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Manifiesto europeo sobre el apoyo a la innovación en los sectores cultural y creativo

Manifiesto europeo sobre el apoyo a la innovación en los sectores cultural y creativo

El Manifiesto por la Innovación del Sector Cultural ha sido presentado al finalizar la Cumbre de la Innovación de la Feria de Frankfurt. El texto ha sido generado a través de la iniciativa de The Arts + (Frankfurt Book Fair), en compañía de la Fitzcarraldo Fondation y ECBN (Holanda), al cual se ha invitado a la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y otras once organizaciones de referencia en el escenario cultural europeo, como la Federación Europea de Editores, Europeana, La Federación Alemana de Editores y libreros, la Asociación Internacional de Editores de prensa y ALDUS, la Red Europea de Ferias del Libro.

En el manifiesto se subrayan los seis principales desafíos a los que se enfrenta el sector cultural y creativo (SCC) en Europa y se proponen seis medidas para superarlos.

DESAFÍOS:

  1. Excesiva fragmentación y existencia de compartimentos estancos en el SCC.
  2. Ausencia de inversión y de apoyos financieros para el sector.
  3. Especificidad del concepto de innovación en el caso del SCC.
  4. Carencia de una integración de las destrezas digitales y de negocios con los activos tradicionales del sector.
  5. Cambios en la cadena de valor y necesidad de nuevos modelos de negocio.
  6. Necesidad de un enfoque global y una mayor internacionalización.

PROPUESTAS:

  1. Potenciar la convergencia de estructuras híbridas que actúan en la intersección de la cultura, los negocios, la tecnología y las políticas.
  2. Incrementar la inversión en el SCC y adaptar las subvenciones a sus características específicas.
  3. Hacer más sencilla y atractiva la inversión en innovación en el SCC.
  4. Fortalecer el diálogo entre los responsables de políticas públicas, cultura, tecnología, empresa e industria en torno a la innovación en el SCC.
  5. Ampliar el concepto de ‘innovación’ más allá de la mera ‘dura innovación tecnológica’.

Acceder al manifiesto.

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Comercio interior del libro en España 2017

Comercio interior del libro en España 2017

Una vez más. Un año más. Y muchos libros más. Vivimos en un mundo imprevisible y cambiante, voluble, un mundo que nos sorprende constantemente y a una velocidad de vértigo…, pero en algo debemos basarnos, en algo debemos confiar, y porque tal vez lo que nos parece más inamovible a aquellos que nos consideramos de Letras sean las matemáticas, nos servimos de ellas para asentar unas bases sobre las que seguir trabajando.

De ahí que, una vez más, un año más –y estamos ya en su vigésimo novena edición–, presentamos los datos del comercio interior del libro en España durante el año 2017; un estudio cuantificado y cualificado que realizamos desde la Federación de Gremios de Editores de España para facilitar el conocimiento sobre el mercado del libro, sus circunstancias y componentes a los poderes públicos, a los medios de comunicación, a los lectores y, en general, a los profesionales del mundo del libro. Al fin y al cabo, las matemáticas nos ayudan a conseguir este estudio, que es el único estadístico que se realiza en España sobre nuestro sector.

En breve resumen, los resultados nos dejan un sabor agridulce, pues si bien se mantiene la tendencia de los últimos años y, por tanto, el mercado ha crecido, hasta alcanzar una facturación de 2.319,36 millones de euros (precios de tapa más IVA), dicho crecimiento resulta muy inferior al del año 2016: un exiguo 0,1%.

Esto es debido, sin duda, a la caída en un 3,2% en el libro de texto, Pese a que el resto de subsectores mantiene un crecimiento de en torno al 2%. No en balde, recordemos, el libro de texto representa el 35% del mercado en España; y su importante descenso posiblemente se deba más a criterios de la Administración Pública que no a la consabida crisis económica. Es por esto que, desde la Federación, consideramos oportuno la creación de un pacto educativo que adecúe las necesidades del sector con la calidad de la educación, pues de ello depende no sólo la permanencia de las editoriales dedicadas al libro de texto, sino la cultura y educación de nuestro país. (Daniel Fernádez en la Introducción)

Acceder al informe completo.

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Naúfragos de papel: en torno a la literatura, los libros y la memoria. Javier Martín Ríos. Comares

Naúfragos de papel: en torno a la literatura, los libros y la memoria. Javier Martín Ríos. Comares

Javier Martín Ríos

Naúfragos de papel: en torno a la literatura, los libros y la memoria

Comares

20178. 126 p.

ISBN 978-84-9045-653-8

 

El nombre de Javier Martín Ríos, profesor de la Universidad de Granada, está estrechamente ligado a toda una serie de publicaciones sobre lengua, cultura y literatura chinas. Además, sus traducciones de poesía contemporánea de dicho país han llegado a ser bien conocidas. No es de extrañar, pues, que un libro como Náufragos de papel, donde se recopilan varios artículos digitales escritos por el autor en el periodo comprendido entre 2006 y 2010, pueda llegar a ser visto como una excepción en su dilatada carrera como traductor y ensayista.

Sin embargo, en el transcurso de la lectura del libro, lo que nunca abandonaremos será este lugar, China, al que Martín Ríos no puede evitar volver constantemente. Entre los diversos artículos sobre la situación del mercado literario —que son más bien amargas quejas—, sus elogios a sus escritores contemporáneos favoritos (destaca especialmente a José Carlos Llop y Andrés Trapiello) y unas cuantas diatribas acerca de la situación política del país, brillan con luz propia aquellos textos donde Martín Ríos nos muestra su saber de literatura y cultura chinas, país sobradamente conocido por él y en el que ha vivido durante largos periodos de tiempo.

Cabe destacar el esfuerzo creativo de Martín Ríos, que huye del estilo —o falta de él— que habitualmente encontramos en este tipo de artículos para ofrecernos un intento de prosa poética, a lo Octavio Paz o Claudio Guillén (autores que él mismo reconoce admirar), que, aunque en un principio no cuenta con la calidad de la de los autores citados, va mejorando a medida que profundizamos en sus textos más recientes, llegando a culminar en algunos artículos de cierto valor literario, como su «Corto Maltés se despide de Venecia» (p. 119).

Con todo, si bien es cierto que algunos de los artículos que aparecen en el libro carecen de interés, en buena parte por expresar opiniones no demasiado originales y viciadas por los ecos del discurso dominante —destaca especialmente su desconocimiento sobre la situación real de las distintas lenguas que conviven en España—, Náufragos de papel nos ofrece una buena cantidad de textos bastante lúcidos sobre libros y autores. No obstante, dejando a un lado los artículos sobre China —cuyo valor ya suponíamos desde un principio—, en sus páginas aparecerán grandes figuras de la literatura en otras lenguas como Marguerite Duras o J.G. Ballard, y grandes clásicos de la nuestra, como Machado, Cernuda, Lorca o Juan Ramón Jiménez, a los que Martín Ríos, como espíritu afín a la buena literatura, hace bien en venerar.

Seguir leyendo en el blog de l’Escola de llibreria.

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Las fajas de los libros, esas intrusas. Cristian Vázquez

Las fajas de los libros, esas intrusas. Cristian Vázquez

Las fajas, esas tiras de papel que rodean a los libros con el objetivo de llamar la atención de los posibles compradores, son cada vez más frecuentes y enormes. Quizás en el futuro las tapas carezcan de ilustraciones, como sucedía con los libros antiguos. Todo será faja.

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La conjura de los necios, la extraordinaria novela de John Kennedy Toole, fue publicada en Estados Unidos en 1980, más de una década después del suicidio de su autor. Un año más tarde ganó el Premio Pulitzer; en mayo del año siguiente fue publicada en español, por Anagrama. Fue un éxito notable: en diciembre de 1983, diecinueve meses después de la primera edición, el sello de Jorge Herralde lanzaba la decimotercera. Incluía una faja —esa tira de papel que rodea al libro con el objetivo de llamar la atención del observador— que lo aclamaba:

¡13.a edición!

“Un libro extraordinario”

“Incesante hilaridad”

“Si se quiere comenzar el año acudiendo no a un libro bueno sino a uno excepcional, ese tiene que ser LA CONJURA DE LOS NECIOS”…

Un ejemplar de esa decimotercera edición de Anagrama es el que tengo en mi biblioteca. Lo compré usado, hace más de diez años. Quien(es) lo había(n) poseído antes de mí durante casi un cuarto de siglo no le había(n) quitado la dichosa faja. Yo tampoco lo hice en todo este tiempo. Permanece, amarillenta, ajada, medio rota, ocultando parte de la clásica ilustración de Ed Lindlof en la portada. Me pregunto: ¿por qué esa faja sigue ahí?

 

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La faja es un elemento curioso. No es parte del libro, aunque de algún modo sí lo es. Podría no estar, pero a veces está. Está para irse: casi siempre termina en la basura. Aunque puede tener otros usos. “Nunca he comprado un libro por su faja —señala el escritor Sergio del Molino—. Los he comprado a pesar de sus fajas. Los desfajo nada más pagarlos y, si no tengo marcapáginas, doblo la faja y la uso como tal sin leerla”.

El grupo de los detractores de las fajas es numeroso, e incluye a muchos libreros. La librería pamplonesa Deborahlibros se declaró en enero de 2017 “espacio libre de fajas”. “Los libros aquí no están enfajados —decía un papel pegado en la fachada en esos días— sea cual sea su edición, autor(a) premiado(a) o digan de él lo que quieran en el Babelia o en el New York Times. En caso de duda, pregunte a la librera. Nota: Guardamos todas las fajas en una caja, puede usted llevarse la que más le guste”.

Otros escritores, apunta Del Molino, proponen intercambiar las fajas. “Colocar la que dice ‘Una conmovedora historia de lucha bajo el nazismo’ en el último de Mario Vaquerizo y la que dice ‘La mejor guía de mindfulness’ en los diarios de Anna Frank. Por ejemplo. El librero —y yo con él— sostenía que la mayoría de los compradores no se iban a dar cuenta”.

Seguir leyendo en Letras Libres.

 

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La colección como objeto (y sujeto) editorial. Christine Rivalan Guègo y Miriam Nicoli

La colección como objeto (y sujeto) editorial. Christine Rivalan Guègo y Miriam Nicoli

Rivalan Guégo, Christine; Nicoli, Miriam (eds.). La colección: auge y consolidación de un objeto editorial (Europa/Américas, siglos XVIII-XXI). Bogotá: Universidad de los Andes: Universidad Nacional de Colombia, 2017. 347 p. ISBN 978-958-774-512-2.

La idea de colección presenta una historia que, a través del prisma de los diccionarios españoles, muestra algunos rasgos de evolución notablemente interesantes. El Diccionario usual de la Real Academia Española, de 1780, definía la colección de manera general como «El conjunto de varias cosas, por lo común de una misma clase, como el de escritos, medallas, mapas & C.». Un siglo más tarde, Elías Zerolo en su Diccionario enciclopédico de la lengua castellana, de 1895, daba una definición editorial del fenómeno como «Colección de libros o tratados análogos o semejantes entre sí, ya por las materias de que tratan, ya por la época o nación a que pertenecen» (bajo la entrada «biblioteca»).

El libro del que ahora nos ocupamos se enmarca, de manera magistral, en el análisis de esos cambios que convierten a la colección editorial en un objeto de estudio que permite conocer esas «semejanzas» entre libros editados en un sello que se reúnen por motivos muy variados. En La colección: auge y consolidación de un objeto editorial, sus editoras, Christine Rivalan Guégo y Miriam Nicoli, logran reunir un ramillete de estudios que abarca un notable ámbito geográfico y cronológico, desde el siglo XVIII al XXI. Desde una visión global del fenómeno de la colección editorial, aunque centrado en gran medida en Europa y las «Américas», pero con algunos ejemplos espigados en los textos que permiten conocer otros casos de Japón y otros lugares.

El libro es una traducción de la edición francesa de 2014. Se inicia con un breve prólogo de Jean-Yves Mollier y una introducción de las editoras que ofrece la justificación de la reunión de trabajos y da pie a un reconocimiento del libro de Isabelle Olivero, un aspecto que todos los investigadores del mundo editorial compartimos, su L’invention de la collection fue un ejercicio notable de análisis y erudición que nos ha despertado el apetito de saber más sobre este fenómeno editorial en el caso español y latinoamericano.

El libro La colección permite entrar al terreno de las colecciones editoriales contemporáneas y ofrece elementos para comparar estrategias diferentes. El interés despertado en los estudios literarios por los elementos que rodean al texto está en algunas de las preguntas que este libro intenta responder. También hay interesantes perspectivas de estudio del papel del editor en el proceso de elaboración de un producto comercial destinado a una cultura de masas. La variedad y riqueza de enfoques de los especialistas que intervienen refleja las renovadas perspectivas de estudio de la colección entendida como un elemento sustantivo de las estrategias editoriales.

Seguir leyendo en el blog de l’Escola de Llibreria.

 

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Para reflexionar: por qué triunfan las bibliotecas en Finlandia. Evelio Martínez

Para reflexionar: por qué triunfan las bibliotecas en Finlandia. Evelio Martínez

El día 15 de mayo el diario The Guardian publicaba un interesante artículo sobre las bibliotecas públicas de Finlandia. En concreto, el artículo hacía referencia a la próxima obertura (en diciembre) de la biblioteca central llamada Oodi.

El texto da para hacer un par de reflexiones rápidas, de esas lanzadas al vuelo que suelo dejar en este blog.

Finlandia es un país de lectores, se nos dice, una nación nombrada por Naciones Unidas en 2016 como la más educada (literate). Los finlandeses, pues, están entre los usuarios más entusiastas de las bibliotecas públicas del mundo (los 5’5 millones de habitantes toman en préstamo al año… ¡68 millones de libros!).

Y aquí viene la primera perla / reflexión:

No es difícil ver por qué las bibliotecas de Finlandia son tan usadas: el 84% de la población es urbana, y dado el frecuente duro clima, las bibliotecas no son sólo un espacio para estudiar, leer o tomar libros en préstamo – son espacios vitales para la socialización.

Dicho en plata: uno de los factores que hace que los finlandeses vayan tanto a la biblioteca es que en Finlandia hace un frío de la hostia.

Otra perla del artículo para reflexionar:

Las bibliotecas son vistas como el rostro de la creencia finlandesa en la educación, la igualdad y la buena ciudadanía. “Hay una fuerte creencia en la eduación para todos”, dice Hanna Harris, directora de Archinfo Finland y comisionada de Mind-building [el pabellón finlandés en la biennale de arquitectura de Venecia de este 2018]. “Hay un aprecio por la ciudadanía activa – la idea de que es algo a lo que todo el mundo tiene derecho. Las bibliotecas encarnan esa idea fuertemente”.

Seguir leyendo en emartibd. Aventuras en Infolandia.

 

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Discurso de apertura de la Feria del Libro de Buenos Aires a cargo de Claudia Piñeiro

Discurso de apertura de la Feria del Libro de Buenos Aires a cargo de Claudia Piñeiro

Antes que nada quiero agradecer haber sido elegida para dar el discurso de apertura en esta Feria del Libro de Buenos Aires. La Feria es el evento literario más importante de la ciudad, del país y de la región. Y una de las ferias en español más destacadas del mundo. Vengo a esta feria desde antes de ser escritora. Valoro lo que tiene de literario y también lo que tiene de evento social, de lugar de reunión, de cofradía, de territorio por el que transitan infinidad de personas buscando un libro. Desde que fui convocada a dar este discurso me persigue una pregunta: ¿Qué se espera de un escritor? ¿Alguien espera algo de nosotros? Tal vez sí. O tal vez ni siquiera que escribamos un próximo libro.
Cuando hace ocho años Griselda Gambaro tuvo que dar su discurso inaugural en la Feria de Frankfurt citó a Graham Greene quien había dicho: “Debemos admitir que la verdad del escritor y la deslealtad son términos sinónimos (…) El escritor estará siempre, en un momento o en otro, en conflicto con la autoridad”. Me atrae ese lugar para el escritor: el de conflicto con la autoridad. Entendiendo por autoridad –en nuestro caso– el Estado, la industria editorial y los intolerantes que pretenden imponer cómo debemos vivir. Me siento cómoda en un colectivo de escritores para los que la lealtad nunca deba ser con la autoridad, sino con el lector, con el ciudadano, con la literatura y con nosotros mismos. Y retomo el concepto tal cual lo expresó Gambaro: “Así debe ser por razones de sano distanciamiento en la preservación del espíritu crítico, de la disidencia como estado de alerta, si bien es preciso no confundir la disidencia – trabajo de pensamiento – con la estéril rutina del antagonismo sistemático.” Quiero apropiarme de esa frase de Gambaro: disentir como estado de alerta, no como antagonismo sistemático. La vida está llena de gestos que tienen un significado y tratamos de decodificar. Nosotros, como escritores, estamos atentos a los gestos que nos muestran la industria, el Estado y por supuesto los lectores. Los nuestros también importan pero solemos creer que alcanza con escribir. Sin embargo, hay determinadas circunstancias sociales frente a las cuales la falta de acción o la falta de gesto explícito también trasmite un mensaje.
Quiero señalar algunos de esos gestos.
Los escritores somos parte de la industria editorial. Reivindico el ejercicio de la literatura como trabajo y nosotros como trabajadores de la palabra. Somos trabajadores dentro de una industria, pero a veces ni nosotros mismos tenemos conciencia de ese status. La confusión puede deberse a que trabajamos haciendo lo que más nos importa en la vida: escribir. Hay textos inolvidables de George Orwell, Marguerite Duras, Reinaldo Arenas, acerca de por qué escribimos. Dice Arenas: “Para mí, escribir es una fatalidad, no una razón; una fuerza natural, no una interpretación”. Podría suscribir lo que dicen todos ellos, en especial sumarme a lo que dice Arenas porque creo que cualquiera de esas búsquedas del origen de la propia escritura son posteriores al acto. En el acto de escribir hay pulsión, escribimos porque no tenemos más remedio, porque si no escribiéramos no seríamos quienes somos. Creo en la escritura como una marca ontológica.
Nosotros tenemos plena conciencia de la crisis que atraviesa el sector; somos parte de la cadena de valor tanto como lo son todos los otros eslabones: el accionista que invierte en el negocio, el editor, el imprentero, el librero, el distribuidor, los correctores, los traductores y cada uno de los que trabajan en la industria. Nos gusta lo que hacemos y tal vez, si tuviéramos de qué vivir, lo haríamos gratis. Pero el trabajo se paga. Se nos debe pagar en tiempo y forma lo que vale. Algunas editoriales lo hacen, algunas no. No se trata de tamaños: grandes, medianas o independientes, hay quienes hacen las cosas bien y quienes las hacen mal. En ese sentido yo me siento privilegiada. Pero tengo la responsabilidad de hablar no sólo por lo que me pasa a mí sino por mis colegas.
Más allá de que el 10% por derechos de autor – porcentaje que no tiene otra explicación que “porque siempre fue así”– se liquide semestralmente y sin ajuste por inflación, hay editoriales que pudiendo hacerlo no pagan anticipos y otras que proponen contratos infirmables que no resistirían un análisis ni jurídico ni ético. ¿Por qué los firmamos? Porque queremos ser publicados, porque sabemos lo difícil que es conseguirlo, pero también porque estamos convencidos como El mercader de Venecia de Shakespeare, que aunque el contrato diga que deberemos pagar con una libra de carne, llegado el caso Shylock no será capaz de tomar el cuchillo y cortarnos un pedazo del cuerpo: error. Y porque estamos solos. Hay un estado de indefensión ante ciertos usos y costumbres que deberían ser revisados. Algunos tenemos la suerte de contar con un agente que nos defienda. Algunos tenemos la suerte de trabajar con editoriales que cumplen con sus obligaciones. Pero muchos escritores no. Ante esas inequidades hay una ausencia del Estado. Es poco habitual encontrar diputados que estén pensando leyes que nos protejan. Los jueces no entienden nuestros reclamos. Los distintos actores del poder ejecutivo no dan respuestas a preguntas sobre la continuidad de premios nacionales y municipales, la ley del libro o la jubilación de los escritores. No pretendo que nos digan que sí a todo lo que pedimos, pero pretendo un intercambio de opiniones y una respuesta que demuestre que se nos escucha. La ausencia de gesto también es un gesto. Los dramaturgos y guionistas cuentan con Argentores, que con errores y aciertos, defiende sus derechos. El resto de los escritores no tenemos sindicato en el sentido estricto de la palabra. Tal vez porque somos seres muy solitarios y poco afectos a lo gregario es que nos cuesta reclamar en conjunto y este reclamo no puede ser individual. Tal vez porque sentimos que la literatura tiene que estar por encima de cualquier demanda. Y es cierto, la literatura debe estar por encima de cualquier demanda; pero hoy, en el 2018, los escritores somos un engranaje de una industria que genera bienes y servicios y nuestra tarea tiene que ser honrada como lo que es: trabajo.
Algunos gestos novedosos y positivos. Han surgido en los últimos tiempos colectivos con conciencia de la necesidad de visibilizar lo que nos pasa. Por un lado la Unión de Escritores, que en su razón de ser dice : “Somos un grupo de escritoras y escritores interesados en instalar el debate sobre la figura del escritor en tanto trabajador”. Un grupo que iniciaron entre otros Selva Almada, Julián López, Enzo Maqueira, Alejandra Zina, y al que hemos adherido muchos más. Con ese debate, la Unión intenta lograr que escritores con menos experiencia adviertan que si alguien pide la libra de carne, no hay que firmar. Por otro lado está el nacimiento de NP literatura, una Asamblea Permanente de Trabajadoras Feministas del Campo Cultural, Literario e Intelectual que gestaron entre otras Cecilia Szperling, Florencia Abatte y Gabriela Cabezón Cámara. Ya adherimos más de trescientas cincuenta escritoras. NP literatura se define así: Nosotras proponemos diez puntos para un compromiso ético y solidario en la búsqueda de la igualdad de espacios, visibilidad y puesta en valor de la mujer en el campo cultural, literario e intelectual”.

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Bibliomancia. Elena Rius

Bibliomancia. Elena Rius

Los libros, ¿tienen poderes mágicos? Si los consideramos como lo que físicamente son -un amasijo de hojas de papel impresas y encuadernadas-, y dejando de lado el mundo de la fantasía, es evidente que no. Pero lo que esas páginas contienen posee a veces (pocas, tal vez, pero dignas de tener en cuenta) un enorme valor. Hay obras que, por su relevancia, por su influencia, se han considerado dechados de sabiduría, pozos donde buscar una guía para la vida. Mucho antes de que existieran los libros, ante una decisión o una situación comprometida, los antiguos se dirigían a algún oráculo para pedir consejo. Era casi obligado pasar por la pitia de Delfos, el oráculo de Dodona o la Sibila romana antes de tomar una decisión de cierta gravedad. Aunque los vaticinios de estos oráculos no siempre eran claros; mejor dicho, eran notoriamente oscuros, para que así cada cual pudiese interpretarlos a su gusto. Porque, en fin, para eso servían, para dar respaldo divino a lo que uno ya había decidido de antemano hacer.
Por un acto de transferencia que tiene algo de misterioso, ese papel de mostrar el camino a seguir lo heredaron algunas grandes obras literarias, que pasaron a actuar ellas mismas como oráculos. Al azar, se abría el libro en cuestión y se leían las primeras líneas que aparecían ante los ojos. Luego, se interpretaba lo leído de acuerdo con la pregunta que uno hubiese formulado, una práctica conocida comosortes. Es decir, ciertas obras se vieron investidas -al menos a ojos de los que creían en ellas- de poderes mágicos. Homero, admirado unánimemente por el mundo antiguo, fue quien primero logró este estatus. Las sortes homericae fueron practicadas por Sócrates, por ejemplo. Y, aunque hasta donde yo sé no hay constancia de ello, no puedo evitar imaginar que lo mismo haría Alejandro, ya que según se dice no se separaba nunca de su ejemplar de la Ilíada. No sería extraño, pues, que le pidiese consejo de vez en cuando. Los romanos, no queriendo ser menos que los griegos, pronto entronizaron al gran Virgilio como oráculo: las sortes vergilianae se hicieron habituales y su práctica siguió vigente durante la Edad Media y el Renacimiento. Se dice que futuro emperador Adriano, mucho antes de ser proclamado como tal, recurrió a ellas para preguntar por su futuro (la corte imperial estaba plagada de peligros, ya saben).

Seguir leyendo en Notas para lectores curiosos.

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Un librero. Álvaro Castillo Granada. Random House

Un librero. Álvaro Castillo Granada. Random House

Álvaro Castillo Granada

Un librero

Random House

2018. 134 p.

Colección: Literatura Random House

ISBN 978-958-54-5804-8

Álvaro Castillo Granada, más que librero, cazador de libros, cuenta en estos textos, con la autoridad que le da su experiencia, los caminos azarosos y fascinantes que recorrieron algunos ejemplares antes de llegar a las manos del lector. Y lo narra con destreza, ya sea a través de la crónica o el cuento, en este libro sobre los libros, que también se puede leer como una declaración de amor a ellos y a su oficio de librero». Este libro debe abrirse con cuidado, pues contiene la vida secreta de los libros: las manos que los acariciaron, los lugares que recorrieron, las obsesiones que despertaron, las amistades y los amores de los que fueron cómplices. Son dieciséis relatos en los que Álvaro Castillo Granada, el librero más dedicado que conozco, nos lleva, con una prosa fina y precisa, al detrás de escena de una vida consagrada a los libros».

“Esa pregunta me la han hecho muchas veces:
— ¿Ustedes compran libros?
Después de responder que “Sí, claro, nosotros compramos libros usados”, empieza la conversación. Parece que todo dependiera de la respuesta. Algo así como cruzar corriendo un puente que tememos se derrumbe bajo nuestros pies. Mientras más rápido corramos, mejor. Como si la velocidad pudiera conjurar el destino.

La voz cambia:
—Vamos a cambiarnos de apartamento y tenemos muchos libros. No podemos llevárnoslos todos. Tenemos que escoger. Imagínese: nos vamos a un apartamento chiquito. ¿Cuándo puede venir?
Ahí sí la velocidad de mi respuesta conjura el destino (si dudo o me demoro en ir alguien más lo hará y conseguridad hallará el tesoro)”.

De esta manera inicia uno de los relatos de Un librero (Literatura Random House, 2018), el nuevo libro de Álvaro Castillo Granada, uno de los libreros más importantes de Colombia.
En los quince cuentos que conforman este volumen merodea un librero apasionado por su oficio.
En algunos él es el protagonista de una historia derivada de su obsesión: la adquisición o la venta o la recomendación o la pérdida de un libro lo llevan por caminos insospechados, a veces al amor, a veces a la tristeza, a veces a los recuerdos, a veces a la máxima emoción; en otros cuentos él no es más que un testigo de los destinos impredecibles que tienen los libros y los lectores y los libreros y los escritores, y puede enterarse, desde el rincón atestado en el que atiende en su librería.

“Álvaro Castillo Granada, más que librero, cazador de libros, cuenta en estos textos con la autoridad que le da su experiencia, los caminos azarosos y fascinantes que recorrieron algunos ejemplares antes de llegar a las manos del lector. Y lo narra con destreza, ya sea a través de la crónica o el cuento, en este libro sobre los libros, que también se puede leer como una declaración de amor a ellos y a su oficio de librero”. (Jorge Franco)

“Este libro debe abrirse con cuidado, pues contiene la vida secreta de los libros: las manos que los acariciaron, los lugares que recorrieron, las obsesiones que despertaron, las amistades y los amores de los que fueron cómplices. Son dieciséis relatos en los que Álvaro Castillo Granada, el
librero más dedicado que conozco, nos lleva, con una prosa fina y precisa, al detrás de escena de una vidaconsagrada a los libros”. (Pilar Quintana)

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'El ebook es un producto estúpido: sin creatividad, sin mejoras', dice el CEO de Hachette Group

‘El ebook es un producto estúpido: sin creatividad, sin mejoras’, dice el CEO de Hachette Group

Una entrevista con Arnaud Nourry sobre el futuro de la publicación digital, por qué se enfrentó a Amazon como oponente y al potencial de mercado en India.

Original en inglés en Scroll.in

Con más de 17,000 títulos nuevos cada año y ventas de $ 2,826 millones en 2016, el grupo de compañías Hachette Livre se ubica cómodamente entre las cinco principales editoriales en inglés, junto con Penguin Random House, Simon & Schuster, HarperCollins y MacMillan Publishers. Con sede en Francia, sus autores incluyen a John Grisham, Enid Blyton, James Patterson, Robert Ludlum y Stephen King. Mientras que su filial de India acaba de completar 10 años de operaciones en India, la empresa matriz ha estado en el negocio durante casi dos siglos. Con el apoyo de un ambicioso plan de adquisición global, el gigante editorial tiene presencia en todas las formas de publicación comercial (no académica). El presidente y CEO de Hachette Live Group desde 2003, Arnaud Nourry, estuvo en India recientemente para celebrar una década de Hachette India y habló con Scroll.in sobre su estrategia y el futuro de la publicación. Extractos de la entrevista:

Hachette tiene más de 150 imprentas en todo el mundo y saca más de 17,000 nuevos títulos al año. ¿Cómo mantiene el grupo un espíritu consistente en las impresiones y geografías? ¿Es eso incluso necesario cuando los mercados y lectores son tan diferentes en estas diferentes regiones?
No mantenemos un ethos. Compartimos valores por supuesto: cultura, educación, libertad de expresión, servicios a los autores, creatividad e innovación. Pero más allá de eso, cada impresión tiene su propio posicionamiento, espíritu, ethos, desarrollo y libertad. Esta es la única forma en que podemos ser buenos editores en India, en México, en Japón, en España o en el Reino Unido o los EE. UU. Estos mercados son completamente diferentes el uno del otro. Eso no significa que algunos libros no viajan, hay éxitos en todas partes. Pero la dimensión local de los mercados es tan grande que no intentamos ser iguales en todas partes.

¿Sigue siendo Europa su mercado más grande? ¿Cuáles son los mercados emergentes con mayor potencial que ves en este momento? 
Un tercio de nuestro negocio está en el idioma francés en Francia, Bélgica, Suiza, Canadá y otros países de habla francesa, 25% en los Estados Unidos y Canadá de habla inglesa, 20% en el Reino Unido, India, Australia, Nueva Zelanda y Irlanda, 10% en español y otro 10% en el resto del mundo.

Nuestro enfoque y estrategia ha sido publicar en francés, inglés y español, y como una segunda etapa de desarrollo, decidimos investigar otros idiomas como chino, ruso y árabe. Tengo que decir que China es un país difícil, así que no estoy 100% satisfecho con nuestros éxitos allí. El idioma árabe es fascinante porque hay una gran cantidad de lectores. Aunque debo decir que el entorno político y militar no es de gran ayuda para vender libros. Rusia es bastante interesante y tenemos éxito. Y, por supuesto, India es uno de los mercados más interesantes para nosotros en este momento.

¿Qué potencial ves en el mercado indio en particular? Tenemos millones de hablantes de inglés, pero el número de lectores en inglés sigue siendo muy bajo como porcentaje de esa población. ¿Qué crees que puede estimular un aumento en este número de lectores? 
No estoy seguro de que el porcentaje sea tan bajo si considera que todos los niños leen libros de texto. La tasa de becas en la India es una de las más altas del mundo, por lo que es prometedor para el futuro. Creo que hay un gran potencial de crecimiento en el número de lectores en India. Hemos cuadruplicado nuestra facturación en los últimos años y eso no proviene de los precios, es de la venta de más libros. Con el paso del tiempo, las personas se darán cuenta del valor y las oportunidades de desarrollo personal que les brinda la lectura.

Sí, se estima que los libros de educación probablemente contribuyan con el 70% de todas las publicaciones indias. Pero, ¿qué pasa con las otras formas de publicación comercial? ¿Eres optimista en ese frente?
No estamos en el sector de la educación. Extendemos marginalmente libros de educación de Inglaterra a India, pero no es el núcleo de nuestro negocio. Pero sí creo que mientras más libros de texto estén en manos de los niños, más encontrarán que comprar y leer libros para niños, y cuando sean mayores, libros para adultos, es una experiencia agradable. Así que estoy optimista en el lado del comercio seguro.

En 2014, Hachette se hizo famosa y ganó contra Amazon al decidir quién controlará los precios de los libros electrónicos: ellos o los editores. Mirando hacia atrás, ¿ha ayudado esa victoria? 
Cuando asumí el puesto de Presidente y CEO de Hachette en 2003, estudié lo que había sucedido en las industrias de la música y el video, o en el presente, tomé el ejemplo de la industria de las revistas. Me di cuenta de que cometieron dos errores. El primero fue retrasar la digitalización de su producto, lo que ayudó a que surgiera la piratería. El segundo error fue que no mantuvieron el control sobre el precio de sus creaciones, por lo que no pudieron proteger su facturación, los ingresos de sus cantantes o escritores.

Entonces, en el año 2006-2007, cuando los ebooks llegaron a nuestro mercado, estaba absolutamente convencido de que cuando saltamos al mercado de los libros electrónicos, necesitábamos mantener el control de nuestro precio. Esto no solo provenía de pensar en nuestros ingresos. Si dejas que el precio de los libros electrónicos baje a $ 2 o $ 3 en los mercados occidentales, vas a matar toda la infraestructura, vas a matar a los libreros, vas a matar a los supermercados, y vas a matar al autor ingresos. Debe defender la lógica de su mercado contra el interés de las grandes compañías tecnológicas y sus modelos comerciales. La batalla en 2014 fue todo sobre eso. Tuvimos que hacerlo.

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