Cita al traductor

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Nos hacemos eco y apoyamos…

Escribe Amelia Pérez de Villar:

Queridos lectores:

A pesar de las enormes posibilidades de acceso a la información que ofrecen actualmente las tecnologías, hemos venido comprobando un retroceso llamativo y paradójico en una costumbre que llevaba camino de asentarse: en muchas reseñas y críticas de prensa no se cita al traductor de la obra reseñada. Los argumentos que se dan, en muchos casos, son tan simplistas como las “razones de maquetación”, es decir, que el nombre del traductor no tiene hueco en el espacio que se dedica a hablar del libro. Como el nombre de un traductor puede componerse, como mucho, de tres o cuatro palabras, el espacio no puede ser un argumento. Tampoco el tiempo que se emplea en localizarlo, otro de los motivos que en estos tiempos apresurados pueden jugar en nuestra contra. Si las editoriales facilitan a los medios una ficha completa que incluya, como exige el rigor bibliográfico, el nombre del traductor, al medio de prensa le llevará más tiempo eliminarlo que incluirlo. Es, además, costumbre que se está empezando a extender en algunas editoriales que el nombre del traductor figure no sólo en la portadilla y en la página de créditos, sino también en la cubierta: este es otro terreno donde queda trabajo por hacer y, por los mismos motivos que ya hemos expuesto, incluirlo proporcionará más ventajas que inconvenientes a todos los implicados.

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