Ya me he registrado:

Recuperar contraseña

Ver tu carrito

El antilector. Vicente Luis Mora

El antilector. Vicente Luis Mora

Buena parte de las lecturas son antilecturas. El propio ejercicio de la lectura es a veces un ejercicio de respuesta o de resistencia, porque los libros acaban generando anticuerpos contra otras clases de libros. Cuanto mayor es la experiencia de un lector, más crece en él el placer de leer a la contra, y la razón es que el paso de los años disminuye la probabilidad de engañarlo o seducirlo. E incluso la antilectura aparece cuando la persona que lee se encuentra en formación: la antropóloga Michèle Petit recordaba que “si bien muchos adolescentes leen estimulados por el deseo de sus padres, hay otros que se vuelven lectores ‘en contra’ de su familia, y encuentran en esta actividad un punto de apoyo decisivo para desarrollar su singularidad”[1]. Esa actividad opositora puede darse asimismo en las lecturas que propician o dan lugar a la escritura de otros libros, como los antilibros mencionados por Novalis, que para Jorge Luis Borges constituían una especie de género tan ficticio como comprobable. El lector constante es siempre un antilector, un lector en guardia; tanto contra las normas o costumbres que le disuaden de leer (la costumbre, incluso para el Código Civil, es una ley consuetudinaria), como contra los libros que lee, esos textos que suscitan su inmediata respuesta, su contradicción antagónica. Buena parte de la escritura es una Antagonía.

Lo que sigue no es una reseña, sino una noticia, o bien una reflexión ilustrada, si ustedes quieren. Por varios motivos: el primero es que este libro es difícil hasta de citar. Creo que la cita filológica exacta sería:

Ben Marcus y Rubén Martín Giráldez, Por qué la literatura experimental amenaza con destruir la edición, a Jonathan Franzen y la vida tal y como la conocemos, de Ben Marcus, con unos Pinitos en pedantería a cargo de Rubén Martín Giráldez. Zaragoza: Jekyll & Jill, 2018.

Seguir leyendo en Diario de lecturas de Vicente Luis Mora.

 

Si quieres estar al día de las actividades, colecciones, propuestas, cursos, información destacada semanalmente del sector del libro y la cultura, DATE DE ALTA en el Boletín semanal de Trama Editorial.¡NO TE ARREPENTIRÁS!

Si únicamente quieres recibir información de nuestras novedades. Lo puedes hacer aquí: acceder.

 

 

 

Ensayos a la intemperie -3. Vicente Luis Mora

Ensayos a la intemperie -3. Vicente Luis Mora

Esta semana ha aparecido el último número de Chuy. Revista de Estudios Literarios Latinoamericanos (n.º 4, 2018), dedicado a Josefina Ludmer, donde la conocida teórica argentina comenta su idea de lo que es el activismo cultural:

El activismo cultural no sólo piensa la literatura sino, sobre todo, la industria cultural: la producción de ideas, de obras, de acontecimientos, de libros y de teorías. Y no sólo piensa la industria cultural sino que trata de intervenir y actuar con otras tácticas, medios y recursos.

Bueno, en eso estábamos con estos ensayos a la intemperie, que hoy ahondan en dos conceptos: la parcial desmaterialización de las obras y la progresiva desaparición de la “clase media” literaria.

La parcial desmaterialización de las selvas

Y lo inmaterial envolvió los días, y probamos lo insustancial y era bueno.

José Luis Zárate[1]

En un brillante artículo de 2009, el narrador Andrés Ibáñez daba algunos elementos para explicar la falta de tradición del pago a escritores: a diferencia de otros creadores, como los artistas plásticos, que producen objetos, los escritores sólo generan textos inmateriales que otros (los editores) se encargan de convertir en cosas: “[…] cuando un escritor entrega un libro a su editor, no recibe ni un céntimo. Lo que le pagan es un tanto por ciento de las ventas del libro. Normalmente, un ‘adelanto’ sobre las ventas de ese libro”[2]. Es decir, hasta que el libro no se materializa no se considera algo de valor. Esta es la diferencia entre un pintor, o un escultor, que reciben el total del precio de venta del objeto (o el 40 o 50%, si venden a través de una galería), mientras que el escritor nunca puede aspirar por ley a más del 8 ó 10% de los rendimientos económicos de su creación. Otra forma clara de verlo serían los artículos de prensa redactados por escritores, que sólo se pagan, dice Ibáñez, cuando se publican (por experiencia personal sé que hay excepciones, pero es la regla mayoritaria), luego no tienen ningún valor hasta que aparecen publicados por otros. “En una ópera, por ejemplo, el escenógrafo, que trabaja un mes, cobra mucho más que el compositor, que trabaja dos años. El compositor no crea objetos, el escenógrafo y el figurinista, sí”, completa Ibáñez.

Seguir leyendo en el blog de Vicente Luis Mora.

 

Si quieres estar al día de las actividades, colecciones, propuestas, cursos, información destacada semanalmente del sector del libro y la cultura, DATE DE ALTA en el Boletín semanal de Trama Editorial.¡NO TE ARREPENTIRÁS!

Si únicamente quieres recibir información de nuestras novedades. Lo puedes hacer aquí: acceder.

 

Vicente Luis Mora. Un estado de ánimo. Librería Telos

Vicente Luis Mora. Un estado de ánimo. Librería Telos

Publicado en el número 24 de Trama&TEXTURAS.

Tras recibir una nutrida e inesperada herencia, Ukio No Teksume tomó dos  decisiones insólitas: la primera, trasladar su residencia a España, país que nunca había visitado pero cuya lengua hablaba con soltura tras años de estudio de la cultura española; la segunda, abrir una pequeña librería. Decidió instalarse en Sevilla y llamar Telos al negocio, como homenaje a sus antiguos estudios filosóficos.
Una vez abierta la librería en pleno centro, y tras adaptarse a la exótica pronunciación del español por sus nuevos conciudadanos (a quienes consideró muy piadosos por sus continuas apelaciones al alma), Ukio pasaba largas mañanas trabajando en la librería, preparando cuidadosamente los pedidos, revisando albaranes, ordenando una y otra vez las estanterías de forma exhaustiva. El planteamiento librero de Ukio reducía la mostración a literatura de alta calidad, de forma que era imposible hallar en el establecimiento best-sellers o cualquier libro no escrito con finalidades exclusivamente artísticas, principio rector que se avisaba a posibles clientes mediante un anuncio en el escaparate: “Si no ha leído a Faulkner –o no sabe quién es– esta no es su librería”.
Durante los primeros meses no entró nadie, ni siquiera personas despistadas preguntando si hacía fotocopias. Esto no supuso un problema para Ukio (que tenía dinero de sobra y podría vivir hasta los 160 años perdiéndolo sin más), hasta la extraña visita de un policía, quien se adentró en sus dependencias con la excusa de consultarle una dirección, escrutando la tienda con mirada entre inquisitiva e inquisidora. En ese momento fue Ukio consciente de que una librería sin ventas podía parecer, a ojos del fisco, un instrumento de blanqueo de dinero. A partir de ese momento comenzó a venderse regularmente libros a sí mismo.
Al principio se compraba clásicos españoles e hispanoamericanos, para adquirir después rarezas alemanas o finesas, bien editadas y con soberbias traducciones, cuyo descubrimiento en los estantes le generaba una inmensa alegría. Tales hallazgos le movían a compartir su intensa emoción con el librero, quien sentía una emoción especular y complementaria, al comprobar que tenía por fin los clientes exquisitos y cómplices que tanto había anhelado. El clima sevillano era benigno en invierno. Paulo Coelho había dejado la escritura. El mundo era bello. Las ventas eran incesantes. “El negocio va viento en popa”, se decía Ukio, feliz, cada vez que cerraba la puerta corredera a las nueve de la noche.
No obstante, a los pocos meses, notó que faltaba dinero de la caja. Aunque nadie aparte del policía había entrado en Telos durante ese primer año, le daba la impresión de que había un descuadre en las cuentas, que repercutía negativamente en el balance. Se acumulaban las devoluciones a los editores, a pesar de que las ventas no menguaban, y las novedades comenzaban a atascar su almacén. Su motorizada recepción le impedía a veces llegar siquiera a abrir las cajas recién llegadas. Los paquetes de libros por abrir eran aplastados por nuevos paquetes y cajas, de modo que no podía dar de alta los libros en el programa informático, ni introducirles el chip de seguridad ni, en consecuencia, mostrarlos en los anaqueles, por miedo al robo. “Creo que mi clientela es honrada, pero ¿cómo estar seguro?”, meditaba compungido.
Como en Telos no se giraban los libros a noventa días, sino que eran comprados en firme con el fin de constituir un buen fondo de librería, Ukio se vio obligado a arrendar un segundo local, anejo al suyo, que servía únicamente de almacén de las cajas no abiertas. A los pocos meses, y aunque seguía comprándose libros sin desmayo en la librería, el volumen de ventas era tan inferior a la mercancía entrante que los números se hacían negativos de modo geométrico e insalvable, añadiéndose los gastos de alquiler de un tercer local, pues las cajas habían invadido por completo el primero, sin dejar espacio a un solo crisolín. Entonces comenzó la construcción de un almacén de almacenes de libros, adquiriendo todos los edificios de la manzana para dedicarlos a depósito, comunicando los inmuebles mediante pasadizos, escaleras y montacargas. Por aquella época, con el propósito de equilibrar los números a cualquier costa, se compraba ya los libros en serie, haciéndose por ejemplo con todos los volúmenes de la tienda cuyo título contuviera la letra “e”, o con todos los que no la contuviesen. Como los libros habían desbordado su casa, decidió dedicar el ala este del Almacén a Biblioteca. Era fácil diferenciar Almacén y Biblioteca: en la segunda los libros estaban sacados de las cajas y aproximadamente ordenados. La Librería Telos era el pequeño espacio intermedio donde convivían los dos órdenes, o ambos desórdenes.
En 2018 el peso acumulado de las cajas hizo que el edificio más grande se derrumbase, arrastrando al resto de anaqueles arquitectónicos, que cayeron en cascada; una marea ingente y polvorienta de cascotes, escombros y cajas de libros se derramó por todas las calles adyacentes, sin herir a nadie por jugarse ese día el derby entre el Betis y el Sevilla. Ukio murió aplastado por el peso de las obras completas de Balzac. Horas después, las personas que paseaban por los alrededores se acercaban a las cajas de libros de literatura de calidad, las abrían, sacaban cuidadosamente los volúmenes de ellas, depositándolos en el suelo, y se llevaban el cartón, ideal para embalar la ropa fuera de temporada.

OTROS ESTADOS DE ÁNIMO  
Trama&TEXTURAS 24 ya en la calle. 8 años circulando y queremos celebrarlo

Trama&TEXTURAS 24 ya en la calle. 8 años circulando y queremos celebrarlo

24 números, 8 años y seguimos en este maravilloso alambre de complicidades que apoyan y animan para que este proyecto siga adelante.

Saludamos también y os presentamos a los nuevos miembros del Consejo Editorial: Margarita Valencia, Joaquín Rodríguez, Tomás Granados, Alejandro Katz, Bernardo JaramilloMartín Gómez, 

Buscamos nuevos cómplices con los que seguir tejiendo y avanzando.

Así que si te animas a suscribirte en papel (45 euros)

por primera vez o a renovar la suscripción porque ¡ya toca! te ofrecemos tres incentivos para que escojas el que más te agrade:

1. Recepción durante el periodo de suscricpión del boletín digital semanal Texturas Express (ver modelo)

2. Envío junto con el primer número de la Revista que recibas de uno de los siguientes títulos de la colección Tipos móviles: La cara oculta de la edición ; Memoria de la librería ; Editor ; Conversaciones con Giulio Einaudi ; Escritor en la sombra ; La travesía del libro.

3. Con tu suscripción regalamos a una Biblioteca Pública otra suscripción para el año 2015 (números 25, 26 y 27). Te comunicaremos puntualmente la Biblioteca que recibe la suscripción y comunicaremos a la Biblioteca quién le ha conseguido la suscripción.

Basta con que nos comuniques tu elección en el campo de observaciones a la hora de realizar la suscripción.

¿Te animas?

Os dejamos el índice de este último número.


01_Asta
El coleccionista de libros
02_Anillo
Los derechos de los lectores
Datos recientes sobre el impacto de la «Larga Cola» sugieren
una nueva reflexión sobre la historia y las ideas acerca del futuro de la industria editorial
Una biblioteca digital mundial se hace realidad
Una visión pragmática y empírica del escenario digital
iberoamericano del libro
Amazon y las habichuelas mágicas
Las lecciones que el éxito de Podemos debe dar al mundo editorial
Leer, editar
La prescripción tranquila: nuevas propuestas de valor en entornos conectados
El derecho a la cultura como bien común
03_Brazo
El exilio español en México. Reencuentro y proeza en tinta y papel
Séneca, una casa para la resistencia (1939-1947)
04_Serifa
05_Cola
Walt Whitman y la imprenta
Librería Telos
Microrrelato
Técnicas varias
06_Rebaba
Libros y blogs

Números anteriores

Tanto si quieres completar tu colección de la Revista como si quieres consultar las ventajosas condiciones para publicidad en los distintos soportes de Trama puedes escribirnos a promociontramaeditorial@gmail.com

Si deseas recibir información de futuras ofertas o promociones suscríbite a la lista de información.