Ya me he registrado:

Recuperar contraseña

Ver tu carrito

Fernando Tarancón. Un estado de ánimo

Fernando Tarancón. Un estado de ánimo


Me llamo Fernando Tarancón.                                                        (Raquel Alzate)
Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como el de Joker, el de Astiberri, para otros Fernando, Fernan, Fer… de hecho en la cafetería de enfrente de la librería ya ni eso, me llaman “Joker” con total impunidad, como si fuera mi nombre real.
Me gusta leer porque es mi principal mecanismo no sólo para intentar comprender (así en general: el mundo, la sociedad, qué hay que hacer…) sino casi para relacionarme. Admiro a las personas contemplativas, que pueden estar mirando un paisaje o que juzgan con sagacidad al prójimo… a mi me faltan todas esas habilidades, la lectura me ayuda a pensar, a entenderme. Descubrir una idea, un razonamiento, reconocerme en unas líneas me alegra el día. Para mi la lectura es una forma fundamental y definitoria de mi estar en este mundo.
Cuando tenía doce años no sé qué quería ser. No tengo demasiados recuerdos de esa época, pero creo que, aunque sea un tópico, quería ser mayor, quería decidir qué hacer, que pasara rápido eso que me parecía una fase… No sé tal vez todo esto sea mentira y en realidad se trate de una construcción mental a posteriori.
Hoy soy librero y editor, de hecho dedico demasiadas horas al día a eso, pero también trato de ser, al menos, pareja y amigo (que no es poco).
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… buff cuando pasa eso me da una pereza infinita. Por suerte me he creado un microhábitat en el que lo normal es ser como yo. Cómo voy a explicar que trabajo vendiendo y editando tebeos si, en las escasas ocasiones en que me relaciono con ese mundo, ya se escandalizan de que no tenga coche (“es pobre”) y peor, no tenga ni carnet de conducir (“¡es tonto!”). Como veo que no he contestado a la pregunta, diré que sí, que si me preguntan qué hago digo que soy librero, y si veo que no enarcan demasiado las cejas, explico que especializado en cómic. Lo de editor lo cuento ya menos, más que nada por no explicar qué trabajo es ese (lo de librero es fácil: tendero pero de libros)
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien monótono y fascinante, a veces incluso aburrido pero las menos. Atentos que va una digresión: Cuando decía que aprendo en los libros no es una forma de pedantería más, es que de verdad es así, lo que me falta de inteligencia o de estrategias vitales lo robo de los libros. En las memorias de Maigret, Simenon le retrata como un profesional orgulloso de su trabajo, de hacerlo bien, no por figurar o por ascender, sino por la satisfacción del trabajo bien hecho. En muchos libros de Pelecanos aparece la figura del trabajador humilde que entiende su trabajo como servicio, que se encuentra orgulloso de lo que hace, recuerdo un personaje que madrugaba para abrir su pequeño bar, en el que tenía un par de empleados y daba desayunos y comidas sencillas… el orgullo por su establecimiento, por el trabajo bien hecho, por saber que haces lo que puedes y tratas de ser honesto contigo mismo con tus compañeros de trabajo y con el público (clientes de la librería o lectores de la editorial) es lo que me motiva. Y sí, esto era una maniobra de distracción para evitar decir que mi trabajo fundamental es contestar mails y creer que saco tiempo para planificar o para meditar lo que estoy haciendo.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando fui consciente de que sí, que estaba donde quería estar.
Y lo peor de este trabajo es ver algunas injusticias del sector. Lo peor que he visto recientemente es cómo la cobardía y estupidez de la gente del dinero (no de la redacción o los autores) se ha cargado o casi una revista emblemática como El Jueves, poniéndole las cosas muy difíciles a mucha gente, incluyendo algunas de las personas con más talento que conozco.
Debo vivir en un mundo maravilloso, pero no me tocan las narices cuando se enteran de mi trabajo, puede haber cierto desconocimiento a veces, o  evidentemente siempre te toca lidiar con gente un poco… por usar un eufemismo “totalmente chiflada”, pero supongo que va con el oficio.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando se me acumula el trabajo hasta sobrepasarme y entonces el cansancio gana a la pasión, también cuando, en momentos de espantosa lucidez, soy consciente de que todo se puede ir al garete aunque lo haga lo mejor que pueda, cuando son causas ajenas las que pueden echar por tierra el trabajo de muchos años de mucha gente.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es la gente, ya sé que va en contradicción con todo lo que he escrito hasta ahora de mi relación con el mundo a través de los libros, pero lo mejor siempre es la gente: mis compañeros de trabajo, los clientes de la librería a los que ya conoces desde hace demasiados años, los autores con los que he establecido una relación de amistad. Como en todos los terrenos hay gente desagradable a la que, encima, no puedes evitar, pero creo que la proporción de gente interesante (autores, lectores, editores, periodistas) que he ido conociendo a lo largo de los años es impresionante. Si al chaval de 12 años del principio del cuestionario, del que apenas me acuerdo, le dijeran toda la gente molona que iba a conocer, de la que iba a aprender y que, cuando se encuentran conmigo esbozan una sonrisa al menos, no se lo creería… yo ahora tampoco demasiado.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando un grupo de chicas veinteañeras entró en la librería buscando un regalo para una amiga, querían un cómic, pero un cómic bueno algo “tipo Astiberri”, hubiera sido el momento de retirarse en lo más alto, pero no ha podido ser.
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a charlar/discutir con los amigos, leer, disfrutar del audiovisual, comprar libros, dormir, perderme en la tablet…
Así es como veo el futuro de mi profesión: muy jodido, por demasiados motivos (la crisis, la concentración, la falta de visión de demasiados implicados en la reconversión digital…)  y a la vez muy muy ilusionante en mi campo de especialización, creo que cada vez aparecen más talentos, que queda todavía mucho por hacer. Tengo unas ganas locas de ver los nuevos trabajos de demasiada gente. ¡Y más todavía los primeros de gente que todavía ni conozco!
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda como ahora, pero bajando un poco el pistón, trabajando menos, disfrutando más.
El último libro que he leído ha sido La chica de seda artificial  de Irmgard Keun, editado con primor por Minúscula.
Y lo conseguí a través de Valeria, su editora.
Y el primero que recuerdo que leí es difícil de saber, soy consciente de que no fueron mis primeras lecturas pero en cómic recuerdo la revista Spirou Ardilla que traía mi tío cuando venía a comer los domingos y algunas de mis primeras compras: Spiderman, Atari Force, Camelot 3000… en literatura recuerdo que llevé al colegio Manaos de Vázquez Figueroa como libro para intercambiar en literatura, pero, aunque no tenga recuerdos nítidos de las novelas sí recuerdo la escena del Perro en La familia de Pascual Duarte y la dureza de La ciudad y los Perros  de Vargas Llosa que me dejó muy tocado.
En mi mesilla tengo ahora para leer Ego de Frank Schirrmacher, interesantísimo y revelador. En cómic leo a sorbitos 100 pictogramas para el siglo XX de Pere Joan  y sigo con Fénix de Tezuka (apabullante es poco decir) y con los Ultimate Spiderman de Bendis, encarando la recta final de su primer volumen, una pena.
Me gustaría añadir que acabo de descubrir que me divierte bastante responder cuestionarios.

OTROS ESTADOS DE ÁNIMO   

Deja un comentario