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Rafael Muñoz. Un estado de ánimo

Rafael Muñoz. Un estado de ánimo

 

 

Me llamo… Mi nombre es Rafael Muñoz

Y en el sector del libro o como mero lector seme conoce como… Rafa Muñoz. Fui responsable de coordinar cursos y jornadas sobre el libro y la lectura en el desaparecido Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil. Dando también buena cuenta en los medios de comunicación de todo nuestro trabajo en promoción, investigación y formación en el campo de la LIJ. Llevé a cabo algunas cosas más en aquel espacio vivo, dinámico, cargado de emprendimiento: exposiciones itinerantes, reseñas de libros, post sobre lectura y libros… Todo ello con la imprescindible colaboración de mis compañeros.
Me gusta leer porque… forma parte de mi quehacer diario desde que era un niño. Necesito historias que me procuren carta de naturaleza humana, y busco en la lectura encontrar sentido, intentando, como un Sísifo más, comprender lo que me rodea (uno es pesimista, pero siempre constructivo).
También podría responder con esta voz que como lector me pertenece: “Catherine Cormery se inclinaba por encima de su hombro. Miraba el doble rectángulo bajo la luz, la ordenación regular de las líneas; también ella respiraba el olor y a veces pasaba por la página sus dedos entumecidos y arrugados por el agua del lavado como si tratara de conocer mejor lo que era un libro, de acercarse un poco más a esos signos misteriosos, incomprensibles para ella, pero en los que hijo encontraba, con tanta frecuencia y durante horas, una vida que le era desconocida y de la que volvía con una mirada que posaba en ella como si fuera una extranjera.” (El primer hombre, de Albert Camus)
Cuando tenía doce años quería ser… lo que era, un niño. Que es lo que mejor se puede ser a esa o cualquier edad. ¿No es así?, James.
Hoy soy… No soy, o me cuesta mucho, porque me han “parado” en seco, pero no me conformo y estoy a la que salta; ¿se deberá a un exceso de lecturas?
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… Voy poco por las bodas, pero si el tema surge hablo siempre de las historias, nunca de los libros, y menos del extraño motivo (para algunos)  por el que necesito leer.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así… En estos momentos de cierto recogimiento. Hablando quizá en exceso conmigo mismo y con los libros que me echo a las entendederas. Entre medias y para oxigenarme, cursos y estudio, junto a paseos con mi perra Laouen por los tesos del pueblo que me acoge.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… Estaría por verse, lo digo por ese “nunca” 😉 Bueno, ahora medio en serio: a veces, vivir. Pero que conste que no lo cambio por nada, aunque estaría dispuesto a estudiar alguna propuesta si resultara excitante.
Y lo peor… Pensar en desaparecer, desvanecerme, no interesarme ni tan siquiera por uno mismo.
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… los lugares comunes, pero eso pasa en muchos órdenes de la vida, ¿o no es así? Recuerdo en este momento unas palabras de la Duras: “Los que viven de referencias generales no tienen nada en común conmigo”. (El dolor)
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando… no me dejan hacerlo (¡es que me lo ponéis a tiro!).
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es… haber contribuido a construir con otras personas un centro de y para la lectura en el ámbito de literatura infantil y juvenil durante casi 30 años. Un trabajo que ha dejado fuertes señas de identidad en todos aquellos que participaron activamente en él (lectores, padres y madres, profesionales de la educación y la cultura, autores, investigadores…) y, naturalmente, en los profesionales que lo hicimos posible.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando… Imposible espigar uno solo, aunque guardo muchas anécdotas, la última, la de un grupo de padres y madres, que junto a especialistas y autores de LIJ, intentaron hasta la extenuación que no se cerrara un espacio que les pertenecía.
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a… perderme en Babia. Pero ya sabemos que eso no es un descanso, tan solo un cambio de actividad.
Así es como veo el futuro de mi profesión… No me interesa el futuro, creo en la construcción del presente. Es cierto que vivimos un momento duro pero a la vez paradigmático. No solo debido al cambio en los medios para acercarnos a la lectura, sino también porque, en esto que algunos definen como crisis, podemos ver (si así lo queremos) el verdadero rostro de lo que se nos ha “vendido” como cultura. Esta potencial epifanía puede resultarnos de gran utilidad  para conseguir lo definitorio: preguntarnos y buscar las respuestas al verdadero sentido de toda actividad cultural.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… haciendo lo mismo que llevo a cabo en estos momentos: aprender, trabajar (a ser posible de forma remunerada) Así desearía que fuera mi áureo jubileo.
El último libro que he leído ha sido… Por “compromiso” y con gran placer: El primer hombre, de Albert Camus (participo en un club de lectura). De cosecha propia y destacable: Sociofobia, de César Rendueles (muy estimulante).
Y lo conseguí en… la biblioteca pública. Como casi todos los que ahora leo, aunque a veces me doy un homenaje en mi librería de referencia.
Y el primero que recuerdo que leí fue…No me gustaría ponerme estupendo pero las “primeras lecturas” creo que se vinculan equivocadamente con la biografía y no con la posibilidad que supone “darnos de ojos”, varias veces a lo largo de nuestra vida lectora, con una buena historia, una deslumbrante forma de contar o un texto que nos desaloja el eje del alma (Nélida Piñon dixit). Esa lectura primigenia no tiene precio.
Pero mirando hacia atrás sin ira, aquí van algunos títulos a vuela pluma: la Poesía vertical de Roberto Juarroz (para seducir al intelecto); las Vidas minúsculas de Michon (enorme autor y grandes vidas); Cortázar (hoy me quedo con los cuentos, pero que no me toquen Rayuela); a su lado, siempre Onetti; desde el gozo: La frontera indómita, de Graciela Montes.
En mi mesilla tengo ahora para leer… No leo en la cama, tengo ese defecto, pero al lado de mi sofá me esperan algunos: La parte inventada, de Rodrigo Fresán, El arte de leer (recopilación de escritos del poeta Auden) y el último de Vila-Matas, Kassel no invita a la lógica.
Me gustaría añadir que… estoy a diario y de buena mañana en Twitter (@rmunoz), y por el momento también en mi casa. Siempre dispuesto a compartir una buena conversación (apasionada y bien salpimentada por unas risas), mostrando siempre lo divino que es ser humano. También suelo perderme en compañía de mis humildes heterónimos en algún que otro blog de libros y de eso que denominan actualidad, y en algunos artículos que no puedo enlazar.

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