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¿Vende realmente libros el marketing en las redes sociales? Rob Eagar

¿Vende realmente libros el marketing en las redes sociales? Rob Eagar

Artículo original en inglés publicado en Book Business. Traducido por Alex Barandiaran

¿Y si todo el bombo publicitario de los libros en las redes sociales no fuera más que ruido? Las redes sociales han venido para quedarse ¿pero están recibiendo las editoriales el rendimiento de las inversiones esperado? Al final de 2014, Book Business Magazine hizo un estudio sobre la industria y lanzó la siguiente pregunta, «¿Cuáles crees que son las plataformas de marketing con más oportunidades para el futuro?». La primera respuesta fue las redes sociales, con un 68 % de respuestas.

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En esta librería los smartphones y las tabletas están prohibidas ¡PROHI-BI-DAS!

En esta librería los smartphones y las tabletas están prohibidas ¡PROHI-BI-DAS!

Original en francés en ActuaLLité. Ver  Traducción de Alex Barandiaran.

El establecimiento causa furor desde que abrió sus puertas: en pleno Londres,  la capital conectada y fashion, esta librería ha creado un lugar de ensueño. Aquí, no hay mostrador de café ni conexión WiFi. Todo está diseñado para repeler al hipster necesitado de redes sociales, hasta el punto que tanto los teléfonos móviles, como las tabletas están prohibidas. Rohan Silva, cofundador, ha abierto una librería que ha maravillado a todo el mundo.

 «Creemos en el valor de los libros y la literatura, pero, hoy en día muchas cosas han sido asesinadas por lo digital. Sin embargo, comprar un libro en papel es una de las mayores alegrías, y las librerías siguen siendo el mejor lugar donde encontrar nuevas ideas», explica este autónomo. Integrista, por tanto, aunque por una buena causa: el único ordenador permitido entre los muros es el que se utiliza para el inventario y la contabilidad. Aunque no se ha llevado al extremo y aceptan tarjetas de crédito.

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¿Es Amazon el león que te comerá? Stephen Blake Mettee

¿Es Amazon el león que te comerá? Stephen Blake Mettee

Por: Stephen Blake Mettee | Presidente de Hummingbird Digital Media 

Últimamente he hablado con gente de la industria del libro sobre un programa que mi empresa va a lanzar y que permite a individuos y organizaciones vender ebooks y audiolibros al por menor del mismo modo que los tres grandes: Amazon, Apple y Barnes & Noble. Una de las preguntas que más me hacen es: «¿Cómo puede alguien competir con Amazon?»

Seguramente sabrás que Amazon no solo se dedica a vender libros, sino que ha ido más allá y ha hecho varias incursiones en el ámbito de la edición. La compañía cuenta en estos momentos con trece editores, es responsable del 85 % de los títulos autopublicados, y lleva tiempo fanfarroneando de sus autores más exitosos, como Hugh Howey o Barry Eisler. Además Amazon, con sus 185 millones de clientes, de los que 47 millones son socios de pago, controla un 65 % del mercado de venta de libros al por menor.

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Cómo le va a ir a un invento creado en 1400 en los próximos años. Michael Pietsch. Director ejecutivo de Hachette Book Group

Cómo le va a ir a un invento creado en 1400 en los próximos años. Michael Pietsch. Director ejecutivo de Hachette Book Group

Llevo escuchando que la edición de libros va a desaparecer desde la primera vez que entré en una editorial allá por 1978. Pero aquí seguimos, editoriales como Little o Brown con historias que se remontan hasta 100 y 200 años atrás. ¿Qué otra industria estadounidense tiene todavía empresas que hayan sobrevivido más de dos centenarios, evolucionando y modernizándose pero todavía  haciendo prácticamente el mismo trabajo? La variante más reciente del velatorio: una revolución digital provocaría que los e-books remplazaran a los libros escritos, que los autores eligieran autopublicarse de manera apabullante y que los editores siguieran a los carroceros hasta el olvido.

Tras varios años de crecimiento rápido de los e-books, sus ventas dejaron de crecer al alcanzar un cuarto de los ingresos de las editoriales y han disminuido durante un año. El libro impreso ha demostrado ser duradero porque, como formato, es difícil de mejorar. La música, las películas y la televisión fueron principalmente alteradas porque la digitalización permitió a los usuarios experimentarlas en cualquier lugar. Los libros ya eran portátiles desde que se inventaron. El resto de formatos no han hecho más que ponerse al día.

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Por qué el libro impreso durará otros 500 años. Adam Sternbergh

Por qué el libro impreso durará otros 500 años. Adam Sternbergh

Original en inglés. Traducción de Alex Barandiaran.

El futuro de la lectura vino y se fue

Asumir que lo que más quieres puede ser la excepción es un error intelectual. Recuerdo escuchar una tertulia radiofónica en la que dos personas debatían acerca de la necesidad y el afecto por las tiendas de discos (acababa de cerrar una muy grande e ilustre en la ciudad de Nueva York) y pensar, Claro que las tiendas de discos van a cerrar, es triste pero es como el mundo funciona, y sentirme un engreído porque no suelo ir a tiendas de discos. Al cabo de un rato me di cuenta de que en dos, cinco o diez años, puede que antes, podría estar escuchando a dos personas en la radio teniendo esa misma nostálgica conversación sobre las librerías. Después de eso no me sentí tan engreído.

Para mí las librerías son un lugar sagrado y los libros objetos sagrados también. He trabajado en dos librerías y he poseído y atesorado un número incontable de libros. (Sinceramente desconozco cuántos tengo en este momento; lo que sé es que cuando mi mujer y yo nos mudamos, la empresa de mudanzas nos cobró un extra porque habíamos subestimado el número de cajas de libros). Lo primero y lo que más me gusta hacer en una ciudad nueva es localizar y visitar la mejor librería; literalmente meto en Google el nombre de la ciudad y «mejor librería», y a ver qué sale. Casi siempre me conduce no solo a una gran librería, sino al mejor y más interesante barrio de la ciudad.

No soy el único que siente esto. Tampoco soy el único que teme que todas desaparezcan mientras siga vivo. Hubo un tiempo en el que la gente atesoraba vinilos y deambulaba durante horas por las tiendas de discos, también discutía sobre los clásicos preferidos y se anticipaba a las nuevas ediciones; después la revolución digital acabó con la industria musical. Hoy en día las tiendas de vinilos funcionan como tiendas de antigüedades; claro que puedes encontrarlas, pero lo que ofrecen es sobre todo nostalgia para un formato que carece de relevancia.

¿Por qué iba a resultar que los libros son algo diferente?, le preguntó mi cerebro racional a mi cerebro romántico. Cállate cállate cállate cállate, le contestó mi cerebro romántico a mi cerebro racional.

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El porqué un libro siempre será mejor que un Kindle. Laure Martin


¿Hay algo mejor que un buen libro? Y no me refiero a la versión electrónica que te descargas en tu Nook o Kindle con la cubierta de Kate Spade que compraste en Barnes and Nobles por 37 €. Estoy hablando de letras descoloridas de una desgastada tapa dura. Estoy hablando del gran peso de cientos de páginas, juntas en tus manos. Estoy hablando de la suave brisa al pasar las páginas, de atrás a adelante, y de adelante atrás.
Llamadme anticuado, obstinado, ingenuo, cualquier cosa que os valga pero nunca compraré un Kindle. En una América en post-recesión, entiendo que parece económicamente irresponsable gastar dinero en libros cuando puedes descargártelos con un leve descuento en el revolucionario bloc de notas. Sin embargo, a lo que renuncias por comodidad y precio no parece merecer la pena.
¿No recordáis leer de niños, quedaros dormidos con un libro en la cara? ¿No recordáis esa satisfactoria sensación de pasar página y lanzarse al final del libro? ¿No quisisteis siempre crecer con una biblioteca inmensa en vuestra sala de estar, con estanterías con libros amontonados encima de más libros? Y cuando te quedaras sin espacio, los alinearías contra la pared, amontonándolos unos encima de otros hasta que se volviera un riesgo de seguridad.
Aunque aprecio el Kindle por sus pocas ventajas, creo que es un triste recordatorio de la revolución tecnológica que se acerca deprisa y a la que nuestra sociedad ha sucumbido tan fácilmente. Es solo otro ejemplo de la irrelevancia que se ha situado en las partes culturales y tradicionales de la vida, remplazándola con algo más rápido y fácil.
¿Qué ha ocurrido con los sábados que pasábamos en librerías de segunda mano rebuscando a tu autor favorito? No puedes pasarte horas en un Kindle, rodeado de primeras ediciones rebajadas y copias desgastadas con notas a pie de página y pasajes subrayados. No puedes escribir tu nombre en la cubierta y dejárselo a un amigo. No puedes dejar una nota en su interior cuando lo devuelves a la biblioteca. No puedes resaltar tus partes favoritas y hacer notas en un lado.
La vida avanza deprisa y que todo el mundo parezca gravitar hacia una vida llena de pantallas electrónicas y conexiones sin cables, no significa que tengas que dejar todo atrás. Guarda algo del pasado; mantén las buenas cosas con vida. Disfruta de las decadentes y simples bellezas que el hombre crea, en vez de ceder ante todos los avances que las masas dicen ser mejores. El Kindle puede que sea el futuro, pero todavía hay un montón de cosas que no puedes hacer con él.
No puedes escribir tu nombre en él, marcándolo con orgullo como si fueras su propietario original.
No puedes dejarlo en cualquier lugar para que lo disfrute la próxima persona que lo encuentre.
No puedes añadirlo a una biblioteca para exhibir su fascinante encuadernación.
No puedes amontonarlos unos encima de otros exhibiendo tus logros como lector.
No puedes dejar tus tazas de café sobre él después de haber leído sus páginas una y otra vez.
No puedes encontrar primeras ediciones que seguir añadiendo a tu colección.
No puedes dejar notas en él para el próximo lector que lo coja.
No puedes personalizarlo escribiendo tus propias reflexiones en sus palabras.
No puedes buscar tus favoritos en polvorientas y viejas librerías de segunda mano.
No puedes crear una colección que admirar según crece.
No puedes subrayar sus pasajes con los que encuentras conexiones en cada palabra.
No puedes resaltar tus fragmentos favoritos con los que tropezar fácilmente cuando quieres recordar su elocuencia.
No puedes oler su edad entre las páginas.
No puedes quedarte dormido con él en la cara, quedándote soñando con las imágenes que te infunde.
No puedes legarlo a tus hijos, regalándoles así las palabras más emotivas de tu joven madurez.
No puedes empezar una conversación cuando alguien reconoce la cubierta.
No puedes envolverlo en papel y regalarlo, para trasmitir los mismos conocimientos que se te quedaron grabados.

Traducido por Alex Barandiaran