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La participación cultural en Catalunya 2013-2016. Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CoNCA)

La participación cultural en Catalunya 2013-2016. Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CoNCA)

Este estudio aborda la participación cultural en Cataluña durante el siglo xxi, con una mirada centrada especialmente en la segunda década, a partir de las cuatro encuestas realizadas entre 2013 y 2016. La investigación tiene un precedente en el estudio realizado sobre la participación cultural de la juventud durante los primeros quince años de siglo. La Generalitat ha mantenido la dinámica de realizar encuestas específicas con periodicidad anual, por lo que ahora se dispone de los datos que proporcionan dos años más de recogida de información: 2015 y 2016.

El presente estudio se desarrolla en dos fases y con dos medios de aproximación distintos: los siete primeros capítulos, siguiendo el esquema del cuestionario y mediante tablas de frecuencias, efectúan un recorrido por todos los campos de práctica contemplados en las encuestas y muestran la distribución social de cada una de las prácticas. Al mismo tiempo, el cuestionario permite profundizar, no solo en la realización y formas de cada práctica, sino también en los motivos por los que no se realiza una práctica concreta, o no se hace con mayor frecuencia, así como la lengua en la que se ofrecen los contenidos. La segunda parte tiene un carácter analítico. Mediante varias técnicas estadísticas, se efectúa un análisis en profundidad de las formas de participación cultural de la población catalana.

Acceder al estudio completo.

 

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Informe sobre el estado de la cultura en España 2018. Fundación Alternativas

Informe sobre el estado de la cultura en España 2018. Fundación Alternativas

El quinto Informe sobre el estado de la cultura en España, organizado por el Observatorio de Cultura y Comunicación de la Fundación Alternativas, cierra, por el momento, un travelling comprensivo de la evolución y la realidad cultural de nuestro país: desde la declaración oficial de la crisis financiera hasta su presumida recuperación oficial (2011-2018). Con el acento en el estado general de la cultura pero también en sus perspectivas particulares cambiantes y diversas en cada edición, se ofrece así un privilegiado caleidoscopio sobre las vicisitudes de la cultura “en tiempos de crisis” y en sus relaciones dialécticas con la evolución social

Índice

9 Presentación. España en el espacio cultural iberoamericano: nuevos escenarios para la reflexión Nicolás Sartorius e Inmaculada Ballesteros

13 Prefacio. Una visión desde la OEI: múltiples miradas del espacio cultural iberoamericano Paulo Speller

17 Introducción. Cultura y desarrollo: paradojas del espacio iberoamericano de cultura Enrique Bustamante

29 PRIMERA PARTE. EL ESPACIO IBEROAMERICANO DE CULTURA

31 El futuro de la cooperación: reformular el espacio cultural iberoamericano Néstor García Canclini

43 El espacio audiovisual iberoamericano: viejos problemas, nuevos desafíos Martín Becerra y Guillermo Mastrini

55 El escenario mediático de futuro: los ‘otros medios’ en el espacio público iberoamericano Guillermo Orozco y Darwin Franco

67 Esfuerzos y avances regionales de tres décadas: educación artística o arte/educación en América Latina Ana Mae Barbosa

75 Retrasos y asimetrías en el desarrollo de las TIC: para una sociedad del conocimiento iberoamericana sostenible, plural e inclusiva Francisco Rui Cádima, Luís Oliveira Martins y Ricardo Neves

87 SEGUNDA PARTE. ESPAÑA: LA CULTURA COMO DERECHO

89 Entre las identidades y la economía: el patrimonio cultural en España y sus desafíos Javier Rivera Blanco

99 Potencialidades de los compromisos internacionales para unas políticas adecuadas: España y los derechos culturales Alfons Martinell Sempere y Beatriz Barreiro Carril

109 El cine español en la era digital: transformaciones profundas, actuaciones escasas José Vicente García Santamaría

121 Centralidad cultural de las lenguas minoritarias: políticas sociolingüísticas para la diversidad Ramón Zallo

135 Valoración de los agentes culturales. El estado de la cultura en España (2018): optimismo prudente, suspenso mejorado Patricia Corredor Lanas

161 Equipo de investigación

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¿Salvará la cultura a las ciudades? Joan Subirats en La Vanguardia

¿Salvará la cultura a las ciudades? Joan Subirats en La Vanguardia

Entiendo que cualquier debate sobre cultura en Barcelona requiere situar la reflexión en el momento en que vivimos, no sólo en Barcelona sino en el escenario global. Y no sólo en la coyuntura concreta que ha marcado el procés o la profunda crisis económica que atravesamos, sino en un marco de cambio de época. En ese escenario, la ciudad vuelve a estar en primer plano. Aunque resulta difícil referirnos a un modelo de ciudad. Todas las ciudades buscan su propio camino en ese marco de incertidumbre general.

Más globalización y también más localización convierten a la ciudad y su entorno en el sitio en el que las cosas ocurren. Un espacio de posibilidades y como tal un espacio de conflictos. Hablar de ciudad ha sido siempre sinónimo de hablar de capacidades y de carencias. En la ciudad se enfrentan relatos distintos sobre qué futuro es deseable y desde dónde encarar las posibles salidas. Culturas de la competencia y de la colaboración, de memoria o patrimonio, pero también de innovación alternatividad. Culturas establecidas y culturas ocultadas o emergentes. Hablar de cultura urbana o de cultura de ciudad inevitablemente nos lleva a hablar de valores, de política.

Ciudad

El concepto de ciudad ha tenido y tiene muchas acepciones. La más evidente es la que relaciona ciudad con lugar. Como lugar específico, con particularidades espaciales de centro y periferia, con densidades propias. Ciudad como conjunto de objetos, edificios y espacios. Diferentes ciudades tienen diferentes constelaciones de elementos. Ciudad como conjunto de prácticas sociales que se configura a lo largo de los años. Ciudad con memoria y memorias de distintas ciudades. No hay un único texto, un único relato de lo que es una ciudad.

Pero la ciudad no es sólo un lugar. Va más allá. La ciudad alberga dinámicas no directamente visibles. La ciudad cobija un gran conjunto de intercambios y flujos. Es por tanto lugar de intermediación y de transferencia. Fluyen ideas, datos, informaciones varias y también intereses y dinero. Y no sólo eso. En ese espacio se concentran sentimientos. La ciudad como escenario en el que la gente vive, ama, sufre, cuida. Sin olvidar esa otra ciudad que atesora creencias, valores, y que precisamente hace que distingamos a una ciudad de otra. Lo que es aceptable en una ciudad, no lo es en otra. Lo que a una ciudad le enorgullece, en otra puede ser visto como una anomalía a corregir.

Seguir leyendo en La Vanguardia.

 

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Sin autores no hay cultura: pensar y actuar colectivamente. Manuel Rico en Nueva tribuna

Sin autores no hay cultura: pensar y actuar colectivamente. Manuel Rico en Nueva tribuna

En los últimos meses se han celebrado algunos importantes eventos relacionados con el libro, con su futuro y con la situación de los distintos sectores que intervienen en su “industria”. Libreros, editores tradicionales y editores en nuevos formatos (en el Congreso de CEGAL en Sevilla los primeros, en Liber 2017 los segundos y en el Congreso del libro electrónico los terceros) han analizado el pasado, el presente y el futuro del sector y establecido conclusiones que afectan a su tejido de empresas y que, al menos en teoría, vendrían a aportar soluciones a algunos de los más graves problemas planteados a partir de la crisis económica iniciada a finales de la década pasada. El exceso de novedades, el creciente peso del libro digital y de la distribución y venta por Internet mediante plataformas cada vez más poderosas, proceso que lidera de modo indiscutible Amazon, la escasa duración de los libros en las mesas de novedades de las librerías, la vida precaria de las de fondo, condenadas si no a muerte si a una duradera, y seguramente crónica, enfermedad, la reducción de los beneficios del sector librero en un proporción equivalente al aumento de beneficios en el de la venta por internet, la autoedición y los nuevos horizontes que abre son realidades que gravitan sobre el sector y que obligan a reflexionar.

LA AUSENCIA DEL ESCRITOR ORGANIZADO

Se debate, se proponen medidas y soluciones, se cuenta con la opinión de las organizaciones gremiales correspondientes y, paradojas de la vida, el factor que hace posible la existencia de todo producto cultural, comenzando por el libro, es el gran ausente. Salvo en Liber (a iniciativa de ACE y de CEDRO), en los congresos, eventos y otro tipo de encuentros, debate casi todo el sector pero el creador parece no tener nada que decir: todos opinan sobre el proceso que lleva el producto de su trabajo y de su imaginación y de las enfermedades que le afectan, pero él queda al margen o, en el mejor de los casos, representado en teoría por dos o tres escritores de moda o autores de libros de éxito que son invitados para aprovechar su proyección mediática y para que, de paso, se pronuncien sobre el temario de la Jornada o Congreso, algo que suelen hacer remitiéndose a su experiencia personal o al proceso creativo tal y como lo han vivido o lo viven, no con una opinión sustentada en la experiencia colectiva.

A ello ayuda el carácter férreamente individualista de la creación literaria y el por otro lado inevitable (seguramente va con la naturaleza de la propia creación) alto grado de ombliguismo y egolatría que acompaña a la “profesión”.  La realidad es que son muy pocos los espacios en los que en la reflexión sobre la marcha y sobre las perspectivas del mercado del libro y sus problemas se cuente con los escritores organizados, es decir, con alguna de sus entidades profesionales más relevantes. La realidad en España no es la de otros países: por dar un dato que nos debería servir de enseñanza, en la Feria de Frankfurt de 2017, la Asociación Colegial de Escritores de España estuvo presente en la condición de firmante de un manifiesto que se leyó en la sesión de apertura junto con entidades autorales de Francia, Italia, Alemania y Noruega, y no por invitación de la representación oficial española. Eso viene a confirmar una práctica reiterada: por costumbre o por olvido, se prescinde de ella. Los escritores son esos locos o genios que están ensimismados en su obra pero que no tienen por qué opinar sobre lo que otros hacen de su trabajo. La industria existe gracias a ellos pero debe seguir existiendo sin su opinión, parece ser el lema.

Seguir leyendo en Nueva tribuna.

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Cultura de viejos. Pilar Gonzalo

Cultura de viejos. Pilar Gonzalo

Desde el Bono de la Cultura del Gobierno de Italia (ya fracasado en su primer año de andadura) hasta el reciente JOBO del Ayuntamiento de Madrid, los jóvenes constituyen el target estrella de la mayoría de las políticas culturales públicas recientes. Si los jóvenes son el futuro, ¿a qué votante le habría de parecer mal que se apueste por ellos?

Sin embargo, esta elección contrasta con los resultados de la última Encuesta de Prácticas y Hábitos Culturales en España 2014-2015, que desvelan con contundencia que los jóvenes de entre 15 y 24 años “presentan las tasas de participación cultural más altas prácticamente en todos los ámbitos culturales”. ¿Por qué incentivar entonces el acceso y la participación de quienes ya más lo hacen?

Parece razonable pensar que sería más conveniente destinar los recursos públicos y privados a favorecer el acceso de quienes más dificultades presentan, que en el caso de España son las personas de entre 35 y 45 años que, además de trabajar, tienen cargas familiares. Para este segmento de la población la principal barrera de acceso a la cultura es la falta de tiempo, por lo que están profundamente necesitados de medidas específicas para la conciliación cultural.

Siendo la falta de tiempo la mayor barrera, llama la atención el escaso interés por parte de las organizaciones de la cultura en captar -entre sus nuevos públicos- a quienes sin embargo, de más disponen: las personas mayores. Más teniendo en cuenta que las personas de 55 años y más son las que menos actividades culturales realizan en España, según desvela la última Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales.

La cultura como experiencia social

¿Quién se ocupa de que los más viejos puedan acceder a la producción y al disfrute de la cultura en España? “Los viejos”… una expresión tan llena de dignidad como la de “los jóvenes”, que sin embargo se enmascara frecuentemente tras términos un tanto melifluos, como senior, a los que se recurre como si la vejez fuera algo impropio que hubiera que disimular o incluso, ocultar.

El sector de la cultura en España también participa de esta afectación lingüística bajo la cual subyace una sutil gerontofobia que, cuando nomenosprecia a los mayores con una oferta cultural secundaria -“de viejos”-, los ignora. Prueba de ello es que son las instituciones asistenciales -y no las culturales- las que en su mayoría se están ocupando de su acceso a la cultura.

Seguir leyendo en Compromiso empresarial.

 

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Bestiario de la cultura: derechos fantasma y empresas ficción. Jaron Rowan

Bestiario de la cultura: derechos fantasma y empresas ficción. Jaron Rowan

(borrador del artículo aparecido en el número 7 de la revista Red Escénica Diciembre 2017)

Nadie va a sorprenderse ni a escandalizarse si comenzamos afirmando que las condiciones de vida y de trabajo de gran parte de las personas que se dedican a las artes y a la cultura en el Estado español son precarias. No son pocos los informes y estudios de reciente aparición 1 que desacreditan tradicional fascinación con la idea de la cultura como motor económico y subrayan la fragilidad laboral de quienes se dedican a la creación. Si además situamos la precariedad sobre otros ejes de discriminación existentes como el género, la raza o el origen social, emerge un panorama aún más desalentador. Quizás por esto mismo, apenas existen estudios que se ocupen de este asunto en detalle ni desde una perspectiva interseccional2. Esta realidad, sumada a la incapacidad, o falta de voluntad, de los distintos gobiernos para introducir políticas culturales capaces de transformarla, hace que tanto para la ciudadanía como para quienes son profesionales de la cultura, esta se perciba como un problema. Entre la primera, termina imperando el imaginario de que los profesionales de la cultura son un conjunto de “enchufados” que viven de subvenciones sin dar palo al agua. Para los segundos, la situación se vuelve más confusa aún: se entremezclan lo industrial, lo vocacional, el mercado y el deseo produciendo combinaciones cuando menos curiosas, y, en algunas ocasiones, directamente aberrantes. Aquí vamos a tratar de explorar por qué ocurre esto.

Todas las personas tenemos derecho a acceder a la cultura. El derecho a la cultura es un derecho constitucional, es decir, un derecho fundamental, que nos ampara a todas y todos los sujetos del Estado español. El catedrático Marcos Vaquer ha planteado una útil división de este derecho general en dos conjuntos de derechos de distinto cariz: los de creación y los de producción.

El primer caso hace referencia a la garantía de que todas las personas podamos expresarnos, comunicar preocupaciones estéticas, acceder a lenguajes y símbolos, y hacer uso de ellos. Todas el derecho a componer una canción, escribir un relato, pintar un cuadro, componer un poema, diseñar una performance, escribir un guión, etc. En las propias palabras de Vaquer en su obra “Estado y cultura”, la cultura es “un derecho individual fundamental a la creación y a la expresión cultural y en un interés colectivo o social de disfrute del patrimonio cultural”(Vaquer, 1998: 97). Nadie puede ni debe coaccionar nuestra voluntad expresiva o creativa. Así, los derechos de creación se complementan con el derecho a la libertad de expresión. En el Estado, por su parte, recaería la obligación de crear una serie de instituciones que garanticen el derecho de todas y todos a acceder a los imaginarios artísticos o creativos comunes, a los archivos de nuestra memoria colectiva. Tal es, en parte, la función de museos, bibliotecas, teatros, auditorios, etc. Nadie es capaz de crear en la más absoluta individualidad, sin establecer un diálogo, más o menos evidente, con otras creaciones existentes. Por ello es importante poder acceder a nuestro acervo cultural compartido.

Seguir leyendo en Demasiado superávit.

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Hacia la evaluación de la calidad en los proyectos culturales. Pilar Gonzalo

Hacia la evaluación de la calidad en los proyectos culturales. Pilar Gonzalo

Tras décadas durante las cuales la ciudadanía parecía haber renunciado a exigir una adecuada rendición de cuentas, tanto a los políticos y gobernantes de la cultura como a las instituciones, en los últimos tiempos parece haberse iniciado un cambio de tendencia. Lejos de ser un problema, este hecho constituye una oportunidad importante.

El detonante han sido los años previos de crisis económica, de inflación de “contenedores culturales” y de casos de corrupción (sí, en cultura ha habido mucha corrupción), sumado a la desconfianza desarrollada hacia un sector que se ha demostrado muy poco capaz de hacer comprender a la sociedad el valor intrínseco de sus proyectos. ¿Cómo convencer de que la cultura es útil a una ciudadanía cada vez más crítica y alejada con su valor en la sociedad? Practicando el advocacy y rendición de cuentas, algo que sin embargo no se ha dado demasiado entre las organizaciones culturales.

De manera creciente la sociedad está reclamando a las instituciones que cuenten lo que hacen, cómo, por qué y qué resultados están obteniendo. Pero, ¿cómo sabe una organización cultural que está haciendo bien su trabajo, que aquello que quería conseguir está teniendo los resultados deseados y que, en definitiva, es útil a la sociedad en la manera en la que se pretendía?

La evaluación es imprescindible para que las instituciones puedan rendir cuentas sobre qué acciones llevan a cabo, con qué objetivos y recursos, y cuáles son sus resultados. Además, sólo así podrán desarrollar de manera eficaz su pensamiento estratégico. Pero lo cierto es que poco han cambiado las cosas desde que se señalara que “las organizaciones culturales españolas no han sabido contarle a la sociedad en qué manera sus acciones transforman la realidad de manera efectiva, porque en general, ni siquiera ellas mismas lo saben”. (Vid. ¿Cómo medir los resultados de la cultura?)

Pese a las buenas intenciones que abundan entre los gestores, lo cierto es que todavía son pocos quienes comparten detalles sobre los resultados de su gestión en cultura porque, en términos generales, ni se mide, ni se evalúa.

Por ejemplo, el último Informe de transparencia y buen gobierno de los museos de bellas artes y arte contemporáneo 2016 de la Fundación Compromiso y Transparencia desvela que, en lo que respecta a los indicadores ligados a la evaluación de resultados (cumplimiento de objetivos, cumplimiento del presupuesto e información sobre visitas), los museos españoles continúan suspendiendo en evaluación. De hecho, el indicador de cumplimiento de objetivos es el que peores resultados presentade los 24 analizados.

Esta circunstancia generalizada se justifica a menudo con argumentos sobre la escasez de recursos que mina a muchos agentes culturales. Sin embargo, dicha explicación desvela que muchos proyectos culturales se están haciendo “a medias”, pues la evaluación ha de ser una parte esencial de cualquier proyecto y después de los años precedentes de burbuja y posterior crisis, ya ha quedado claro que, impulsar iniciativas de esta manera resulta insoportablemente caro y contraproducente.

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El sujeto precario. Trabajadores culturales en la era digital. Remedios Zafra

El sujeto precario. Trabajadores culturales en la era digital. Remedios Zafra

Desde hace tiempo advierto cómo se ha asentado en las personas que dinamizan la vida cultural y académica cercana un aplazamiento de lo que consideran «verdadera vida». Movidos por la expectativa que iguala vida a trabajo y el deseo de plenitud e intensidad creativa futura, muchos navegan en un presente de precariedad. Unos, entre prácticas, colaboraciones y becas por las que no cobran o pagan ellos, y otros (a veces los mismos) entre tutoriales y redes, soñando con estabilidad y tiempo para ejercer aquello que les punza, o con la visibilidad necesaria para convertir su práctica en línea en un trabajo remunerado con el que pagar alimento de cuerpos y computadoras, sintiendo que la vida es algo pospuesto que nos merodea pero nunca se brinda plenamente.

En el carácter precario de los trabajos disponibles radica la situación ventajosa de quien contrata hoy movido por la maximización racionalista de «menor inversión y mayor beneficio». Pero también ahí se acomoda la excusa de temporalidad de quien trabaja cargado de vocación y expectativa soñando con algo mejor. En un marco profundamente neoliberal, el trabajo cultural sigue esquivando la contratación estable y se presenta bajo eufemísticas propuestas de formación, experiencia o prácticas acogidas bajo bellos epígrafes foráneos que irán cambiando y envejeciendo a la velocidad con que se pudre una manzana bajo un sol acelerado.

Si este sujeto apostara hoy por iniciar el largo camino hacia un trabajo estable en el ámbito cultural o académico, su entusiasmo podrá ser usado para legitimar su explotación, su pago prolongado con experiencia o su apagamiento crítico, conformándose con dedicarse gratis a algo que orbita la vocación, invirtiendo en un futuro que se aleja con el tiempo, o cobrando de otra manera (inmaterial), pongamos: méritos certificados, influencia, visibilidad, reconocimiento, seguidores y likes que le entretengan y sostengan mínimamente su expectativa vital.

Seguir leyendo en CCCBLAB.

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La cultura y el arte entre bienes comunes, públicos y privados. Santiago Eraso

La cultura y el arte entre bienes comunes, públicos y privados. Santiago Eraso

Según leemos en Los bienes comunes del conocimiento, recopilación de texto, publicada por Traficantes de Sueños, coordinada por Charlotte Hess y Elinor Ostrom– premio Novel de Economía en 2009 por su análisis de la gobernanza económica de los bienes comunes- estos pueden ser pequeños y prestar servicio a un grupo determinado (la nevera familiar, una colección de discos o fotos), tener una escala comunitaria (aceras, campos de juego, bibliotecas, etc.) o alcanzar una dimensión internacional y global (los mares, el conocimiento científico); pueden estar bien delimitados (los parque, los museos), ser transfronterizos (el rio Danubio, la migración de los animales o Internet) o no tener límites muy claros (los saberes populares, el conocimiento, la capa de ozono).

Aunque los bienes públicos y los comunes no pertenezcan a la misma familia –de hecho pueden ser contrapuestos- se podría aventurar que, por pertenecer al ámbito del dominio público, una parte importante de los saberes culturales pueden considerarse bienes comunes y, en cierto modo, aunque en un sentido estricto no lo sean, también otros podrían serlo ya que, por estar gestionados por instituciones públicas o comunitarias, deberían ser accesibles (no siempre lo son). Según la doctrina del fideicomiso público determinados recursos son públicos por naturaleza y no pueden ser propiedad de individuos privados ni del Estado, que en todo caso es “administrador” de los intereses populares. Por tanto, no siendo dueño de esos bienes, tampoco puede venderlos, ni regalarlos a intereses privados. Aunque adquirir y descubrir conocimiento es tanto un proceso social como un proceso profundamente personal, cuanto más gente comparta conocimiento útil, mayor es el bien común.

Seguir leyendo en el blog de Santi Eraso.

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Lógica difusa. Juan Torres

Lógica difusa. Juan Torres

Como todo el mundo sabe, la lógica difusa, o lógica borrosa (fuzzy logic, para que nos entendamos), fue formulada en 1965 por el ingeniero y matemático Lotfi A. Zadeh. En el 65 yo estaba, como aquel que dice, saliendo del cascarón, así que tardé algunos años en descubrirla, y lo hice de un modo tan difuso que no recuerdo ni dónde ni cómo ni por qué. Lo único que sé es que me cambió el modo de ver la vida. Y hasta ahora.

La lógica borrosa parte del hecho de que el cerebro humano, y el lenguaje con que se expresa, se desenvuelve con bastante naturalidad en el terreno de la incertidumbre: aquello está lejos, este señor es alto, el café está caliente, son percepciones y afirmaciones que se manejan con toda naturalidad sin parar mientes en que lejos, alto o caliente son magnitudes imprecisas, en las que hay mucho de subjetivo y de no delimitado.

La gran intuición de Zahed al formular su teoría es que la incertidumbre derivada de esta falta de rigor tiene aplicaciones muy prácticas para el conocimiento, para la investigación y para la industria.

No sé si era consciente de que tiene también grandes aplicaciones para la vida.

Pongamos algún ejemplo. Hay sesudos intelectuales que sostienen que una cosa es la cultura (ellos la suelen escribir con mayúsculas) y otra el entretenimiento. La distinción es importante porque les lleva a concluir que los artículos pertenecientes a la primera categoría hay que quitarles el IVA, y subvencionarlos,  mientras que a los de la segunda se les debe cargar de impuestos y penalizar todo cuanto sea posible.

Seguir leyendo en el blog de Juan Torres.

 

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