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Pedro Layant. Un estado de ánimo

Pedro Layant. Un estado de ánimo


Me llamo… Pedro Layant

 

Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como… no, no se me conoce, si acaso por el nick de twitter (@playantu), pero lo más probable es que sea más conocido por un escéptico “¿ése?” (sí, soy de los maniáticos que siguen poniendo tildes desaconsejadas, viejuno que es uno…)
Me gusta leer porque… es una tecnología que me enseñaron cuando era niño (cuando más fácil es aprender cosas) que se me da bien y que me permite acceder a todo. Y porque excita mi curiosidad.
Cuando tenía doce años quería ser… por aquella época, calculo, andaba yo con querer ser guardia, pero de la zona azul (la actual OTA u ORA) que se ve, las malas influencias, que estaba convencido de que se llevaban comisión con las multas y, claro, eso era una bicoca para comprar chicles y caramelos. A veces tenía sentimientos más elevados y me ilusionaba ser dibujante (siempre he sido un negado para el dibujo) y arqueólogo (¡sabe dios que estaría leyendo yo para tener semejante veleidad!).
Hoy soy… funcionario, con todas las letras. Eso sí, en el sector cultural, que es más llevadero. Aunque prefiero la expresión anglosajona de “civil servant”. La funcionaridad (ejem) entendida como servicio a la ciudadanía. Ah, claro, y diletante.
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… afortunadamente no frecuento muchos saraos mundanos, pero llegado el caso le diría que no se preocupara, que no pasa nada, que esto de leer no deja de ser otra manía, sin más. (Yo es que soy muy de Víctor Moreno; el leer no nos hace ni más libres, ni más listos, ni más… Acaso más inseguros).
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:…asumo que el trabajo es una maldición divina y lo llevo como puedo. Cuando salgo de trabajar intento olvidarme de él y dedicarme a mis aficiones: lectura, claro está, pero también visionado de series (otra forma de ficción muy interesante).
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando…alguien sonríe, alguien agradece el trabajo que haces (sabiendo que, realmente, quien sonríe, quien agradece, merece más).
Y lo peor… cuando constatas que las cosas se podrían hacer mejor muy fácilmente.
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… ¡ay!, quejas sobre los impuestos, quejas sobre la ineficacia de la administración, quejas sobre…
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando…topo con cerrazones que no están basadas más que en la mera arbitrariedad del “siempre lo hemos hecho así”.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es…poder intentar incidir en ofrecer a mis clientes/usuarios/patrones/jefes algo mejor.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando…tras una campaña de acoso, derribo e insistencia desmedida, contando con algunas complicidades mejor situadas que uno, conseguí que se ofreciera acceso a Internet al público (era 1995, era una auténtica novedad,… era muy caro).
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a… ¿leer? No, en serio, mirar el mar. Por ejemplo. Reír con los amigos. Por ejemplo. Viajar con ella. Por ejemplo.
Así es como veo el futuro de mi profesión… abierto, con un gran potencial, con, posiblemente, serias limitaciones para asumirlo.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… leyendo, avivando la curiosidad y quién sabe si escribiendo (cuando todo camino llevamos esté ya escrito y publicado).
El último libro que he leído ha sido… Mala ciencia, de Ben Goldacre. A la par que El escarmiento, de Miguel Sánchez Ostiz.
Y lo conseguí en… el primero digamos que en la biblioteca (pero la verdad es que no, pero lo vamos a dejar ahí). El segundo me lo ha prestado un amigo.
Y el primero que recuerdo que leí fue… alguno de Julio Verne. De aquellos de la editorial Molino, con la contracubierta blanca y una ilustración en cubierta. ¿Ned Land? ¿dónde aparecía Ned Land? ¿Un capitán de quince años?
En mi mesilla tengo ahora para leer… buf, en mi mesilla, en otros montones varios y en la tarjeta SD de mi teléfono. No sé, por citar uno: Curiosidad,de Philip Ball. Pero también están por ahí el últimode Elmore Leonard (¿he dicho que soy muy de novela negra?) o el Pensar rápido, pensar despacio, de Kahneman, que se me está haciendo duro porque… me deprime constatar lo mal que pensamos (incluso cuando no pensamos mal…).
Me gustaría añadir que… aunque reconozco que los vídeos (hechos como tenían que ser los castigos en mi colegio de religiosos en el tardofranquismo, esto es: cortos, bien hechos y formativos) pueden tener su interés, no hay nada como un texto (y me da igual el soporte y su fragancia) para despertar nuestra curiosidad, nuestra imaginación o, simplemente, distraernos.
 
–          Enlace 1: ah, no voy a dejar de hacerme publicidad: http://www.ttantta.com el tumblr en el que suelo recoger las frases que leo que me parecen interesantes para nuestra labor (ttantta=gotita). La diaria gota malaya que pretende, sin conseguirlo, ofrecer pistas, sugerencias,…
–          Enlace 2: http://www.feedly.com o cualquier otro lector de RSS, me parece una herramienta imprescindible para, presa de agitación, alimentar la curiosidad.
–          Enlace 3:http://scriptaverba.wordpress.com/ Bernat Ruiz me parece una voz preclara en el tema de la edición y el mundo del libro. Sus reflexiones, muy bien escritas, me resultan estimulantes.

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