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Vías de salida: lo que el sector editorial tiene que aprender del periodístico. Esteban Hernández en Texturas 22

Vías de salida: lo que el sector editorial tiene que aprender del periodístico. Esteban Hernández en Texturas 22

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Si hay algún reproche exterior al sector editorial que se haya convertido en habitual en los últimos tiempos, es el de su escasa adaptación a los tiempos digitales: su incapacidad para generar un nuevo modelo de negocio a partir de un nuevo soporte, el e-book, que generaría una sensible disminución del precio y con ella un aumento notable de las ventas, es señalada insistentemente como causa primera de los males del sector. Sería la panacea desde muchos puntos de vista: combatiría con éxito la pérdida de compradores provocada por la crisis, fijaría un modelo de negocio mucho más justo para autores y consumidores, eliminaría a los intermediarios improductivos y establecería nuevas formas de visibilidad que haría que demanda y oferta encajasen de una forma casi perfecta.

Desde esta perspectiva, la experiencia del mundo periodístico es particularmente interesante para el editorial, toda vez que siguió el camino opuesto, apostando desde su inicio por lo digital, generando contenidos específicos para la web, apostando por los ingresos publicitarios como vía de generación de recursos y ofertando mucha mayor inmediatez a un público que quería conocer las noticias cuando se producían, no al día siguiente. El papel, el viejo soporte, justificaba su precio únicamente desde la comodidad o la costumbre, ya que sus contenidos eran los mismos que los de la versión digital, pero publicados muchas horas después.Mientras la cadena del libro no quería separarse del papel, los editores de diarios lo percibieron como un pasado que tardaría tiempo en desvanecerse pero cuya salida del mapa era inevitable: lo tradicional, como en el resto del mundo de los negocios, tenía sus días contados. Lo digital, sin embargo, traía enormes beneficios en costes, rapidez de circulación y capacidad de llegada.

La desconfianza en que el soporte tradicional pudiera servir como generador de ingresos para el futuro se hizo cada vez más presente, al tiempo que se fantaseaba con múltiples modelos de negocio más allá de los ingresos publicitarios, que si bien nunca llegaban a cuajar, se entendían como las pruebas necesarias hasta que se pudiera conseguir el modelo definitivo.

La industria editorial no hizo nada de esto. Salvo la concentración, proceso propio de estos tiempos y típico de las crisis, todo lo demás fue en sentido contrario. Lo digital comenzó siendo invisible, tanto a la hora de plantearse
sus posibilidades como de analizar sus amenazas Ni siquiera la piratería y la compartición de archivos fueron tomadas en serio, pensando que el sector era diferente de aquellos otros que las habían sufrido y que en el libro su impacto sería poco más que marginal. Tampoco los e-books merecieron confianza alguna: a menudo, el sector editorial decía estar dando pasos hacia lo digital, pero en la práctica rechazaban aventurarse por ese camino.

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