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Trama & Texturas + Tipos Móviles, de Trama editorial en el blog de Mariana Eguaras

Trama & Texturas + Tipos Móviles, de Trama editorial en el blog de Mariana Eguaras

Trama & Texturas + Tipos Móviles, de Trama editorial

La editorial Trama publica la excelente revista Trama & Texturas, que se puede disfrutar tanto en papel (tres revistas al año, 15€ c/u) como en versión digital (PDF) al precio de 2,99€ y 5,99€. Que la revista esté disponible en formato digital como bien recalca Martín Gómez en una entrada de [el ojo fisgón] hace que esta indispensable publicación sobre la edición, el libro y la lectura esté al alcance de todos y pueda comprarse en cualquier lugar, sin limitaciones geográficas.

La revista recoge artículos de actualidad escritos por diversos profesionales. Desde el año 2006, y bajo el lema “Sobre edición y libros, sus hechos y algunas ideas”, Trama &Texturas se hace eco de artículos que no dejan escapar del análisis al ecosistema del libro impreso y del libro digital. Incluyendo al sector editorial latinoamericano y a nuevos actores de la industria editorial, esta revista es una publicación de lectura obligada para quienes trabajamos en el sector y para todo lector interesado en la producción cultural.

Esta casa también tiene una excelente colección llamada “Tipos móviles”, donde se recogen obras relacionadas al sector editorial. Los títulos abarcan la labor de los editores, los libreros, los demás artesanos de la edición y también los nuevos retos de la edición digital.

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Memorias de Bennett Cerf

Dentro de un par de meses Trama editorial publicará en su colección Tipos móviles mi traducción de At Random: The Reminiscences of Bennett Cerf, el libro de memorias de quien fuera fundador de Random House. En el libro Cerf resulta optimista, amable, divertido, encantado de haberse conocido y tan sagaz y discreto como le permite serlo todo lo anterior.
Creo que este fragmento enseña muy bien cuál es el espíritu del libro:
En 1925, justo después de haber dejado de trabajar con él, Liveright había publicado una obra de Dreiser titulada Una tragedia americana. Fue un gran éxito y casi de inmediato se convirtió en un best-seller. En ese momento Horace Liveright estaba pensando en Hollywood, que en aquel tiempo estaba de moda y de hecho parecía hecho a su medida. De modo que decidió ir a dar una vuelta. Antes de salir le dijo a Dreiser:
—Creo que mientras esté allí puedo vender Una tragedia americana.
Dreiser contestó que era ridículo pensar que alguien pudiera vender en Hollywood una historia sobre un joven que recibe una niña embarazada en su oficina. Así que Horace Liveright replicó:
—Voy a hacer un trato contigo, Dreiser. Los primeros cincuenta mil dólares de anticipo que consiga en Hollywood, son para ti. Una vez cubierta esa cantidad, vamos a medias.
Dreiser contestó:
—No verás un solo dólar. Nadie va a hacer esa película, Horace.
—Tú déjame a mí —repuso Liveright:
Así que se dieron la mano. En aquellos días, cincuenta mil dólares era mucho dinero para comprar los derechos de una película. Pero Horace vendió los derechos cinematográficos de Una tragedia americana ¡por ochenta y cinco mil dólares! Cuando regresó, por supuesto, Horace tenía que presumir de sus triunfos, y yo era una persona muy buena que hacerlo, porque yo siempre le estaba agradecido. Así que él me llamó y me dijo:
—¿Qué te parece lo que les he sacado por Una tragedia americana? ¡Ochenta y cinco mil dólares! Espera a que se lo diga a Dreiser!
—Vaya, me gustaría estar presente.
—Me lo llevo a almorzar al Ritz el próximo jueves, y me gustaría que vinieras a ver qué cara pone Dreiser cuando se lo diga.
Los tres nos fuimos al Ritz. Nos dieron una mesa en la terraza junto a la barandilla. Dreiser dijo:
—¿Qué quieres de mí, Liveright?
Horace era muy tímido y sólo musitó esto:
—Vamos, vamos, vamos a comer primero.
Pero Dreiser estaba gruñón y volvió a la carga:
—¿Qué tienes que decirme?

Finalmente, antes del café, Horace anunció esto: 
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Memoria de la librería

Memoria de la librería

MEMORIA DE LA LIBRERÍA relata las peripecias de tres grandes libreros españoles, Carlos Pascual, Paco Puche y Antonio Rivero, tres libreros empresarios que provienen de realidades bien diferentes y que, sin embargo, alumbran los caminos que este sector debe seguir transitando.

“Recuerdo muchas mañanas de sábado (…) cómo don Miguel [Artola] bajaba al sótano de nuestra librería para «echar una mano» en la apertura de los paquetes extranjeros. ¡Quién iba a quitarle a él el privilegio de disponer del último título publicado sobre el Estado moderno o sobre la Revolución Francesa que nos podía ofrecer cualquiera de las prensas universitarias internacionales!” Carlos Pascual

“No, no se puede medir el efecto que tiene una librería en la ciudad que la acoge, ni la energía que despliega en sus calles, que transmite a sus habitantes. Desde luego, no bastan números de clientes y ventas, ni cifras de negocios, porque el influjo de la librería en la ciudad es sutil, secreto, inaprensible.” Paco Puche

“Sé que no puedo ser imparcial, pero entiendo que hay entidades que un país no puede permitir que desaparezcan: los museos, las bibliotecas, los teatros… y tampoco las librerías. Todos son elementos que acercan la cultura a la gente, y el país que quiera progresar tiene que apoyarlos claramente.” Antonio Rivero

La cara oculta de la edición

La cara oculta de la edición

 

INTRODUCCIÓN

 

    Cuando se habla del mundo editorial pensamos en Saint-Germain-des-Prés, en un oficio dominado por las grandes pasiones, en verdad pobre pero no por ello menos fascinante y prestigioso. Cuando se habla del mundo editorial nos centramos en la imagen que la profesión ofrece de sí misma y que los medios se encargan de difundir ampliamente.

        Una imagen un tanto caduca, artesanal, un mundo en blanco y negro. Y bien, no, no es eso: la edición es un sector de actividad dinámico, que vive con su tiempo y que abarca materias tan distintas como la literatura juvenil, las guías prácticas, los libros escolares, el cómic o las ciencias humanas. Un mundo en el que grandes grupos se codean con empresas minúsculas. Una economía de prototipos –cada una de las 40.000 novedades publicadas al año es un proyecto en sí mismo –, de equilibrios frágiles, pero también rentable. En el que la hiper concentración ha engendrado, en estos últimos veinte años, mastodontes de talla europea e internacional; en el que los procesos de producción, del manuscrito al objeto libro, se han desmaterializado hace tiempo (antes incluso de hablar del libro electrónico), provocando una formidable transformación de los oficios del libro, fuente de rentabilidad pero también de estrés y de malestar. Porque el ámbito de lo social es, sin lugar a dudas, el lado oscuro de esta empresa cultural en la que trabajar es un privilegio quese paga caro. Los salarios siempre han sido bajos, hoy en día lo son todavía más, y los empleos están cada vez menos cualificados en relación al nivel de estudios exigido. Porque, además de los 13.000 empleados del sector, están todos los otros: autónomos,«derechos de autor*», trabajadores temporales… Eslabones indispensables de la cadena que se ven obligados a plegarse al «acuerdo amistoso», a la demanda del sector, a la buena voluntad del cliente. En los primeros eslabones de la cadena están también los autores, cuyos derechos se ven mermados con el descenso de las ventas por título. Y, por último, los traductores… esos autores en la sombra… Todos ellos constituyen la materia prima indispensable para la realización de ese objeto único que es el libro. Todos acaban por darse de bruces contra ese mismo cinismo que concibe lo humano como un «coste» a reducir, sea como sea, y que nada tiene que ver con los valores humanistas de que la profesión hace gala.
        ¿El libro o los libros? La diversidad editorial constituye la verdadera riqueza de la edición, y también su fragilidad. Novelas, diccionarios, libros de arte, documentos, ensayos, poemas: cada materia posee sus particularidades económicas, su saber hacer propio, y cada una de ellas merecería sin duda un estudio aparte. Sin embargo, el sector en su conjunto obedece a reglas comunes a todos los actores de la denominada «cadena del libro», desde el editor al librero pasando por la red comercial y el distribuidor. Es importante tratar de comprender en primer lugar este mecanismo, evaluarlo críticamente, porque sus exigencias condicionan la pervivencia de la diversidad de los libros. Por otra parte, la realidad de las pequeñas editoriales se encuentra en las antípodas de la de los grandes grupos; por desgracia, faltan datos fiables y precisos para conocer mejor el cambiante mundo de la micro edición, cuya imagen sigue siendo un tanto vaga. La mayoría de los estudios estadísticos se refieren, en cambio, a los grupos más grandes, por lo que esa realidad más conocida suele considerarse representativa de la totalidad del sector. La misma distorsión y las mismas limitaciones se dan a la hora de observar el paisaje editorial de otros países.
¿Cuál es el futuro de la edición? La revolución digital, que se viene anunciando en los últimos diez años, alimenta todo tipo de especulaciones. En 2011 apenas si comenzamos a ver un poco claro entre los prejuicios, la mucha fantasía y las evoluciones probables.
En estos momentos se impone la prudencia y ya casi nadie se aventura a anunciar la muerte del libro. Y menos en un contexto de crisis en el que la edición parece menos afectada que otros sectores por el retroceso del consumo. ¿Será el libro un valor refugio en tiempos inciertos? Así y todo, habría que afinar este análisis, no sea que el éxito de unos cuantos bestsellers nos impida ver todo un bosque de obras mal vendidas; claro que hay ramas del sector, y empresas, que sufren más que otras. Además, la crisis suele dar
Donde más duele: vida media de los libros cada vez más corta, tasas de devolución en aumento, agravación de las dificultades de los libreros… Como en el resto de la actividad económica, casi desearía uno que la crisis fuera la ocasión para hacer tabla rasa, para frenar esta huida hacia adelante que es la sobreproducción y para restablecer equilibrios duraderos que permitan devolver su valor a los contenidos, redescubrir el sentido de un oficio constreñido por las exigencias financieras y volver a poner el factor humano en el centro de todo el proceso.
Este libro tiene por vocación desempolvar la imagen que se tiene de un sector, el de la edición, dominado hace tiempo por métodos de gestión modernos; de un oficio, el editorial, que es también un negocio, pero no por encima de todo. Pretende también situar la problemática social en el centro del debate sobre el futuro de la edición. Me he basado para ello en mi doble experiencia: profesional, en Gallimard Jeunesse, Bordas y Casterman, del grupo Flammarion; y sindical, como responsable de la principal organización del sector, la CFDT, que defiende los intereses de cualquier categoría profesional, asalariados o no. Está destinado a aquellos que aman el oficio pero que no toleran la injusticia; a los sindicalistas en lucha contra la precariedad que gangrena el sector; al conjunto de profesionales cuyo compromiso colectivo es indispensable.
Y para terminar, a todos los aspirantes, estudiantes, becarios tentados por la aventura editorial, a los que no podemos dejar de recomendar que se acerquen y vean su cara oculta.

 

Libro: La cara oculta de la edición
Autor: Martine Prosper

ISBN: 978-84-92755-55-4
Precio: 16,00€

 

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La cara oculta de la edición

La cara oculta de la edición

Este “Édition : l’envers amer du décor”, artículo que publicó Martine Prosper en Le Monde a finales del 2008 y en el que analizaba los entresijos de la compra del segundo grupo editorial francés, Éditis, por parte de Planeta, fue el origen de su libro “La cara oculta de la edición”.


Édition : l’envers amer du décor

 

Martine Prosper
Éditrice Casterman (groupe Flammarion)
Secrétaire générale du Syndicat national Livre-Édition CFDT

En ces temps de rentrée littéraire, il est d’usage de compter le nombre de nouveaux romans, de s’inquiéter de ce grand gâchis papivore et si peu « durable », de verser en passant quelques larmes sur la survie toujours plus menacée des librairies indépendantes. Le tout sous l’ombre inquiétante du grand ogre numérique, dont nul ne sait s’il parviendra à en finir avec ce bon vieux livre !
Cessons, une fois pour toutes, d’accréditer l’image héroïque que la profession aime à donner d’elle-même : celle d’une entreprise peu rentable, en un mot culturelle, toute entière vouée au service de l’humaine cogitation.  Oui, l’Édition est une activité économique stable, concentrée en groupes de taille européenne, et suffisamment profitable pour que des fonds d’investissement s’y impliquent. Qu’on en juge par ce qui vient de se passer chez Éditis, le 2e groupe français. Racheté en 2004 par le fonds Wendel pour 650 millions d’euros, il est revendu un peu plus de trois ans plus tard pour plus d’1 milliard au groupe espagnol Planeta.  Soit une très honnête plus-value de 350 millions d’euros, au bas mot ! Peu rentable, l’Édition ?
Le scandale éclate lorsque la presse révèle, qu’au passage, une poignée de dirigeants se sont partagé la coquette somme de 37 millions d’euros d’euros. Pour les 2500 salariés du groupe, qui sortent de trois ans de rigueur salariale et de stress effréné… rien, bien sûr. Philanthropes, les grands patrons d’Édition ?
Selon le système dit de LBO (Leverage Buy Out), le PDG du groupe a investi quelque 700 000 euros en 2004. Jackpot en 2008 : 11,3 millions de retour sur investissement !  Le système est légal, dit-on, et s’apparente à une sorte de pari sur la profitabilité à venir de l’entreprise. Au-delà de l’immoralité choquante de l’affaire, posons-nous la question des moyens utilisés par ce PDG pour réussir son pari.

Durant ces trois années, Éditis a mené une stratégie offensive et très concurrentielle, achetant le peu d’entreprises disponibles sur le marché (Cherche Midi, Gründ, DNL…), « cassant » les prix de la distribution pour attirer de nouveaux clients éditeurs, et pressurant au maximum sa masse salariale via des salaires au rabais et des augmentations ridicules. Mais c’est surtout l’incontestable dynamisme des entreprises du groupe qui a fait la différence et le résultat d’Éditis (+ 16 % de chiffre d’affaires en 2007). Dans l’économie du livre qui, rappelons-le, est une activité de prototype, la matière première est humaine : d’un bout à l’autre de la chaîne, ce sont des femmes et des hommes qui, de l’idée de départ à l’objet physique, du travail éditorial proprement dit aux modes de diffusion et de distribution, construisent la réalité de ce produit unique qu’est le livre. Dans ces conditions, on comprend d’autant mieux l’amertume des salariés d’Éditis : c’est bien leur travail qui a permis la plus-value de la vente de leur groupe… et l’enrichissement des dirigeants. La simple reconnaissance de cette évidence a fait l’objet d’un bras de fer de plusieurs mois, gagné par les organisations syndicales – elles obtiendront au final 1500 € pour tous, un calendrier de négociations salariales en septembre et le principe d’un intéressement au résultat du groupe.
C’est bien le même problème de reconnaissance qui fut au cœur du mouvement de grève « historique » au siège de Flammarion le 13 juin dernier. Motif du courroux : après une excellente année 2007 (+ 8,6 % de CA, + 25 % de résultat d’exploitation, + 10 % de résultat net), la direction de ce groupe racheté en 2000 par RCS (Rizzoli Corriere della Sera) a accordé une augmentation très inférieure à l‘inflation, refusant aux délégués syndicaux le principe même d’une prime d’intéressement au résultat. Et pourtant, là encore, tout le monde n’est pas logé à  la même enseigne, puisqu’une partie des dirigeants bénéficient d’une enveloppe de primes bien supérieure au total de l’augmentation générale. Déni similaire dans l’ensemble de la branche professionnelle, où le Syndicat patronal (SNE), qui représente les grandes entreprises du secteur, s’emploie depuis plusieurs années à maintenir la moitié des coefficients de la grille conventionnelle en dessous du SMIC, ce qui a pour effet de tirer l’ensemble des salaires d’embauche vers le bas, particulièrement ceux des cadres, majoritaires dans le cœur de métier. « Bac + 5 / 1280 € nets ! » ou encore « Intellos et smicard / L’avenir dans l’Édition ?! », dénonçaient les pancartes de manifestants Flammarion en colère… Argument rabâché du côté patronal : de par son prestige, le secteur n’a pas de problème de recrutement, peu d’offres d’emploi et beaucoup de demandes, alors pourquoi payer plus… Cyniques, les employeurs de l’Édition ?
« Tout le monde n’a pas vocation à créer de la valeur ajoutée », déclarait la zélée directrice de communication d’Éditis pour justifier l’invraisemblable « cagnotte » de ses dirigeants. Bel aveu, en tout cas, du mépris dans lequel sont tenus les salariés, travailleurs à domicile, indépendants, auteurs et autres petits soldats du livre, tout juste bons à servir de chaire à spéculation.
Mais tout n’est pas perdu. Car il y a encore, dans ce métier, des professionnels qui aiment ce qu’ils font, croient en l’avenir des livres et s’emploient à faire mentir les sombres prophètes. La preuve, ils ont jusqu’alors subi sans broncher petits salaires et grosse pression… Sauf qu’une ligne rouge vient d’être franchie. Une grogne sociale passagère ? Non, le début d’une prise de conscience.


Libro: La cara oculta de la edición
Autor: Martine Prosper

ISBN: 978-84-92755-55-4
Precio: 16,00€

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La cara oculta de la edición

La cara oculta de la edición

“La crisis del libro es una enfermedad crónica,
está en su propia naturaleza. Sufre de ella
desde su nacimiento, vive de ella y vivirá de ella.
No se curará ni morirá de ella: es inmortal.”
HENRI BAILLIÈRE, libraire-éditeur XIXª
Una larga trayectoria en el mundo de la edición, y su labor al frente de la principal organización sindical del sector en Francia, colocan a Martine Prosper en una posición privilegiada desde la que dar cuenta de las “entrecajas” de una actividad editorial que, en demasiadas ocasiones, se complace en su propio mito.
Consciente de la imperiosa necesidad de abrir espacios de reflexión, análisis y debate en un ámbito en continua transformación, la autora aborda de manera contundente y lúcida algunos de los males endémicos que no por ocultos dejan de formar parte de esa actividad cultural y empresarial: la precariedad laboral, una lógica financiera implacable, el horizonte siempre en el corto plazo…
 La cara oculta de la edición, cual “recto verso”, lleva a cabo una necesaria, y por eso mismo a veces incómoda, tarea de despojar cierto glamour atribuido a los oficios del libro, haciendo hincapié en la brecha entre el mito y su realidad social subyacente. Editores, libreros, escritores, traductores y correctores se reconocerán, sin duda, en estas páginas.
     Martine Prosper ha trabajado en el mundo editorial desde el año 1981, en Gallimard Jeunesse, Bordas y, actualmente, en la editorial Casterman del grupo Flammarion. Su labor como secretaria general de la CFDT Livre-Édition, principal sindicato en el sector editorial francés, le ha permitido seguir muy de cerca su evolución económica, social y laboral en los últimos años. En 2008, a raíz de la compra de  Editis por el grupo español Planeta, publicó en Le Monde un artículo de amplia repercusión titulado “Édition, l’envers amer du décor”. Más tarde vería la luz el libro homónimo.
Autor: Martine Prosper
Traducción: Gabriela Torregrosa
104 p.p.
El paradigma digital y sostenible del libro. Introducción

El paradigma digital y sostenible del libro. Introducción

ANTES DE EMPEZAR, UN POCO DE HISTORIA
El libro que usted, lector, tiene entre sus manos es producto de una colaboración fructífera entre dos autores que trabajan y reflexionan sobre el sector del libro desde hace muchos años. El texto está escrito desde la humildad más absoluta, sin pretender cerrar ningún debate en curso sino abrir puntos de vista, espacios de contraste de opiniones, e intentar dibujar un escenario en el que los futuros del libro y sus antinomias puedan ser reconducidos hacia una transición digital ordenada y rigurosa en beneficio de los eslabones de la cadena de valor y, esencialmente, del cliente final. A comienzos del verano de 2010, en el entorno de los cursos que organiza la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE), comenzamos a confluir en unas líneas de análisis muy semejantes, lo que posibilitaba abiertamente el construir un proyecto colaborativo de reflexión conjunta, sin egos mayestáticos ni sobresalientes, desde la consideración a opiniones no siempre compartidas, pero bajo el parámetro de un enorme respeto al libro y sus ecosistemas, y bajo la óptica de contemplar el sector con muchas más sombras que luces.
A partir de esas primeras conversaciones entre nosotros, y de multitud de debates con amigos y colegas libreros y editores, surgió la necesidad de plasmar sobre el papel parte de nuestras ideas y consideraciones sobre la evolución del sector, ahora inmerso en el proceso de mutación digital. La perspectiva nos la daban muchos años de experiencia viendo el toro desde los medios: ambos habíamos desarrollado nuestra actividad profesional trabajando mano a mano con libreros, editores, distribuidores y bibliotecarios; formando a futuros editores con la responsabilidad que comporta decidir cuáles son las competencias, conocimientos y herramientas que sería conveniente adquirir para tener una mínima posibilidad de prosperar en la convulsa y a menudo nebulosa situación actual; muchos años, también, dedicados al fomento de la lectura, la defensa de las librerías, la incorporación de las nuevas tecnologías al sector; en definitiva, ocupados en la reflexión sobre todo lo relacionado con el mundo del libro. Y todo con una pasión compartida: el amor al libro.

El discurso del libro parte de la constatación de una obviedad no tan clara todavía para todo el mundo: el sector del libro atraviesa una crisis doble y profunda, no tanto un aprieto circunstancial que pueda resolverse con algunos ajustes menores, como una insoslayable crisis estructural que le llevará a ser algo distinto de lo que es, a operar de una manera nueva y diferente. Una crisis económica con una deflación del consumo de proporciones imponentes, y una crisis estructural de sus modelos, donde la digitalización se constituye en una gran oportunidad o, a veces, en una gravísima amenaza para una reingeniería urgente de todo el ecosistema del libro.
Cabría sostener que esa crisis es económica, medioambiental y cultural: Económica porque la industria del libro es heredera de un modo de producción predigital que lastra financieramente todas sus operaciones hasta hacerlas, hoy en día y más que nunca, insostenibles (sobrecostes industriales de partidas invertidas en tiradas que se deciden sin fundamento; costes de almacenamiento, comercialización y distribución que recortan un porcentaje importante del teórico beneficio que el editor pudiera recibir; supeditación del editor a la voluntad o el beneficio de quien le distribuye y decide la colocación de los productos; sobrecostes de las devoluciones, cada vez más cuantiosos en un mercado de alta y vertiginosa rotación, que el editor se ve obligado a asumir en un mercado en el que no existe la venta en firme y donde los riesgos son apenas compartidos).
Medioambiental, porque apenas existe conciencia del impacto que la cadena de valor del libro produce sobre su entorno, de la procedencia de las materias primas que utiliza (tintas, papel, etc.): los editores nos abastecemos de tintas y de papel, que convertimos en objetos que se reproducen industrialmente y se distribuyen mediante energías fósiles, yendo y viniendo sin sentido ni control de la imprenta al punto de venta y de allí al almacén. No hay una estimación, hasta donde sepamos, del impacto global que el trabajo concatenado de todos estos agentes produce sobre el entorno. Sabemos, sin embargo, que la industria papelera de la que nos abastecemos es la cuarta más contaminante entre todos los tipos de industrias que existen, más incluso que la de los vuelos intercontinentales; que la industria papelera norteamericana, la primera del mundo, emite 750 millones de toneladas de CO2, de las cuales 100 millones corresponden al papel; que en el mundo se consume un millón de toneladas de papel diarias, o lo que es lo mismo, 360 millones de toneladas anuales, una cifra ecológicamente insostenible; que siguen talándose bosques primarios protegidos en Indonesia, Brasil, Canadá y Finlandia, y que parte de esa pasta y madera sin certificar es consumida por la industria española, tal como denunció en su momento Greenpeace; que los pigmentos de las tintas que utilizamos son importados, cada vez más, de países como la India y China, pigmentos que contienen metales pesados y disolventes incontrolados; que utilizamos en nuestras imprentas, todavía, alcoholes isotrópicos y compuestos organoclorados, altamente contaminantes ambos, prohibidos en la mayoría de los países; que, en fin, cuando se llama la atención sobre la urgente e insoslayable necesidad de revertir estos procedimientos tradicionales, se tiene por una molestia o, incluso, por una rémora inasumible, como hace poco leíamos en el Boletín de marzo y abril de 2009 del Gremio de las Artes Gráficas en Cataluña. Apenas nos preocupamos de las modalidades alternativas que podríamos utilizar para minimizarlo, de la secreción constante de carbono a la atmósfera, de un sistema de distribución confuso y descentralizado que obliga a las distintas redes a hacer miles de kilómetros sin la certeza de que, al menos, se producirá la venta.
Y queda la última de las dimensiones por nombrar, la cultural, la que suele tomarse como su dimensión más consustancial, porque hoy en día resulta simplemente inconcebible que un libro, que es al fin y al cabo parte del patrimonio cultural intangible de una nación, no esté a disposición de quien lo solicite, que quepa argüir que ese objeto esté descatalogado, agotado, desaparecido, porque esa es una forma de dilapidación evitable que es solamente fruto del funcionamiento y la consiguiente lógica de una industria todavía ligada a las máquinas, no a lo digital. A esto deberíamos añadir, qué duda cabe, el hecho de que, entretanto, haya nacido y se haya desarrollado una nueva generación cuya mediación natural hacia el conocimiento no es ya, solamente, ni siquiera principalmente, el papel y su lógica discursiva inherente. Demandan nuevas formas de interacción, participación, cocreación, que no siempre pueden encontrarse en los libros tradicionales. No abogamos, en absoluto, por la abolición de los libros, porque si de algo trata este libro es de cómo repensar los libros y el papel de todos los que forman parte de su nueva cadena de valor, pero sí será necesario aceptar que existirán nuevas formas de crear, editar y leer, ediciones enriquecidas o aumentadas o como se las quiera denominar, que obligarán a muchos editores a adquirir nuevas competencias y redefinir en gran medida su oficio.
Esos tres factores sumados –el económico, el medioambiental y el cultural– nos hablan de una crisis estructural y sistémica, no de un mero cambio o trance comprometido. A finales de 2008 era censurable y políticamente incorrecto hablar del sector del libro en términos de crisis, de tal forma que nuestros planteamientos, desarrollados tanto en los artículos de la revista Texturas como en nuestros propios blogs, fueron ciertamente puestos entre paréntesis o vistos con un marcado escepticismo, cuando no desdén. Por entonces, recordarán algunos, se hablaba del libro como un «producto refugio» y, ante la inminencia de las fiestas navideñas, se le consideraba como el «regalo seguro» por excelencia. Representantes de libreros y editores declararon por esas fechas a los medios que «el libro no notará la crisis». El libro superaba al ladrillo y el sector no debía temer nada de los discursos catastrofistas de los críticos y escépticos antisistema (del libro, se entiende). La inercia de las creencias empresariales llevó a juzgar erróneamente las condiciones del nuevo escenario.
Gran parte de nuestros anteriores escritos no se limitaban a alertar acerca de los cambios que empezaban a observarse, sino que anticipaban ya los efectos de la crisis sobre el mercado del libro, como se constató más tarde de varias maneras: descenso del consumo y librerías vacías en un país como España, donde los niveles de compra y lectura –por mucho que la Federación de Editores se empeñe en lanzar interpretaciones voluntaristas que infundan optimismo– nunca han superado el 25% de la población, cantidad a todas luces insuficiente para mantener el volumen desmedido de producción de una industria con más vocaciones editoriales que lectores; aumento de las devoluciones, con un efecto tsunami desde noviembre de 2008 hasta septiembre de 2009 que torpedea la línea de flotación de muchas de las editoriales que estaban ya prácticamente ahogadas; cierre de varias distribuidoras regionales, incapaces de sostenerse en un mercado tan heterogéneo
y minorista con los pocos ingresos que podían obtener mediante los márgenes habituales.
La tesis principal de todos esos escritos, que algunos de nuestros colegas sí recogieron entonces, era en cambio que la crisis no era tan solo un momento circunstancial que, inevitablemente, afectaría al mundo del libro en tanto que sector de producción y consumo incorporado como otro más a la lógica económica del mercado capitalista y ultraliberal; que, al contrario, lo que estaba emergiendo era una profunda crisis macroestructural del sector. Lo que nuestros análisis pretendían desbrozar eran las señales, los hitos indicadores del surgimiento de un nuevo paradigma que estaba afectando ya en el día a día a todos los actores implicados en la producción y venta del libro.
La identificación de las tendencias sociales, de mercado y aquellas específicas del sector nos ayudaron a identificar los «aplanadores» que estaban afectando de forma global, aunque de manera distinta, a cada uno de los subsectores del mercado del libro. Este planteamiento teórico nos permitió arrojar luz sobre los cambios que el sector del libro en España estaba viviendo en los últimos años y determinando la aparición de un nuevo ecosistema, propiciando así el surgimiento de un nuevo paradigma del sector, que necesariamente iba a obligar a los distintos agentes a abordar un proceso de profunda reingeniería en sus modelos de negocio y en sus estrategias empresariales.
Los editores, en ese sentido, debían por un lado tomar conciencia de que la sobreproducción editorial estaba provocando serios desajustes entre la oferta y la demanda, creando una situación económicamente inviable y socialmente insostenible; y, por otro, debían empezar a desarrollar la sensibilidad wiki que les permitiera introducirse paulatinamente en el entorno digital, como vía de apoyo cruzado a su producción editorial, en un intento de recuperar el liderazgo en la cadena de valor del libro. Los distribuidores debían abordar un necesario proceso de modernización de sus flujos y procedimientos de trabajo, afrontando la obligada diversificación de sus servicios por paquetes, separando de una vez las tareas propiamente dedicadas a la logística y el almacenamiento de las relacionadas con el marketing y la promoción, así como dar los pasos oportunos para una centralización de sus plataformas; es decir, debían avanzar rápidamente hacia un proceso de concentración. Finalmente, las librerías debían tomar conciencia de sus puntos débiles y afrontar en breve plazo alianzas estratégicas entre ellas generando apoyos cruzados en promoción y marketing con los editores, así como su incorporación a la realidad digital: la Red necesita y necesitará también buenos libreros.
Ya entonces despuntaba como realidad emergente el «paradigma digital», un horizonte ciertamente desconcertante para un sector anclado reciamente en sus convicciones mayormente inmovilistas, en sus «usos y costumbres». La recepción que por entonces generaba «lo digital» oscilaba entre el apasionamiento vehemente de los frikis y los gurús más geeks, hasta el escepticismo y el desprecio más ramplón por parte de la guardia pretoriana del sector y la sensibilidad algo adormecida de unas administraciones públicas sin demasiada comprensión hacia el nuevo entorno y ecosistema. Nuestras reflexiones intentaron entonces hacer hincapié en la necesidad de que el sector dejara de ver como una amenaza el entorno digital y que empezara a aprender este nuevo lenguaje, propio de la generación Google, y que se ha plasmado en la consolidación de la Web 2.0, donde la información está interconectada en redes complejas y textos densamente enriquecidos, mientras ya se otea en el horizonte virtual el surgimiento de la Web 3.7, o de la 5.2, según la expresión irónica acuñada por José Antonio Millán en el VIII Foro Internacional de Editores de la FIL de Guadalajara, México, 2009. La idea que transmitía intentaba hacer patente que la evolución de la web y tecnologías paralelas, unidas a la apropiación de los usuarios, se ajustaba mal a intentos de periodificarla y numerarla. En cualquier caso hoy se puede hablar abiertamente de una consolidación de la Red y una evolución hacia lugares insospechados. El mundo del libro debía comenzar a pensar de manera radicalmente diferente porque le ocurría algo parecido a lo que les sucede algunas veces a los estudiantes universitarios: conocían las respuestas pero les habían cambiado las preguntas. Por tanto, la edición y el mundo del libro en general estaban ante un problema.
El entorno digital y las nuevas tecnologías relacionadas con la Web 2.0, afirmábamos en nuestros escritos, «son la mayor oportunidad de rediseño estratégico que el sector del libro ha tenido desde la aparición de la imprenta». Lo que no se acababa de entender por entonces es que «la tecnología supone una posibilidad real de deconstrucción radical de la cadena de valor, y esto obliga a los diferentes actores del sector a replantear y resituar su posición y su participación en la misma». Es decir, no se trataba tanto de adoptar esta o aquella tecnología, adquirir este o aquel cacharro, invertir en este o aquel soporte, como de abordar seriamente un replanteamiento de estrategias y un cambio en la manera de pensar y repensar el diseño de una nueva cadena de valor digital para el sector. Dicho de otra manera: se trata no solamente de digitalizar un fondo de catálogo, sino de aprender a gestionar digitalmente la cadena de valor de unos contenidos que acabarán morando en unos u otros soportes, adoptando unos otros formatos, siendo o no capaces –de acuerdo con el tipo de textualidad de la que hablemos– de decirnos algo más de lo que el texto tradicional de un libro en papel pueda decirnos.
Todas las conclusiones a las que llegábamos incidían en la necesidad de que los distintos actores debían cobrar conciencia de que estábamos asistiendo a un verdadero cambio de paradigma, del analógico al digital, de la memoria vegetal a la memoria de silicio, que los cambios tecnológicos venían acompañados de profundos cambios de mentalidades, y que frente a generaciones más jóvenes, familiarizadas de manera casi intuitiva con el entorno digital, el sector del libro en España se estaba comportando ciertamente como un inmigrante o un turista digital, con torpeza, demasiadas cautelas y sin la sensibilidad wiki precisa para navegar por la Red y estructurar negocios en la misma.
Nunca, jamás, fue nuestra intención sacar los colores a nadie, ridiculizar un comportamiento o una situación, sino abrir vías de reflexión y espacios de confluencia para abordar una hoja de ruta de transición del sector. Se trataba, en nuestra opinión, de lograr aunar las voluntades, sensibilidades e intereses, tanto de editores como de distribuidores y libreros, como paso imprescindible para lograr formar un think tank profesional fuerte y con capacidad de liderazgo. Poner en marcha un sanedrín del sector parecía imprescindible. Para nosotros, la propia estructura gremial sectorial comenzaba a perder sentido porque parecía necesario y aún evidente abrirse a nuevas formas asociativas mucho más transversales, transdisciplinares y con numerosos nodos de fuentes de poder, democratizando profundamente el sector; en definitiva, a través de asociaciones en red. Y eso es así porque los retos de la transformación digital, de la construcción de una nueva cadena de valor gestionada digitalmente, exigen imperativamente formas de colaboración en red, transversales, donde grandes y pequeños entiendan que el beneficio mutuo pasa por la gestión colectiva y consensuada de muchos de los medios de producción y difusión digitales. Quizás este lenguaje le suene a alguien, y es que hubo un tiempo en que el control de los medios de producción se tenía por una forma de dominación incuestionable; hoy, cuando esos medios de producción son apenas controlables –al menos por ahora, en el momento en que escribimos estas líneas, con la algarabía de Wikileaks de fondo y la disputa sobre las modalidades de control de la Red y la amenaza de la censura sobre la libertad de los flujos de información–, las reglas del juego cambian y la riqueza de las redes radica, precisamente, más en la colaboración que en la disputa.
Dichas iniciativas pasaban por abordar un código de buenas prácticas comerciales «que delimiten, de forma clara, definitiva y estable, el buen funcionamiento del escenario del precio fijo, para evitar las incoherencias y ataques a la legitimidad que en la actualidad sufre el mismo»; planteaban la necesidad de elaborar un plan nacional de apoyo a la red de librerías independientes; y consideraban prioritaria la convocatoria de un Congreso Nacional del Libro que abordara, con carácter de urgencia, la elaboración de un plan estratégico para el sector en su conjunto.
Pasados los meses, algunos son los frutos que aquellas reflexiones han ido produciendo, lo que nos confirma que nuestro planteamiento no ha caído en saco roto. Gracias al impulso de representantes de Cegal (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Librerías), y con la participación de un joven grupo de libreros y editores independientes y de representantes de los grandes grupos editoriales a nivel nacional, tuvimos ocasión de participar en varias sesiones de trabajo que tuvieron como fin la elaboración del borrador de un Código de Buenas Prácticas para el sector que se remitiría a la Fgee (Federación de Gremios de Editores de España) para su estudio; también se ha redactado el Plan estratégico para la economía del libro, que esperemos dé sus frutos a comienzos de 2012, el Plan de Apoyo a las Librerías, el Proyecto de los sellos de calidad en Librerías, la propuesta del Congreso Nacional del Libro, hoy apoyado y defendido por Cegal. Pues bien, todos estos temas habían sido objeto de reflexión y análisis en nuestros escritos anteriores, y en algún caso, como es el del diseño de un Plan de Apoyo a las Librerías, ha sido una constante en nuestras reflexiones.
Este libro, por tanto, bebe de las fuentes del blog Antinomiaslibro, nacido en el verano de 2010 en cuanto a la reflexión acerca de la estructura y desarrollo comercial y de marketing del sector; y de Futurosdellibro, nacido en el año 2006, el blog creado y mantenido por Joaquín Rodríguez, que persigue desde sus inicios interesarse por todos los asuntos que tengan que ver con la cultura escrita, sean estos el libro y la metamorfosis digital de su cadena de valor, sean las bibliotecas y la redefinición de su papel en la sociedad de la información ubicua, sean la escritura, la lectura y las nuevas formas de creación…En fin, todo aquello que de una u otra manera tenga que ver con lo que podría definirse ampliamente como cultura escrita, tal como en alguna ocasión ha sido postulado por Roger Chartier.
Toda la colaboración desarrollada en este texto parte de compartir profundamente unos principios fundamentales y responde a un código de trabajo que tiene los siguientes parámetros éticos, culturales y profesionales:
• Independencia: aunque trabajamos en diferentes empresas del sector, nuestra reflexión es única y exclusivamente personal. Solo nos representamos a nosotros mismos.
• Integridad: nos exigimos, de igual manera, los más altos niveles de ética profesional.
• Trabajo en equipo: los cambios que la industria necesita no provendrán del esfuerzo aislado de nadie, sino de la necesaria colaboración de todos los grupos de interés que, de una u otra manera, participarán en la nueva cadena de valor del libro.
• Respeto: nada más lejos de nuestra intención que realizar una entrada, un post o un comentario que pueda faltar al respeto a las personas. Discutimos sobre ideas, nunca sobre personas.
• Reflexión: nuestro principal empeño es abrir vías de reflexión y diálogo sobre el sector del libro y sus problemáticas. Nuestros blogs y nuestros textos están abiertos a colaboraciones de otros profesionales y evitan posicionamientos beligerantes o radicalismos irracionales.
• Modestia: no pretendemos saberlo todo, no tenemos la explicación completa de cada tema que analizamos. Sabemos que hay otros puntos de vista y estamos siempre dispuestos a escuchar otras voces y planteamientos alternativos. De hecho, un blog no es otra cosa que un laboratorio en abierto, que expone a la luz pública sus pocas certezas y sus muchos errores.
• Rigor: huimos del dogmatismo, la frivolidad o el cinismo. Intentamos fundamentar nuestras afirmaciones en un discurso coherente y racional, pero sin renunciar al humor y a la ironía inteligente.
• Debate: todas nuestras entradas son siempre una invitación a la conversación y al debate, a la discusión rigurosa, y al contraste de opiniones y planteamientos.
• Comunidad: estos blogs cumplirán su objetivo si son capaces de congregar a una verdadera comunidad, de convertirse en un ágora donde se sientan acogidas distintas voces que respondan a las diversas sensibilidades del sector del libro.
Por nuestra parte, y al margen de agradecer el seguimiento y buena acogida
que nuestros blogs han tenido entre colegas y profesionales del sector, seguimos
considerando imprescindible la conformación de nuevos espacios de reflexión. En un momento vital para el sector del libro, es de todo punto necesario el surgimiento de nuevos blogs, chats, revistas digitales y foros de debate critico que puedan aportar nuevas ideas y puntos de vista ante lo que presuponemos una reconversión muy profunda del sector. El viejo paradigma del libro, que hemos conocido hasta ahora, dejará paso en breve a un ecosistema y una cadena de valor del libro completamente nueva. Entre todos podemos construir un nuevo paradigma digital y líquido que articule un sector mucho más sostenible. Este es el gran reto al que nos enfrentamos.
Intentamos abordar, por tanto, en estas páginas, una línea de reflexión en torno al nuevo paradigma digital y sostenible del libro. Se trata de un texto arriesgado; no pretendemos hacer balance hacia atrás y, cual angelus novus, intentar arrojar luz sobre el campo después de la batalla, sino dibujar posibles escenarios, anticipar ecosistemas posibles e imaginar nuevos futuros del libro. Esto conlleva que el texto sea provocador y, con la mutación constante que invade al sector, nos podamos encontrar con que este libro tenga una caducidad inferior a la de un yogur, pero estamos firmemente convencidos de que el intento merece la pena. El hecho sustancial de encontrarnos en el interior del sector no significa que tengamos habilidades adivinatorias, sino que, producto de nuestras experiencias y situación profesional, tenemos un elevado nivel de información sobre el devenir digital de la edición. El debate papel vs. digital es un debate no solo falso, sino un callejón sin salida: es como si a la banca se le preguntara cómo han evolucionado sus nuevos canales (cajeros, operaciones telemáticas, tarjetas de pago, teléfono, etc…) en relación a las sucursales físicas, pues todos los canales y formatos conviven. Lo mismo ocurrirá, indiscutiblemente, con el libro. Mejor todavía: es posible que el libro en papel, tal como lo conocemos, encuentre el lugar que le corresponde en la configuración del nuevo ecosistema, liberado ya de la necesidad de producirse y distribuirse de manera sobreabundante, del perverso sistema de la devolución y la amortización contable; alejado, en fin, de todas las anomalías derivadas del funcionamiento de una lógica productiva predigital.
Confluyen, por tanto, en estas páginas dos líneas interpretativas muy claras, pero a la vez muy distintas: la profundidad y el rigor académico de Joaquín Rodríguez, y la experiencia comercial y profesional dilatada de Manuel Gil. Este libro es, así, un proyecto en colaboración. Nuestra idea de cara al futuro es abrir el abanico a nuevas formas de trabajo conjunto, todavía mucho más amplias en cuanto a la incorporación de otras voces y miradas. Estamos firmemente convencidos de que la agregación de conocimiento y reflexión será uno de los activos clave del futuro para el sector. Nos preocupa hondamente la deriva que muchos acontecimientos están teniendo, donde aparecen en el horizonte inclinaciones hacia modelos solamente sustentados por las grandes corporaciones en detrimento de los intereses de las empresas pequeñas y medianas, de los ciudadanos y de su privacidad. Nos preocupa porque entendemos que hay que conjugar lo económicamente sostenible con lo socialmente deseable. Y esto no siempre es fácil.
El paradigma digital y sostenible del libro

El paradigma digital y sostenible del libro

El libro que tiene en sus manos es un texto arriesgado. La enorme volatilidad y ritmo que la revolución digital y la extensión y penetración de Internet imprimen al mundo del libro, solamente pueden conducirnos a un texto necesariamente polémico, voluntariamente controvertible e inevitablemente provisional. Intentar definir cuál pueda ser el nuevo paradigma digital del libro y trazar una topografía de ese nuevo ecosistema sostenible del libro, no es una tarea fácil. Aún así, este trabajo tiene la virtud de identificar algunos elementos estructurales del cambio que, independientemente de las tecnologías que luego se utilicen, serán ya irreversibles.

En este libro los autores analizan, desde su importante y dilatada experiencia en el ámbito editorial, el impacto que el nuevo paradigma digital del libro tendrá sobre la arquitectura del sector y los agentes implicados en la actual cadena de valor. Las nuevas formas de crear, consumir y compartir contenidos llevan al mundo del libro a buscar formas sostenibles de reconfiguración de una industria que no ha visto cambios tan profundos desde su nacimiento, hace ya más de 500 años. El texto invita a una reflexión profunda del sector a abrazar y aceptar los cambios que ya se vislumbran en el horizonte. Se proyectan ideas y reflexiones que, aun reconociendo dudas razonables sobre muchas de ellas, constituyen un toque de atención muy serio acerca de la necesidad de reflexionar críticamente sobre un sector impelido a una reconversión muy profunda. Ustedes juzgarán la importancia de este libro y la pertinencia de asumir sus cambios y propuestas.
Manuel Gil
Nacido en Albacete, es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, máster en Dirección Comercial y Marketing por el Instituto de Empresa de Madrid y miembro de la primera promoción del Programa Avanzado de Dirección de Empresas Editoriales del Instituto de Empresa. Tras más de 30 años de experiencia profesional en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox, Marcial Pons– en la actualidad compagina su labor como director comercial de Ediciones Siruela con tareas de consultoría y docencia en el sector del libro.Es coautor de El nuevo paradigma del sector del libro (Trama, 2008), y mantiene el blog de reflexión sobre el sector editorial y librero antinomiaslibro.

Joaquín Rodríguez

Comenzó a trabajar en el sector editorial en el año 1995. Ha sido director durante ocho años de la Editorial Archipiélago y su revista homónima; redactor, editor y director editorial en el Grupo Santillana; director durante diez años del Máster en Edición de la Universidad de Salamanca y, con anterioridad, tres años director del título de experto en edición del Grupo Santillana y la Universidad de Comillas. Fue también director de edición y contenidos digitales en la Residencia de Estudiantes (CSIC) en Madrid. Ha asesorado a sellos editoriales como Paidós y Siglo XXI. Ha dirigido diversos proyectos en el ámbito de la edición digital para el Servicio de Ediciones de la USAL, la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE) y el Instituto Cervantes o la Dirección General de Universidades (Ediciencia, proyecto de edición de contenidos científicos en abierto), y ha publicado en los últimos años diversos libros relacionados con la transformación digital de la creación, la difusión y el uso de la cultura escrita: Edición 2.0. Los futurosdel libro (Melusina, 2007), Edición 2.0. Sócrates en el hiperespacio. (Melusina, 2008), Bibliofrenia (Melusina, 2010) y El potlatch digital. Wikipedia y el triunfo del procomún y el conocimiento compartido (Cátedra, 2011). Mantiene el blog de actualidad editorial futurosdellibro.
¡Novedad! Tipos Móviles #11

¡Novedad! Tipos Móviles #11

 A  los diecinueve años Jean-Jacques Pauvert editó su primer libro, un texto de Sartre sobre Camus, y con veinte fue el primer editor en publicar con su sello la obra completa de Sade, hasta entonces difundida anónimamente por razones obvias. Editor de Malraux, Gide, Quenau, Boris Vian, André Breton, Klossowski, Bataille…, Pauvert renovó la edición francesa con obras olvidadas, proscritas o consideradas marginales en su momento. Su carrera de editor ha sido tumultuosa, y le supuso hace ya unos años la privación de sus derechos civiles y unos cuantos procesos judiciales por oponerse a leyes absurdas que, desde 1945, conformaban el armazón de la censura francesa.

Jean-Jacques Pauvert ha sido considerado un editor temerario no solo por la edición de autores y obras malditas, sino también por sus ediciones críticas (Saint-Simon, Benjamin Constant, la correspondencia de Madame de Staël…), por el olfato para detectar autores nada convencionales, y por esas preferencias dadaístas y surrealistas que le vienen acompañando toda su vida… Sus decisiones editoriales no se han dejado influir por la moda: nunca ha considerado malo, aunque haya resultado un fracaso comercial, lo que estimaba que era bueno cuando confiaba en su interés e importancia para los lectores.

LA TRAVESÍA DEL LIBRO no es solo la plasmación de unas memorias editoriales al uso, sino que consiguen mostrarnos a un editor que protagonizó, a lo largo de tres décadas de las que nos ofrece una descripción inusitada, la manera en que el libro y Francia pasaron “del siglo XIX al XXI”. Como si fuera un relato de aventuras en torno a un oficio mal conocido, estos recuerdos de Jean-Jacques Pauvert son también la historia de una época que culmina, de momento, en la eclosión del Mayo francés.

Sobre el rechazo editorial

Sobre el rechazo editorial

El oficio de editor conlleva decir no a múltiples propuestas y, por tanto,equivocarse de cuando en cuando. A todos nos suenan cientos de historias sobre rechazos editoriales a manuscritos que más tarde alcanzarían la fama: algunas más conocidas, como las de En busca del tiempo perdido o La conjura de los necios; otras, como la que recibieron John Le Carré, Stephen King o el perro Snoopy, tal vez menos. Si bien hay en el mercado extranjero algunos libros que recogen unas cuantas anécdotas sobre el tema, no existía hasta ahora uno que además se “mojara” lo bastante como explicar sin pelos en la lengua qué es y en qué consiste el rechazo editorial.
toda la información sobre esta nueva entrega de la colección Tipos móviles, aquí.