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El libro y el editor de Éric Vigne. Reseña en el blog de l'Escola de Llibreria

El libro y el editor de Éric Vigne. Reseña en el blog de l’Escola de Llibreria

La ironía y la preocupación tejen las primeras páginas de El libro y el editor, de Éric Vigne, traducido del francés y publicado por Trama Editorial en 2017. Antes de entrar en detalle, sin embargo, veamos primero quién es Vigne, y por tanto, desde qué lugar escribe este ensayo que pretende hacer un balance sobre las transformaciones del libro objeto y, en último término, sobre la profesión de editor, y asimismo, actualizar el reiterado debate sobre si este oficio está en crisis. En Francia, el libro fue publicado en 2008.

Éric Vigne es un editor muy conocido en su país. Comenzó a desarrollar su profesión en 1982 y en 1988 aterrizó en Gallimard, es decir, dentro de la edición independiente francesa, para crear la prestigiosa NRF Essais, una colección de ensayos dedicada a la investigación en ciencias humanas, políticas y sociales, en la que ha publicado obras de Jürgen Habermas, Stephen Jay Gould, Luc Boltanski o Thomas Laqueur, entre otros.

Vigne comienza su ensayo con una primera constatación:

«Esto no es un cuento; al contrario, es un mal cuento con unos personajes llamados Obligaciones, Estrechez de miras y Servidumbre voluntaria, pero también Futuro, Catálogo y Largo plazo. Y todos estos personajes los interpreta sucesivamente, o al mismo tiempo, un solo actor: el Editor ».

A partir de este comienzo, el autor va haciendo avanzar sus argumentos por medio de una estructura de cincuenta preguntas seguidas de las cincuenta respectivas respuestas. La segunda cuestión ya toca directamente uno de los puntos débiles de un oficio muy sensible a los malos: «He de suponer que hay una crisis de la edición?»

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El libro y el editor de Éric Vigne visto por Alejandro Gamero

El libro y el editor de Éric Vigne visto por Alejandro Gamero

El tremendo avance que la autopublicación ha experimentado en los últimos años ha tenido sus ventajas y sus inconvenientes. Publicarse a uno mismo ya no es una labor tan cara ni tan tediosa como antiguamente. Existen infinidad de opciones para los autores que permiten llegar a un público potencialmente ilimitado a un coste bastante económico. Plataformas como Amazon, por poner un ejemplo, permiten al autor publicar su novela en tiempo récord tanto en soporte físico, con impresión bajo demanda, como digital, otorgando al creador un control total sobre su obra. Pero conviene no confundir los conceptos de «publicar» y «editar» ‒en ese sentido, incluso se podría poner en duda la «autoedición»‒. Puede parecer una afirmación de Perogrullo, pero editar implica seleccionar un texto, corregirlo y maquetarlo para, a continuación, pasar a publicarlo, que es cuando se le da la forma de libro, ya sea en papel o en digital.

La confusión de conceptos no deja de ser hija de los tiempos que corren. Si la autopublicación es una opción viable a la edición tradicional, si las tecnologías son cada vez más baratas y sencillas de utilizar y los canales de distribución y comercialización más efectivos, entonces ¿para qué necesitamos a editoriales y a editores?

 

Para empezar, conviene no subestimar el proceso de selección que lleva a cabo una editorial. No hay duda de que se publica demasiado. Solo en 2016 se publicaron en España 81.391 libros. En su ensayo Los demasiados libros Gabriel Zaid advierte que los libros se multiplican en proporción geométrica mientras que los lectores lo hacen en proporción aritmética. Entre 1950 y 2000 se llegaron a publicar aproximadamente 36 millones de ejemplares, lo que equivale a un libro cada medio minuto. «Si uno leyera un libro diario estaría dejando de leer cuatro mil publicados el mismo día. Es decir: sus libros no leídos aumentarían cuatro mil veces más que sus libros leídos», dice Zaid. Y, según todo parece indicar, estas cifras continuarán creciendo en las próximas décadas. Ante semejante panorama es innegable que los filtros son necesarios, que editoriales y editores tienen que jugar ahora más que nunca un papel fundamental en el mundo del libro.

Es por eso que ensayos como el de Éric Vigne, El libro y el editor, son tan de agradecer. No solo porque reivindique el papel no ya de la editorial sino del editor, como persona, sino porque hace un análisis crítico tremendamente exhaustivo de la industria editorial y de las transformaciones que ha padecido durante todo el siglo XX, ofreciendo un panorama muy esclarecedor de la situación actual.

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El libro y el editor de Éric Vigne en El Boomera(n)g

El libro y el editor de Éric Vigne en El Boomera(n)g

Nadie puede olvidar una verdad editorial de todas las épocas: cada obra, en forma de ejemplar, empieza siendo un simple bien material que solo se convertirá realmente en libro cuando un lector lo introduzca en su universo personal y lo enriquezca de forma singular. De lo contrario, el ejemplar sigue siendo un montón de hojas impresas.

¿Cuál es la aportación intelectual del editor si se pliega a una selección de autores que no ha hecho él, a una escritura que proviene de mundos en los que el eslogan reductor sustituye a la voz elaborada, a una escritura empobrecida por la pasteurización de cualquier idea elevada, con un calendario que no ha marcado él? ¿En definitiva, a todo lo que es contrario a la lenta construcción de un catálogo en el que prima la visión personal del editor?La querella de los antiguos y los modernos se alimenta en gran parte del hecho de que los términos libro y editor tienen en cada caso una acepción diferente. Tanto por su título como por sus tesis, la presente obra invita a observar este fenómeno más de cerca.

EL FORMATO LIBRO Y EL LIBRO OBJETO 

PREFACIO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA

In memoriam La Nueve

      Sigmund Freud cuenta una historia que ha pasado a la posteridad: un vecino pide prestado a otro un caldero y se lo devuelve agujereado, alegando en su defensa: «Vecino, tú nome has prestado ningún caldero; y, además, el caldero ya estaba agujereado». En estosmismos términos podríamos definir lo que ocurre cada vez que, cualquiera que sea el país, se discute sobre el futuro del libro y más todavía, aunque con menos frecuencia, el del editor: los que sostienen -a pesar de las evidencias- que las transformaciones que se están produciendo actualmente en el mundo editorial no tienen nada de nuevo son los mismos que no dudan en profetizar la muerte del libro.

      La querella de los antiguos y los modernos se alimenta en gran parte del hecho de que los términos libro y editor tienen en cada caso una acepción diferente. Tanto por su título como por sus tesis, la presente obra invita a observar este fenómeno más de cerca.

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