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Auto publicación. Del escepticismo al temor. Manuel Gil

Auto publicación. Del escepticismo al temor. Manuel Gil

Cuando hace varios años comenzó a hablarse de la autopublicación mucha gente del sector, entre la que me incluyo, lo observamos como un fenómeno periférico y marginal, una moda que pasaría en breve, de manera que observamos el fenómeno con displicencia, superioridad y muchos prejuicios.
Eso de autoeditarse un libro parecía un fenómeno friki o de geeks convertidos en paladines de la modernidad, al margen de autores que necesitaban incrementar su ego. Editar las poesías que compones en la ducha o las recetas de pastelería de tu tía madrina era algo ajeno al mundo editorial. La edición veía el fenómeno como algo absolutamente ajeno a sus problemáticas, pero el tiempo ha pasado y algunos (al menos yo) hemos cambiado abiertamente de opinión. Mirando cómo se veía el fenómeno hace unos años tan sólo encuentro algunos analistas que ya intuían que esto era algo más que moda friki, que era un fenómeno que se quedaría y repercutiría en el entramado de la industria editorial, se puede ver en Internet las apreciaciones de Celaya, Rodriguez y Gozzer sobre el tema en aquellos años. Las tecnologías digitales han puesto la autoedición de libros al alcance de cualquiera, y los datos comienzan a ser concluyentes y tercos en cuanto a la magnitud del asunto y su repercusión comercial. Un error de bulto importante.

Cuestionario BookMachine a Bernat Ruiz. Interrogado por María Cardona

Bernat Ruiz, autor del artículo La distribución digital de libros, en la encrucijada en el número 22 de Trama&Texturas se ‘somete’ al cuestionario Book Machine hábilmente interrogado por María Cardona.



1. ¿Nos puedes hablar un poco de dónde vienes, qué has hecho hasta ahora y sobre tu blog?
He leído toda mi vida. No recuerdo no leer, del mismo modo que no recuerdo aburrirme y ahora no sé vivir sin leer y tampoco sé aburrirme. Debía tener cinco o seis años cuando mi padre se negó a seguir leyéndome libros porque, me dijo, yo ya sabía leer. Bueno, era evidente que a esa edad yo sabía juntar las letras y descifrar palabras pero eso no es leer. Seguí leyendo –nunca he dejado de hacerlo- porque la curiosidad por los libros que mi padre ponía a mi alcance era superior a la dificultad de la lectura. Sin curiosidad no hay lectura, al menos no lectura profunda. Yo llegué a la edición por azar.
Mi formación es en Diseño Industrial, estudios a los que también llegué por azar. Si algo tienen en común el diseño y la edición en mi vida es que, aún llegando a ellos por azar, o quizás por eso, son las dos actividades que he llevado a cabo con más sentido. Puede que el hecho que ambos sean un oficio, que ambos requieran grandes dosis de curiosidad y autodidactismo, haya hecho que me resultaran tan afines. Tras dejar el diseño trabajé unos años en una agencia de publicidad y publicaciones corporativas. Luego ejercí durante seis años como Editor de Publicaciones Corporativas en Abertis Infraestructuras S.A., trabajo que me ha permitido aprender mucho cobre las grandes empresas y, especialmente, qué herramientas pueden necesitar y a la vez cómo no deben hacerse muchas de las cosas relacionadas con la comunicación de una gran empresa multinacional que cotiza en el IBEX 35, el grupo más selecto de empresas cotizadas españolas.

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Cuestionario BookMachine a Bernat Ruiz – http://kcy.me/zc7e @mmcardona @BernatRuiz

El porqué un libro siempre será mejor que un Kindle. Laure Martin


¿Hay algo mejor que un buen libro? Y no me refiero a la versión electrónica que te descargas en tu Nook o Kindle con la cubierta de Kate Spade que compraste en Barnes and Nobles por 37 €. Estoy hablando de letras descoloridas de una desgastada tapa dura. Estoy hablando del gran peso de cientos de páginas, juntas en tus manos. Estoy hablando de la suave brisa al pasar las páginas, de atrás a adelante, y de adelante atrás.
Llamadme anticuado, obstinado, ingenuo, cualquier cosa que os valga pero nunca compraré un Kindle. En una América en post-recesión, entiendo que parece económicamente irresponsable gastar dinero en libros cuando puedes descargártelos con un leve descuento en el revolucionario bloc de notas. Sin embargo, a lo que renuncias por comodidad y precio no parece merecer la pena.
¿No recordáis leer de niños, quedaros dormidos con un libro en la cara? ¿No recordáis esa satisfactoria sensación de pasar página y lanzarse al final del libro? ¿No quisisteis siempre crecer con una biblioteca inmensa en vuestra sala de estar, con estanterías con libros amontonados encima de más libros? Y cuando te quedaras sin espacio, los alinearías contra la pared, amontonándolos unos encima de otros hasta que se volviera un riesgo de seguridad.
Aunque aprecio el Kindle por sus pocas ventajas, creo que es un triste recordatorio de la revolución tecnológica que se acerca deprisa y a la que nuestra sociedad ha sucumbido tan fácilmente. Es solo otro ejemplo de la irrelevancia que se ha situado en las partes culturales y tradicionales de la vida, remplazándola con algo más rápido y fácil.
¿Qué ha ocurrido con los sábados que pasábamos en librerías de segunda mano rebuscando a tu autor favorito? No puedes pasarte horas en un Kindle, rodeado de primeras ediciones rebajadas y copias desgastadas con notas a pie de página y pasajes subrayados. No puedes escribir tu nombre en la cubierta y dejárselo a un amigo. No puedes dejar una nota en su interior cuando lo devuelves a la biblioteca. No puedes resaltar tus partes favoritas y hacer notas en un lado.
La vida avanza deprisa y que todo el mundo parezca gravitar hacia una vida llena de pantallas electrónicas y conexiones sin cables, no significa que tengas que dejar todo atrás. Guarda algo del pasado; mantén las buenas cosas con vida. Disfruta de las decadentes y simples bellezas que el hombre crea, en vez de ceder ante todos los avances que las masas dicen ser mejores. El Kindle puede que sea el futuro, pero todavía hay un montón de cosas que no puedes hacer con él.
No puedes escribir tu nombre en él, marcándolo con orgullo como si fueras su propietario original.
No puedes dejarlo en cualquier lugar para que lo disfrute la próxima persona que lo encuentre.
No puedes añadirlo a una biblioteca para exhibir su fascinante encuadernación.
No puedes amontonarlos unos encima de otros exhibiendo tus logros como lector.
No puedes dejar tus tazas de café sobre él después de haber leído sus páginas una y otra vez.
No puedes encontrar primeras ediciones que seguir añadiendo a tu colección.
No puedes dejar notas en él para el próximo lector que lo coja.
No puedes personalizarlo escribiendo tus propias reflexiones en sus palabras.
No puedes buscar tus favoritos en polvorientas y viejas librerías de segunda mano.
No puedes crear una colección que admirar según crece.
No puedes subrayar sus pasajes con los que encuentras conexiones en cada palabra.
No puedes resaltar tus fragmentos favoritos con los que tropezar fácilmente cuando quieres recordar su elocuencia.
No puedes oler su edad entre las páginas.
No puedes quedarte dormido con él en la cara, quedándote soñando con las imágenes que te infunde.
No puedes legarlo a tus hijos, regalándoles así las palabras más emotivas de tu joven madurez.
No puedes empezar una conversación cuando alguien reconoce la cubierta.
No puedes envolverlo en papel y regalarlo, para trasmitir los mismos conocimientos que se te quedaron grabados.

Traducido por Alex Barandiaran

Mucho antes que Jeff Bezos ya estuvo Ángela Ruiz Robles.

Mucho antes que Jeff Bezos ya estuvo Ángela Ruiz Robles.


Escribe hoy Lorena Fernández en Doce miradas:


Se suele decir que la Historia la escriben los vencedores. Yo añadiría además, que hasta hace bien poco, los vencedores masculinos. Así que no es de extrañar que cuando nos preguntamos por personas que han marcado el devenir de la ciencia y la tecnología, nos vengan a nuestras cabezas hombres casi en exclusividad. Sin embargo, muchas han sido las mujeres determinantes que luego la Historia castigó con su indiferencia. Mi intención es hoy hacer un recorrido por algunas.

Y dentro de ese recorrido está Ángela Ruiz Robles (1895-1975) de la que nos cuenta que

 inventó el libro mecánico y anticipó el ebook en los difíciles años inmediatamente posteriores a la Guerra Civil española. Su deseo de facilitar el aprendizaje al alumnado, su obsesión por el peso de las carteras, unido a su convicción por la necesidad de transformar la educación tradicional basada en la memorística hacia la enseñanza interactiva y razonada, le llevaron a idear en los años cuarenta un nuevo formato de libro. Doña Angelita, como era conocida, llegó a patentar su enciclopedia mecánica, y el ministerio de educación a dar su aprobación para su eventual uso en las aulas, pero nunca consiguió financiación para llegar a fabricarla. Podemos escucharla defendiendo su proyecto.

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Con Ciencia – Ángela Ruíz Robles
Cuando publicar no vale nada. José Antonio Francés

Cuando publicar no vale nada. José Antonio Francés

El escritor, siempre, debe elegir quién lo juzga. Cuando la somete al jurado de un premio, cuando llama a las puertas de una editorial, cuando la entrega al público no hace otra cosa más que poner su obra a merced de la opinión. Eso es publicar: poner en manos del público.

La publicación, históricamente, ha tenido sus mecanismos de selección. Hasta no hace mucho, publicar era un acto de prestigio que implica la superación de los difíciles filtros de la industria editorial. Esta industria y los medios de comunicación (antes la crítica y los académicos) han sido tradicionalmente los depositarios del cánon literario, el órgano que decidía, como un juez severo, qué literatura merece la pena ser publicada y cuál no.

Con sus clamorosos fallos –como todo acto humano—, con sus servidumbres al mercado, este sistema ha funcionado desde la modernidad con contrastada eficacia. Es decir, nunca se ha leído tanto ni publicado como ahora, y a pesar de las dificultades, el genio literario conseguía abrirse paso dentro de ese modelo. Con cierto sesgo idealista podía afirmarse que cualquier escritor con oficio y perseverancia, acababa encontrando su lugar en ese complejo engranaje. Dicho de forma inmisericorde, el talento que se quedaba en el camino (daños colaterales), era tal vez porque adolecía de una cualidad indispensable en la escritura creativa: la perserverancia y la resistencia al fracaso, virtudes sin las que no imagino la madurez de un escritor.

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La tecnología de la palabra escrita. 1. Antecedentes. Jaume Balmes

Empieza con este una serie de artícu­los sobre la tec­no­lo­gía que hay y ha habido tras el mara­vi­lloso fenó­meno de la pala­bra escrita. La moti­va­ción que me lleva a empren­der esta ingente (para mí, que esto de jun­tar pala­bras se me da fatal) labor es la deses­pe­ra­ción que me pro­voca el feti­chismo ante el libro digi­tal, como ele­mento tec­no­ló­gico hiper­avan­zado cuando la reali­dad es que es un paso atrás impor­tante en la tec­no­lo­gía apli­cada a la pala­bra escrita. Por eso me pro­pongo inves­ti­gar y escri­bir sobre la his­to­ria de la pala­bra escrita desde el punto de vista de la tec­no­lo­gía usada directa o indi­rec­ta­mente. Puede pare­cer un ensayo con las con­clu­sio­nes pre­me­di­ta­das, y lo es, solo espero que pueda resul­tar intere­sante a alguien. Que­rría acla­rar tam­bién que no voy a cen­trarme en los libros, sino en la escri­tura en gene­ral, abor­dando, lle­gado el momento, la apa­ri­ción de la World Wide Web, los meta­len­gua­jes elec­tró­ni­cos y sus apli­ca­cio­nes en varios ámbi­tos, prin­ci­pal­mente aca­dé­mi­cos por ser los más desarrollados.
Libros, librerías y café. Roger Michelena

Libros, librerías y café. Roger Michelena

Mi primera visión del mundo fue agua velada, escribe Anaïs Nin, esa agua velada en mi caso fue el café de mi abuela, endulzado con papelón, en taza de peltre y sentado en el poyo de la ventana. El café ha estado asociado al despertar, a la conversa al estudio y a la escritura no por poca cosa más de uno  ha lanzado lapidarias frases y odas.

Cuenta la leyenda que Balzac se tomaba unas cincuenta tazas de café al día.

Este café cae en el estómago… A partir de ese momento, todo se agita. Las ideas rápidas se ponen en marcha como los batallones de un gran ejército… […] La pluma se desliza por el papel, el combate, la lucha, llega a una violencia extrema y luego muere bajo un mar de tinta, negro como un auténtico campo de batalla que se oscurece en una nube de pólvora.

«Un sorbo baña los espíritu deprimidos y los eleva más allá de los sueños más sublimes.» John Milton

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Editar en tiempos revueltos. ¿Un guiño a lo diverso?

Editar en tiempos revueltos. ¿Un guiño a lo diverso?

Jot Down viene publicando una interesante serie de conversaciones con pequeños editores que consideramos de sumo interés bajo en título general de Editar en tiempos revueltos. La cabeza que
mece la tecla es la de Raquel Blanco que en breve dejará caer por aaquí su Estado de ánimo.

Quien tenga ganas de salirse un poco del run-run aburrido tiene en estos minireportajes-entrevistas una ocasión para disfrutar de ‘lo pequeño hermoso’.

La última ha sido con Marian y James Womack de Nevsky Prospects.

Y con anterioridad han pasado

Fabio de la Flor de Delirio

Valeria Bergalli de Minúscula

Sara Herculano y Ciro Bellabestia de Aristas Martínez

Miguel Lázaro García de Cabaret Voltaire

Donatella Iannuzii de Gallo Nero, que ya nos dejó su Estado de ánimo

y Mario Pedrazuela de La uña rota

Y como los tiempos siguen revueltos seguro que habrá más guiños cómplices.

Josep Mengual: “No estamos en el buen camino para disponer algún día de una historia de la edición española”. Entrevista de Daniel Heredia

Josep Mengual: “No estamos en el buen camino para disponer algún día de una historia de la edición española”. Entrevista de Daniel Heredia

Josep Mengual, editor y escritor.Josep Mengual, editor y escritor.

Debe de dar mucho gusto haber escrito una biografía tan excelente como la del poeta y editor catalán Josep Janés. El responsable de este trabajo, Josep Mengual, es también una persona relacionada con el mundo editorial. Alguien a quien todavía le importa mucho eso que ahora tanto se descuida: la tipografía, la calidad del papel o la disposición de cada palabra en el blanco de la página. Este tranquilo agitador cultural escribe con entrega, con ese cuidado a lo que hace, como antes cuando editaba. Esta búsqueda de la calidad es la única seguridad razonable que conoce Josep Mengual en este oficio incierto de poner orden en las palabras, ya sea en un libro o en un manuscrito.

¿Por qué ha publicado una biografía sobre Josep Janés?
En primer lugar, porque me interesaba el personaje, un hombre y un editor extraordinarios. Pero también porque que me pareció que a muchos lectores ya no les decían nada los nombres de Germán Plaza y Josep Janés, y sobre todo en el caso de Janés se trata de un pilar fundamental de la cultura literaria y editorial española. Su faceta como poeta y como editor en catalán, así como su labor bajo las durísimas condiciones impuestas por la guerra civil y la inmediata posguerra son muy poco conocidas por el lector no especialista. Y nunca dejó de editar. Parece que se haya olvidado lo que significaba publicar en tiempos de censura política, religiosa y lingüística. Por otra parte, hay muchas editoriales que en estos momentos están recuperando algunos de los títulos y autores que formaban los catálogos janesianos y, en algunos casos, en las mismas traducciones y no siempre teniendo en cuenta que esos textos fueron mutilados o pervertidos por censura, lo cual me parece muy grave. En mi opinión, pues, había muchos motivos para hacerlo. Y el centenario era el momento idóneo.

¿Cómo empezó su interés por este editor y poeta?

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Paz Gil. Una librería son los libros y sus lectores

Paz Gil. Una librería son los libros y sus lectores

Agradecemos a Paz Gil de la Librería Gil de Santander, premio Librería cultural 2013 que nos permita reproducir el texto que ayer leyó con motivo de la entrega del premio.


Una librería son los libros y sus lectores
Muy buenas tardes a todos,                     
Permitidme que lea este breve texto, que lo haré mejor  que improvisando.                                                                 
En primer lugar, nos gustaría agradecer el premio LIBRERÍA CULTURAL 2013 a nuestros compañeros libreros. Un galardón como éste resulta especialmente emotivo porque son nuestros colegas los que lo conceden. Libreros que, como nosotros, ponen lo mejor de sí mismos cada día para ofrecer a los lectores sus espacios, para compartir con ellos lecturas, impresiones y, en definitiva, sus vivencias. Por todo ello, muchas gracias a la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros y al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte por este reconocimiento.
Agradecemos la presencia de todas las autoridades y amigos que han podido acudir a este acto.
La lectura se concibe muchas veces como un acto solitario. El lector se abandona a las páginas del libro sentado en su rincón favorito cuando la casa se queda en silencio. Se traslada a mundos imaginarios donde se convierte en un intrépido detective, en una joven estudiante, en un infatigable niño ávido de aventuras, o se emociona al descubrir una idea nueva en un ensayo, un pensamiento que le ayuda a interpretar este mundo cambiante en el que hasta entonces no había reparado. Y mientras hace todas estas cosas cambia de postura, estira los dedos cansados o se frota los ojos levemente enrojecidos tras el paso de las páginas.
Nosotros, desde nuestra librería, hemos querido aportar, además, otra dimensión de la lectura. Hemos querido hacer de esta casa un espacio abierto a nuestros amigos y lectores, donde tengan cabida la conversación y la reflexión, donde podamos intercambiar las experiencias de esas lecturas privadas. Un espacio cultural amplio, un lugar de encuentro, compartido, que desafíe la tendencia individualista de la sociedad contemporánea. Un ámbito que nos permite establecer esas conexiones a través de las cuales se transmite el conocimiento personal a los demás.
En el desempeño de esta propuesta no estamos solos. Contamos con muchos amigos que sienteneste interés por la cultura como nosotros, que apuestan y quieren una sociedad abierta y participativa, y sin los cuáles este premio nunca hubiera sido posible.
Porque una librería son los libros y sus lectores, y son precisamente estos los que dan sentido a nuestro espacio. Los que nos demandan este tipo de propuestas culturales  que nos sirven de impulso para continuar, conformando el tejido cultural de esta ciudad. A todos vosotros, por lo tanto, muchas gracias.
Este premio también es vuestro.
El escritor David Foster Wallace solía dirigirse a sus alumnos cada año relatando una anécdota protagonizada por dos jóvenes peces:
Había una vez dos jóvenes peces que iban nadando y se encontraron por casualidad con un viejo pez que nadaba en dirección contraria; el anciano pez los saludó con la cabeza y les dijo: “Buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?”. Los dos peces jóvenes siguieron nadando un trecho. Por fin uno de ellos miró al otro y le dijo: “¿Qué demonios es eso del agua?”
Las realidades más obvias, ubicuas e importantes son a menudo las que más cuesta ver y las más difíciles de explicar. Como les sucede a los peces más jóvenes no nos damos cuenta de cual es realmente el agua en la que vivimos cada minuto de nuestra existencia.
Debemos tener conciencia de que la literatura y los saberes humanísticos, la cultura y la enseñanza constituyen ese líquido ideal en el que el conocimiento y las ideas de democracia, libertad, justicia, laicidad, igualdad, derecho a la crítica, tolerancia, solidaridad, bien común, pueden experimentar un vigoroso desarrollo.
Y que la literatura puede y debe cumplir un importante papel en nuestras sociedades como punto de referencia y como forma de resistencia ante unas condiciones siempre cambiantes. Los libros siempre han sido testigos privilegiados de esos cambios y nos los han contado a lo largo de la historia.
Sabemos que nos enfrentamos a nuevos desafíos, que la sociedad de la información no siempre nos lo pondrá fácil, que las nuevas tecnologías presentan atractivos valores para los jóvenes. Sin embargo, confiamos en este modelo, y creemos que la sociedad también, confiamos en el libro y en la labor social de los libreros que durante siglos han contribuido a conformar la educación de muchas generaciones.
Y miramos al futuro, por ello,  sin temor, con alegría, con fuerza, con esperanza, con ilusión.
Quiero acabar estas palabras con una cita de Henri Bergson que dice “el presente sólo se forma del pasado, y lo que se encuentra en el efecto estaba ya en la causa”.
Un día como hoy no puedo estar más de acuerdo con el filósofo francés, porque si ahora recibimos este premio es gracias a las personas que estuvieron aquí desde el principio; a otras que nos acompañaron por un tiempo, a los colaboradores y amigos que han participado y ayudado para conseguirlo, y especialmente a todo el equipo, del pasado y del presente, sin el que sencillamente sería imposible llevar a cabo este enriquecedor trabajo cada día.
Desde que nuestros padres comenzaron, ha pasado mucho tiempo.
Ángel y Marita ya no están.
Pero su recuerdo y su presencia permanecen entre los libros,
todos los días,
con nosotros.
A ellos queremos dedicar este acto y este premio.