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De la felicidad y otros escritos de H.L. Mencken. La mirada de Josean Blanco, alias Perroantonio

De la felicidad y otros escritos de H.L. Mencken. La mirada de Josean Blanco, alias Perroantonio

Hace no mucho tiempo, tras manifestar mi admiración por Ambrose Bierce, alguien —no recuerdo quién, así que me resulta complicado estarle ‘eternamente agradecido’ [píííííí, ¡tópico!]— me recomendó leer a H. L. Mencken (1880-1956) de quien me dijo que era aún más sarcástico que Bierce y un crítico aún más perspicaz que Mark Twain. Eso son palabras mayores, así que me apresuré a hacerme con alguna obra de aquel pájaro y conseguí que me enviaran desde Argentina, a precio transatlántico, un ejemplar del «Prontuario de la estupidez y los prejuicios humanos», una recopilación de textos del autor. Mi informante tenía razón, Mencken era un tipo extremadamente listo, arrogante, pendenciero y audaz, un anarquista al modo norteamericano, y sus textos producen esa sensación de puñetazos en el cerebro de la que hablaba Kafka. Conviene aclarar que yo, que lo único que le pido a la escritura es que me haga menos tonto, admiro a los escritores que agitan y remueven mis creencias, y especialmente a quienes son capaces de hacerme cambiar de opinión; Mencken es de esos. Si no es uno de los grandes es porque sólo se dedicó al periodismo.

Mi editor, Manuel Ortuño, que comparte con el llamado «sabio de Baltimore» el amor por la buena vida y la conversación —si bien es más proclive a la sorna que al sarcasmo— acaba de editar una colección de escritos de Mencken bajo el título «De la felicidad y otros escritos», tan primorosamente editado como acostumbra Trama editorial. La traducción y la introducción corren a cargo de Iñigo García Ureta, que contagiado por la prosa entusiasta del autor dice que «de haber formado un ejército, Mencken habría reclutado a gente como Twain, Bierce, Conrad, Kipling, Huxley, Darwin o Nietzsche». Joder, quién pudiera formar parte de esta tropa, aunque fuera en función de portarifles.

SOBRE ESCUCHAR A MOZART
Los únicos valores permanentes en el mundo son la verdad y la belleza, y de éstos es probable que la verdad sea duradera sólo en tanto que se trata de una función y manifestación de la belleza, una proyección de la sensibilidad en términos de idea. El mundo es un osario de religiones muertas. ¿Dónde están todas las religiones de la Edad Media, tan complejas y precisas? Pero todo lo que era esencial en la belleza de la Edad Media aún pervive…

Ésta es la herencia del hombre, pero no de los hombres. La gran mayoría de ellos ni siquiera son conscientes de esto. Su participación en el progreso del mundo, e incluso en la historia del mundo, es infinitamente incierta y trivial. En el fondo viven y mueren como viven y mueren los animales. La raza humana, en calidad de raza, apenas es consciente de su existencia; ni siquiera tiene un número definido, aunque se encuentran agrupados como x, como una incógnita que no vale la pena conocer.

H. L. Mencken. De la felicidad y otros escritos. Trama editorial. Madrid, 2018.

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Negocios serios. Iñigo García Ureta

Negocios serios. Iñigo García Ureta

1.

«Una feria del libro es el encuentro entre dos soledades inherentes: la soledad del escritor y la soledad del lector. Y aquí se dan cita.»

No puedo asegurar que ésas fueran las palabras exactas de la señora invitada a comentar la jugada, pero algo muy parecido sonó por megafonía en la feria este domingo pasado, pasadas las doce del mediodía. Con no menos —calculo— de cinco mil personas pululando entre las casetas.

Vi gente asintiendo.

Nadie, absolutamente nadie, le arrancó el micro para darle con él en la cabeza.

2.

«Estas obras intervienen en el espacio público del museo para situar al espectador frente a su cotidianeidad, invitándole a reflexionar y a ir más allá de sus propias limitaciones como ilustra “Ventanas a una promesa mejor” de Ipiña que evoca las relaciones que pueden establecerse con el mundo exterior desde el interior de un espacio».

Este post del Museo Guggenheim Bilbao de Instagram  —que no se caracteriza precisamente por ser la red social más sesuda—, tiene en estos momentos 837 likes.

Y hay otros, como

«¿Qué día de la semana es más proclive para que la luz llame a tu inspiración?»

o

«Todos los caminos del Neo Impresionismo conducen a ___________

  1. Camille Pissarro
  2. Odilon Redon
  3. Pierre Bonnard»

Este último tiene 47 likes.

Seguir leyendo en The contented kind.

Iñigo García Ureta es autor de :

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Escrito en blanco

Todo tiene grietas

Éxito. Un libro sobre el rechazo editorial

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«De la exclusión a la fama: los “no” a las novelas célebres», Hugo Vargas en Milenio

«De la exclusión a la fama: los “no” a las novelas célebres», Hugo Vargas en Milenio

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Gajos de un fructífero oficio. Reseña de Éxito de Iñigo García Ureta en Textos en solfa

Gajos de un fructífero oficio. Reseña de Éxito de Iñigo García Ureta en Textos en solfa

Publicar o no publicar. Esa es la cuestión. “Éxito. Un libro sobre el rechazo editorial” es un ensayo escrito por el editor, escritor y traductor Íñigo García Ureta que parte de dos planteamientos básicos: la realidad de la industria editorial no sólo es compleja, sino –por si aún tuviésemos poco–, también poliédrica. Autores, editores, lectores profesionales y público lector son las diferentes caras de un mismo proceso, que es el de publicar. A través de las páginas de este manual, Íñigo García practica el don de ponerse en el lugar de cada personaje del entramado editorial y nos describe, así, al autor plomizo, o al sensato  protector de su obra –aunque también al autor llorón y poco dado a la autocrítica. También merece su atención el abrumado editor, en tantas ocasiones atiborrado de temas logísticos y comerciales que se consideran necesarios para la difusión de la obra. En la misma cadena del proceso se encuentra el lector profesional, que hace lo que puede con la ingrata fórmula de horas de lectura / remuneración. Por último, el público lector, variado, caprichoso, seducido por la inercia e impredecible a partes iguales.

Seguir leyendo en Textos en solfa.

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Sobre Éxito de Iñigo García Ureta en Pretextos metaliterarios

Sobre Éxito de Iñigo García Ureta en Pretextos metaliterarios

En su reciente visita a Querétaro, el escritor Ramón Córdoba, editor en jefe de Alfaguara México, se refería al carácter humano de todo editor: “Los editores somos seres humanos que podemos acertar con un gran autor, pero también nos podemos equivocar rechazando quizás a un gran talento en potencia”.

Más que atribuirle toda la responsabilidad al editor, Córdoba coincide con el escritor, editor y periodista cultural español, Íñigo García Ureta, que el acto que efectúa el escritor al buscar un editor para que su obra sea publicada es similar al acto de conquistar exitosamente a una mujer. La analogía no es gratuita: “El éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”, de acuerdo a la cita de Winston Churchill que recupera García Ureta a modo de epígrafe.

Leer reseña completa en Pretextos metaliterarios.

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El editor altavoz. En torno a “La máquina de contenido”, de Michael Bhaskar. Antonio Adsuar

El editor altavoz. En torno a “La máquina de contenido”, de Michael Bhaskar. Antonio Adsuar

El editor es, evidentemente, un eje central en el proceso de edición, un verdadero “man in the middle” y las mutaciones en su rol nos indican como la cadena de valor del libro se está transformando en red de valor a causa de la disrupción digital.

En este post tomaré como base para mis reflexiones el libro “La máquina de contenido” de M. Bhaskar. Estamos ante un texto interesante, diferente. Será nuestro libro del mes a partir del día 1 de diciembre por lo que no me extenderé aquí en su análisis.

 

Únicamente vamos a trabajar a partir de este escrito dos figuras-fuerza: el editor-filtrador y el editor-amplificador. La tesis de Bhaskar es sencilla en su formalación pero de una utilidad notable: si entendemos qué es realmente editar, si definimos “la idea platónica de edición” más allá de épocas y formatos, podremos desprendernos de lo accesorio y reinventarnospara ser editores en un siglo XXI cibernético.

En opinión del autor de “La máquina de contenido” existen dos formas clave de aportar valor por parte del editor: estamos ante un profesional que filtra y selecciona y, llevada a cabo esta tarea, amplifica aquello que ha superado la barrera pasando a formar parte de su catálogo.

Cegados por un bosque de libros de papel que da muestras de agotamiento, no podemos observar estas dos características “puras” del editor, que van más allá de cualquier época y formato. Aproximémonos a ellas para poder otear el horizonte futuro desde una  mejor perspectiva.

a)Filtrado: el editor colador

El editor es ante todo alguien que dice NO (este tema está muy bien tratado en “Éxito. Un libro sobre el rechazo editorial, editado por Trama). En la era de los primeros manuscritos gutenberianos el proceso de descarte-selección de material publicable se efectuaba de forma muy distinta a la actual.

 

Seguir leyendo en Libros de ensayo.

 

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Llamémosla Random House. Memorias de Bennett Cerf

Llamémosla Random House. Memorias de Bennett Cerf

Sumario:
Bennett Cerf fue un personaje decisivo en el mundo editorial norteamericano. Fundador de Random House, publicó las obras maestras de algunos de los escritores de la edad de oro literaria de Estados Unidos, como William Faulkner, John O’Hara, Eugene O’Neill o Truman Capote.Como editor estuvo atento siempre a los gustos e inquietudes del mercado lector. Jamás dudó en recuperar clásicos como el Cándido de Voltaire o Moby Dick de Melville; enfrentarse a la censura por llevar a Estados Unidos el Ulises de James Joyce; publicar a Gertrude Stein (de la que admitía sin el menor reparo no entender bien sus libros) o a Ayn Rand, cuyas ideas políticas no compartía en absoluto. Asimismo, su fe en las antologías, en el libro de bolsillo o en la edición infantil y juvenil ha modelado de alguna manera la forma en la que hoy entendemos la edición.

Perteneció, como Horace Liveright o Alfred Knopf, a una nueva generación de editores sin prejuicios ni apellidos, que en los años veinte del siglo pasado revolucionó el mundo editorial. Su clarividencia a la hora de entender el papel de los medios de comunicación en la nueva cultura de masas le llevó a convertirse en una figura televisiva y un orador famoso que daba conferencias por todo el país. Hábil negociador formado en los negocios, sacó su empresa a Bolsa. Y, sin embargo, sus memorias brillan especialmente por el retrato de algunos de los personajes esenciales del siglo XX que nos ofrece en ellas. Amante de la buena vida y las candilejas, fue juez del concurso de Miss Estados Unidos, se casó dos veces con actrices de Hollywood y fue amigo personal de Frank Sinatra. Trató a toda clase de gente: desde políticos como el presidente Roosevelt, a poetas como Auden o Dylan Thomas. Vivió los dulces años veinte, la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial y los revoltosos años sesenta. Y si bien murió antes de poder poner punto final a estas memorias, suya es la voz que nos lleva de viaje por una de las historias editoriales más asombrosas que puedan visitarse.
Traducción de Íñigo García Ureta

272 páginas

ISBN: 978-84-92755-90-5 

Memorias de Bennett Cerf

Dentro de un par de meses Trama editorial publicará en su colección Tipos móviles mi traducción de At Random: The Reminiscences of Bennett Cerf, el libro de memorias de quien fuera fundador de Random House. En el libro Cerf resulta optimista, amable, divertido, encantado de haberse conocido y tan sagaz y discreto como le permite serlo todo lo anterior.
Creo que este fragmento enseña muy bien cuál es el espíritu del libro:
En 1925, justo después de haber dejado de trabajar con él, Liveright había publicado una obra de Dreiser titulada Una tragedia americana. Fue un gran éxito y casi de inmediato se convirtió en un best-seller. En ese momento Horace Liveright estaba pensando en Hollywood, que en aquel tiempo estaba de moda y de hecho parecía hecho a su medida. De modo que decidió ir a dar una vuelta. Antes de salir le dijo a Dreiser:
—Creo que mientras esté allí puedo vender Una tragedia americana.
Dreiser contestó que era ridículo pensar que alguien pudiera vender en Hollywood una historia sobre un joven que recibe una niña embarazada en su oficina. Así que Horace Liveright replicó:
—Voy a hacer un trato contigo, Dreiser. Los primeros cincuenta mil dólares de anticipo que consiga en Hollywood, son para ti. Una vez cubierta esa cantidad, vamos a medias.
Dreiser contestó:
—No verás un solo dólar. Nadie va a hacer esa película, Horace.
—Tú déjame a mí —repuso Liveright:
Así que se dieron la mano. En aquellos días, cincuenta mil dólares era mucho dinero para comprar los derechos de una película. Pero Horace vendió los derechos cinematográficos de Una tragedia americana ¡por ochenta y cinco mil dólares! Cuando regresó, por supuesto, Horace tenía que presumir de sus triunfos, y yo era una persona muy buena que hacerlo, porque yo siempre le estaba agradecido. Así que él me llamó y me dijo:
—¿Qué te parece lo que les he sacado por Una tragedia americana? ¡Ochenta y cinco mil dólares! Espera a que se lo diga a Dreiser!
—Vaya, me gustaría estar presente.
—Me lo llevo a almorzar al Ritz el próximo jueves, y me gustaría que vinieras a ver qué cara pone Dreiser cuando se lo diga.
Los tres nos fuimos al Ritz. Nos dieron una mesa en la terraza junto a la barandilla. Dreiser dijo:
—¿Qué quieres de mí, Liveright?
Horace era muy tímido y sólo musitó esto:
—Vamos, vamos, vamos a comer primero.
Pero Dreiser estaba gruñón y volvió a la carga:
—¿Qué tienes que decirme?

Finalmente, antes del café, Horace anunció esto: 
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Los libros tienen su destino

por Juan Ángel Juristo
Cuartopoder

Hace unos cuatro años un amigo, Manuel Ortuño,  que es editor, me pidió que le trajera de Roma, Totta colpa di Tordelli, un libro que causó en su momento un cierto revuelo en Italia y que publicó una editorial de clara tendencia anarquista. El libro trataba del rechazo editorial y de los tejes y manejes, de la corrupción un tanto tonta y miserable, que afecta al mundillo de los libros. El autor había puesto varios señuelos al crítico más eminente de Italia y a muchos grandes editores y, finalmente, reprodujo las cartas que unos y otros le habían mandado, cartas en las que se transparentaba la mala fe y, sobre todo, el desprecio con que era tratado aquel que mandaba un manuscrito. Hay que decir que lo que impactó al mundillo cultural italiano no eran las consecuencias que tales rechazos pueden provocar, al fin y al cabo el mundo es así, ni siquiera la endogamia un tanto cochambrosa que de la cosa se colegía, no, lo que escandalizó fueron los cargos atribuidos al gran crítico y que dejaban transparentar sus chanchullos. En una palabra, lo que el libro quiso denunciar se convirtió, o tempora, o mores, en un arma arrojadiza sobre el afamado crítico, y poco más, pasando a mejor vida aquello a lo que se quería poner en solfa. Hay que decir que del libro ya no se acuerda nadie y si se le recuerda a alguien de la pomada romana, que es como decir la pomada de las pomadas, se limita a sonreír con cierta condescendencia y poco más, como diciendo, “con la que está cayendo en Italia y tú me vienes con estas”.

Aquel amigo ha publicado ahora en España, Éxito. Un libro sobre el rechazo editorial, que ve la luz de la mano de Iñigo García Ureta, un escritor y traductor vinculado al sector editorial y que sabe de la cosa. Un libro insólito en España, pues es la primera vez que entre nuestros pagos se realiza un diagnóstico de un fenómeno oculto como si de una enfermedad vergonzosa se tratara, de la que nadie habla pero que cualquiera que haya tenido que publicar sabe que existe y ha padecido, la del rechazo de un manuscrito. García Ureta no es dado a lo italiano, su formación pasa más por el Reino Unido, y no le veo publicando en una editorial de las de combate. Por tanto, no se ha planteado una denuncia de situaciones concretas que a poco conducen  sino a la presentación, entre irónica y erudita, de una realidad empresarial, al modo como funcionan los departamentos de admisión de personal, salvo que aquí se trata de manuscritos literarios, desde la novela malísima de aquel que la única ilusión que tiene en la vida es la de verse publicado en papel hasta A la busca del tiempo perdido, rechazada por André Gide para la editorial Gallimard o el Ulises, de Joyce, que Virginia Woolf no quiso publicar en su editorial, la Hogarth Press, porque le parecía “una prosa de obrero”.
Las anécdotas de las que se hace eco el autor son múltiples, acertadas, y harán las delicias del lector, que se divertirá con ellas, convirtiendo una supuesta amargura en un aliciente para seguir insistiendo en la cosa. ¿El secreto? Leyendo el libro, Iñigo García Ureta demuestra no sólo el relativismo y la ceguera de muchos de los editores,  sino que presenta con veracidad aquel dicho latino de que Pro captis lectoris habent sua fata libelli, un dicho latino de Terentianus Maurus que viene a querer decir, “ Según la capacidad del lector, los libros tienen su destino” y de la que se sirvieron como cita  autores tan dispares como Walter Benjamin, James Joyce en una carta a sus editores o  Umberto Eco, que la introduce con mucha gracia en  El nombre de la rosa. Además, al estar estructurado en tono a un cuestionario que responden críticos, agentes literarios, algún que otro escritor, editores, desde Rafael Borrás o Manuel Rodríguez Rivero, pasando por Carmen Balcells, Paul Preston, Luis Magrinyá y Ana María Moix, el libro se centra en unos cuantos referentes esenciales que, luego, da paso a otras preguntas más inquietantes para el futuro del libro, como la proliferación de rarezas tales como el NaNoWriMo, siglas en inglés del Mes Nacional de Escritura de Novela en  la que cada participante se compromete a escribir una novela en treinta días, los que median entre el Día de Todos los Santos y el treinta de noviembre y luego es publicada, sin otra valoración, por no hablar del libro digital, una incógnita por la que todos apuestan de boquilla pero nadie se atreve a hincarle el diente.
Los pros y los contras de un fulgurante éxito, el amargo sabor del rechazo que luego llevará a la revancha más dulce… de todo hay en este libro, desde la constatación de que a pesar de vender miles y miles de libros Corín Tellado nunca fue valorada más allá de ser un fenómeno sociológico, y eso que Cabrera Infante y Vargas Llosa la cortejaron con pasión para introducirla en el mundo de las letras con mayúsculas, que es un modo de rechazo dulce y un tanto cómodo;  hasta  ese otro que tuvo que sufrir la misiva, tan elegante y perversa, de Samuel Johnson: “Eres bueno y original, pero cuando eres bueno no es original y cuando eres original no es bueno”. Definitivo. De cosas así está el libro lleno. Es de lo que trata.
La verdad es que al final siempre nos queda el consuelo de hacer del editor, mientras exista, el chivo expiatorio de nuestras frustraciones, habida cuenta de que ejemplos para denigrarlos, hay a montones, igual que razones. Ciryl Connolly, el legendario crítico británico, opinó en su momento que “así como los sádicos reprimidos se hacen policías o carniceros, así aquellos con un miedo irracional a la vida se convierten en editores”. El lo era, no de una editorial, como Eliot, pero sí de Horizon, una de las mejores revistas literarias británicas del siglo pasado. Seguro que rechazó montones de artículos. Sabía de qué hablaba.

 

Sobre el rechazo editorial

Sobre el rechazo editorial

El oficio de editor conlleva decir no a múltiples propuestas y, por tanto,equivocarse de cuando en cuando. A todos nos suenan cientos de historias sobre rechazos editoriales a manuscritos que más tarde alcanzarían la fama: algunas más conocidas, como las de En busca del tiempo perdido o La conjura de los necios; otras, como la que recibieron John Le Carré, Stephen King o el perro Snoopy, tal vez menos. Si bien hay en el mercado extranjero algunos libros que recogen unas cuantas anécdotas sobre el tema, no existía hasta ahora uno que además se «mojara» lo bastante como explicar sin pelos en la lengua qué es y en qué consiste el rechazo editorial.
toda la información sobre esta nueva entrega de la colección Tipos móviles, aquí.