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Tener los libros a mano. Elena Rius

Tener los libros a mano. Elena Rius

El único inconveniente de los libros -y no estoy del todo segura de que lo sea- es que ocupan lugar. Tienen volumen y peso, «cuerpo», lo que hace que en cuanto te descuidas llenen estanterías y más estanterías. Si no los tienes sólo de adorno, es decir, si tienes por costumbre leerlos, habrás comprobado que poseen además la irritante costumbre de desparramarse por ahí y aparecer en los lugares menos previsibles, por más que te esfuerces en mantener un orden (sobre el orden de las bibliotecas se ha escrito mucho, también aquí, aunque sin llegar a ninguna conclusión definitiva). Algunos lectores -entre los que me cuento- solemos alternar además diversas lecturas al mismo tiempo, lo que hace que el desbarajuste de libros que andan de acá para allá aumente: tienes una pila de libros junto al sillón, pero el que quieres en ese momento está en el despacho; o has olvidado que el que creías haber puesto en la estantería de «libros pendientes de leer» te lo llevaste ayer para leer en la cama; cuando estás segura de tener determinada obra de un autor -recuerdas incluso en qué balda y junto a qué otros libros estaba-, resulta que en la última reordenación ese libro fue a parar a otra parte de la casa (porque, claro, tienes estanterías en todas las habitaciones, y no siempre es fácil seguirles el rastro).

Seguir leyendo en Notas para lectores curiosos.

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Lo acaricio, lo abro, lo leo. Anne Herbauts

Lo acaricio, lo abro, lo leo. Anne Herbauts

Texto aparecido en el número 19 de la revista Fuera de margen, dedicado al libro como objeto.
Anne Herbauts es una de mis autoras de literatura infantil favoritas (aquí les dejé un sorbito de uno de sus libros).
La traducción es de Mercedes Corral.

“Hay una piedra en mi lectura”
Pequeño tratado mineral y geológico sobre lo que podría ser un libro…
(texto de Anne Herbauts)

Piedra, papel, tijera

El libro es una piedra. Pesado, inmóvil. Imperecedero (o casi). Casi intemporal. El libro es tiempo de lectura. Y la roca, lectura del tiempo.

El libro se compone de estratos (geologías) a diferentes niveles: en el corte, en el hilo de la lectura, en los relieves de la narración. Permanece inerte si no se abre. Sin embargo, cuando se da la vuelta a un guijarro, se descubren múltiples vidas ocultas, huellas, huecos, caparazones, nidos y gusanos. El libro oculta varias dimensiones. La segunda dimensión se encuentra en la hoja de papel (que, si rizamos el rizo, ya es una materia-volumen en sí misma), impresa, plana. Después, las hojas se agrupan en cuadernillos, donde encontramos la tercera dimensión, el volumen. Pero la verdadera dimensión del libro, donde el objeto de papel se convierte realmente en un libro, es la dimensión tiempo (cuarta dimensión), cuando el libro es manipulado, abierto, recorrido: es el desarrollo del libro, el tiempo de lectura.

Piedra

El libro no tiene una forma especial (un simple paralelepípedo rectangular), la piedra tampoco. El libro solo se convierte en especial cuando se lo escoge, cuando se lee. El guijarro se vuelve único y precioso solo cuando lo recogemos. (Los guijarros en los bolsillos – ¿por qué diablos he recogido esta piedra sin nombre?).

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Convergencias y divergencias entre libros (en papel y digital). Luis Collado en Revista Texturas 17

Con motivo del Décimo Aniversario de la Revista Texturas, semanalmente ofrecemos un artículo en abierto de estos primeros 10 años.

Nada es mejor ni peor. Nada tiene que sustituir a lo otro. Ninguno tiene por qué, ni va a ganar ninguna batalla.
Lo que ocurre es que son temas diferentes y se trata de conocerlos, asumirlos, experimentarlos y aprender de esa experiencia.

 

Leer artículo completo.Txt_17

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Ni el papel se muere ni los libros digitales van a salvar al mercado editorial. Rafael Morán Bernaldo de Quirós

Ni el papel se muere ni los libros digitales van a salvar al mercado editorial. Rafael Morán Bernaldo de Quirós

Varios estudios, como el informe de la Unión Europea sobre el mercado del ebook en Europa o el de la revista The Bookseller, han vapuleado el optimismo con el que el sector se enfrentaba a este 2016. A poco más de un mes de terminar el primer trimestre, los primeros datos distan de ser alentadores…

The Bookseller advertía la semana pasada que las ventas de libros electrónicos en las editoriales británicas más importantes se habían desplomado alrededor de un 2,5% en 2015. En total, no se consiguió sobrepasar la barrera de los 50 millones de unidades vendidas, que era el objetivo que se había marcado el sector a comienzos del ejercicio.

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Por qué he aparcado el libro electrónico y he vuelto a comprar libros tradicionales. Carlos Zahumenszky

Por qué he aparcado el libro electrónico y he vuelto a comprar libros tradicionales. Carlos Zahumenszky

Carlos Zahumenszky es editor en Gizmodo.

Hace más de tres años me compré mi fiel Kindle Paperwhite. A día de hoy sigo utilizándolo, pero en el último año solo he comprado un libro digital. El resto han sido gruesos y maravillosos volúmenes en tapa dura. No soy el único que ha emprendido este extraño regreso al papel.

Una tendencia creciente

El día 3 de febrero el Wall Street Journal se hizo eco de un persistente rumor según el cual Amazon va a abrir entre 300 y 400 tiendas físicas de libros. Al cierre de este artículo, la noticia aún no se ha confirmado, pero es deliciosamente irónica teniendo en cuenta que Amazon es la compañía que más librerías físicas ha cerrado en Estados Unidos.

Seguir leyendo en Gizmodo.

 

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Papel: 1 / E-book: 0. El apocalipsis que nunca llegó. Natalia Gelós en La Nación

Papel: 1 / E-book: 0. El apocalipsis que nunca llegó. Natalia Gelós en La Nación

Mientras caen las ventas de libros digitales en varios países, la profecía sobre el fin del papel está cambiando: la convivencia entre formatos será el signo de la lectura que viene.

Anunciaban un gran éxodo -algunos, todavía lo dicen-: lectores que, como manadas desbocadas, se lanzarían hacia los libros digitales y olvidarían para siempre la idea de la biblioteca material, de sus páginas subrayadas a mano, las flores secas, los papelitos que quedan guardados en los libros viejos. Por un tiempo, los números dieron la razón en Estados Unidos, donde el mercado editorial apostó el grueso de sus fichas a lo electrónico: mientras las ventas de e-books se disparaban, las de los libros impresos se estancaban y, en muchos casos, caían. La noticia de la quiebra de Editorial Fronteras en 2001 alimentó ese presagio apocalíptico.

Pero algo pasó. Como si en el último round, el cuerpo del viejo boxeador sobre la lona empezara a agitarse y a dar pelea otra vez. Este año, las ventas de libros digitales disminuyeron en Estados Unidos y empezaron a inaugurarse más librerías tradicionales. Los grandes sellos comenzaron a buscar espacio extra para guardar las futuras tiradas. Hachette amplió su almacén de Indiana, y Simon & Schuster, sus galpones de Nueva Jersey. Random House invirtió cerca de 100 millones de dólares para almacenamiento y para acelerar la distribución. Espacio físico y dinero: así puede medirse la apuesta por lo tradicional. El diario The New York Times prestó especial atención a esos datos, para ellos sorpresivos. Pero ¿de veras peligró alguna vez la existencia del libro tradicional? ¿Peligra aún? ¿Qué pasa en la Argentina? ¿Por qué, todavía, lo incierto es la única certeza? En definitiva, ¿el libro en papel y el electrónico protagonizan o no una batalla?

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