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Las consecuencias de la migración digital del libro no han concluído. Antonio Rodríguez de las Heras

Las consecuencias de la migración digital del libro no han concluído. Antonio Rodríguez de las Heras

El libro electrónico, el e-book, es la añoranza del libro que se dejó sobre el papel durante la migración digital. Si la memoria es el espejo en donde nos vemos a nosotros mismos reflejados entre los recuerdos, el e-book es la imagen especular del libro de papel. Sin volumen ni peso, mantiene el recuerdo de las páginas…, pero sin hojas.

Consigue, sin embargo, propiedades turbadoras como la de no tener copias, tan solo reflejos. La Red se convierte para el libro en un facistol inimaginable. Leemos todos el mismo ejemplar, reflejado tantas veces como lectores en el juego de espejos de las pantallas. Así que el libro digital reverbera en el espacio sin lugares de la Red.

El e-book es un libro en el espejo. Es una ilusión óptica la posesión del texto. Las palabras están tan solo sostenidas, no están impresas en la pantalla, así que una vez leídas no quedan en el reverso de la hoja (un libro sin hojas, pero con páginas), sino que se diluyen en nube de ceros y unos a la espera de otro lector. Por eso parece que adquieren calidades sonoras, pues las palabras se desvanecen como las habladas, como las hechas con ondas de aire.

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Digitalización e industrias creativas y culturales. Juan Pastor Bustamante

Digitalización e industrias creativas y culturales. Juan Pastor Bustamante

La digitalización está en boca de todos. No hay evento que se precie que no trate de esta cuestión. Y probablemente sea necesario, dada la baja penetración de las tecnologías digitales en la empresa española.

Las industrias culturales no son ajenas a esta transformación. Es más, alguno de los sectores que forman parte de ellas, como es la música, fue uno de los primeros en experimentar cambios de gran calado con el surgir lo digital.

Y los efectos fueron dramáticos. Según algunas estimaciones, las ventas de música analógica o física de desplomaron alrededor de un 60% entre 2000 y 2015.

Sin embargo, la digitalización no ha destruido el sector, aunque sí lo ha transformado radicalmente y la industria musical ha liderado la adaptación digital. Los modelos de negocio en torno a la propiedad (ventas físicas y descargas) han dado lugar a soluciones basadas en el acceso, como ocurre con el streaming.

Pocos sectores han sabido encontrar nuevas formas de monetizar el contenido online como el musical. Los músicos, por su parte, han potenciado los tours y las actuaciones en directo, y se han esforzado por ampliar su base de fans a través de canales como las redes sociales.

La digitalización ha afectado a la industria creativa y cultural, sobre todo a su cadena de valor. Y este es el tema que se analiza a fondo en el estudio “Mapping the creative value chains – a study on the economy of culture in the digital age”, realizado para la Comisión Europea por Idea ConsultKea European  Arrairs y SMIT – Vrije Universidad de Bruselas.

Repasamos en este post algunas de sus principales conclusiones, en forma de retos a los que se enfrentan, porque creemos que pueden ser de utilidad para todos aquellos que estén en la industria creativa y cultural o se estén planteando emprender en este sector.

 # Imbricación y convergencia

La colaboración entre actores o agentes de la cultura no es nueva. De hecho, tradicionalmente han tenido un carácter más abierto, más permeable que otros sectores. Pero con la digitalización, la integración en la cadena de valor es más intensa que nunca. Algunos sectores han sido más proclives a la interrelación con otras actividades económicas (los videojuegos, por ejemplo, en el campo de la salud con los serious games o la televisión y las empresas de telecomunicaciones), mientras que otros lo han sido menos (las artes visuales).

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El individualismo del escritor en la era digital: contra la indiferencia y la resignación. Manuel Rico en Nueva tribuna

El individualismo del escritor en la era digital: contra la indiferencia y la resignación. Manuel Rico en Nueva tribuna

El conocimiento público, hace poco más de un año, de la situación que vivían algunos creadores jubilados por compatibilizar pensión y cobro de derechos de autor, colocó en el tablero del debate cultural, quizá por vez primera, las condiciones de vida y trabajo de la mayoría de los escritores de nuestro país. Y, de manera indirecta, puso de relieve una necesidad sólo abordada de manera puntual o simplemente excluida del catálogo de objetivos del escritor: me refiero a la defensa de sus propios intereses, al posicionamiento, como sujetos imprescindibles del proceso editorial (de la “industria”) y como principales afectados por los cambios, algunos radicales, que está generando la expansión del mundo digital, por no aludir a otros desafíos no tan novedosos pero sí de un interés indudable que forman parte del catálogo de reivindicaciones autorales desde hace décadas. En pleno siglo XXI, la realidad del escritor es poco conocida por la sociedad. Incluso es ignorada por los propios lectores, que no suelen detenerse a pensar en las circunstancias en las que se crean los libros que compran o toman prestados en la biblioteca ni en las condiciones “laborales” y vitales de sus creadores.

INDIVIDUALISMO NO ES DESCONOCIMIENTO

La labor del escritor es radicalmente individualista. Basta un lápiz, o un bolígrafo, una libreta (o un ordenador) e imaginación para construir  una historia, para escribir un libro de poemas, de cuentos, una novela o un ensayo. El escritor trabaja, en la soledad más completa, en una habitación, casi siempre rodeado de libros, y en su mayoría es identificable con los “escritores de caja de ahorros” a los que se refiriera, de forma no tan peyorativa como parece, Francisco Umbral. Unos se dedican profesionalmente a la literatura en calidad de autónomos o parados con encargos ocasionales y otros, la mayoría, a actividades tan respetables y comunes como las de profesor, empleado de banca, funcionario, administrativo de empresa o periodista.

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Una visión pragmática y empírica del escenario digital iberoamericano del libro. Manuel Gil en Texturas 24

Una visión pragmática y empírica del escenario digital iberoamericano del libro. Manuel Gil en Texturas 24

Compra hasta el 21 de mayo el artículo completo y todos los contenidos de Texturas 24 en digital por sólo dos euros. Acceder.

En estos últimos años, muchos de los comerciales que hemos viajado con asiduidad a las diversas ferias del libro de diferentes países de Iberoamérica hemos percibido con nitidez dos cuestiones que parecen centrales y críticas: que las exportaciones de libros en papel están estancadas –y con tendencia a bajar–, y el interés y la emergencia con que va a irrumpir el tema digital en ese continente. Hay una conjunción de causas que pueden conllevar una auténtica explosión del comercio digital en esos países. Tengo la firma convicción que el libro digital es una oportunidad imprevista para la edición iberoamericana, un escenario global que puede conllevar que la oferta digital latinoamericana se visibilice de manera frontal en España y Europa. Desde hace más de 40 años el comercio del libro se ha sustentado en una asimetría entre España y ese continente, el libro español viajaba a América pero de allí hacia acá no llegaba nada, o llegaba con cuentagotas, y esta asimetría la puede romper el libro digital a poco que la edición iberoamericana entienda que debe construir las infraestructuras digitales mínimas para hacer competitivas sus propias industrias editoriales. El diseño de canales de comercialización digital es un tema crítico para las emergentes industrias editoriales de esos países. Pero tampoco olvidemos una cosa: el desarrollo en España de plataformas de comercialización digital, tanto B2C como B2B, y su llegada a América, suponen el comienzo de un ecosistema de comercialización ciertamente importante de cara a visibilizar contenido; si hasta hace poco tiempo eran relativamente pocas las editoriales que exportaban libros en papel a América, ahora con las plataformas digitales en velocidad de crucero, la oferta digital española en Iberoamérica puede ser exponencial. Desde mi punto de vista estamos ante un momento crucial de la comercialización del libro digital a ambos lados del Atlántico. La oportunidad existe y debe ser aprovechada, siempre desde ambos lados del Atlántico.

América lleva una década de estabilidad económica, política y social que ha devenido en una fuerte estabilidad de los mercados de compra de libros españoles. Sin embargo, hay datos de América Latina sobre los que los departamentos de comercio exterior de las editoriales deberían comenzar a reflexionar. El PIB de América Latina se moverá este año 2014 en torno al 2,5%, uno de los más bajos de la década, según los datos que muestra el FMI; sin embargo estos mismos datos pueden variar al alza gracias a un más que probable repunte de la demanda exterior. Pero América Latina es una región muy vulnerable, esencialmente ante cambios de la política monetaria de EEUU, sobre todo si los tipos de interés suben rápido; de cara a las exportaciones españolas a la zona también es importante el tipo de cambio del euro, a mayores tipos de cambio menores exportaciones.

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Títulos de Manuel Gil en la colección Tipos móviles

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Los pliegues de la palabra. Antonio Rodríguez de las Heras en bez diario

Los pliegues de la palabra. Antonio Rodríguez de las Heras en bez diario

A un texto plegado le llamamos hipertexto, es decir, un texto con más dimensiones que las de la página. Vemos un texto, pero sabemos que bajo sus dobleces hay más texto que podemos desplegar.

Si observamos con detenimiento esta organización de las palabras que nos permite la escritura digital, estaremos de acuerdo en que se aproxima a la de un discurso oral. También en nuestra memoria está plegada la información que queremos transmitir, de manera que según las circunstancias (tiempo, preguntas, interés…) la podemos desplegar más o menos, pero siempre, si sabemos comunicar de palabra, se mantiene un discurso. Así que de igual manera que unas manos no muy hábiles para la papiroflexia dejan un papel arrugado, no una papirola, así sucede en la comunicación oral: discursos deslavazados, excesivamente largos… junto a construcciones eficaces y bellas con los pliegues de la palabra. Ocurre lo mismo en la escritura hipertextual.

El arte de la memoria es un recurso mnemotécnico de la cultura oral. Para organizar un discurso se imaginaban figuras, lugares, donde plegar bajo sus detalles la información. De esa manera se conseguía una buena retentiva, ya que la mente recorría esos lugares, como si paseara por ellos, o contemplaba esas figuras, y el fijarse en un punto suponía desplegar las palabras que contenía.

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La desmaterialización del libro y el problema de la «descubribilidad». Julieta Lionetti en Texturas 25

La desmaterialización del libro y el problema de la «descubribilidad». Julieta Lionetti en Texturas 25

Compra hasta el 14 de mayo el artículo completo y todos los contenidos de Texturas 25 en digital por sólo dos euros. Acceder.

El texto escrito, la tipografía, la maquetación, el carácter arquitectónico del libro son a la vez expresión simbólica de la materialidad del lenguaje y la literatura, y su pasaporte al mundo de las mercancías, esas cosas en las que se ha colado el hombre.

Durante 500 años, editores y libreros han comerciado con unos objetos complejos, unas mercancías cuya propiedad se transfiere en el acto de la compra y necesita de rigurosos inventarios. Una mercancía tangible, que ocupa el espacio, que se hace visible por su solo volumen, que permite la casi inmediata detección de su calidad. Como soporte de una obra cuya propiedad es intransferible, se esfuerza por denotarla. En la organización de sus partes, en la tipografía elegida, en las divisiones del texto, en la existencia o no de ilustraciones, de índices, de cortesías, en la normalización de la puntuación, en la elección del papel y de la encuadernación, el libro dialoga con la obra y su materialidad.

En estos tiempos de ebooks, de libros desmaterializados, quienes dicen añorar el olor y el tacto de los libros, en realidad añoran los tiempos en que el discurso era, prioritariamente, mercancía. Porque los ebooks están más cerca de ser un servicio que un bien, aunque todavía los editores deban producirlos como se produce cualquier producto.

Los ebooks son intangibles; la compra no implica una transferencia de propiedad sino el otorgamiento de una licencia de uso, rescindible si el licenciatario no cumple con los «términos de servicio»; no hay inventarios porque el objeto es único, controlado por sus distribuidores o por los minoristas de venta de accesos a los servidores remotos. Casi todos los ebooks están en la nube y de allí no bajan.

La calidad de un servicio es mucho más difícil de juzgar que la calidad de un objeto: el ebook no habla por sí mismo, como sí lo hace el libro en la librería. En ese continuum que es el ebook, pocas cosas nos indican delante de qué tipo de obra nos encontramos, excepto nuestro avance temporal en la lectura lineal del texto, o de los fragmentos de texto que nos permite ver la pantalla del lector que usamos. Las tipografías con las cuales un editor puede expresar el lugar de la obra en un corpus más grande de obras, están dictadas por las compatibilidades de los motores de lectura donde pretende que el ebook se comercialice. La estructura o las divisiones del libro se vuelven abstractas en el ebook y quedan reducidas al índice navegable, cuando lo hay.

El ebook no ha dejado de ser un objeto, pero es un objeto absconditus en la materialidad de los data centers custodiados por ejércitos privados. Por esta razón, y por la abundancia sobrecogedora de títulos, por la organización de la web en la cual deben ser descubiertos, que favorece una lógica analítica y enciclopédica donde los textos no tienen otro contexto más que el proveniente de su pertenencia a una misma temática, la visibilidad y circulación de las obras en formato ebook se ha transformado en un problema.

Ese palabro

La «descubribilidad», ese palabro que hemos importado desde un palabro no menor, «discoverability», parece uno de los grandes desafíos del editor actual.

Los editores, que siguen siendo productores de mercancías que conservan y transmiten obras cuando editan en papel, aún no han caído en la cuenta de que el cambio de paradigma con el cual deben convivir los ha transformado en proveedores de contenidos de una economía de servicios en la que no son protagonistas. Y siguen, en su gran mayoría, haciendo un marketing de mercancías/producto, cuando el éxito de McDonald’s (léase Amazon), por ejemplo, no se basó en la calidad de las hamburguesas (léase ebooks), sino en la eficiencia del servicio que prestan. Y en la reputación, ese otro intangible que sostiene la economía en tiempos del capitalismo tardío.

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¿Adónde va la música cuando deja de sonar? Antonio Rodríguez de las Heras

¿Adónde va la música cuando deja de sonar? Antonio Rodríguez de las Heras

Estamos encarando los cambios del mundo digital desde la posición en la que la cultura escrita nos había situado. Hace no muchos años, pero muy rápidamente, mientras teníamos abierto un libro entre las manos, llegó otro artefacto -aparatoso para nuestro gusto de lectores- que ofrecía un espacio de lectura distinto al de la página de papel.

¿Por qué le hicimos caso y quisimos probar qué tal se podía leer? Quizá por la misma atracción vertiginosa que nos mueve a asomarnos al brocal de un pozo. ¿Qué fondo podría tener este competidor del libro códice? Pues la impresión que sentíamos era que las palabras escritas se ocultaban en un disco como el agua de ese pozo bajo su superficie. ¿Cuánto texto podía contener? Desde luego que más que un volumen habitual. El sueño del libro mundo, en la cultura escrita, parecía que con estos artefactos tendría condiciones para su realización.

Y esta tentación para no dejar de prestarle atención, aunque fuera de reojo y sin superar la incomodidad que produce el intruso, se hizo mucho mayor cuando la Red nos presentó una versión del libro de arena, del libro infinito, en la que los granos eran ceros y unos y la Red un insondable arenal. Ya no estaban las palabras confinadas en el pozo de un disco, como lo habían estado hasta ahora también entre las cubiertas de un libro códice, sino que se habían derramado por la Red. Así que, ¿dónde estaban?

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Los retos de la lectura en el nuevo contexto digital en Europa. Bernat Ruiz Domènech en Blok de bid

Los retos de la lectura en el nuevo contexto digital en Europa. Bernat Ruiz Domènech en Blok de bid

Huysmans, Frank; Vráblová, Timotea (eds.) (2016). Promoting reading in the digital environment: report of the working group of EU state’s experts on promoting reading in the digital environment under the open method of coordination. Luxembourg: Publications Office of the European Union. 88 p. Disponible en: http://www.mecd.gob.es/cultura-mecd/dms/mecd/cultura-mecd/areas-cultura/…. [Consulta: 12/12/2016].


 

Contexto del informe

Este informe estudia diferentes medidas que se están llevando a cabo en Europa con el objetivo de fomentar la lectura en un entorno digital. Identifica oportunidades y retos, repasa el marco legislativo de la Unión y el de diferentes países y recoge las iniciativas de más éxito.

En el informe han participado 23 países de la UE, más Noruega. Se ha llevado a cabo en el marco de la Agenda Europea para la Cultura definida en 2007 por el Consejo de Ministros de la UE, incluye el Plan de Trabajo en materia de Cultura (2015-2018), donde opera el grupo de expertos que ha realizado el informe.

Por parte española han participado: Mónica Fernández, vicedecana de la Facultat d’Educació de la Universitat Internacional de Catalunya; Ignacio Lahoz, jefe de Conservación de la Filmoteca de València; y Teresa Reyna, del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes.

El Plan de Trabajo en materia de Cultura establece cuatro prioridades fundamentales:

  • La cultura debe ser accesible e inclusiva.
  • Hay que cuidar el patrimonio cultural.
  • Trabajar en los sectores culturales y creativos.
  • Promover la diversidad cultural, la cultura en las relaciones exteriores de la UE y la movilidad.

El presente documento forma parte de la primera de las prioridades. El fomento de la lectura en un contexto europeo integrado y accesible debe tener en cuenta la tecnología como herramienta para que la cultura sea fuente de riqueza compartida por toda la Unión. Como dice la misma introducción del informe:

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La lectura futura. Anthony Grafton en Revista Texturas 5

La lectura futura. Anthony Grafton en Revista Texturas 5

Con motivo del Décimo Aniversario de la Revista Texturas, semanalmente ofrecemos un artículo en abierto de estos primeros 10 años.

Por ahora y durante el futuro que podemos prever, todo lector serio tendrá que saber viajar por dos caminos muy distintos. Nadie debería evitar el camino ancho, llano y abierto que conduce por la pantalla. Pero si queremos saber qué aspecto y qué tacto tenían de verdad los libros con las anotaciones de Coleridge o uno de los primeros cómics de Spiderman, o tan sólo leer uno de esos millones de libros que están siendo digitalizados, tendremos que hacerlo a la antigua usanza, y durante décadas. A los empleados de la Biblioteca Pública de Nueva York les encantan los medios electrónicos. La Biblioteca ha puesto en la Red cientos de miles de imágenes de sus colecciones, a sabiendas de que sus fondos abarcan 53 millones de ítems.

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Bibliomancia, o cómo vender libros en la era digital. Julieta Lionetti

Bibliomancia, o cómo vender libros en la era digital. Julieta Lionetti

Desde que en 1947 Allen Lane llamó al tipógrafo Jan Tschichold para rehacer las colecciones de Penguin, la editorial sumó a sus otras excelencias la del diseño. Es una tradición que no ha perdido y que ahora se extiende con gran coherencia a su presencia digital.

En 2015, el sello cumplió 80 años. Para festejarlo, se editaron 80 títulos en una colección conmemorativa bautizada Little Black Classics. La colección se nutre de Penguin Classics y ninguno de los libros tiene más de 60 páginas. Uno se encuentra con obras enteras como, por ejemplo, El asesinato como una de las bellas artes, de Thomas de Quincey, y otras que son extractos de obras mayores, rebautizadas para el acontencimiento editorial. Así pasa con Charles Darwin yNevaban mariposas, que en realidad son extractos de su Viaje al Beagle.

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