Claudia Casanova. Un estado de ánimo


Me llamo… Claudia Casanova.
Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como… Claudia Casanova, editora de Ático de los Libros (junto a Joan Eloi Roca, la otra parte del tándem).
Me gusta leer porque… Empecé de pequeña, con la biblioteca de mis padres, y descubrí que era la mejor manera de conocer otros mundos, y de refugiarme en ellos si hacía falta. Con los años me sigue gustando leer porque devorar una buena novela y prescindir del mundo exterior es una experiencia inigualable. Un subidón.
Cuando tenía doce años quería ser… Siempre he tenido dos grandes vocaciones: la literatura y la historia. Quería ser escritora y también arqueóloga.
Hoy soy… Editora, escritora, traductora. El orden de los factores cambia según el momento vital.
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… Con los años, concentro la ilusión de hablar de lo esencial que es la literatura, de las novelas maravillosas que se escriben y se publican, de los ensayos que nos enseñan cada día los límites de nuestra ignorancia, con la tribu de editores, autores, libreros, periodistas y aves de ese pelaje tan especial que optan por habitar en el mundo de las letras, pudiendo dedicarnos a oficios tan nobles y prácticos como la carpintería, el diseño de interiores o el sexado de pollos. En las bodas, a los extraños procuro preguntarles yo primero a qué se dedican. Es infalible como método de distracción.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:… Me levanto, desayuno y me instalo en la oficina, verbigracia la pantalla del Mac. Por ahí desfilan mails, manuscritos, redes sociales, negociaciones, contratos, facturas, CVs, conferencias por Skype… Hago llamadas telefónicas, las recibo. En la oficina somos tres o cuatro según las puntas de trabajo, así que se reparten tanto las crisis como las alegrías. El trabajo sigue hasta más o menos la medianoche. El editor independiente es el hombre/mujer orquesta, y a quien no le guste eso, debe tenerlo claro. Eso lo explicamos muy bien en el Curso de Edición Profesional de Taller de los Libros, que va por su cuarta edición. Participan una docena de editoriales independientes, entre ellas Ático.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… Por suerte, no he tenido que pasar por situaciones demasiado esperpénticas: lo habitual son autores con caprichos culinarios, etílicos, o diversos, y esos forman parte del día a día. Soy una buena conocedora de restarauntes de sushi, al menos en Barcelona y Madrid, a la fuerza, porque son los favoritos de muchos de los autores con los que he tratado.
Y lo peor… Cuando por una orden de los mandos en la editorial en la que trabajaba, tuve que deshacer diversos contratos con cedentes que habían trabajado bien conmigo durante años. Tuve citas en la feria de Frankfurt en las que pasé muchísima vergüenza y fue uno de los detonantes que me hicieron pensar en fundar mi propia editorial. Hay gente a quien eso le pueda parecer una nadería. Para mí no fue así. Al mismo tiempo, Joan Eloi Roca había llegado a la misma conclusión (un poco antes, porque es el estratega de la casa). De aquellas situaciones tan complicadas salió la editorial, que lanzó sus primeros títulos a la calle en marzo de 2010. La vida es así de irónica.
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… La pregunta del millón: ¿y cómo escoges los libros? La respuesta simplemente es que te haces editor para escoger los libros que te gustan y crees que pueden interesar a la gente. Es decir, que cuando tú optas por ser editor, ya sabes cómo escoger, ya sabes qué quieres escoger. Ese no es el problema. Lo complicado suele ser convencer a los demás de que tu selección es buena. En eso estamos en Ático. Llevamos varios títulos que parecen haber convencido a los lectores, desde el primero que publicamos, Kanikosen, hasta uno de los últimos, Mi abuela rusa y su aspiradora americana, la biografía novelada de la familia del autor, Meir Shalev. Muy tierna y sarcástica a la vez.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando…Podría decirte que no lo pierdo, pero no sería verdad. Lo pierdo cada cierto tiempo y lo recupero con la misma facilidad. Es un proceso inevitable y necesario. Los editores, igual que los escritores, tenemos que ser animales de largo recorrido, o de otro modo los mil y un obstáculos a los que se enfrenta una vocación cultural nos derribarían en menos de un santiamén.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es…Cuando un libro conecta con los lectores. Cuando ves que la gente adora al autor que tú has sido el primero en leer y amar. Como Philip Hoare y su literatura ensayística sobre Melville y ballenas. Como la no ficción de David Simon, libros de más de ochocientas páginas sobre Baltimore, la semilla de The Wire. Como los cuentos infantiles de Santi Balmes, de los que llevamos más de quince ediciones. En una palabra, cuando la locura funciona.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando…Afortunadamente hay muchos días buenos: el de la fundación de la editorial, después de muchos nervios. Participar en un proyecto que aglutina la ilusión de todas las personas que en un momento u otro han colaborado en Ático. Comprobar que hay lectores para un concepto de literatura clásica y contemporánea de autores extranjeros e ignorados como Kobayashi, Iraj Pezeshkzad, el propio Meir Shalev o Philip Hoare. Cuando cenamos con David Simon, porque es autor de la casa, en el sello de Principal de los Libros, que es donde editamos a la narrativa castellana y literatura moderna. Ver la ilusión de los autores al tener sus libros editados en sus manos. Conseguir los derechos de traducción de un autor que parecía inalcanzable. Es un trabajo hermoso, cuando te paras a pensarlo.
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a… Viajar, dormir, ver series de televisión, revisitar el cine clásico.
Así es como veo el futuro de mi profesión… El futuro, ¿en qué país? Porque España tiene graves problemas, desde la consolidación real de una población lectora, pasando por la definición del negocio digital, por no mencionar la construcción de un tejido fuerte a nivel comercial, y no solamente cultural, de editoriales y librerías independientes. El futuro de la edición en Inglaterra, Francia o Italia es una cosa más halagüeña, aun cuando también tienen sus problemas. Nosotros aún tenemos que ver primeras novelas literarias vendiendo en la rentrée lo que venden en Europa, decenas de miles de ejemplares. ¿Lo veremos? No lo sé.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… Leyendo.
El último libro que he leído ha sido… The Luminaries, de Eleanor Catton.
Y lo conseguí en… Foyles, en la pasada feria de Londres. Podía haberlo comprado por Amazon, pero prefiero hacer mis compras en librerías (físicas).
Y el primero que recuerdo que leí fue… Los volúmenes de la biblioteca juvenil de Editorial Molino, los devoraba a pares. Verne, Scott, Rider Haggard. Pero el primer deslumbramiento fue Zweig, cuya obra estaba entera en la biblioteca de mis padres, en aquellas ediciones con papel de biblia.
En mi mesilla tengo ahora para leer…Manuscritos, manuscritos. 
Me gustaría añadir que… Los que quieran ser editores deben leer a Mario Muchnick, porque en sus memorias está la verdad como sólo un editor puede contarla. Es decir, a medias pero muy bien contada.
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