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Bernat Ruiz Domènech. Un estado de ánimo

Bernat Ruiz Domènech. Un estado de ánimo

Me llamo…Bernat Ruiz Domènech

Y en el sector del libro o como mera lectora se me conoce como…Supongo que Bernat, a secas, o Bernat Ruiz. Creo que no tengo mote, aunque hay quien, en Twitter, prefiere incluirme en la categoría peyorativa de ‘cuñao del libro’ o ‘gurusete’, entre otras lindezas. Me gusta, me mantiene tenso y en guardia ante la autocomplacencia. Las críticas, incluso las destructivas, son tonificantes si se toman adecuadamente.

Como curiosidad, a menudo me confunden con algún familiar del historiador José Enrique Ruiz-Domènech o incluso me toman por su hijo. No tenemos ninguna relación, el suyo es un apellido compuesto y en mi caso son los dos apellidos. Sigue leyendo

La circunstancia del yo-lector. Juan Domingo Argüelles. Un estado de ánimo

La circunstancia del yo-lector. Juan Domingo Argüelles. Un estado de ánimo

Publicado en El Semanal de La jornadaJuan_Domingo_Arguelles_4026


En las Meditaciones del Quijote, José Ortega y Gasset escribió su célebre frase: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.” Manuel Ortuño, Txetxu Barandiaran y Manuel Gil, editores y promotores del libro de la madrileña revista Texturas (Trama Editorial) quisieron aplicar de manera práctica la sentencia orteguiana y, a mediados del año anterior, recurrieron a editores y promotores del ámbito de la lengua española para conocer su estado de ánimo que reflejara la circunstancia editorial. Comparto con los lectores el resultado en mi caso.

Me llamo Juan Domingo Argüelles, y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como Juan Lector. Me gusta leer porque leer es un verbo aparte y placentero. Es cierto que, además de los libros, las revistas, los periódicos, etcétera, se leen también el cine, la pintura, la música, la danza y nuestros semblantes y nuestras actitudes. Pero leer en la cultura escrita es aportar imaginación, emoción e inteligencia a un universo simbólico que exige una atención dialógica que no siempre se da en las otras lecturas.

Soy escritor, editor y promotor de la lectura. Cuando le cuento a un extraño (sólo si me lo pregunta) por qué me gusta leer o por qué ando entre libros, le digo que no tiene nada de extraordinario y que más bien me parece asombroso que haya personas que no tengan relación con ellos.

Mi día a día es así: Me despierto y leo. Luego escribo y leo. Antes de dormir, leo. Y a veces sueño que leo y otras veces, al despertar, he soñado una escritura que, si es algo intensa, puedo anotar en una libreta y convertirla después en objeto de lectura. Ser lector es una especie de enfermedad o de síndrome de locura. La gente realmente cree que los que leen libros están locos o enfermos de algo. Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con la esperanza de entender qué tipo de espécimen es ese orate que en vez de discutir sobre futbol habla de lecturas.

He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando me doy cuenta de que la lectura es sólo un tema de moda en la retórica de los políticos y de los periodistas; cuando me doy cuenta que la lectura les importa un carajo pero es políticamente correcto decir que leer es bueno; cuando me doy cuenta que el tema de la lectura, en general, es sólo un pretexto para ennoblecer la idiotez política y burocrática que lo invade todo.

Lo mejor de mi trabajo es, sin duda, comunicarme con profesores, promotores, lectores comunes y corrientes, que desean y propician el diálogo sobre lo que nos emociona y nos deleita: leer. Uno de mis mejores días en lo laboral fue cuando, agotado y enfermo, renuncié a la oficina y mandé al cuerno todas las exigencias absurdas que no permiten hacer nada que no sea jalar la rueda burocrática como un bruto, y donde todo el entusiasmo se ha perdido en los laberintos del sinsentido tecnocrático. Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a ver películas y escuchar música, caminar sin rumbo y dar por azar (¡qué casualidad!) con una librería de usado.

Me preguntan (y yo también me lo pregunto, aunque sólo de vez en cuando) cómo veo el futuro de mi profesión. Lo veo así: un futuro casi imposible para ser profesionista. Editar (y, por tanto, leer) más que una profesión, es una pasión, ni siquiera un oficio, sino un vicio, en un mundo donde la gente lo único que quiere es contar y acumular dinero.

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Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda dormido, porque ya habré leído lo suficiente (más quizá de lo que debía) como para saber que es imposible agotar todo lo que merece ser leído. El último libro que he leído ha sidoFirmin, de Sam Savage; llegué tarde a él; no lo leí cuando fue una novedad en español en 2007, pero sé que uno llega, tarde o temprano, a los libros que no debe perderse. Lo conseguí en una librería de usado. Y el primero que recuerdo que leí fueCorazón, diario de un niño, de Edmundo de Amicis, un libro que todavía se deja leer, pero que ya casi nadie lee. En mi mesilla tengo ahora para leer las Cartas a Juan Antonio, de Julio Ramón Ribeyro.

Un día de octubre de 2011, en Cali, Colombia, escribí un poema que creo que resume mi vida con los libros y la lectura. Se titula precisamente “Lectura” y está en mi libroFinal de diluvio (Hiperión/Universidad Autónoma de Nuevo León, 2013): “Ser y no ser lector/ mas leer siempre/ la luz, el aire, el sol,/ la lluvia, el mundo./ Y leer para ser/ –sólo un segundo–/ la luz, el aire, el sol,/ la lluvia, el mundo./ Ser y no ser lector./ Nadie ha podido/ pasar sin ser lector/ por este mundo./ Leemos, nos leemos/ y nos leen también/ los que sólo leer/ saben el mundo./ Ser y no ser lector,/ mas leer siempre,/ porque nunca el que vive/ se arrepiente/ de vivir y leer,/ salvo el suicida/ que sin embargo lee/ en el trágico libro/de su vida.”

 

Fernando García Pañeda. Un estado de ánimo

Fernando García Pañeda. Un estado de ánimo

Me llamo Fernando García Pañeda.

Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como Fernando García Pañeda.

Me gusta leer porque creo que hay otros mundos que están y no están en éste.

Cuando tenía doce años quería ser compositor de sinfonías o escritor de novelas.

Hoy soy funcionario todo el tiempo que me deja libre la escritura.

Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que tengo una de esas enfermedades raras, degenerativas e incurables.

Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así: me levanto, voy robándole tiempo a la vida para vivir (o sea, leer, escribir, amar) y al final me acuesto.

Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando un editor me llamó para decirme que mi novela (única por entonces) le parecía interesante y quería concertar una cita para hablar de su posible publicación.

Y lo peor perder a un familiar muy cercano.

Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con el látigo de su indiferencia.

He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando deduzco que a nadie más en todo el universo le interesa.

Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es pensar, imaginar, crear.

El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando uno de mis escritores favoritos me escribió para decirme que había disfrutado mucho con mi (primera) novela.

Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a viajar.

Así es como veo el futuro de mi profesión: no hay futuro, sólo presente continuo.

Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda viajando y empapándome de amor y de Mediterráneo sin parar.

El último libro que he leído ha sido Acqua Alta, de Donna Leon.

Y lo conseguí en Círculo de Lectores.

Y el primero que recuerdo que leí fue, aparte de los incontables cuentos infantiles que rodearon mi infancia, alguno de Los tres investigadores.

En mi mesilla tengo ahora para leer los Ensayos de Montaigne, que leo de vez en cuando y a salto de mata (cuando cuerpo y mente lo permiten) y “Las Suites para Violonchelo. En busca de Pau Casals, J. S. Bach y una obra maestra”, de Eric Siblin.

Me gustaría añadir que aunque no hay nada nuevo bajo el sol y todo está ya contado, las historias pueden contarse de muchas maneras; por eso encuentro un motivo para escribir.

–          http://www.territorioenemigo.net/

–           https://www.flickr.com/photos/fernando-

 

Neus Arqués. Un estado de ánimo

Neus Arqués. Un estado de ánimo

Me llamo Neus Arqués neus

Y en el sector del libro o como mera lectora se me conoce como Neus Arqués.

Me gusta leer para entender el mundo.

Cuando tenía doce años quería ser escritora.

Hoy soy escritora y trabajo como analista digital. Me interesa lo relacionado con la (in)visibilidad de las personas.

Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que hay otras vidas y todas están en los libros.

Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así: Leo. Trabajo. Escribo. Leo.

Lo más raro que me ha sucedido nunca fue: He cumplido los cincuenta y lo he celebrado viviendo cincuenta experiencias en un año. Descubrí que con la excusa del aniversario podía pedir todo tipo de favores y a todo el mundo le parecían bien, por peregrinos que fuesen.

Y lo peor: perder a un amigo.

Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con la idea de que ellos también quieren escribir un libro. Les animo a que lo hagan.

He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando puedo prescindir de hacerlo.

Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es pensar en la historia que voy a comenzar.

El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando me dijeron que había quedado finalista en un premio literario y que publicarían mi relato. Me puse a dar saltos de alegría.

Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a conversar y a caminar.

Así es como veo el futuro de mi profesión: creo que a los escritores nos han cambiado la descripción del puesto de trabajo. Hoy escribir ya no es suficiente.

Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda viajando y organizando mi propia tertulia.

El último libro que he leído ha sido The Signature of All Things, de Elizabeth Gilbert

Y lo conseguí en la librería Eagle Harbour Book Company.

Y el primero que recuerdo que leí fue alguno de la serie Los cinco.

En mi mesilla tengo ahora para leer Jung y el Tarot. Un viaje arquetípico, de Sallie Nichols. Siento curiosidad por el Tarot en este momento de mi vida.  El ejemplar es una maravilla de edición.

Me gustaría añadir que no todas las historias están contadas porque no toda la vida está vivida.

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–          www.neusarques.com

–          http://www.neusarques.com/cincuenta/cincuenta-1/

–          www.unhombredepago.com

Otros estados de ánimo

Déborah Albardonedo. Un estado de ánimo

Déborah Albardonedo. Un estado de ánimo

Me llamo…Déborah AlbardonedoDeborah_Albardonedo

Y en el sector del libro o como mera lectora se me conoce como…Agente literario.

Me gusta leer porque… es una pasión que he tenido la fortuna de convertir en mi profesión.

Cuando tenía doce años quería ser…no lo recuerdo; probablemente, veterinaria.

Hoy soy… aunque suene redundante, agente literario.

Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… elijo un gran libro, una gran historia, y le transmito las emociones que ha despertado en la gente, las vidas que ha cambiado; por eso merece la pena pelear por el mundo del libro.

Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:…llamadas, correos electrónicos, más llamadas, más correos electrónicos…y cuando me dejan, leo.

Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… ¡Uf!, muchísimas anécdotas. Creo que me quedaría con aquella en la que durante una presentación literaria en la que la frase promocional de la novela en cuestión comparaba al prometedor autor con Stephen King, una chica me preguntó “¿es Stephen King el que está firmando libros?”

Y lo peor… sin duda, cuando a uno de mis escritores les vence el desánimo y no hay buenas noticias que transmitirle.

Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… la frase mágica: “He escrito un libro, es una historia que interesará a todo el mundo…

He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando… es un sector muy vivo, totalmente cambiante, en el que lo que realmente manda es el público, y a veces no entendemos lo que quieren.

Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es… cuando llegan los primeros grandes comentarios de un libro que representas.

El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando… me reservo los detalles, pero fue aquel en el que varios grandes editores pujaban por una de las obras que represento.

Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a… pongo música, paseo con mi gato, o me escapo al cine.

Así es como veo el futuro de mi profesión… En estos momentos, la palabra más adecuada, es “incierto”, pero soy positiva, y este cuestionario versa sobre eso, así que he de decir que veo un futuro con libros.

Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… disfrutando… de los libros, y de mis seres queridos.

El último libro que he leído ha sido… el manuscrito de Francisco Narla.

Y lo conseguí en… Trato preferente.

Y el primero que recuerdo que leí fue… “El Principito”

En mi mesilla tengo ahora para leer… Un montón.

Me gustaría añadir que… Un libro puede ser tu mejor amigo.

–          www.albardonedo.es

Otros estados de ánimo

Javier Pellicer. Un estado de ánimo

Javier Pellicer. Un estado de ánimo

Me llamo… Javier Pellicer
Y en el sector del libro se me conoce como… un autor con un futuro prometedor, o eso es al menos lo que espero.
Me gusta leer porque… me hace sentir, porque me lleva a otros mundos, porque abre mi imaginación y me inspira, porque… son tantas las razones que podríamos estar todo el día.
Cuando tenía doce años quería ser… astrónomo. Pero odiaba las matemáticas.
Hoy soy… escritor, o al menos me siento escritor, aunque no me dé de comer. Novelas, relatos y artículos literarios sobre el mundo del libro para mi web son lo mío.
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… piense en lo que más le gusta a él, eso que le apasiona, y entonces entenderá por qué me gusta leer y escribir.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:… buscar tiempo debajo de las piedras para escribir, bien sean trabajos literarios o artículos para mi web.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… no sé si raro, pero sí mágico: estaba en una librería, y mientras ojeaba varias novedades para decidir cuál comprar, llegó una chica y se puso a buscar entre las novelas históricas. Se quedó mirando mi primera novela, “El espíritu del lince”, y al ver que le interesaba (por el rabillo del ojo) le dije que yo era el autor. Huelga decir que se llevó el libro firmado y dedicado.
Y lo peor… la constante lucha por publicar. Cuesta mucho y mina los ánimos en ciertos momentos. ¡Pero cuando ocurre, hace que todo haya valido la pena!
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… que los escritores deberíamos conformarnos simplemente con que nos lean, y que no deberíamos defender nuestros derechos de remuneración por nuestro trabajo. Vamos, que no tenemos que cobrar, que demos gracias de hacer lo que nos gusta.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando… llega una temporada de sequía en lo referente a la inspiración. Pero siempre vuelve, tarde o temprano.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es… precisamente cuando te llega una racha de inspiración y sientes que conectas con la historia que estás escribiendo. Hace que todos los sinsabores queden en nada.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando… me llegó mi ejemplar de mi primera novela publicada. Me emocioné profundamente debido al esfuerzo que había detrás de ese momento.
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a… cualquier cosa salvo aquello de lo que quiero descansar. Cine, música, salir a que te dé el sol…
Así es como veo el futuro de mi profesión… complicado, muy complicado. Pero mientras dure la ilusión, mientras escribir me haga feliz, seguiré luchando.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… ¿escribiendo? Qué poco original soy para algunas cosas.
El último libro que he leído ha sido… Absurdario“, de Darío Vilas. Una pequeña joya inclasificable.
Y lo conseguí en… una librería, por supuesto.
Y el primero que recuerdo que leí fue… ¡Uf!, imposible para un desmemoriado como yo recordar el primer libro que leí. Imagino que alguno infantil, cuando era un niño. Pero el que más me marcó, sin duda, fue “El Señor de los Anillos”.
En mi mesilla tengo ahora para leer… tantos libros, que creo que el mueble va a colapsar.
Me gustaría añadir que… ha sido un placer compartir mis vivencias con todos vosotros. Y que no olvidéis apadrinar un autor español. No mordemos.

Enlace: La Web de Javier Pellicer (artículos, entrevistas, recursos para escritores y noticias relacionadas con el mundo del libro) http://javierpellicerescritor.com/

OTROS ESTADOS DE ÁNIMO   
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Silvano Gozzer. Un estado de ánimo

Silvano Gozzer. Un estado de ánimo

Me llamo… Silvano Gozzer
Y en el sector del libro o como mera lectora se me conoce como… uno de los anatómicos.
Me gusta leer porque… me siento menos estúpido cuando lo hago y porque hasta los peores libros me enseñan alguna cosa sobre la condición humana.
Cuando tenía doce años quería ser… científico.
Hoy soy… consultor en mi propia empresa, diseñador de los libros de Fórcola, lector empedernido, socio de un par de editoriales, especialista en libros electrónicos, integrante de un laboratorio, dueño de un westie y amantísimo esposo de una peruana.
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… no los escribo, solamente vivo de ellos.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:… responder correos electrónicos, hablar con mi socio Alberto Vicente, reunirme con clientes y potenciales clientes, trabajar en mi iMac, jugar una partida de ajedrez en línea, actualizar el calendario, procastinear y al final del día leer.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… después de haber vivido en cuatro países y seis ciudades distintas muchas cosas en mi vida editorial han sido bastante raras, aunque por citar la última una cena accidental en una pequeña ciudad peruana con el último premio Rómulo Gallegos, un tipo estupendo con una novela de imprescindible lectura, Simone,que me contó que no quería dar su libro a una editorial grande porque le daba miedo que luego lo obligaran a escribir otra.
Y lo peor… algunos amigos que he perdido por diferencias profesionales.
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… que prefieren el olor y el tacto de los libros en papel.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando… recibo críticas crueles de personas que respeto y aprecio.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es… el trabajo en equipo con mi socio Alberto y la cantidad de gente interesante que he podido conocer estos años.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando… firmé la escritura para la constitución de mi empresa en España y cuándo lo volvimos a hacer para constituirla en Perú.
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a… conocer los innumerables restaurantes limeños y a leer la última novela de Grisham.
Así es como veo el futuro de mi profesión… mayor transversalidad, mayor cooperación, más tecnología, más trabajo y más ilusión.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… me cuesta imaginarme jubilado pero si lo consigo me dedicaré a viajar a visitar todas las librerías del mundo.
El último libro que he leído ha sido… La conjura de los necios, un clásico que tenía pendiente leer desde hace años y que al acabar me di cuenta por qué no lo había leído hasta ahora
Y lo conseguí en… la librería de la Pontificia Universidad Católica de Perú, mi librería de cabecera en Lima por cercanía y porque obtengo descuentos en los extremadamente caros libros importados españoles.
Y el primero que recuerdo que leí fue… La vuelta al mundo en 80 días, el libro que me enseñó lo divertida que podía ser la lectura, a pesar de la edición infame en papel de periódico que compré en una extinta librería en Bucaramanga (Colombia) que tenía el maravilloso nombre de La alegría de leer.
En mi mesilla tengo ahora para leer… Uma breve história do Brasil, una apasionante historia de mi país de origen editado por Planeta Brasil.
Me gustaría añadir que… gracias por invitarme a participar del estado de ánimo y por el trabajo que hace el equipo de Texturas, una revista que ha  sido un referente y un ejemplo para mi durante todos estos años dedicados al sector editorial.
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          http://www.anatomiadered.com/

OTROS ESTADOS DE ÁNIMO   
Enrique Pascual Pons. Un estado de ánimo

Enrique Pascual Pons. Un estado de ánimo

Me llamo…Enrique Pascual

 

 
Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como…Quique
 
Me gusta leer porque…Nunca me lo he planteado. Leo desde que soy un crío. En mi casa no se hablaba de otra cosa y si querías seguir las conversaciones tenías que leer. Es un hábito tan arraigado en mí que no me planteo un día sin poder leer, llevo siempre un libro encima, aunque vaya a hacer la compra. De hecho recuerdo que mi único arresto en el servicio militar fue cuando me pillaron leyendo La insoportable levedad del ser después de limpiar las letrinas del batallón.
 
Cuando tenía doce años quería ser…Abogado. Siempre he sido muy picapleitos. De hecho estudié Derecho y me encantó. Es una espinita que tengo clavada.
 
Hoy soy…El nieto de Marcial Pons, el hijo de Carlos Pascual y el sobrino de Juan José Pons. Yo tenía el listón muy alto como para ser alguien.
 
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que…Nací en una librería. Mi madre debió romper aguas en la librería de Valle Suchil. Es la fuerza del destino.
 
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:…Soy un enamorado de mi oficio; me quejo poco. Soy como un exfumador en un estanco. Estoy rodeado de libros que quiero leer y que no tengo tiempo para hacerlo. Y cada día llegan más. Es muy frustrante.
 
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando…Tengo muchas anécdotas, pero quizás lo más destacable fue cuando se rodó un capítulo de “Cuéntame cómo pasó” en la librería. El capítulo relataba un mitin semiclandestino de Ramón Tamames en la librería en los años 60 que terminaba siendo reventado por los falangistas. Los extras chavales muy jóvenes que no sabían lo que había sido Falange, tenían que entrar en la librería insultando a los rojos y rompiéndolo todo. En un momento de euforia uno de los chavales en lugar de “¡Viva Franco!” soltó “¡Aúpa Franco!” y tuvieron que cortar dadas las risas del personal con el consiguiente cabreo del director.
 
Y lo peor… El fallecimiento de un compañero nuestro en la montaña escalando y de dos más por enfermedad.
 
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con…Que es idílico trabajar en la librería, que aquí lo único que hacemos es leer y escuchar buena música. Los libros florecen en las estanterías, no hay que pedirlos, marcarlos, catalogarlos, trasportarlos, colocarlos, venderlos, devolverlos (en algunos casos), reponerlos,…
 
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando…He trabajado a nivel gremial y he encontrado tanta cerrazón y estrechez de miras.
 
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es…El reto que supone todos los días vender libros. Ningún día es igual. No hay monotonía en lo que hacemos.
 
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando…Don Marcial, con 93 años entró en la nueva librería que sustituía a la que él fundó y me dijo “Curri (me llamaba así) esto está pero que muy bien”
 
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a…Jugar al fútbol con mis hijos en el parque o juntarme con mis colegas los jueves a tocar rock & roll.
 
Así es como veo el futuro de mi profesión…Pues en estos momentos corto pero intenso, como el buen café. Podría durar más si consiguiéramos entre todos los sectores del libro rediseñar un nuevo modelo de relación muy distinto al que tenemos ahora. Pero después de haber intentado dar algún paso en esta dirección desde mis múltiples puestos de representación gremial, lo veo muy pero que muy difícil. De ahí lo de la cerrazón y la estrechez de miras.
 
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda…Disfrutando de las cosas sencillas.
 
El último libro que he leído ha sido…Expediente Bagdad, de Eugenio García y Joan Cañete publicado por Siruela. Una buena recomendación de mi amigo Aldo de Antonio Machado
 
Y lo conseguí en…Mi librería. A diferencia de otros libreros a mí no me regalan prácticamente libros. Me los compro casi todos. He llegado incluso a proponer libros a editores que una vez que han salido, no se han molestado ni en enviármelo.
 
Y el primero que recuerdo que leí fue…La tarta voladora de Gianni Rodari.
 
En mi mesilla tengo ahora para leer…… ¿Por qué Marx no habló de Copyright? de David García Arístegui publicado por  Enclave de Libros.
 

 

Me gustaría añadir que…hay que recuperar el verdadero oficio del librero de nuevo. No podemos permitir que otros confeccionen nuestra oferta porque nos sea más cómodo y sencillo. Ser librero requiere proponer todos los días a los lectores una selección a la medida de sus exigencias y eso es algo que sólo lo podemos hacer nosotros.

 


  OTROS ESTADOS DE ÁNIMO   

Rosa Sala Rose. Un estado de ánimo

Me llamo…
Rosa Sala Rose
Y en el sector del libro o como mera lectora se me conoce como…
ensayista y CEO de Digital Tangible SL, la empresa que impulsa las tarjetas de descarga de libros digitales Seebook.
Me gusta leer porque…
me permite escapar del mundo.
Cuando tenía doce años quería ser…
escritora
Hoy soy…
escritora y “start-upista”
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que…
si no se lo puede imaginar es porque ya se lo está perdiendo.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:…
el suplicio de Tántalo: desde que salgo de la cama hasta que vuelvo a ella, vivo entre libros sin tiempo para leer.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando…
vi a alguien en el bus leyendo un libro mío y se sintió molesto al sentirse observado.
Y lo peor…
es conocer a gente a la que la lectura le importa un pimiento y no le incomoda.
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con…
que prefiere el olor del papel, cuando desde la invención de las lacas sintéticas los libros son inodoros.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando…
hablo con un editor y tengo la sensación de hablar con un fabricante de tornillos deprimido.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es…
cuando hablo con un editor tan entusiasta que me hace sentir como una fabricante de tornillos deprimida.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando…
vi mi primer libro apilado en una mesa de novedades.
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a…
soñar con tener tiempo para descansar.
Así es como veo el futuro de mi profesión…
reinventándose cada par de años y aprendiendo a distinguir entre lo que merece sobrevivir y lo que es mejor que se pierda.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda…
leyendo; y fabricando peces de alambre.
El último libro que he leído ha sido…
La montaña mágica de Thomas Mann
Y lo conseguí en…
Kindle.
Y el primero que recuerdo que leí fue…
un tratado rarísimo sobre el petróleo, a los siete años, aunque no conseguí terminarlo.
En mi mesilla tengo ahora para leer…
Me gustaría añadir que…
siempre es mejor moverse que quejarse.
 
 
Joana Carro. Un estado de ánimo

Joana Carro. Un estado de ánimo

Me llamo… Joana Carro.
 
Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como… Joana Carro.

Me gusta leer porque… es mi refugio, en un libro (o en una película, o en una serie de televisión) me olvido de mí misma. Me gusta reconocerme en las palabras de otro, recordar, de alguna forma, lo que nunca he vivido.

Cuando tenía doce años quería ser… astronauta y pianista.


Hoy soy… coordinadora editorial en 
Sílex ediciones. Dirijo una colección que acabamos de lanzar y que se llama Mundos Posibles. Se llama así porque parto de que todo texto es, en mayor o menor medida, ficcional, se presente como histórico o como literario. Todo texto crea un mundo semánticamente distinto al mundo real, por mucho que se le parezca, y este se rige por sus propias normas. En cada libro de la colección se enfrentan dos textos, uno por cada lado, que abordan desde distintas perspectivas una misma realidad. También me encargo de otro proyecto que estará listo en unos meses, un nuevo sello editorial dedicado al libro infantil que se llamará Silonia.

Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… seguramente traería a colación a alguien a quien admiro y cuyas palabras he acabado haciendo mías. Kermode decía que leemos para dar sentido a nuestras vidas, porque llegamos al mundo cuando la historia ya ha empezado y nos vamos sin previo aviso, antes de que termine. No asistimos a la conclusión de nuestro propio final y de alguna forma son los finales de las ficciones los que nos permiten dar sentido a las historias, nos permiten crear estructuras. Por eso leo, para encontrar estructuras donde no las hay.


Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así… lecturas a contrarreloj para llegar (¡cuanto antes!) al final de los libros. Hay mil detalles de los que estar pendiente y, de alguna forma, eres responsable de que todo sea lo más perfecto y correcto posible y cuando no sucede, el error no es uno sino que se multiplica por el número de ejemplares que tenga la tirada. El día a día va de aceptar cada vez un poquito mejor tus propios errores, porque una vez impresos, no se pueden borrar.

Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… encontré un número de teléfono anotado en un libro de la biblioteca. Tuve una conversación con aquella persona por whatsapp de lo más extraña. 

Y lo peor… una vez asumí la responsabilidad de terminar de editar un libro a tiempo para que la viuda de su autor, ya muy mayor, llegase a verlo publicado. Sacrifiqué ciertos aspectos de la edición por ganar tiempo y aun así no lo conseguí. Fue difícil porque hiciese lo que hiciese sentía que no estaba haciendo lo que debía.

Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… la desaparición del libro en papel. Llevamos debatiendo sobre los formatos desde el principio de los tiempos de la cultura escrita. Hay espacio para todo, el papel no muere porque aparezca otra cosa, pasa a ser algo distinto y no necesariamente menos valioso.

He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando… pienso en lo antiecológico que es el sistema. No creo que debamos dejar de hacer libros, pero sí deberíamos (me incluyo) ser un poco más conscientes de la procedencia del papel que usamos para producirlos. También creo que hay algo que no marcha cuando hay millones de libros que se mueven para alimentar un modelo de negocio basado en producir por producir. Muchos libros acaban destruyéndose antes de enviarse a un sitio en el que puedan ser útiles.

Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es… cuando llega algún email de un lector agradecido por la publicación de un libro en el que has trabajado. Hace que tenga sentido.

El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando… pusieron en mis manos el primer libro en el que trabajé.


Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a… me voy de viaje.

Así es como veo el futuro de mi profesión… en perpetua transición (y creo que es algo bueno).

Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda…  seré astronauta y pianista, seguramente.


El último libro que he leído ha sido… Un mundo propio, de Graham Greene.

Y lo conseguí en………. me lo regaló mi querida madre.

Y el primero que recuerdo que leí fue… recuerdo un libro sobre los gnomos que me tenía absolutamente fascinada. Era un libro de la biblioteca pero yo renovaba el préstamo una y otra vez y llegué a tenerlo en mi casa durante más de un año.

En mi mesilla tengo ahora para leer… un montón de libros infantiles maravillosos venidos de todos los puntos del globo. Algunos puede que pronto pasen a formar parte del catálogo de Silonia.