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Tramas. Manuel Rodríguez Rivero en Babelia

Tramas. Manuel Rodríguez Rivero en Babelia

Nos han dejado el cuerpo de sábado tan a gustito …..

Escribe Manuel Rodríguez Rivero en Babelia:

Poco a poco, y como quien no quiere la cosa, el polifacético Manuel Ortuño (hijo) ha ido construyendo con paciencia y ojo crítico uno de los pocos sellos editoriales consagrados al libro y a quienes los hacen. La serie Tipos Móviles, iniciada en 2008, cuenta ya con 22 títulos, entre los que se encuentran recuerdos y confesiones de conspicuos protagonistas del sector (editores como Diana Athill, Jean-Jacques Pauvert o Bennett Cerf, o libreros, como Héctor Yánover), además de estudios más o menos técnicos sobre la producción editorial y ensayos sobre la historia y el devenir del libro y la edición (Schiffrin, Darnton, Jean-Baptiste Malet). La colección amplía, de algún modo, los contenidos de la revista cuatrimestral Trama & Texturas, de cuya fundación se conmemora ahora el décimo aniversario, y que constituye un importante foro de reflexión y análisis sobre la lectura y la edición.

El último título publicado es De oficio, lector, un estupendo volumen que recoge la larga entrevista autobiográfica que el historiador Pierre Nora —que junto con Jacques Le Goff fue uno de los más célebres representantes de la “nueva historia” de la tercera generación deAnnales— realizó a lo largo de meses a Bernard Pivot, el legendario director y animador de Apostrophes (1975-1990), quizás el más influyente espacio dedicado a la cultura escrita programado por una televisión europea (con la excepción de Das Literarische Quartett, que fue difundido por la alemana ZDF entre 1988 y 2001 y dio conocer al público alemán la obra de Javier Marías o Rafael Chirbes). En el libro, publicado originalmente en 1990, Pivot comenta algunos de sus más célebres programas, rememorando actuaciones y anécdotas de muchos de los autores (y editores) que en él participaron. Y, sobre todo, proporcionando claves de una época (ahora casi inimaginable) en que las televisiones (al menos las públicas) se arriesgaban a programar, en horas de gran audiencia, espacios en los que la cultura no estaba reñida con el entretenimiento, y la parrilla disponible no había sido colonizada por los llamados chefs, los concursos idiotas, la humillante escenificación de la basura sentimental y las tertulias a cargo de todólogos rastacueros que hacen las veces de intelectuales orgánicos de este tiempo tan rico y apasionante en que vivimos.

Agradecidos que estamos.

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