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Marc Lecha. Un estado de ánimo

Marc Lecha. Un estado de ánimo


Me llamo… Marc.

 

Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como… Marc Lecha.
Me gusta leer porque… empezamos bien con la preguntita de marras. Porque sí y para mí no necesita justificación. Me gusta leer, está injertado en mi epidermis y tampoco quiero darle lecturas trascendentes, que si te hace más sabio o mejor persona… ¡mejor persona! Lo que hay que oir. Me gusta leer porque sí.
Cuando tenía doce años quería ser… pirata o arponero. Jim Hawkins y Queequeg influyeron bastante en mi mentalidad infantil, y quizás algo en la adulta.
Hoy soy… aprendiz de viticultor en un exilio voluntario.
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… no digo casi nada. De hecho, la última vez que en conversación con “desconocidos” se produjo una conversación sobre libros o lectura… ni me acuerdo cuando fue. Suele ser un placer personal o compartido con los más próximos, sean o no del sector del libro. Más de los segundos que los primeros. Y esto es importante.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:… levantarme temprano, vestirme, comer algo y eso, salir hacia la viña y hacer lo que hay que hacer. Invierno es época de podar, plantar, hacer los pies, limpiar… ahora andamos reconstruyendo muros de piedra, nos ha dado por ahí. Trabajo aquí no falta. Y siempre al aire libre. Esto es impagable. Hay una gran nobleza en trabajar la tierra con respeto. Y cuando los gestos, los pequeños gestos que se repiten una y mil veces se interiorizan, aparece una especie de armonía. Sí, hay algo poético en todo esto.
Luego, por la tarde, cuando la cosa termina, el cuerpo está cansado, pero no es un cansancio fofo como el que sientes al cerrar el ordenador de la oficina, es un cansancio mucho más interesante. Da tiempo a comprar y cocinar comida de verdad, leer o ver una película si me apetece, o pasar a charlar y abrir alguna botella con alguno de los viticultores del pueblo. Es una vida aparentemente bastante sencilla, pero ahora mismo no la cambio.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… esta es una de esas preguntas que te obligan a pensar bastante y casi siempre descubres que no hay nada muy muy raro en tu vida. Cosas pequeñas, sin importancia.
Y lo peor… esto me lo guardo para mí.
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con…“estos del vino con tanta tontería”, “pero si metes un Don Simón en una cata a ciegas y nadie se entera”, “a mi me gusta el calimocho”… (suspiro…)
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando… se genera algún tipo de mal ambiente alrededor. Afortunadamente ha sucedido pocas veces.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es… trabajar al aire libre ¿existe mejor oficina?, comer cosas buenas de la tierra, beber buen vino… tener tiempo…
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando… el día que empieza la vendimia es muy muy especial… el que termina también es mágico. Deberíais vivirlo una vez en la vida. 
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a… levantar la cabeza y dejar pasar el tiempo mirando el paisaje tan extraordinario que tengo a mi alrededor. 
Así es como veo el futuro de mi profesión… será responsable o no será.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… no creo que cambie mucho mis hábitos y pequeños placeres, excepto por las limitaciones físicas y psíquicas que pueda haber. 
El último libro que he leído ha sido… el último libro entero que leí, de principo a fín (suelo leer pocos libros enteros, picoteo de aquí a allí), fue “La Guillotina Seca“, de René Belbenoit, llevaba tiempo buscándolo y para mí fue uno de los dos libros más importantes de 2013.  El otro fue, sin dudarlo, “La vida simple“, de Sylvain Tesson. La Guillotina es el manuscrito -auténtico- de un preso que logró escapar del Penal de la Guayana Francesa, época de entreguerras. Un libro prohibidísimo aún hoy en Francia y en algún país más, no reeditado en castellano desde hace un montón de años, y cuya versión “light” fue la conocida Papillon. Un libro absolutamente único.
Y lo conseguí en… mi amiga María, la mejor conseguidora de rarezas bibliófilas que existe (a la que siempre intento poner en apuros y al poco, pacientemente, me dice “lo encontrarás en tal sitio”), me encontró una edición argentina de los setenta en una librería de viejo de Barcelona.
Y el primero que recuerdo que leí fue… diría que era “Teo va amb vaixell”, pero me falla la memoria… 
En mi mesilla tengo ahora para leer… ahora menos que nunca estoy leyendo libros enteros, voy ojeando según me da o leyendo capítulos de éste y de aquél. Hay un par de cosas de Pla: “El que hem menjat” y “Viaje a pie“. También veo el “Diccionario Luján de gastronomía catalana” de Néstor Luján, las “Comidas y vinos de España” de Richard Ford (aunque se considere un “género menor” ¿hay cosa más importante que leer sobre lo que comemos?), un mapa del Roussillón y ayer mismo pasé de la mesilla a la estantería “Muerte a crédito” de Céline porque hacía días que rondaba por ahí y la verdad es que paso. Me gusta Celine, pero estoy de bastante buen humor y no me apetece que el viejo me amargue.
Me gustaría añadir que… lo primero que me traje a Francia cuando desembarqué fue una caja con una veintena de libros. Costó elegir. Ahora hay un centenar, quedaron muchos allá abajo. Creo firmemente que leer debe quedarse en el ámbito personal. Todo lo demás es dar la paliza a la gente. Ah, y como decía Josep Pla, cualquier hombre mayor de 35 años que lea novelas es un auténtico cretino. Y ya callo.
http://lavialiquida.wordpress.com El blog del viaje que hice en bicicleta en 2013 por España, por sus tierras, sus vinos y sus gentes.

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Una respuesta

  1. Unknown dice:

    ¡Qué gusto leer estas respuestas! Un placer y un deseo ¡que lo disfrutes largamente, Marc!

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