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Bibliotecas como comercios de proximidad. Vicente Funes

Bibliotecas como comercios de proximidad. Vicente Funes

Tal vez será nuestra tradición católica que nos hace más pudorosos en eso del mercadeo en según que asuntos. Y pese a la herencia fenicia de nuestro pasado no podemos compararnos a los anglosajones cuyo calvinismo les exime de toda culpa a la hora de convertir en objeto de consumo lo que sea.

El caso que en nuestro país lo de unir instituciones culturales y comercio no termina de estar bien visto. En contraste el concepto de industrias culturales se ha implantado sin problemas: pero persiste una cierta idealización de la cultura que choca con que, por otro lado, seamos de los países con más piratería de contenidos culturales.

Por eso atendiendo a nuestro negociado, el de las bibliotecas, no es habitual que una biblioteca tenga una tienda como sí pasa en los museos u otro tipo de centros culturales. En la BNE, es una librería la que cumple esta función, pero lejos delmerchandising que explotan en los citados museos. ¿Será que hay que mantener a los mercaderes fuera del templo? No decimos ni que sí, ni que no: pero no deja de ser una pena por partida doble. Por un lado por la asociación de biblioteca con templo (inmovilismo) y, sobre todo, porque sería un alivio presupuestario contar con algo de calderilla si esos ingresos revierten en la propia biblioteca. En cambio en el mundo anglosajón bibliotecario ni se lo plantean: y ya están con la campaña de Navidad como si de unos grandes almacenes se tratase.

En la tienda online de la British Library ya han colgado los adornos para esta próxima Navidad. Y como fetichistas culturales que somos no podemos dejar de echar un ojo a su escaparate para maravillarnos/horrorizarnos con algunas de sus propuestas en forma de souvenirs. En algunos casos lo de que se comercie con la cultura en bibliotecas no está mal visto por el hecho en sí de comerciar, sino por las afrentas estéticas que ofrecen en forma de homenajes a los libros.

Seguir leyendo en Infobibliotecas.

 

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Tener los libros a mano. Elena Rius

Tener los libros a mano. Elena Rius

El único inconveniente de los libros -y no estoy del todo segura de que lo sea- es que ocupan lugar. Tienen volumen y peso, «cuerpo», lo que hace que en cuanto te descuidas llenen estanterías y más estanterías. Si no los tienes sólo de adorno, es decir, si tienes por costumbre leerlos, habrás comprobado que poseen además la irritante costumbre de desparramarse por ahí y aparecer en los lugares menos previsibles, por más que te esfuerces en mantener un orden (sobre el orden de las bibliotecas se ha escrito mucho, también aquí, aunque sin llegar a ninguna conclusión definitiva). Algunos lectores -entre los que me cuento- solemos alternar además diversas lecturas al mismo tiempo, lo que hace que el desbarajuste de libros que andan de acá para allá aumente: tienes una pila de libros junto al sillón, pero el que quieres en ese momento está en el despacho; o has olvidado que el que creías haber puesto en la estantería de «libros pendientes de leer» te lo llevaste ayer para leer en la cama; cuando estás segura de tener determinada obra de un autor -recuerdas incluso en qué balda y junto a qué otros libros estaba-, resulta que en la última reordenación ese libro fue a parar a otra parte de la casa (porque, claro, tienes estanterías en todas las habitaciones, y no siempre es fácil seguirles el rastro).

Seguir leyendo en Notas para lectores curiosos.

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El homo sapiens y el libro electrónico. Gustavo Ariel Schwartz

El homo sapiens y el libro electrónico. Gustavo Ariel Schwartz

La abstracción es una novedad evolutiva. Somos animales programados para cazar, comer, follar y un par de cosas más. Necesitamos esto para sobrevivir y por lo tanto estamos mucho más conectados con lo concreto que con lo abstracto. Durante millones de años, la necesidad de manipular objetos ha ido moldeando en nuestros cerebros esta preferencia por lo concreto. Incluso lo concreto, lo emocional, lo instintivo, se procesa en nuestro cerebro mucho más rápido que lo abstracto o lo racional. Tan concretos somos, que la posición de nuestro cuerpo puede condicionar nuestro pensamiento racional. Incluso aprehender un objeto, tocarlo, ayuda a que mantengamos la concentración. Así como la información no entra sólo por los ojos, la manera en que nuestro cerebro la procesa no es sólo racional.

Cuando leemos un libro (de los de papel) no sólo disfrutamos (o padecemos) su contenido literario sino que sentimos su peso, percibimos su olor, palpamos su textura, ocupa un sitio en la biblioteca, en la mesilla de noche o en algún rincón de la casa. La experiencia de leer un libro es holística. Doblamos la esquina de una hoja para marcar la página, recordamos dónde hemos leído cada capítulo, lo marcamos con un lápiz, se nos mancha con café. Incluso, un libro, envejece con nosotros; las hojas se amarillentan, cambia el olor, se deshoja, la portada se gasta, la encuadernación cede. Cada libro ocupa además un sitio preciso en la biblioteca de cada uno de nosotros; agrega su particular color al arcoíris literario. Cada sector de la biblioteca tiene un significado especial; y si un libro cambia de sitio es porque algo ha cambiado en su dueño. Una vez más la posición, lo concreto. La ubicación física de un libro en la biblioteca dice mucho acerca de la relación personal entre el libro y su lector. Y es que en última instancia el libro, el de papel, es un objeto físico y tenemos con él la misma relación que hemos venido teniendo con los objetos desde hace algunos millones de años. Necesitamos cogerlo, olerlo, palparlo, sentirlo, mirarlo e incluso oírlo.

Seguir leyendo en el blog de Gustavo Ariel Schwartz.

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Paco Goyanes y Lola Larumbe. La mejor escuela. Raquel Blanco

Paco Goyanes y Lola Larumbe. La mejor escuela. Raquel Blanco

No hay mejor escuela, para esto de intentar vender libros, de verdad, editor o editora novato, a ti te lo digo, que sé que me lees, o me gustaría que lo hicieras, mejor, que una librería a cargo de una persona que lleve su vida trabajando en ella. No me refiero, entonces, a cualquier librería. Me refiero a una ya de cierta importancia, asentada, próspera, diría, dentro de lo que cabe; cargadita de libros, aun de fondo muchos, pese a las novedades, que también. Iba a escribir, y lo haré más adelante, sobre lo que le he leído a Paco Goyanes, librero de Cálamo, en el número 36 de la Revista Texturas; disfruté tanto leyéndolo, tendrían que haberme visto, asintiendo todo el rato, como un votante del PSOE, o de derechas, no sé cómo les llaman ahora, leyendo El País, apunto de vitorear al columnista de turno, lo mismo hasta se me escapó un olé, les cuento, porque los pensaba, según le leía, «¡Olé!».

Ahora bien, he de decir que fue Lola Larumbe, en su Librería Rafael Alberti, la primera a la que vi dar una lección magistral a un editor. Lo hizo delante de mí. No se me va a olvidar. Me dejó alucinada. Por la concisión, por el sentido común, por la tranquilidad con la que se lo contaba todo. Y es que estas cosas los libreros y las libreras me las suelen decir a mí, sí, pero en un aparte, cuando nadie mira ni puede replicar. Y lo entiendo. A mí me toca muchas veces, y es pesadísimo. Perdida la frescura de los primeros tiempos, cuando es nuevo todo, casi una aventura, una ya empieza a notar lo aburridísimo que es explicar, día sí día también, que si se publican setenta mil libros al año, a ver por qué un lector va a comprar el tuyo, editora o editor novato, explícame cómo crees tú que tengo yo*, nosotras, que hacer para convencer no a una, a todas esas librerías donde quieres tener presencia como editorial, de que tu libro, de entre todos los cientos de libros, es el libro que hay que poner justo en esa mesa. Qué pesadez, de verdad. De lejos, es la parte más ingrata de este trabajo. Los días que pienso en retirarme es por esto nada más. Fastidio infinito explicar lo mismo una y otra vez, muchas veces a la misma persona, hacia la que empiezas a sentir algo no muy positivo, abro aquí y ahora así mi corazón. Querer estar en todas partes, como si esta pequeña a la par que coqueta distribuidora fuera, o pudiera, o quisiera llegar a ser, una empresa logística, una gran colocadora de libros a granel, o como si en todas partes hubiera sitio para ese autor que sí, si no digo yo que no, nos gusta, mucho, queremos que se publique, celebramos su libro, incluso lo hemos leído y disfrutado, pero… ¿no te has dado cuenta, alma de cántaro, que hay otros sesenta y nueve mil novecientos noventa y nueve libros que lo mismo son igual de necesarios, o menos, si es que da igual, que salen en los periódicos, están mejor producidos, la editorial, que tampoco es que sea muy grande, se ha recorrido librerías de media España, ha explicado su proyecto, ese libro y otros que van a salir, ha hecho así de fácil la labor de selección, tanto, que cuando llega el ejemplar ya tiene su estante, se coloca casi que automáticamente en el sitio, privilegiado, que le corresponde, en justa lid. Se lo dije: «Lola, te voy a traer a todos». Pero ella no le da importancia; me mira, tranquila, para quitarle la poca que cree que tiene, una educación exquisita: «Los mismo no era el momento… pero es que es así, ¿no?». Ese día había quedado en la Alberti, aprovechando que tenía una cita con la librera, con uno de los editores con los que trabajamos, uno de los que tienen el catálogo más formado. Es de las pocas librerías que visito con frecuencia. Qué nos darán allí… El editor habló de sus libros, con entusiasmo, quejándose un poco de lo poco que se conoce a alguno de sus autores, de lo poco que se leen. Y Lola se lo dijo, la cantidad de libros que se publican, cómo se venden, uno a uno, con suerte, la importancia de la labor de promoción, lo caro que es el espacio, lo que cuesta, los márgenes, la competencia brutal. La pena es que Lola no se pone a escribir.

Lectura recomendada (y un ofrecimiento)

Y la alegría es que Paco sí. Y también Juan Miguel Salvador, por cierto, de la Librería Diógenes de Alcalá de Henares. Otro día lo contamos esto, si nos da. Me he guardado algún otro artículo para más adelante. Y me anoto el escribir al editor de Trama para preguntarle cómo es que escriben tan pocas mujeres en su revista, siendo como somos tantas. A ver si me invita a un café un día, y lo hablamos. Me ofrezco a echar una mano; a mí no me cuesta rodearme de mujeres nada, me sale natural.

Seguir leyendo en Librerantes.

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Texturas. Descubriendo la librería como proyecto de vida. Re-Read Bilbao

Texturas. Descubriendo la librería como proyecto de vida. Re-Read Bilbao

La revista Texturas es una publicación periódica del sector editorial y librero. Bueno, no tenemos muy claro si esta es la definición adecuada o que satisfaría a sus editores. Nosotros la definimos como la mejor publicación del mundo mundial, y parte del extranjero, del sector profesional del libro. Sus diferentes números los subrayamos y estudiamos con ahínco.

Nos lleva a la reflexión continua y a auditar nuestra propia librería en base a las propuestas que otros profesionales escriben en ella.

La revista ha alcanzado, si cabe todavía, calidad inigualable desde que propusieron a los Re-Read Bilbao que escribiésemos un artículo contando nuestra experiencia. Ya estamos escribiendo nuestro discurso para recoger nuestro premio Pulitzer…

Por supuesto la primera respuesta ante la propuesta fue no. ¿A quién le puede importar lo que nosotros hagamos, opinemos, nos equivoquemos? Mucho menos a profesionales con mayor experiencia. ¡¡Es a nosotros a quienes nos interesa su bagaje vital!!

Por otro lado, tal vez leer en qué consistió nuestro aterrizaje forzoso en este mundillo y cómo hemos ido superando los diferentes desafíos/problemas/putadas pudiera resultar de interés para otros inconscientes que quieran meter el hocico en esta profesión en la que los días pares son maravillosos y los impares horribles.

Eso que nos dijo una amiga, yo creo que vosotros trabajáis demasiado, tal vez pudiera ayudar a sacar conclusiones a compañeros, clientes, amigos y curiosos.

¿Os va bien, verdad?, nos preguntan muchas personas cuando llegan a las horas punta y ven el ajetreo humano en el local. Hombre, esta mañana a las 6 de la mañana con ojeras en el almacén no nos iba tan bien, y la semana pasada, cuando el ascensor de aquel quinto piso fue boicoteado a conciencia ante nuestra desesperación, tampoco moló mucho. Los Safier, Zweig, Almudena Grandes, Toti Martínez de Lezea, Grisham, Wilbur Smith y compañía, pesan lo que antiguamente denominaban como quintal, y las escaleras de pisos antiguos, cuyos peldaños curvos se estrechan a nuestro paso, os las recomendaríamos si nuestro cuñado fuese traumatólogo.

Seguir leyendo en el blog de Re-Read Bilbao.

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Los libros como herramientas de bolsillo. Josep Mengual

Los libros como herramientas de bolsillo. Josep Mengual

Existe desde 2007 en Barcelona (c/ Aragó, 367) una librería especializada en literatura infantil y juvenil con vocación de espacio cultural cuyo nombre es tremendamente significativo de una determinada manera de concebir los libros y la lectura: La caixa d’Eines (“La caja de herramientas”). Existe igualmente en el Grup 62 una colección de clásicos universales (Llull, Shakespeare, Orwell, Huxley, Joan Oliver…) que toma también esa idea, Llibres de les Eines (“Libros de las herramientas”), pero a ambos casos se les puede identificar un antecedente en la colección de la editorial Laia Les Eines, que estuvo activa entre 1973 y 1983 y publicó casi un centenar de títulos.

Les Eines, una colección encuadernada en rústica con solapas y un tamaño de 20 x 13, en su primer año de existencia se dio a conocer con cinco títulos que daban cuenta de la flexibilidad en cuanto a géneros literarios y a procedencias, pero que encajaban perfectamente con la identidad crítica y combativa de la editorial Laia: el ensayo sociológico Capvespre de creences, de Antoni M. Güell, una segunda edición de La CIA: el govern invisible, de David Wise, Els drets de l’home, de E. H. Carr (1892-1982), la primera edición íntegra de la novela Els plàtans de Barcelona, de Víctor Mora (1931-2016) y Societat catalana i reforma escolar: La continuïtat d’una institució, de Joan Gay, Àngels Pascual y Rosa Quitllet.

Más divulgación incluso tuvo la colección derivada de esta, Les Eines de Butxaca (20 x 13, en rústica, con diseños de Enric Satué), que en contra de lo que suele suceder no fue el destino de los libros de mayor éxito de la colección madre, sino que publicó sobre todo novedades y tuvo un criterio propio muy explícito (concretamente, expresado en las páginas finales de algunos títulos) desde el momento de su aparición en 1979:

Los clásicos catalanes como sugerencia permanente. Textos introducidos por los mejores especialistas de la literatura catalana actual. Herramientas para quien desee releer o estudiar los grandes hitos de nuestra cultura escrita.

 

Seguir leyendo en Negritas y cursivas.

 

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¿Deberíamos preocuparnos por una “brecha de lectura profunda”? Evelio Martínez

¿Deberíamos preocuparnos por una “brecha de lectura profunda”? Evelio Martínez

No parece que sean buenos tiempos para la lectura, y de vez en cuando surge algún artículo para confirmarlo.

Uno de los últimos ha sido reseñado en The Conversation . El estudio fue llevado a cabo en EEUU, analizando datos de casi un millón de adolescentes recogidos desde 1976.

Los resultados muestran que los adolescentes cada vez dedican menos tiempo a la lectura en favor de las pantallas y los nuevos medios de distribución de contenidos (como Netflix). 

Algo que podíamos esperar, pero aún así sorprende la amplitud de los datos y la contundencia de los resultados. Además, el seguimiento a lo largo de ese periodo tan dilatado permite desmentir una afirmación popular: que los nuevos medios pueden convivir con los antiguos, sin que ello signifique un desplazamiento. Convivencia hay, pero está claro que ha habido un fuerte desplazamiento en favor de las pantallas, al menos para los adolescentes estadounidenses de estas últimas décadas.

Como se apresuran a comentar los autores, los adolescentes sí leen pero se han acostumbrado a leer textos cortos, en detrimento de los textos más largos en formato libro o artículo (interesante también el apunte de que los jóvenes siguen leyendo libros, pero la lectura de libros por placer va en descenso).

¿Y por qué importa ese cambio de preferencia, de textos largos a lectura breve? En palabras de los autores:

Leer libros y artículos largos es una de las mejores maneras de aprender cómo pensar de manera crítica, comprender temas complejos y separar los hechos de la ficción. Es crucial para ser un votante informado, un ciudadano comprometido, un estudiante exitoso y un empleado productivo.

En esa misma línea se manifestaba Maryanne Wolf en un artículo paraThe Guardian. Wolf es investigadora en neurociencia, así que su foco está puesto en los cambios neuronales que el hábito de la lectura fragmentada puede acabar produciendo, y no sólo en los jóvenes. Wolf comenta:

La posibilidad de que el análisis crítico, la empatía y otros procesos de lectura profunda puedan ser el inesperado daño colateral de nuestra cultura digital no es una simple cuestión binaria sobre la lectura impresa versus la digital. Es sobre cómo todos hemos empezado a leer y cómo eso cambia no sólo lo que leemos, sino también los propósitos por los cuales leemos. Tampoco es una cuestión que afecte sólo a los jóvenes. La sutil atrofia del análisis crítico y de la empatía nos afecta a todos. Afecta a nuestra habilidad para navegar por un constante bombardeo de información. Incentiva un retraimiento a nuestros silos familiares de información no contrastada, que no requiere y no recibe análisis, dejándonos a merced de la información falsa y la demagogia.

Seguir leyendo en emartibd.

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En torno a la edición. Damián Tabarovsky en Perfil

En torno a la edición. Damián Tabarovsky en Perfil

¿Qué historia de la edición estaría faltando y por qué? La edición es, como pocas, una institución sobredeterminada, para decirlo con las viejas palabras del marxismo estructuralista a lo Althusser, es decir, una institución condicionada simultáneamente por varios factores. Una institución de cruce: primero, pertenece a la industria cultural, con todo lo que se juega en ese oxímoron, en esa tensión entre industria y cultura: de un lado la economía, la producción en serie, la distribución, el stock, la tecnología… del otro lado, la singularidad de cada libro, de cada autor, la dimensión artesanal de la edición. Pero también y sobre todo la edición es una institución de cruces, porque ella, como un prisma, permite ver el estado de la cultura y de la literatura en un momento dado.

Es decir, permite preguntarnos acerca de qué libros se publicaron en que época y en qué contexto, y también qué libros no se publicaron en esa época y en ese contexto. Y también qué circulación tuvieron esos libros, qué debate generaron, qué tomas de posiciones existieron detrás de esos libros. Las editoriales, entonces, pueden ser pensadas como la caja de resonancia de esos debates. O a veces como las impulsoras de esos debates, e incluso, en casos extremos, pero no por eso menos ciertos ni menos interesantes –al contrario, tal vez sean los más interesantes– las editoriales pueden ser pensadas como la vanguardia de esos debates. Tal vez podríamos decir que así como hubo (¿o hay?) autores de vanguardia, hubo (¿o hay?) editoriales de vanguardia.

Seguir leyendo en Perfil.

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Adeu Eduard Miralles

Adeu Eduard Miralles

Conocimos a Eduard Miralles en distintos momentos vitales.

Sabemos, en mayo nos lo confirmó, que era un fiel y agradecido seguidor de nuestro boletín digital.

Carme Fenoll recordaba el artículo de Eduard Miralles que en su momento recogimos en este mismo blog.

 

Hoy y en la medida en que una parte del corazón de Trama siempre anda cerca de México queremos recoger el recuerdo de Eduard que desde allí nos acerca Victoria Contreras Peña.

Muchos amigos de Trama y de Eduard, Roberto, Xavi, Javier, Mikel, Pello, el otro Mikel, Carme… están dolidos y fastidiados como nosotros. Va también por ellos.

Eduard Miralles i Ventimilla (Barcelona 1961-2018): Vislumbrar las Opciones Estratégicas del Campo Cultural en la Vida Pública de los Países. Victoria Contreras Peña

Esta mañana en Ciudad de México, un querido amigo y colega de la gestión cultural de Medellín, Colombia, me dio la noticia de la muerte de Eduard Miralles, un reconocido profesional de la Gestión Cultural en el mundo.

 Conocí a Eduard Miralles en diciembre de 2003, durante el III Campus Euroamericano de Cooperación Cultural en Sevilla, España.

 Y aquí hago un paréntesis:

 Ese año yo había tomado una decisión muy relevante en mi vida profesional: Dedicarme profesionalmente a la Gestión Cultural.

Tenía menos de un mes que había renunciado a mi puesto público de la coordinación de asesores de un área de la Comisión Federal de Electricidad, compañía donde había laborado 8 años.

 En el año 2003, México no tenía muchas opciones para profesionalizarse en Gestión Cultural (hoy existen más de 20 programas entre licenciaturas, maestrías o doctorados en el país). Después de una búsqueda en internet encontré que Sevilla celebraría el III Campus de Cooperación Cultural. Como mi licenciatura la hice en Relaciones Internacionales, encontrar ésta opción me pareció un inicio magnífico como espacio de profesionalización. Con parte del dinero de mi liquidación, compré mi vuelo a Sevilla, me inscribí al Campus y llegué ahí sin conocer a ninguno de los profesionales que ahí se encontraban.  Lo cual fue irrelevante, pues los extintos Campus fueron un excelente espacio de aprendizaje y construcción de redes transnacionales de profesionales de la cultura, así que todas las posibilidades estaban por suceder…

 Durante los días del Campus, recuerdo bien cuando escuché la intervención de Eduard Miralles, hablando categóricamente de la Gestión Cultural y de las oportunidades de cooperación entre Europa y América Latina. Sobre el valor indiscutible de la variable cultural en el diseño de las políticas públicas y su implementación para solucionar aspectos de la vida social de nuestros países. De cómo los Estados y gobiernos deben apostar al crear sistemas sostenibles de Gobernanza Cultural con todos los actores de su ecosistema; a fin de mejorar las cadenas de valor de la cultura, impulsar la diversidad de expresiones y su respeto, la profesionalización, su intersección con otros sectores y mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Esa fue la primera vez que escuché una explicación integral de lo que significan la dimensión cultural en la vida de los países y la implementación de políticas culturales.

Seguir leyendo en Conecta Cultura.

Cerramos con una cita suya que debe seguir sirviéndonos de aviso a navegantes:

Del mismo modo que, a mediados del siglo XX, la explotación indiscriminada de los recursos naturales a lo largo de más de cien años, junto con la aparición de problemas globales como la contaminación primero y el calentamiento global o la perforación de la capa de ozono algo más tarde, dieron paso al surgimiento de una nueva conciencia ante el agotamiento de los recursos naturales y la necesidad de que la especie humana avanzara hacia un mayor respeto en su relación con el medio ambiente y con su entorno, probablemente uno de los grandes desafíos para la humanidad en el siglo XXI sea la gestación de esa nueva conciencia y mayor respeto hacia la segunda esfera de su existencia: la esfera de lo cultural. O de lo contrario, el empleo reiterado de la cultura como coartada, prescindiendo de cualquier lógica propia de lo cultural, puede acabar siendo un factor decisivo de mal desarrollo. (La cultura, de factor de desarrollo a pilar de la sostenibilidad)

Cómo no arruinarse comprando libros. Elena Rius

Cómo no arruinarse comprando libros. Elena Rius

Soy consciente de que a muchos de los seguidores de este blog este artículo  les resultará superfluo. La mayoría son tan adictos a la lectura que, o bien no les importa en absoluto dedicar buena parte de su presupuesto a adquirir libros, o bien -como yo- hace tiempo que han desarrollado, por pura necesidad (¿hay algún verdadero lector que pueda vivir sin nutrirse constantemente de nuevas lecturas?), las estrategias que les expongo a continuación para que la incesante adquisición de libros no les suponga una sangría económica. Sin embargo, una y otra vez me encuentro con personas que dicen no comprar libros por lo caro que resulta, o que me piden consejo acerca de cómo hacerse con ellos a buen precio. (A modo de acotación diré que me sigue alucinando cómo algunos conocidos míos de amplios posibles, que no pestañean cuando han de rascarse el bolsillo para comprar cualquier chuchería, no se lo piensan ni un minuto cuando se trata pedirme en préstamo un ejemplar de El Lazarillo de Tormes u otro clásico que les haya caído en suerte a sus hijos comentar en el colegio. ¡Dios les libre de gastarse diez euros -o menos- en alguna de las numerosas ediciones escolares que abundan de estas obras!)  Aunque debo insistir en que los libros no son caros -piensen únicamente en lo que cuesta salir de copas una noche-, también es cierto que los bibliómanos, de no andar con cuidado, corremos el serio peligro de encontrarnos sin fondos cada vez que visitamos una librería. Si el precio de los libros les hace sufrir, no hay motivo para que cunda el pánico, existen muchas maneras de leer sin arruinarse. Aquí van algunas:

El método principal y el mejor, porque sale gratis: la biblioteca pública. Por suerte, hoy en día -al menos en España, en especial en las ciudades grandes o medianas- disfrutamos de una amplia red de bibliotecas. Aún hoy, cada vez que visito una me parece un milagro tener tantos miles de libros a mi absoluta disposición y sin necesidad de desembolsar ni un céntimo. Las bibliotecas son -y no es extraño- uno de los equipamientos públicos mejor valorados por sus usuarios. Por si esto fuera poco -aparte de la absoluta maravilla de poder tomar prestados libros, cómics y música, de disponer de un espacio cómodo y climatizado para sumergirse durante horas en la lectura, de las decenas de actividades culturales que organizan- es que su oferta no se limita a los libros que exhiben sus estanterías: sepan que es posible pedir casi cualquier libro de otras bibliotecas, lo que amplía enormemente el catálogo a nuestra disposición, y que te lo traen en pocos días (pagando, sólo a veces, un precio simbólico).  Hay gente -ves a saber por qué extraña inhibición- a la que aún le cuesta un esfuerzo entrar en una biblioteca. Adelante, no me sean tímidos, úsenlas y disfruten. Ya nunca más tendrán excusa para decir que no leen porque van mal de dinero. Las bibliotecas, como dice Borges, son lo más parecido a la idea del paraíso.

Seguir leyendo en el blog de Elena Rius, Notas para lectores curiosos.

Elena Rius es autora de El síndrome del lector publicado por Trama editorial en su colección Tipos móviles.

 

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