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El síndrome del lector de Elena Rius. Reseña de Alejandro Gamero

El síndrome del lector de Elena Rius. Reseña de Alejandro Gamero

Con el tiempo, y las idas y venidas por el los anchos e interminables océanos de Internet, uno va atesorando una lista de sitios en los que se siente tan a gusto como en casa y a los que vuelve cada dos por tres. Quien siga mis andanzas por La piedra de Sísifo sabrá que el blog Notas para lectores curiosos de Elena Rius, del que he hablado en decenas de artículos, es uno de esos lugares. Porque aunque es cierto que en el mundo digital levantas una piedra de piedra y te salen de debajo páginas sobre literatura como churros, no es menos cierto que la originalidad escasea, más allá de la afiliación amazónica o de las reseñas del «te resumo el libro y esto me gusta y esto no me gusta». Por eso, cuando supe Elena iba a dar el salto de la pantalla al papel y que además lo hacía en la colección Tipos móviles de Trama Editorial, que tiene joyas como De oficio, lector de Bernard PivotLas razones del libro de Robert Darnton o Llamémosla Random House de Bennet Cerf, entre muchas otras, sabía que el libro, titulado El síndrome del lector, iba a ser de los de fondo de armario.

   ¿Qué ha pasado de Notas para lectores curiosos a El síndrome del lector? Convertir un blog en libro en ocasiones puede parecer un ejercicio gratuito. ¿Para qué hacerlo, si todo está disponible de forma gratuita en Internet? Como Elena dice en la introducción del libro, el formato blog, con su estructura cronológica, tiende a ser más efímero en cuanto que los artículos más antiguos tarde o temprano acaban cayendo en el olvido, en ese pozo sin fondo que es la red, cosa que no ocurre en el libro, donde la página 89 no es ni más ni menos importante que la 121. Sin embargo, El síndrome del lector es mucho más que una transcripción palabra por palabra del contenido del blog. Elena ha cribado cincuenta artículos de entre un total de más de cuatrocientos, eliminando aquellos más circunstanciales o fugaces y manteniendo los que cumplen con un mínimo de calidad ‒que los que conozcáis el blog sabéis que es bastante alta‒, que además han pasado por un proceso de revisión y, en algunos casos, de reescritura.

   Al mismo tiempo, los artículos han sido agrupados en cuatro bloques temáticos titulados «Maneras de leer», «El síndrome del lector», «Curiosidades librescas» y «Galería de bibliómanos». Cada una de ellas está precedida de una pequeña introducción donde se nos explica de qué se va a hablar. El primero de ellos es una sección que incluye pequeñas reflexiones, de no más de dos o tres páginas, en los que se hace un repaso sobre el acto de leer desde distintos puntos de vista, desde los hábitos de los lectores hasta dónde o cuándo se lee. Algunas partes están muy en la línea de La manía de leer de Víctor Moreno.

   Los tres apartados restantes siguen una línea bastante parecida a la de La piedra de Sísifo y a la de títulos como Enfermos del libro de Miguel Albero o Libros malditos, malditos libros de Juan Carlos Díez Jayo. Están llenos de anécdotas y curiosidades acerca del mundo del libro, de lectores incurables y sus manías o de coleccionistas enfermizos. Cosas que pasan cuando te gustan mucho los libros, libros para ligar, viajar con libros, packs literarios, finales abruptos, personajes literarios y sus nombres, libros falsos, y así varias decenas de artículos.

Seguir leyendo en La piedra de Sísifo.

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Elena Rius es autora de El síndrome del lector (19 €) editado en la colección Tipos móviles.

 

 

 

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Thomas Phillipps, el hombre que intentó tener todos los libros del mundo. Alejandro Gamero en La piedra de Sísifo

Thomas Phillipps, el hombre que intentó tener todos los libros del mundo. Alejandro Gamero en La piedra de Sísifo

A diferencia de un lector cualquiera, incluso de los más vehementes, el bibliófilo ‒que a veces puede no ser lector‒ idolatra los libros más que por su contenido, que también, por su materialidad física. Sin embargo, incluso en esta bibliopatología existen grados. La bibliofilia alcanza su nivel más extremo cuando la obsesión por los libros se convierte en una locura capaz de condicionar o de devorar la vida de una persona y la de aquellos que lo rodean ‒y sino que se lo digan a Langley Collyer, que murió aplastado por una avalancha de libros sin ser bibliófilo‒. Entonces, más que de bibliofilia habría que hablar de bibliomanía. No es que haya habido muchos chiflados que encajen en el perfil del bibliómano, pero haberlos haylos, y entre ellos destaca, muy por encima del resto, Thomas Phillipps, de quien podría decirse que más que bibliómano es bibliomaníaco de manual, si es que hubiera manuales de bibliomanía.

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El fin de los libros y otros cuentos para bibliófilos en La piedra de Sísifo

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Escribe Alejandro Gamero:

Es posible que Octave Uzanne sea un completo desconocido para la gran mayoría de los lectores, pero para los que nos recreamos bajo la etiqueta de bibliófilos, aquellos que amamos los libros en su materialidad más física, no nos puede ser indiferente el nombre de uno de los más ilustres e insignes bibliófilos del siglo XIX. Además de fundar la eminente Societé des Bibliophiles Contemporaines, de la que fue presidente, Uzanne destacó por sus espléndidos trabajos sobre autores del siglo XVIII y XIX, como el marqués de Sade o Baudelaire. Personaje extraño e interesante donde los haya, Uzanne representaba un nuevo tipo de bibliófilo muy de finales del siglo XIX, más interesado por la creación de nuevas obras bibliófilas de lujo que por la reedición de obras antiguas, lo que explica su estrecha colaboración con impresores, encuadernadores, tipógrafos y artistas, especialmente los simbolistas y artistas del temprano modernismo.

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