lo es más aún, no todas las transformaciones que de allí se desprenden ocurren por primera vez en la historia del impreso.

Quizá, por tanto, resulte interesante intentar comprender qué hay de nuevo en el mundo del libro como consecuencia de la aparición de la tecnología digital, y qué, por el contrario, encuentra en el pasado momentos semejantes.

«La revolución en la tecnología de la información —afirma Nate Silver en un libro reciente— no se produjo con la llegada del microchip, sino con la imprenta.» El invento de Gutenberg de 1440 permitió que la información se volviera disponible para las masas, y la explosión de las ideas que eso provocó tuvo consecuencias inesperadas y efectos impredecibles. Los libros, claro, existían antes de Gutenberg, pero, dice Silver, no eran ni ampliamente escritos ni ampliamente leídos. Eran, de hecho, objetos de lujo para la nobleza y el clero, producidos ejemplar por ejemplar por los escribas. El costo promedio de reproducción de un manuscrito era de alrededor de 1 florín cada cinco páginas, que, en valores actuales, es el equivalente de unos 200 dólares. Obtener un ejemplar completo podía costar alrededor de 20.000 dólares.

Por añadidura, es muy probable que cada ejemplar estuviera plagado de errores, a los que se añadían los errores de la copia anterior, haciendo que los errores se multiplicaran y mutaran en cada generación de copias. La lentitud
del trabajo, el costo de su realización, los errores introducidos, hacían extremadamente difícil la acumulación de conocimiento, explica Elizabeth Eisenstein en The Printing Revolution in Early Modern Europe3. Como sabemos, de los tiempos antiguos hemos conservado algunas ediciones de la Biblia así como una pequeña cantidad de textos canónicos, tales como los de Platón y Aristóteles, pero la mayor parte de los libros que reproducían el conocimiento creado en la antigüedad se ha perdido.

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Leer la lectura. Roger Chartier en Texturas 21

Leer la lectura. Roger Chartier en Texturas 21

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En su pequeño libro A importância do ato de ler (1982), Paolo Freire distinguía dos sentidos de la palabra «leer». Un sentido literal: leer es leer letras, palabras, libros. Esta lectura supone la alfabetización, el aprendizaje escolar, el dominio de la palabra escrita. Pero «leer» tiene también un sentido metafórico. Leer es, antes y después de la lectura de libros, «leer» el mundo, la naturaleza, la memoria, los gestos, los sentimientos —todo lo que Paolo Freire designa con un neologismo: palavramundo—. Leer la lectura, como lo indica el título de mi conferencia, es tal vez entender las relaciones entre estos dos sentidos del verbo «leer», considerando, por un lado, la especificidad de la lectura de libros —que debe evitar el peligro de un uso descontrolado y excesivo de la palabra, como si toda «lectura» estuviera gobernada por las reglas que caracterizan el desciframiento de los textos— y por otro lado, los procesos que organizan según lógicas muy diferentes la comprensión inmediata del mundo, de las experiencias de la existencia, y su encuentro con lo escrito.

En 1968, en un ensayo que llegó a ser célebre, Roland Barthes asociaba la omnipotencia del lector con la muerte del autor. Destronado de su antigua soberanía sobre el lenguaje o por «las escrituras múltiples, surgidas de diversas culturas y que establecen entre sí una relación de diálogo, de parodia y de oposición» (p. 66), el autor debe ceder su preeminencia al lector, entendido como «aquel que reúne en un mismo campo todas las huellas que constituyen lo escrito» (p. 67). El lugar de la lectura estaba, pues, considerado como aquel en el que se reordena el sentido plural, móvil e inestable del texto, como el lugar donde lo escrito adquiere su significación. Sin embargo, poco tiempo después de reconocido el nacimiento del lector se multiplicaron los diagnósticos que anunciaron su muerte. Esos diagnósticos se presentan de tres formas:

Prácticas de lectura
La primera muerte remite a las transformaciones de las prácticas de lectura. En Francia, al comparar encuestas estadísticas referentes a prácticas culturales, si bien no se observa un retroceso del porcentaje global de los lectores —ya que tanto en 2008 como en 1973 un 70% de los encuestados dice haber leído por lo menos un libro en el año anterior—, al menos se nota la disminución de la proporción de los «forts lecteurs», es decir, los lectores
que leen más de veinte libros por año. Este retroceso es particularmente importante en la franja de lectores comprendida entre los 19 y 25 años, y en la población masculina, lo que produce como consecuencia una «feminización » de la lectura (Donnat, 2012).

Txt_21-210x210Para seguir leyendo, compra hasta el 12 de junio el artículo completo y todos los contenidos de Texturas 21 en digital por sólo dos euros. Acceder.

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Vías de salida: lo que el sector editorial tiene que aprender del periodístico. Esteban Hernández en Texturas 22

Vías de salida: lo que el sector editorial tiene que aprender del periodístico. Esteban Hernández en Texturas 22

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Si hay algún reproche exterior al sector editorial que se haya convertido en habitual en los últimos tiempos, es el de su escasa adaptación a los tiempos digitales: su incapacidad para generar un nuevo modelo de negocio a partir de un nuevo soporte, el e-book, que generaría una sensible disminución del precio y con ella un aumento notable de las ventas, es señalada insistentemente como causa primera de los males del sector. Sería la panacea desde muchos puntos de vista: combatiría con éxito la pérdida de compradores provocada por la crisis, fijaría un modelo de negocio mucho más justo para autores y consumidores, eliminaría a los intermediarios improductivos y establecería nuevas formas de visibilidad que haría que demanda y oferta encajasen de una forma casi perfecta.

Desde esta perspectiva, la experiencia del mundo periodístico es particularmente interesante para el editorial, toda vez que siguió el camino opuesto, apostando desde su inicio por lo digital, generando contenidos específicos para la web, apostando por los ingresos publicitarios como vía de generación de recursos y ofertando mucha mayor inmediatez a un público que quería conocer las noticias cuando se producían, no al día siguiente. El papel, el viejo soporte, justificaba su precio únicamente desde la comodidad o la costumbre, ya que sus contenidos eran los mismos que los de la versión digital, pero publicados muchas horas después.Mientras la cadena del libro no quería separarse del papel, los editores de diarios lo percibieron como un pasado que tardaría tiempo en desvanecerse pero cuya salida del mapa era inevitable: lo tradicional, como en el resto del mundo de los negocios, tenía sus días contados. Lo digital, sin embargo, traía enormes beneficios en costes, rapidez de circulación y capacidad de llegada.

La desconfianza en que el soporte tradicional pudiera servir como generador de ingresos para el futuro se hizo cada vez más presente, al tiempo que se fantaseaba con múltiples modelos de negocio más allá de los ingresos publicitarios, que si bien nunca llegaban a cuajar, se entendían como las pruebas necesarias hasta que se pudiera conseguir el modelo definitivo.

La industria editorial no hizo nada de esto. Salvo la concentración, proceso propio de estos tiempos y típico de las crisis, todo lo demás fue en sentido contrario. Lo digital comenzó siendo invisible, tanto a la hora de plantearse
sus posibilidades como de analizar sus amenazas Ni siquiera la piratería y la compartición de archivos fueron tomadas en serio, pensando que el sector era diferente de aquellos otros que las habían sufrido y que en el libro su impacto sería poco más que marginal. Tampoco los e-books merecieron confianza alguna: a menudo, el sector editorial decía estar dando pasos hacia lo digital, pero en la práctica rechazaban aventurarse por ese camino.

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Edición independiente y globalización editorial. El caso de los editores de ensayos «críticos» en Francia. Sophie Noël en Texturas 23

Edición independiente y globalización editorial. El caso de los editores de ensayos «críticos» en Francia. Sophie Noël en Texturas 23

Compra hasta el 29 de mayo el artículo completo y todos los contenidos de Texturas 23 en digital por sólo dos euros. Acceder.

El presente artículo abordará un sector específico de la edición independiente en Francia, a saber, los editores de «crítica social» o, en un sentido más amplio, de ensayo en ciencias sociales, que surgieron a fines de los años ochenta en el momento de la intensificación de la crítica al neoliberalismo y a la globalización.

Estas editoriales se definen bajo una identidad política globalmente de izquierda o «comprometida», que aparece como una ruptura o renovación, en un momento donde el campo editorial francés había, de cierta manera, abandonado los debates políticos e intelectuales que caracterizaron los años sesenta y setenta. Designaremos a estas editoriales, para no caer en una mera simplificación, como «críticas», ya que es interesante estudiar en qué medida estas encarnan una definición particular de la independencia, donde coinciden concepciones económicas e intelectuales, pero también políticas, que las posicionan frente a ciertas derivas asociadas a la evolución del campo de la cultura en general. A este respecto, nos referimos a la defensa de la diversidad contra la «estandarización de la producción», al rechazo de someterse a lógicas puramente «mercantiles» en nombre de la autonomía de la producción intelectual, y a la voluntad de concebir los libros como armas particularmente poderosas en la lucha por las ideas.

Las editoriales estudiadas permiten observar de manera muy concreta cómo se movilizan actualmente ciertas temáticas (la independencia, el pluralismo), a menudo imprecisas y mal definidas, que son objeto de fuertes «luchas de definición» entre los diferentes actores de la cadena del libro, particularmente en el campo de la «producción restringida»2. Ellas ilustran de manera ejemplar las ambigüedades del término «independiente» (Robin, 2008), que es objeto de apropiaciones que compiten entre sí.

En esta dirección, primero vamos a resituar a estas pequeñas editoriales en el campo editorial francés antes de plantearnos la pregunta de cuáles son los factores que permiten explicar su existencia en un contexto económico difícil –pero al mismo tiempo muy favorable si se le compara, por ejemplo, con aquel en el que se inscriben los editores chilenos–, como ha sido expuesto a lo largo de las dos jornadas de este Coloquio. Nuestro interés consiste en examinar en qué medida estas estructuras logran jugar en los intersticios del sistema para crearse una posición relativamente duradera, así como explicar cuáles son los límites con los que estas mismas se encuentran.

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Una visión pragmática y empírica del escenario digital iberoamericano del libro. Manuel Gil en Texturas 24

Una visión pragmática y empírica del escenario digital iberoamericano del libro. Manuel Gil en Texturas 24

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En estos últimos años, muchos de los comerciales que hemos viajado con asiduidad a las diversas ferias del libro de diferentes países de Iberoamérica hemos percibido con nitidez dos cuestiones que parecen centrales y críticas: que las exportaciones de libros en papel están estancadas –y con tendencia a bajar–, y el interés y la emergencia con que va a irrumpir el tema digital en ese continente. Hay una conjunción de causas que pueden conllevar una auténtica explosión del comercio digital en esos países. Tengo la firma convicción que el libro digital es una oportunidad imprevista para la edición iberoamericana, un escenario global que puede conllevar que la oferta digital latinoamericana se visibilice de manera frontal en España y Europa. Desde hace más de 40 años el comercio del libro se ha sustentado en una asimetría entre España y ese continente, el libro español viajaba a América pero de allí hacia acá no llegaba nada, o llegaba con cuentagotas, y esta asimetría la puede romper el libro digital a poco que la edición iberoamericana entienda que debe construir las infraestructuras digitales mínimas para hacer competitivas sus propias industrias editoriales. El diseño de canales de comercialización digital es un tema crítico para las emergentes industrias editoriales de esos países. Pero tampoco olvidemos una cosa: el desarrollo en España de plataformas de comercialización digital, tanto B2C como B2B, y su llegada a América, suponen el comienzo de un ecosistema de comercialización ciertamente importante de cara a visibilizar contenido; si hasta hace poco tiempo eran relativamente pocas las editoriales que exportaban libros en papel a América, ahora con las plataformas digitales en velocidad de crucero, la oferta digital española en Iberoamérica puede ser exponencial. Desde mi punto de vista estamos ante un momento crucial de la comercialización del libro digital a ambos lados del Atlántico. La oportunidad existe y debe ser aprovechada, siempre desde ambos lados del Atlántico.

América lleva una década de estabilidad económica, política y social que ha devenido en una fuerte estabilidad de los mercados de compra de libros españoles. Sin embargo, hay datos de América Latina sobre los que los departamentos de comercio exterior de las editoriales deberían comenzar a reflexionar. El PIB de América Latina se moverá este año 2014 en torno al 2,5%, uno de los más bajos de la década, según los datos que muestra el FMI; sin embargo estos mismos datos pueden variar al alza gracias a un más que probable repunte de la demanda exterior. Pero América Latina es una región muy vulnerable, esencialmente ante cambios de la política monetaria de EEUU, sobre todo si los tipos de interés suben rápido; de cara a las exportaciones españolas a la zona también es importante el tipo de cambio del euro, a mayores tipos de cambio menores exportaciones.

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Títulos de Manuel Gil en la colección Tipos móviles

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La desmaterialización del libro y el problema de la «descubribilidad». Julieta Lionetti en Texturas 25

La desmaterialización del libro y el problema de la «descubribilidad». Julieta Lionetti en Texturas 25

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El texto escrito, la tipografía, la maquetación, el carácter arquitectónico del libro son a la vez expresión simbólica de la materialidad del lenguaje y la literatura, y su pasaporte al mundo de las mercancías, esas cosas en las que se ha colado el hombre.

Durante 500 años, editores y libreros han comerciado con unos objetos complejos, unas mercancías cuya propiedad se transfiere en el acto de la compra y necesita de rigurosos inventarios. Una mercancía tangible, que ocupa el espacio, que se hace visible por su solo volumen, que permite la casi inmediata detección de su calidad. Como soporte de una obra cuya propiedad es intransferible, se esfuerza por denotarla. En la organización de sus partes, en la tipografía elegida, en las divisiones del texto, en la existencia o no de ilustraciones, de índices, de cortesías, en la normalización de la puntuación, en la elección del papel y de la encuadernación, el libro dialoga con la obra y su materialidad.

En estos tiempos de ebooks, de libros desmaterializados, quienes dicen añorar el olor y el tacto de los libros, en realidad añoran los tiempos en que el discurso era, prioritariamente, mercancía. Porque los ebooks están más cerca de ser un servicio que un bien, aunque todavía los editores deban producirlos como se produce cualquier producto.

Los ebooks son intangibles; la compra no implica una transferencia de propiedad sino el otorgamiento de una licencia de uso, rescindible si el licenciatario no cumple con los «términos de servicio»; no hay inventarios porque el objeto es único, controlado por sus distribuidores o por los minoristas de venta de accesos a los servidores remotos. Casi todos los ebooks están en la nube y de allí no bajan.

La calidad de un servicio es mucho más difícil de juzgar que la calidad de un objeto: el ebook no habla por sí mismo, como sí lo hace el libro en la librería. En ese continuum que es el ebook, pocas cosas nos indican delante de qué tipo de obra nos encontramos, excepto nuestro avance temporal en la lectura lineal del texto, o de los fragmentos de texto que nos permite ver la pantalla del lector que usamos. Las tipografías con las cuales un editor puede expresar el lugar de la obra en un corpus más grande de obras, están dictadas por las compatibilidades de los motores de lectura donde pretende que el ebook se comercialice. La estructura o las divisiones del libro se vuelven abstractas en el ebook y quedan reducidas al índice navegable, cuando lo hay.

El ebook no ha dejado de ser un objeto, pero es un objeto absconditus en la materialidad de los data centers custodiados por ejércitos privados. Por esta razón, y por la abundancia sobrecogedora de títulos, por la organización de la web en la cual deben ser descubiertos, que favorece una lógica analítica y enciclopédica donde los textos no tienen otro contexto más que el proveniente de su pertenencia a una misma temática, la visibilidad y circulación de las obras en formato ebook se ha transformado en un problema.

Ese palabro

La «descubribilidad», ese palabro que hemos importado desde un palabro no menor, «discoverability», parece uno de los grandes desafíos del editor actual.

Los editores, que siguen siendo productores de mercancías que conservan y transmiten obras cuando editan en papel, aún no han caído en la cuenta de que el cambio de paradigma con el cual deben convivir los ha transformado en proveedores de contenidos de una economía de servicios en la que no son protagonistas. Y siguen, en su gran mayoría, haciendo un marketing de mercancías/producto, cuando el éxito de McDonald’s (léase Amazon), por ejemplo, no se basó en la calidad de las hamburguesas (léase ebooks), sino en la eficiencia del servicio que prestan. Y en la reputación, ese otro intangible que sostiene la economía en tiempos del capitalismo tardío.

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Tres editores 'amateur'. Janet Flanner en Texturas 26

Tres editores ‘amateur’. Janet Flanner en Texturas 26

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En la evolución de la literatura, el editor literario ha sido, sin lugar a dudas, el segundo factor imprescindible. Individualmente, sin embargo, rara vez ha sido reconocido como ese elemento principal y necesario relacionado con la aparición de un nuevo gran libro, ni mucho menos por los lectores. Sólo ha representado el papel de común burro de carga de la literatura, con los autores y a veces con el peso de sus genios sobre su espalda. Como editora original del Ulises, la difunta señorita Sylvia Beach se salvó de una o dos de estas constrictivas categorías. Se hizo famosa por haber publicado únicamente esta enorme obramaestra de James Joyce, tan difícil de leer y desentrañar que, en un primer momento, tanto los lectores como numerosos críticos necesitaron su tiempo para apreciarla. Al principio le daban las gracias, sobre todo por el mero hecho de la conmoción que provocaba cada vez con mayor frecuencia en todo el mundo literario occidental de los incipientes años veinte. Después, con el paso de los años, fueron literalmente losmiles de turistas y lectores y escritores de ambos lados del Atlántico que acudían a su pequeña librería Shakespeare en la rue de l’Odéon los que le agradecieron en persona su servicio a la literatura. La librería se había convertido en un enorme centro difusor de ilustración e influencia literaria que ella presidía de forma humilde, una persona tan pequeña como su local, de talla adolescente, con melena corta de colegiala y cuello blanco de oficinista, y gafas baratas con montura de acero. De donde no escapaba al destino de editor literario era como bestia de cargamoviéndose con dificultad bajo el aplastante fardo de genio y egocentrismo de algún autor excepcional, carga pesada como las piedras o el mármol en el caso del dublinés Joyce. No existe crónica de ningún otro gran escritor de prosa en inglés de nuestro tiempo en quien habitara una personalidad tan prodigiosa como la que él poseía, o que tuviera un carácter tan Tres editores ‘amateur’ profundamente esculpido y forjado por su propio ego. Era como una elegante y delgada columna de granito erigida en su propio honor.

Parte de su fama provenía del hecho de ser una editora amateur y una mujer que tuvo el valor de publicar un clásico masculino moderno tan osado como el Ulises. Toda la gratitud de Joyce, en granmanera sobreentendida, se debería haber dirigido a ella como mujer. Pues la paciencia que tuvo con él era femenina, casi maternal, incluso en lo que respecta a su libro. En uno de esos obituarios británicos, a menudo tan extraordinarios por su mezcla de justicia, honestidad e ironía, el señor Darsie Gillie, corresponsal en París de The Guardian, la describió después de su muerte como «una mujer que ha dejado en la literatura una marca que pocos podrán igualar.

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