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Informe sobre el valor económico de la traducción editorial

Informe sobre el valor económico de la traducción editorial

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Elaborado por la consultora Analistas Financieros Internacionales (AFI) por encargo de ACE Traductores, con el patrocinio del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y del Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO). El Director General de Industrias Culturales y del Libro, D. Oscar Sáenz de Santa María ha presidido el acto en el que han intervenido D. Jorge Corrales, Director General de CEDRO, D. Diego Vizcaíno, representante de Analistas Financieros Internacionales, y D. Carlos Fortea, Presidente de ACE Traductores

La finalidad del informe es ofrecer una estimación fiable sobre el peso que la venta de títulos traducidos tiene en la facturación total del sector editorial, uno de los más potentes de la industria cultural española, y recoge conclusiones relevantes sobre la opacidad con la que actúa, la desinformación del colectivo de los traductores y sus consecuencias sobre el correcto cálculo y abono de los derechos de autor. Sabíamos que el número de títulos que lanzábamos al mercado cada año oscilaba entre el 16 y el 27 %, pero no cuánto representaban esos porcentajes en términos de facturación o, en otras palabras, cuál es el auténtico valor económico de la traducción editorial. El Informe elaborado por AFI señala que hay diez empresas o grupos de empresas que controlan cerca del 75 % del mercado editorial, concentran la mayor parte de nuestro trabajo y ofrecen contratos en los que nuestra capacidad de negociación se reduce a cero, dada la desproporción entre su capacidad de oferta y la nuestra. Deja también a la vista la opacidad que existe en el mercado en cuanto a liquidaciones de derechos.

Según los resultados del estudio que hemos presentado hoy, los traductores aportamos a las editoriales un 35 % de su facturación anual: en torno a 294 millones de euros. Sin embargo, debido a la bajada de las tarifas, nosotros acumulamos una enorme pérdida de poder adquisitivo.

“¿De verdad no importa cómo se traduzcan los libros que componen tan alto porcentaje de nuestra cultura, como para que los profesionales reciban este trato?”, se pregunta Carlos Fortea.

En palabras del Director General de Industrias Culturales y del Libro hay que garantizar un sector del libro dinámico y moderno que permita además  desarrollar un buen programa del fomento de la lectura. También fundamental es el reconocimiento del papel del traductor a través de las instituciones y de la propia sociedad. Recuerda a Ortega y Gasset, que hablaba de “la selva de los libros” e insiste en que el traductor es la guía para desenvolvernos en ella. Desde AFI destacan la dificultad, al elaborar el informe, de obtener datos para llevar a cabo el estudio, síntoma de la opacidad y la dispersión de la información que existe al respecto. Jorge Corrales, director de CEDRO, destaca la importancia del traductor como puente entre culturas e insiste en la defensa de los derechos de autor, dado que el traductor está considerado autor por la LPI española.

Una gran mayoría de los grandes éxitos editoriales son traducciones. Existen colecciones en las que no hay ni un solo título escrito originariamente en español. Hay grupos que presumen de tener en su catálogo más de 30 premios Nobel. Somos conscientes de que la administración pública prefiere no intervenir en un mercado que debe ser capaz de autorregularse, pero también nos preguntamos qué podemos hacer cuando el mercado no se autorregula. Por eso proponemos que se implanten mecanismos técnicos que permitan seguir la pista de un libro “como se sigue la de un huevo desde que lo pone una gallina en Bélgica hasta que lo compra un señor en Cuenca”.

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30 de junio. Presentación del informe sobre el valor económico de la traducción editorial

30 de junio. Presentación del informe sobre el valor económico de la traducción editorial

Mañana, viernes 30 de junio a las 10:00, en la sede central del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, se hará público el Informe sobre el valor económico de la traducción editorial, elaborado por la consultora Analistas Financieros Internacionales (AFI) por encargo de ACE Traductores, con el patrocinio del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y del Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO).

El informe, elaborado con la intención de ofrecer una estimación fiable sobre el peso que la venta de títulos traducidos tiene en la facturación total del sector, uno de los más potentes de la industria cultural española, aporta datos numéricos a este respecto, pero ofrece además conclusiones relevantes acerca de la concentración del sector editorial y sus efectos sobre la negociación tarifaria y la competencia en el mercado de la traducción.

El informe recoge además conclusiones relevantes acerca de la opacidad del sector editorial, la desinformación del colectivo de los traductores y sus consecuencias sobre el correcto cálculo y abono de los derechos de autor.

Presidirá la presentación el Director General de Industrias Culturales y del Libro, D. Oscar Sáenz de Santa María, que estará acompañado por D. Jorge Corrales, Director General de CEDRO, D. Diego Vizcaíno, representante de Analistas Financieros Internacionales, y D. Carlos Fortea, Presidente de ACE Traductores.

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10 de junio. Taller «Español y punto. Taller de corrección para traductores», por Marina Mena Guardabrazo

10 de junio. Taller «Español y punto. Taller de corrección para traductores», por Marina Mena Guardabrazo

ACE Traductores os anima a participar el próximo 10 de junio en un taller de corrección para traductores titulado «Español y puntoTaller de corrección para traductores», que impartirá nuestra socia Marina Mena Guardabrazo. Podéis descargaros aquí el formulario de inscripción.

Diálogos, incisos, calcos, falsos amigos evidentes y no tan evidentes, oralidad… En el transcurso del taller abordaremos distintas cuestiones estilísticas y ortotipográficas que los traductores deben tener en cuenta al revisar sus traducciones. Además, Marina Mena nos desvelará algunos trucos (macros, atajos de teclado, etcétera) que pueden hacer de Word el mejor aliado del traductor en vez de su enemigo.marina-mena

Marina Mena Guardabrazo es licenciada en Traducción e Interpretación por la Universidad Pontificia de Comillas y máster en Estudios Literarios por la Universidad Complutense de Madrid. Además de pertenecer a ACE Traductores, es socia de UniCo. Se ha formado en corrección mediante distintos cursos de Cálamo & Cran y de la Universidad de Málaga. Trabaja desde hace años como correctora para diversas editoriales. Entre los autores que ha traducido se encuentran Susan Kinsolving, Ariel Levy, Virginia Woolf o James Joyce.

 

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Libro Blanco de los derechos de autor de las traducciones de libros en el ámbito digital

Libro Blanco de los derechos de autor de las traducciones de libros en el ámbito digital

ACE Traductores publica el Libro Blanco de los derechos de autor de las traducciones de libros en el ámbito digital, que recoge los resultados del estudio realizado, su interpretación sociológica y su análisis jurídico. Este estudio amplía y actualiza la información del anterior Libro Blanco, enmarca nuestra profesión en el ámbito digital, y en muchas ocasiones ratifica las sombras de nuestras condiciones de trabajo.

La investigación se basa en una encuesta coordinada por ACE Traductores, realizada por el Instituto DYM, y una serie de artículos y apéndices ilustran el marco legal y aportan más detalles sobre la profesión.

Desde ACE Traductores queremos agradecer la colaboración de CEDRO, de las asociaciones de la Red Vértice que han contribuido a difundir el estudio y han animado a sus socios a participar, a los firmantes de los artículos, de la Dirección General de Política e Industrias Culturales y del Libro y, por supuesto de los socios que dedicaron su tiempo a completar la encuesta.

Nuestro deseo para el nuevo año es que esta herramienta nos sirva para apoyar nuestras reivindicaciones, mejorar nuestras condiciones contractuales y promover medidas reguladoras de la edición de traducciones de libros en formato digital.

El Libro Blanco puede descargarse en PDF o consultarse en Calameo.

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Librerías de Babel: Manifiesto de libreros y traductores

Librerías de Babel: Manifiesto de libreros y traductores

No hay libros sin lectores, y no hay lectores sin librerías. E igualmente no hay libros sin autores y, más allá de sus lenguas, no hay autores sin traductores.

Animados por esta sencilla convicción, impulsamos desde ACE Traductores el proyecto Librerías de Babel, una alianza de libreros y traductores que pretende destacar el fuerte vínculo que existe entre ellos, y el compromiso que ambas partes tienen con el lector. El proyecto, con una voluntad tan integral como descentralizada, arranca con las librerías del grupo La conspiración de la pólvora: Letras Corsarias (Salamanca), Intempestivos(Segovia) y La Puerta de Tannhäuser (Plasencia), galardonadas con el Premio Nacional al Fomento de la Lectura en 2016. Y está, naturalmente, abierto a todas las librerías que quieran sumarse.

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Entregar las traducciones a tiempo (sobre Martí de Riquer). Josep Mengual

Entregar las traducciones a tiempo (sobre Martí de Riquer). Josep Mengual

En su célebre conferencia «Aventuras y desventuras de un editor», ahora de fácil acceso en la revista Texturas, el editor Josep Janés i Olivé (1913-1959) hacía un breve recuento de algunos problemas que había tenido con traductores a lo largo de su carrera y se detenía, con respetuosa discreción, en el caso concreto de un traductor que durante varios años tuvo pendiente de entrega una traducción importante, los cuentos de Hoffmann, que finalmente no pudo publicar:

 

En mi primera época de editor, un amigo que tenía fama, merecida por cierto, de muy inteligente entre sus compañeros de universidad, me ofreció una traducción de los cuentos de Hoffmann y me pidió con gran insistencia que la anunciase como de próxima aparición.

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Miseria y esplendor de la traducción. José Ortega y Gasset en Revista Texturas 19

Miseria y esplendor de la traducción. José Ortega y Gasset en Revista Texturas 19

Con motivo del Décimo Aniversario de la Revista Texturas, semanalmente ofrecemos un artículo en abierto de estos primeros 10 años.

La traducción no es un doble del texto original; no es, no debe querer ser la obra misma con léxico distinto. Yo diría: la traducción ni siquiera pertenece al mismo género literario que lo traducido. Convendría recalcar esto y afirmar
que la traducción es un género literario aparte, distinto de los demás, con sus normas y finalidades propias. Por la sencilla razón de que la traducción no es la obra, sino un camino hacia la obra. Si ésta es una obra poética, la traducción no lo es, sino más bien un aparato, un artificio técnico que nos acerca a aquélla sin pretender jamás repetirla o sustituirla.

 

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Cita al traductor

Cita al traductor

Nos hacemos eco y apoyamos…

Escribe Amelia Pérez de Villar:

Queridos lectores:

A pesar de las enormes posibilidades de acceso a la información que ofrecen actualmente las tecnologías, hemos venido comprobando un retroceso llamativo y paradójico en una costumbre que llevaba camino de asentarse: en muchas reseñas y críticas de prensa no se cita al traductor de la obra reseñada. Los argumentos que se dan, en muchos casos, son tan simplistas como las “razones de maquetación”, es decir, que el nombre del traductor no tiene hueco en el espacio que se dedica a hablar del libro. Como el nombre de un traductor puede componerse, como mucho, de tres o cuatro palabras, el espacio no puede ser un argumento. Tampoco el tiempo que se emplea en localizarlo, otro de los motivos que en estos tiempos apresurados pueden jugar en nuestra contra. Si las editoriales facilitan a los medios una ficha completa que incluya, como exige el rigor bibliográfico, el nombre del traductor, al medio de prensa le llevará más tiempo eliminarlo que incluirlo. Es, además, costumbre que se está empezando a extender en algunas editoriales que el nombre del traductor figure no sólo en la portadilla y en la página de créditos, sino también en la cubierta: este es otro terreno donde queda trabajo por hacer y, por los mismos motivos que ya hemos expuesto, incluirlo proporcionará más ventajas que inconvenientes a todos los implicados.

Seguir leyendo en De libros y de hojas.

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Crisis de pareja entre autor y traductor… bienvenida, Señora Fidelidad. Victoria Martín

Crisis de pareja entre autor y traductor… bienvenida, Señora Fidelidad. Victoria Martín

A veces en la traducción las cosas no fluyen. A veces traducimos libros que nos interesan un pimiento. A veces, nos toca traducir libros cuya temática central versa en torno a tipologías y modalidades de hormigoneras. En estos casos, usaríamos los libros que estamos traduciendo como reposapiés. Desearíamos chasquear los dedos y que el libro sencillamente desapareciese, se esfumase, se evaporase, o se convirtiese en nitrógeno líquido para que cualquier cocinero supuestamente vanguardista experimentase con él, y con su sabor a cemento.

Seguir leyendo en Textos en solga. El blog de Victoria Martín.

Yo, traductor

Yo, traductor

por David Bellos
Trama & TEXTURAS nº 12
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¿Quién no tiene alguna anécdota de una pésima traducción para contar? El incomprensible menú de un restaurante en Croacia o un cartel de advertencia absurdamente mal escrita en una playa de Francia. La traducción “de factura humana” es igualmente deficiente en ámbitos mucho más importantes. En nuestros tribunales y hospitales, en el ejército y los servicios de seguridad, traductores mal pagados y sobreexigidos embrollan millones de interacciones vitales. En esos casos, la traducción hecha por una máquina ciertamente puede ser de gran ayuda. Sus legendarios bloopers no suelen ser peores que los errores cometidos por humanos bajo presión.
La traducción automática también ha demostrado ser muy útil en situaciones más urgentes. En enero, cuando Haití fue arrasada por un terremoto, en la isla devastada desembarcaron equipos de ayuda que hablaban docenas de idiomas diferentes, pero ninguno el créole haitiano. ¿Cómo podía un sobreviviente atrapado bajo los escombros brindar información de utilidad a los rescatistas desde su celular? Si tenía que esperar a que apareciera un intérprete de chino, turco o inglés, podía morir antes de que comprendieran lo que decía. La Universidad Carnegie Mellon divulgó de inmediato su base de datos de créole haitiano escrito y hablado, y una red de programadores voluntarios generó, en poco más de un largo fin de semana, un improvisado sistema de traducción automática de créole. No producía prosa de gran belleza, pero funcionaba.
Recientemente, las ventajas y desventajas de la traducción automática se han convertido en el centro de un creciente debate entre los traductores humanos, debido a los grandes avances alcanzados durante los últimos años por el más nuevo de los grandes competidores del sector: Google Translate . En realidad, se trata de un debate que comenzó con el nacimiento mismo de la traducción automática.
La necesidad de una traducción rudimentaria hecha por una máquina se remonta a los principios de la Guerra Fría. Estados Unidos había decidido escudriñar cada palabra en ruso salida de la Unión Soviética, y simplemente no había suficientes traductores para seguir ese ritmo, así como ahora tampoco hay suficientes para traducir todos los idiomas que Estados Unidos se propone monitorear. La Guerra Fría coincidió con la invención de las computadoras, y una de las primeras tareas que se programó en esas máquinas fue “descifrar el ruso”.
El padre de la traducción automática, William Weaver, optó por considerar el ruso como un “código” que oscurecía el verdadero significado del texto. Su equipo y sus sucesores, en Estados Unidos como en Europa, procedieron de acuerdo al sentido común: un lenguaje natural, pensaban, está compuesto de un léxico (un conjunto de palabras) y una gramática (un conjunto de reglas). Si se podía introducir el léxico de dos idiomas en una máquina (algo relativamente sencillo) y también el conjunto completo de reglas de ambos idiomas con las que los humanos construyen combinaciones con sentido a partir de esas palabras (una propuesta mucho más cuestionable), entonces la máquina sería capaz de traducir de un “código” a otro.
Los lingüistas universitarios de la época, con Noam Chomsky a la cabeza, también consideraban el lenguaje como la suma de un léxico y una gramática capaz de generar, infinitamente, oraciones diferentes a partir de un número finito de reglas. Pero tal como los lingüistas anti-chomskianos de Oxford comentaron entonces, de las plantas automotrices de Gran Bretaña también salen, infinitamente, muchos autos defectuosos, cada uno con un problema diferente. Durante las siguientes cuatro décadas, la traducción automática logró resultados de gran utilidad, pero al igual que la industria automotriz británica, no cumplió con las expectativas que generó en la década de 1950.
Ahora nos enfrentamos con un monstruo muy diferente. Google Translate es un sistema estadístico de traducción automática, lo que significa que el programa no intenta desanudar o entender nada. En vez de descomponer la oración para después reconstruirla en el idioma de “destino”, como lo hacían los antiguos motores de traducción, Google Translate busca frases similares en textos que ya están traducidos en algún lugar de la web. Cuando encuentra la coincidencia más probable, gracias a un dispositivo de reconocimiento estadístico de increíble velocidad y eficiencia, Google Tanslate lo escupe, en crudo o ligeramente cocinado. De esa manera simula –pero sólo simula– lo que se supone ocurre dentro de la cabeza de un traductor.
Google Translate, que ya maneja 52 idiomas, elude el problema de la teoría lingüística de definir qué es el idioma y cómo funciona en el cerebro humano. En la práctica, los idiomas se usan para decir las mismas cosas una y otra vez. Para quizás el 95 por ciento de todas esas locuciones, la urraca electrónica de Google es una herramienta fabulosa. Pero hay dos limitaciones importantes que los usuarios de este u otro sistema de traducción estadística automática deben entender.
La oración de destino que arroja Google Translate no es la “traducción correcta”, ni debe ser tomada como tal. Y no solamente porque en realidad no existe una “traducción correcta”, sino también porque Google Translate sólo suministra una expresión que consiste en las frases equivalentes más probables según sus cómputos, surgidos de la comparación de una cantidad astronómica de frases rastreadas en toda la web.
En su gran mayoría, los datos provienen de documentos de organizaciones internacionales. Miles de traductores humanos de las Naciones Unidas, la Unión Europea y demás se han pasado millones de horas para producir esas comparaciones que Google Translate ahora puede escoger a su antojo. Para que Google Translate tenga con qué trabajar, primero tienen que existir las traducciones humanas.
La dispar calidad de Google Translate en las diferentes comparaciones de idiomas disponibles se debe a que la cantidad de traducciones hechas por humanos entre los diferentes idiomas que existen en la web también es muy dispar.
¿Pero qué sucede con la verdadera escritura? Google Translate parece capaz de hacer milagros porque tiene acceso a la biblioteca universal de Google Books. Cuando uno le pide que traduzca al inglés la famosa definición del amor de Los miserables –“On n’a pas d’autre perle à trouver dans les plis ténébreux de la vie”–, Google Translate sale con una muy honrosa “There is no other pearl to be found in the dark folds of life” , que resulta ser idéntica a una de las muchas traducciones publicadas de esa gran novela. Se trata de una proeza muy impresionante, en el caso de una máquina, ¿pero en el caso de un humano? Lo único que hay que hacer es bajar al sótano y buscar la vieja edición de bolsillo.
Y el programa es muy desparejo. La traducción de la primera oración de A la búsqueda del tiempo perdido, de Proust, arroja un antigramatical “Long time I went to bed early” y los resultados para la mayoría de los demás clásicos de la literatura moderna son igualmente desechables.
¿Podrá Google Translate alguna vez servir de algo en la creación de nuevas traducciones literarias, ya sea al inglés o a otras lenguas? Ante todo, debemos decir que no hay ninguna necesidad de que lo haga: los potenciales traductores de literatura extranjera no escasean precisamente: de hecho, piden a gritos más posibilidades de publicar su trabajo.
Pero aun cuando esa necesidad existiese, Google Translate nada podría hacer en ese terreno, pues no fue concebido ni programado para tomar en consideración la intención, el contexto del mundo real o el estilo de cualquier alocución. (Cualquier sistema capaz de hacerlo representaría un verdadero logro histórico, pero un milagro semejante no está siquiera en los planes de los programadores de los más avanzados motores de traducción.)
Sin embargo, si nos pusiéramos por un momento en el papel de abogado del diablo y tomáramos una postura decididamente cáustica respecto de cierto género de ficción extranjera contemporánea –por ejemplo, las novelas francesas de adulterio y herencias– podríamos suponer que como esos textos no tienen nada nuevo que decir y sólo aplican fórmulas repetidas, una vez que hayan sido traducidas suficientes novelas de ese tipo y que los originales hayan sido escaneados y subidos a la web, Google Translate debería ser capaz de simular una versión bastante aceptable, regurgitando otras traducciones de la misma calaña.
¿Entonces qué? La traducción literaria nada tiene que ver con eso. Para las obras verdaderamente originales –y que por lo tanto merecen ser traducidas– la traducción estadística automática no tiene la menor esperanza. Google Translate puede brindar un estupendo servicio en muchos ámbitos, pero no está preparado para interpretar o hacer legible un texto que no sea rutinario, y sería injusto pedirle que lo intentara. Después de todo, cuando se trata del verdadero desafío de la traducción literaria, a los traductores humanos tampoco les resulta fácil.
De Diario de Poesía (Argentina)
traducción de Jaime Arrambide