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Loreto Rubio. Un estado de ánimo

Loreto Rubio. Un estado de ánimo

Me llamo…
Loreto Rubio Odériz
Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como……..
Como Loreto. Allí donde vaya “Loreto” ha sido siempre mi identificativo, la forma que han tenido los demás de reconocerme. Así, sin más, sin apellido. Seguramente porque el nombre no es muy común y en el mundo en que me muevo no tengo cerca ninguna otra mujer con el mismo nombre. Nadie ha utilizado conmigo ningún sobrenombre, diminutivo o algo parecido de forma regular. Ni cuando era pequeña, excepto mi abuelo, que me llamaba “la terremoto”. Y yo misma, que a los 8 quise cambiarme el nombre por algo más común entre mis amigas, tipo Montse, hasta que descubrí lo práctico que era tener un nombre diferente. Sí, Loreto es como se me conoce.
Me gusta leer porque………..
Leer… es mágico. Pura magia. Magia para el sentir, magia para la mente y para el espíritu.
Cuando era pequeña había soñado muchas veces con el “teletransportador”. Esa fantástica máquina que podía llevarte a cualquier parte en cuestión de segundos y sin esfuerzo. No conozco ningún teletransportador tan eficaz y eficiente como el libro. El que te hace disfrutar de un paisaje fantástico, un mundo lejano, internarte en lo más profundo de otro ser, aprender o reír, el que te cuestiona tus principios y tus conocimientos, o el que te permite acercarte un poco más a ese individuo tan desconocido que eres tú mismo. Y lo mejor es que, en ese viaje, la magia te transforma. Antes y después no eres el mismo. En mi caso, la misma.
Cuando tenía doce años quería ser…
Médico, sin lugar a dudas. Lo tenía clarísimo. De esos médicos que trabajan en lugares lejanos descubriendo paisajes, culturas y personas.
Hoy soy…
A veces creo que no estoy tan lejos de mi primera vocación. Circunstancias familiares me impidieron, o eso creía yo en su momento, estudiar medicina clásica. Hoy creo que soy un poco médico de organizaciones y de “relaciones”. La mayoría de los proyectos que dirijo tienen como objetivo que todo aquello que una organización hace y que tiene valor para la sociedad, sea reconocido, pero sobre todo que sea un estímulo de cambio y transformación social en positivo. Un ejemplo de última hora. España está muy a la cola de la aportación privada a la investigación y la ciencia. Lo que tiene su efecto en el desarrollo económico del país. Estamos colaborando para que esa situación cambie y para ello tendremos que trabajar en dos frentes: diseñar instrumentos que permitan a la ciudadanía participar activamente en el sistema (como por ejemplo, poniendo en marcha una plataforma crowdfunding), pero también y quizás más relevante, consiguiendo que los 120.000 investigadores españoles no vivan “de espaldas a la sociedad”. Vaya, una relación de pareja.
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que…
“¡Anda! ¿y tú no? Pues cuéntame algo sobre ti, a ver si conozco algún libro que te pueda interesar”. Y a partir de ahí, me voy de la boda encantada de haber conocido y descubierto a alguien singular.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:…
Vivo a 80 km de Barcelona donde está mi despacho. Si no tengo que viajar, entro y salgo de la ciudad en un tren comodísimo, con mesas y enchufes en cada asiento. En el tren, por las mañanas, se respira tranquilidad. Algunos respiran la tranquilidad tan fuerte, que yo diría que roncan.  Ese viaje me permite conectar, en todos los sentidos. Es el momento de preparar lo que va a pasar, organizar la jornada, leer cosas atrasadas… al tiempo que la naturaleza se cuela por la ventana con sus extraordinarios paisajes y te cuenta en qué anda.
A partir de ahí todo se precipita. Se establece una especie de caos en el que atender mensajes y llamadas, organizar y controlar el avance de proyectos, compartir reuniones de contraste, parece un sinsentido. Por suerte para nosotros, el caos es sólo aparente.
Al atardecer, el trayecto de vuelta permite que mis neuronas pongan todo en su lugar. Incluso, una vez todo en su sitio, puedo concederle un espacio a la magia de la lectura.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando…
Raro no, tal vez singular o único. Me pidieron que liderara el equipo que presentó a Vicente Ferrer a Premio Nobel de la Paz, estando él vivo. No creo que vuelva a vivir una experiencia parecida. Se trata de un proceso excepcional, con sus propias reglas de juego. Tuvimos que aprenderlas rápido y jugar con agilidad. La repuesta de los que nos acompañaron en el desarrollo de la candidatura fue extraordinaria. Pero como podéis intuir, lo más extraordinario fue aproximarse en profundidad a la persona, a Vicente. Un auténtico regalo vital. Tan transformador como 100 libros juntos.
No ganó… Nosotros, SÍ.
Y lo peor…
Todavía no ha llegado. Y no estoy segura de que vaya a llegar.
Y esa sensación se la debo seguro a mis padres, a mi familia, a mis abuelos, claro, a mis amigos,… a mis maestras y maestros vitales. ¿Cómo puedo decir que algo es lo peor si en esos momentos tan críticos y duros que la vida te ofrece están ellos ahí para recordarte lo mejor, lo mejor de ti mismo?
Eso sí, que conste que la vida me ha ofrecido grandes momentos de aprendizaje, algunos en los que incluso me faltaba el aire. Pero mira por donde, debo tener unos pulmones con grandes prestaciones y mejor capacidad.
Aprovecho pues estas líneas para mandar un sentido agradecimiento a todos los que me enseñaron y me enseñan a respirar. Gracias.
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte los huevos con…
[Me gustaría simplemente hacer notar a quién redactó la pregunta que la expresión “tocarte los huevos” me ha desconcertado un poco. De hecho he tenido que pararme un momento a pensar qué parte sería la que me tocarían a mí que fuera tan molesta como parece ser eso de que te “toquen los huevos”. Así que, asumiendo que yo no he sentido directamente ese malestar, y pensando en algo que pudiera asemejarse…]
No, no sé que contestar. Por lo general, en el tipo de proyecto en el que trabajamos, sea cual sea el ámbito -cultural, medio ambiental, de seguridad alimentaria o de innovación empresarial, por ejemplo-, la gente tiene verdadera vocación por hacer alguna contribución positiva. Así que más que tocarnos los huevos, nosotros nos desgastamos canalizando y reconduciendo energías.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando…
No voy a negarlo. A veces he pensado seriamente en cambiar de oficio cuando me cruzo con algún responsable o cargo directivo perfil mediocre mezquino. Esa gente que no es capaz de aprovechar todo lo bueno que tienen alrededor y que, por falta de preparación o miedo al fracaso, no permiten que todas las personas y proyectos que están a su alrededor sigan creciendo. Entonces tengo ganas de dedicarme a escribir cuentos infantiles. Pero al cabo de un rato, pienso que estamos obligados a superar y enfrentarnos al mediocre mezquino si queremos seguir avanzando.
Desde una posición externa a las organizaciones con las que colaboro, disfruto de un margen de maniobra y una libertad que juegan a mi favor. He perdido “clientes”, pocos, es verdad, pero también he ganado “grandes amigos”.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es…
El sentido de la contribución en equipo. Cuando trabajamos formamos parte de un grupo de personas con unos objetivos. Sentir que eres parte de esa energía y que por poco que cambiemos las cosas, algo positivo siempre queda, es la mejor de las sensaciones que ofrece mi trabajo.
El escribir y dar clases complementan esa sensación. Aprender enseñando, compartiendo, es sin lugar a dudas un privilegio.
Un día compartí mesa en un bar musical con una madre y un hijo adolescente. Los acababa de conocer y el chico me comentaba que estaba pensando qué hacer, y que cómo mínimo tenía claro lo que no quería: ser como su madre, maestra. En ese momento, y no sé porqué expresé una idea: “Quien ama lo que hace es raro que no tenga ganas de compartirlo con los demás. Tu dedícate a lo que amas y seguramente acabarás siendo maestro”. ¿Inspiración musical o gin-tonic? No sabría decir.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando…
Pues me resultaría muy injusto calificar un solo día como el mejor.
Ya he comentado que en mi trabajo tenemos siempre buenas sensaciones y vibraciones cuando vemos que las cosas van avanzando. ¡Son tantos años y tantos frentes que seguro que el paso del tiempo ha dulcificado con cariño el impacto de algunos momentos extraordinarios! Pero si pienso en algunos momentos relativamente recientes me quedo con dos: el día que ganamos la candidatura de Donostia-San Sebastián a Capital Europea de la Cultura 2016

 –fue como alcanzar una cumbre después de años de intenso trabajo-, aunque lo mejor vino en los días posteriores, cuando ante las críticas sinsentido que se recibieron, en Euskadi la reacción fue de “piña” (permitirme que exprese aquí que lo que está ocurriendo ahora desmerece totalmente la calidad y la potencia del proyecto presentado, y que todavía tengo confianza en que la situación se reconduzca); y el día que nos enseñaron las estadísticas que demostraban que el ICTUS, primera causa de muerte de mujeres en Catalunya, había empezado a disminuir coincidiendo con el inicio de un proyecto de sensibilización de la población en el que habíamos participado.

Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a…
Montar a caballo.
Es mi pasión desde los 10 años. Tuve suerte al conocer a Albert, dueño de una hípica cercana a mi casa. A cambio de limpiar cuadras, me dejaba montar.
Si me hubiesen explicado antes cuatro principios básicos de cómo tener éxito en los negocios, en seguida me hubiera dado cuenta de que en verdad Albert ¡tendría que haberme pagado a mí!, por limpiar cuadras y por mantener en forma a los caballos que nadie sacaba a pasear. En fin.
Así es como veo el futuro de mi profesión…
Apasionante. Duro pero apasionante. Queda mucho por hacer y seguro que algo vamos a poder aportar. Incluso hasta algún nuevo artículo o libro.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda…
Escribiendo cuentos infantiles. Eso sí, basados en las maravillosas historias que suelen contarnos las personas que nos acogen cuando vamos en familia a pasar unos días de vacaciones a casas rurales. Si alguna vez vais a Mallorca, alojaros o visitar SON MAYOL, una casa rural en Felanitx, donde la señora Apolonia, además de cocinar divinamente, te contará la maravillosa historia de su burro Valent.
El último libro que he leído ha sido………….
El amante lesbiano, de José Luis Sampedro. Me costó al principio, pero, me ha enseñado que existen otras verdades, sexuales, todas lícitas y respetables. ¡Un libro transformador!, por lo menos para mí, jajaja.
Y lo conseguí en……….
Un regalo de Sant Jordi.
De verdad que lo de Sant Jordi es extraordinario. Ojalá se extendiera. Es uno de los días más bonitos en Catalunya. Y en este caso sí puedo decir con convicción que para mí ES EL DÍA DEL AÑO MÁS BONITO. Es un día laborable, pero todo el mundo está en la calle, sonriendo. Que esté vinculado al libro, y que el libro esté en cualquier rincón, ciudad o pueblo, al lado de una rosa… inigualable.
Y el primero que recuerdo que leí fue………
Pues me zampé toda la saga de libros infantiles de la época, incluidos los cómics. Empecé a disfrutar tremendamente con Mafalda, pero sentí algo especial con Salvador de Madariaga, El corazón de piedra verde.
En mi mesilla tengo ahora para leer………….
En mi mesilla sigo con Sampedro. Es un pequeño tributo. Aunque Auster tampoco me deja. Pendiente, Doctor Glas de Söderberg, me lo recomendó un amigo. Para el verano, una novela histórica. Tengo que localizar alguna antes de que empiecen mis vacaciones. Se aceptan sugerencias.
En el tren, El futuro y sus Enemigos de Daniel Innerarity, y repasando El poliedro del liderazgo de Castiñeira y Lozano.
Me gustaría añadir que……………
Muchísimas gracias por dejarme compartir. He pasado un rato estupendo. En el tren.
Sobre Sinergia Value: http://www.sinergiavalue.com/es
 
En algo de lo que andamos: 

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