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Por qué el libro impreso durará otros 500 años. Adam Sternbergh

Por qué el libro impreso durará otros 500 años. Adam Sternbergh

Original en inglés. Traducción de Alex Barandiaran.

El futuro de la lectura vino y se fue

Asumir que lo que más quieres puede ser la excepción es un error intelectual. Recuerdo escuchar una tertulia radiofónica en la que dos personas debatían acerca de la necesidad y el afecto por las tiendas de discos (acababa de cerrar una muy grande e ilustre en la ciudad de Nueva York) y pensar, Claro que las tiendas de discos van a cerrar, es triste pero es como el mundo funciona, y sentirme un engreído porque no suelo ir a tiendas de discos. Al cabo de un rato me di cuenta de que en dos, cinco o diez años, puede que antes, podría estar escuchando a dos personas en la radio teniendo esa misma nostálgica conversación sobre las librerías. Después de eso no me sentí tan engreído.

Para mí las librerías son un lugar sagrado y los libros objetos sagrados también. He trabajado en dos librerías y he poseído y atesorado un número incontable de libros. (Sinceramente desconozco cuántos tengo en este momento; lo que sé es que cuando mi mujer y yo nos mudamos, la empresa de mudanzas nos cobró un extra porque habíamos subestimado el número de cajas de libros). Lo primero y lo que más me gusta hacer en una ciudad nueva es localizar y visitar la mejor librería; literalmente meto en Google el nombre de la ciudad y «mejor librería», y a ver qué sale. Casi siempre me conduce no solo a una gran librería, sino al mejor y más interesante barrio de la ciudad.

No soy el único que siente esto. Tampoco soy el único que teme que todas desaparezcan mientras siga vivo. Hubo un tiempo en el que la gente atesoraba vinilos y deambulaba durante horas por las tiendas de discos, también discutía sobre los clásicos preferidos y se anticipaba a las nuevas ediciones; después la revolución digital acabó con la industria musical. Hoy en día las tiendas de vinilos funcionan como tiendas de antigüedades; claro que puedes encontrarlas, pero lo que ofrecen es sobre todo nostalgia para un formato que carece de relevancia.

¿Por qué iba a resultar que los libros son algo diferente?, le preguntó mi cerebro racional a mi cerebro romántico. Cállate cállate cállate cállate, le contestó mi cerebro romántico a mi cerebro racional.

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