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Contra la arrogancia de los que leen. Cristian Vázquez en Letras Libres

Contra la arrogancia de los que leen. Cristian Vázquez en Letras Libres

Muchos lectores están convencidos de ser superiores a quienes no leen, y sienten por ellos una conmiseración que pronto se convierte en menosprecio. Pero no existe tal superioridad, y esos sentimientos son paradójicos, dado que, en teoría, la lectura promueve la empatía y la tolerancia.

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Entre los numerosos motivos que suelen hacer que algunas personas se sientan superiores a las demás, uno bastante frecuente es el de haber leído. Hay gente que cree que, solo por haber leído unos cuantos libros a lo largo de su vida, tiene mayor autoridad ética o moral que la gente que no lo ha hecho. No solamente minusvaloran sus ideas y opiniones, sino que además a menudo convierten a esas personas en objeto de burlas.

Es curioso, porque el efecto debería ser justo el contrario. Se atribuye a Flaubert una frase que afirma que “viajar te hace modesto, porque te das cuenta del pequeño lugar que ocupas en el mundo”. Pues leer debería hacerte modesto también, ya que te permite advertir lo poco que sabes cuando hay tanto por saber. O te hace leer consejos como aquel con el que comienza El gran Gatsby, una de las mejores novelas del siglo XX: “Cada vez que sientas deseos de criticar a alguien, recuerda que no todo el mundo ha tenido tus ventajas”. Con solo hacer caso de esa recomendación, los lectores arrogantes ya reducirían a la mitad los méritos que hacen para recibir ese calificativo.

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Los motivos por los cuales muchas personas no leen —la mayor parte de la humanidad, por cierto— son muy variados. En general se trata de una falta de gusto por la lectura, con frecuencia debido a que ese gusto no tuvo oportunidad de ser desarrollado, en muchísimos casos a causa de condiciones socioeconómicas (pobreza, marginalidad, instituciones educativas deficientes, empleos que demandan mucho tiempo y esfuerzo físico, etc.) que lo tornan muy dificultoso o virtualmente imposible, como bien lo sabía el padre del narrador de El gran Gatsby.

Sería deseable, desde luego, que esos obstáculos se eliminaran o se redujeran al máximo y que todo el mundo tuviera oportunidad de desarrollar el gusto por la lectura. Más allá de eso, en cualquier caso, es muy interesante en este sentido la mirada del escritor argentino César Aira, quien en un texto sobre literatura y best sellers afirma que a la gente que no lee ni quiere leer literatura “no hay que reprocharle nada, por supuesto; sería como reprocharle su abstención a gente que no quiere practicar caza submarina; además, entre la gente que no se interesa en la literatura se cuenta el noventa y nueve por ciento de los grandes hombres de la humanidad: héroes, santos, descubridores, estadistas, científicos, artistas; la literatura es una actividad muy minoritaria, aunque no lo parezca”.

Seguir leyendo en Letras Libres.

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De libro en libro. Elena Rius

De libro en libro. Elena Rius

Todos los grandes lectores, sin excepción, tenemos un rincón, una estantería, una mesa, donde se amontonan las lecturas pendientes. Una pila que, por más que leamos sin tregua, nunca disminuye. Antes bien, tiene una peligrosa tendencia a crecer hasta alcanzar a veces dimensiones inmanejables. De hecho, yo misma de vez en cuando me veo obligada a hacer una poda en ese montón de libros siempre en expansión. Descubro entonces que algunos de los que en su momento clasifiqué como “de próxima lectura” han perdido interés, o tal vez ha transcurrido tanto tiempo que he olvidado qué fue lo que me atrajo de ellos. Entonces, pasan a engrosar otras nutridas filas, las de los libros que sé que no voy a leer en un futuro inmediato, pero que forman parte de mi biblioteca. Nunca se sabe cuándo va a sentir una la necesidad de recurrir a ellos. Por unos días, la aglomeración en la pila de lecturas pendientes disminuye, pero no tarda en verse acrecentada por nuevos volúmenes. Que quizá serán leídos o quizá languidecerán ahí hasta que, a su vez, resulten eliminados en la próxima poda.
En ese caso, dirán ustedes, elegir la próxima lectura no entraña otra dificultad que seleccionar uno entre los libros allí apilados. Pues no. Ni tan sencillo -porque los libros son muchos, ¿a cuál dar prioridad?-, ni tan evidente. Los lectores solemos tener una suerte de radar interior que nos va guiando de un libro a otro.

Seguir leyendo en Notas para lectores curiosos.

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Elena Rius es la autora de El síndrome del lector, editado en la colección Tipos móviles.

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Seis problemas del mundo del libro y la edición/2: EL LECTOR. Guillermo Schavelzon

Seis problemas del mundo del libro y la edición/2: EL LECTOR. Guillermo Schavelzon

Pero ¿quién será el amo? ¿El escritor o el lector?

Denis Diderot (1796), en Alberto Manguel, Una historia de la lectura

Encontrar lectores, la tarea más difícil de un editor.

El mayor desafío para los editores no es encontrar autores, sino conseguir lectores para los libros que decide publicar. Los editores reciben miles de propuestas de publicación: escritores que les envían sus manuscritos, propuestas de agentes literarios, de editoriales extranjeras, nuevos libros de los autores que ya publica, más las recomendaciones que ellos le hacen.

Encontrar qué publicar no es difícil, existen mecanismos muy establecidos para buscar qué contratar: News Letters profesionales, informes de sus Scouts, ferias del libro profesionales, información de las agencias literarias, redes sociales… además, por supuesto, de la investigación, y el conocimiento que cada editor tiene de la historia literaria universal.

Así como hay tantos caminos para encontrar autores, no hay ninguna herramienta eficaz, que auxilie al editor para encontrar lectores. ¿Blogs de difusión de la lectura? ¿comunicación? ¿campañas de publicidad? Hay una crisis de los prescriptores tradicionales: críticos literarios, maestros y profesores, suplementos literarios, libreros, cuya debilitada o abandonada función de recomendación, no ha sido reemplazada por las redes sociales, como se decía que iría a suceder.

Seguir leyendo en el blog de Guillermo Schavelzon.

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Millenium 4, lo único que unifica a Europa. Guillermo Schavelzon

Millenium 4, lo único que unifica a Europa. Guillermo Schavelzon

Qué penoso es ver a los políticos europeos peleando para no aceptar refugiados en sus países, gente desesperada que huye de las guerras, sostenidas con la venta de armamentos que hacen los mismos países europeos que no los quieren recibir. (El 28% de la exportación de armas de España ¡es a Siria!).

Mientras este debate oprobioso, indigno y vergonzante lleva la tensión de la Unión Europea al límite, asistimos a un curioso fenómeno unificador: el lanzamiento en todos los países, en forma simultánea, del tomo IV de la serie Millenium ™ de Stieg Larsson, solo que ya no está escrita por él, su muerte es conocida por los lectores. Estos hechos tan contrastados nos sumen en una gran paradoja.

Es público que este escritor sueco, ex periodista, ex editor de revistas de izquierdas siempre en riesgo, de vida modestísima, que nunca ganó más que para sobrevivir, dedicó sus últimos años a escribir los tres primeros tomos de esta saga, y murió de un ataque al corazón a los 50. No llego a ver publicada su obra, que tuvo un éxito tan arrasador como internacional, vendiendo más de 80 millones de ejemplares.

 

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