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Editar en tiempos de Covid-19

Editar en tiempos de Covid-19

La edición de libros se ha visto gravemente afectada por el cierre de librerías, así como por el hecho de que los libros se consideren productos no esenciales en algunos países. Durante y después del período de aislamiento que afectó a la mayor parte del continente, la Federación de Editores Europeos reunió información de sus miembros -29 asociaciones nacionales de editores de libros, revistas científicas y material educativo de toda Europa- sobre el impacto de la crisis de COVID-19 en la edición de libros.

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«Los libros: otras víctimas de la pandemia en México»

«Los libros: otras víctimas de la pandemia en México»

Artículo de Tomás Granados (autor del libro Sin justificar. Apuntes de un editor, Trama, 2019) publicado en El País el 8 de mayo de 2020 sobre la situación del mundo del libro en México. 

«En plena tormenta es imposible hacer un certero recuento de los daños. El viento agitado, la lluvia que no cesa, la adrenalina que nos permite vencer el miedo y acometer acciones heroicas (o temerarias), la falta de visión: todo contribuye a que cualquier descripción resulte imprecisa, pero no está de más detenerse unos minutos para pensar en lo que convendrá hacer cuando pase la tromba. Es más difícil hacer esto si además confluyen un temblor y un deslave, cataclismos que por separado son peligrosos. Esa sensación justamente es la que se percibe entre quienes nos dedicamos a hacer libros: a la pandemia se le sumó el paro económico, la devaluación del peso e incluso algunas sorprendentes medidas del Gobierno.»

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Entrevista a María Vela Zanetti en Babelia

Entrevista a María Vela Zanetti en Babelia

El pasado día 9 de abril de 2020, apareció en Babelia, el suplemento cultural de El País, una entrevista con la autora María Vela Zanetti con motivo de la reciente publicación en Trama editorial de su última obra literaria Sin salir de casa. Reproducimos aquí un pequeño fragmento de la misma, y añadimos el enlace para que se pueda disfrutar de la entrevista al completo en la web de BabeliaSigue leyendo

Manifiesto europeo sobre el apoyo a la innovación en los sectores cultural y creativo

Manifiesto europeo sobre el apoyo a la innovación en los sectores cultural y creativo

El Manifiesto por la Innovación del Sector Cultural ha sido presentado al finalizar la Cumbre de la Innovación de la Feria de Frankfurt. El texto ha sido generado a través de la iniciativa de The Arts + (Frankfurt Book Fair), en compañía de la Fitzcarraldo Fondation y ECBN (Holanda), al cual se ha invitado a la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y otras once organizaciones de referencia en el escenario cultural europeo, como la Federación Europea de Editores, Europeana, La Federación Alemana de Editores y libreros, la Asociación Internacional de Editores de prensa y ALDUS, la Red Europea de Ferias del Libro.

En el manifiesto se subrayan los seis principales desafíos a los que se enfrenta el sector cultural y creativo (SCC) en Europa y se proponen seis medidas para superarlos.

DESAFÍOS:

  1. Excesiva fragmentación y existencia de compartimentos estancos en el SCC.
  2. Ausencia de inversión y de apoyos financieros para el sector.
  3. Especificidad del concepto de innovación en el caso del SCC.
  4. Carencia de una integración de las destrezas digitales y de negocios con los activos tradicionales del sector.
  5. Cambios en la cadena de valor y necesidad de nuevos modelos de negocio.
  6. Necesidad de un enfoque global y una mayor internacionalización.

PROPUESTAS:

  1. Potenciar la convergencia de estructuras híbridas que actúan en la intersección de la cultura, los negocios, la tecnología y las políticas.
  2. Incrementar la inversión en el SCC y adaptar las subvenciones a sus características específicas.
  3. Hacer más sencilla y atractiva la inversión en innovación en el SCC.
  4. Fortalecer el diálogo entre los responsables de políticas públicas, cultura, tecnología, empresa e industria en torno a la innovación en el SCC.
  5. Ampliar el concepto de ‘innovación’ más allá de la mera ‘dura innovación tecnológica’.

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Comercio interior del libro en España 2017

Comercio interior del libro en España 2017

Una vez más. Un año más. Y muchos libros más. Vivimos en un mundo imprevisible y cambiante, voluble, un mundo que nos sorprende constantemente y a una velocidad de vértigo…, pero en algo debemos basarnos, en algo debemos confiar, y porque tal vez lo que nos parece más inamovible a aquellos que nos consideramos de Letras sean las matemáticas, nos servimos de ellas para asentar unas bases sobre las que seguir trabajando.

De ahí que, una vez más, un año más –y estamos ya en su vigésimo novena edición–, presentamos los datos del comercio interior del libro en España durante el año 2017; un estudio cuantificado y cualificado que realizamos desde la Federación de Gremios de Editores de España para facilitar el conocimiento sobre el mercado del libro, sus circunstancias y componentes a los poderes públicos, a los medios de comunicación, a los lectores y, en general, a los profesionales del mundo del libro. Al fin y al cabo, las matemáticas nos ayudan a conseguir este estudio, que es el único estadístico que se realiza en España sobre nuestro sector.

En breve resumen, los resultados nos dejan un sabor agridulce, pues si bien se mantiene la tendencia de los últimos años y, por tanto, el mercado ha crecido, hasta alcanzar una facturación de 2.319,36 millones de euros (precios de tapa más IVA), dicho crecimiento resulta muy inferior al del año 2016: un exiguo 0,1%.

Esto es debido, sin duda, a la caída en un 3,2% en el libro de texto, Pese a que el resto de subsectores mantiene un crecimiento de en torno al 2%. No en balde, recordemos, el libro de texto representa el 35% del mercado en España; y su importante descenso posiblemente se deba más a criterios de la Administración Pública que no a la consabida crisis económica. Es por esto que, desde la Federación, consideramos oportuno la creación de un pacto educativo que adecúe las necesidades del sector con la calidad de la educación, pues de ello depende no sólo la permanencia de las editoriales dedicadas al libro de texto, sino la cultura y educación de nuestro país. (Daniel Fernádez en la Introducción)

Acceder al informe completo.

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Naúfragos de papel: en torno a la literatura, los libros y la memoria. Javier Martín Ríos. Comares

Naúfragos de papel: en torno a la literatura, los libros y la memoria. Javier Martín Ríos. Comares

Javier Martín Ríos

Naúfragos de papel: en torno a la literatura, los libros y la memoria

Comares

20178. 126 p.

ISBN 978-84-9045-653-8

 

El nombre de Javier Martín Ríos, profesor de la Universidad de Granada, está estrechamente ligado a toda una serie de publicaciones sobre lengua, cultura y literatura chinas. Además, sus traducciones de poesía contemporánea de dicho país han llegado a ser bien conocidas. No es de extrañar, pues, que un libro como Náufragos de papel, donde se recopilan varios artículos digitales escritos por el autor en el periodo comprendido entre 2006 y 2010, pueda llegar a ser visto como una excepción en su dilatada carrera como traductor y ensayista.

Sin embargo, en el transcurso de la lectura del libro, lo que nunca abandonaremos será este lugar, China, al que Martín Ríos no puede evitar volver constantemente. Entre los diversos artículos sobre la situación del mercado literario —que son más bien amargas quejas—, sus elogios a sus escritores contemporáneos favoritos (destaca especialmente a José Carlos Llop y Andrés Trapiello) y unas cuantas diatribas acerca de la situación política del país, brillan con luz propia aquellos textos donde Martín Ríos nos muestra su saber de literatura y cultura chinas, país sobradamente conocido por él y en el que ha vivido durante largos periodos de tiempo.

Cabe destacar el esfuerzo creativo de Martín Ríos, que huye del estilo —o falta de él— que habitualmente encontramos en este tipo de artículos para ofrecernos un intento de prosa poética, a lo Octavio Paz o Claudio Guillén (autores que él mismo reconoce admirar), que, aunque en un principio no cuenta con la calidad de la de los autores citados, va mejorando a medida que profundizamos en sus textos más recientes, llegando a culminar en algunos artículos de cierto valor literario, como su «Corto Maltés se despide de Venecia» (p. 119).

Con todo, si bien es cierto que algunos de los artículos que aparecen en el libro carecen de interés, en buena parte por expresar opiniones no demasiado originales y viciadas por los ecos del discurso dominante —destaca especialmente su desconocimiento sobre la situación real de las distintas lenguas que conviven en España—, Náufragos de papel nos ofrece una buena cantidad de textos bastante lúcidos sobre libros y autores. No obstante, dejando a un lado los artículos sobre China —cuyo valor ya suponíamos desde un principio—, en sus páginas aparecerán grandes figuras de la literatura en otras lenguas como Marguerite Duras o J.G. Ballard, y grandes clásicos de la nuestra, como Machado, Cernuda, Lorca o Juan Ramón Jiménez, a los que Martín Ríos, como espíritu afín a la buena literatura, hace bien en venerar.

Seguir leyendo en el blog de l’Escola de llibreria.

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Las fajas de los libros, esas intrusas. Cristian Vázquez

Las fajas de los libros, esas intrusas. Cristian Vázquez

Las fajas, esas tiras de papel que rodean a los libros con el objetivo de llamar la atención de los posibles compradores, son cada vez más frecuentes y enormes. Quizás en el futuro las tapas carezcan de ilustraciones, como sucedía con los libros antiguos. Todo será faja.

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La conjura de los necios, la extraordinaria novela de John Kennedy Toole, fue publicada en Estados Unidos en 1980, más de una década después del suicidio de su autor. Un año más tarde ganó el Premio Pulitzer; en mayo del año siguiente fue publicada en español, por Anagrama. Fue un éxito notable: en diciembre de 1983, diecinueve meses después de la primera edición, el sello de Jorge Herralde lanzaba la decimotercera. Incluía una faja —esa tira de papel que rodea al libro con el objetivo de llamar la atención del observador— que lo aclamaba:

¡13.a edición!

“Un libro extraordinario”

“Incesante hilaridad”

“Si se quiere comenzar el año acudiendo no a un libro bueno sino a uno excepcional, ese tiene que ser LA CONJURA DE LOS NECIOS”…

Un ejemplar de esa decimotercera edición de Anagrama es el que tengo en mi biblioteca. Lo compré usado, hace más de diez años. Quien(es) lo había(n) poseído antes de mí durante casi un cuarto de siglo no le había(n) quitado la dichosa faja. Yo tampoco lo hice en todo este tiempo. Permanece, amarillenta, ajada, medio rota, ocultando parte de la clásica ilustración de Ed Lindlof en la portada. Me pregunto: ¿por qué esa faja sigue ahí?

 

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La faja es un elemento curioso. No es parte del libro, aunque de algún modo sí lo es. Podría no estar, pero a veces está. Está para irse: casi siempre termina en la basura. Aunque puede tener otros usos. “Nunca he comprado un libro por su faja —señala el escritor Sergio del Molino—. Los he comprado a pesar de sus fajas. Los desfajo nada más pagarlos y, si no tengo marcapáginas, doblo la faja y la uso como tal sin leerla”.

El grupo de los detractores de las fajas es numeroso, e incluye a muchos libreros. La librería pamplonesa Deborahlibros se declaró en enero de 2017 “espacio libre de fajas”. “Los libros aquí no están enfajados —decía un papel pegado en la fachada en esos días— sea cual sea su edición, autor(a) premiado(a) o digan de él lo que quieran en el Babelia o en el New York Times. En caso de duda, pregunte a la librera. Nota: Guardamos todas las fajas en una caja, puede usted llevarse la que más le guste”.

Otros escritores, apunta Del Molino, proponen intercambiar las fajas. “Colocar la que dice ‘Una conmovedora historia de lucha bajo el nazismo’ en el último de Mario Vaquerizo y la que dice ‘La mejor guía de mindfulness’ en los diarios de Anna Frank. Por ejemplo. El librero —y yo con él— sostenía que la mayoría de los compradores no se iban a dar cuenta”.

Seguir leyendo en Letras Libres.

 

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La colección como objeto (y sujeto) editorial. Christine Rivalan Guègo y Miriam Nicoli

La colección como objeto (y sujeto) editorial. Christine Rivalan Guègo y Miriam Nicoli

Rivalan Guégo, Christine; Nicoli, Miriam (eds.). La colección: auge y consolidación de un objeto editorial (Europa/Américas, siglos XVIII-XXI). Bogotá: Universidad de los Andes: Universidad Nacional de Colombia, 2017. 347 p. ISBN 978-958-774-512-2.

La idea de colección presenta una historia que, a través del prisma de los diccionarios españoles, muestra algunos rasgos de evolución notablemente interesantes. El Diccionario usual de la Real Academia Española, de 1780, definía la colección de manera general como «El conjunto de varias cosas, por lo común de una misma clase, como el de escritos, medallas, mapas & C.». Un siglo más tarde, Elías Zerolo en su Diccionario enciclopédico de la lengua castellana, de 1895, daba una definición editorial del fenómeno como «Colección de libros o tratados análogos o semejantes entre sí, ya por las materias de que tratan, ya por la época o nación a que pertenecen» (bajo la entrada «biblioteca»).

El libro del que ahora nos ocupamos se enmarca, de manera magistral, en el análisis de esos cambios que convierten a la colección editorial en un objeto de estudio que permite conocer esas «semejanzas» entre libros editados en un sello que se reúnen por motivos muy variados. En La colección: auge y consolidación de un objeto editorial, sus editoras, Christine Rivalan Guégo y Miriam Nicoli, logran reunir un ramillete de estudios que abarca un notable ámbito geográfico y cronológico, desde el siglo XVIII al XXI. Desde una visión global del fenómeno de la colección editorial, aunque centrado en gran medida en Europa y las «Américas», pero con algunos ejemplos espigados en los textos que permiten conocer otros casos de Japón y otros lugares.

El libro es una traducción de la edición francesa de 2014. Se inicia con un breve prólogo de Jean-Yves Mollier y una introducción de las editoras que ofrece la justificación de la reunión de trabajos y da pie a un reconocimiento del libro de Isabelle Olivero, un aspecto que todos los investigadores del mundo editorial compartimos, su L’invention de la collection fue un ejercicio notable de análisis y erudición que nos ha despertado el apetito de saber más sobre este fenómeno editorial en el caso español y latinoamericano.

El libro La colección permite entrar al terreno de las colecciones editoriales contemporáneas y ofrece elementos para comparar estrategias diferentes. El interés despertado en los estudios literarios por los elementos que rodean al texto está en algunas de las preguntas que este libro intenta responder. También hay interesantes perspectivas de estudio del papel del editor en el proceso de elaboración de un producto comercial destinado a una cultura de masas. La variedad y riqueza de enfoques de los especialistas que intervienen refleja las renovadas perspectivas de estudio de la colección entendida como un elemento sustantivo de las estrategias editoriales.

Seguir leyendo en el blog de l’Escola de Llibreria.

 

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Para reflexionar: por qué triunfan las bibliotecas en Finlandia. Evelio Martínez

Para reflexionar: por qué triunfan las bibliotecas en Finlandia. Evelio Martínez

El día 15 de mayo el diario The Guardian publicaba un interesante artículo sobre las bibliotecas públicas de Finlandia. En concreto, el artículo hacía referencia a la próxima obertura (en diciembre) de la biblioteca central llamada Oodi.

El texto da para hacer un par de reflexiones rápidas, de esas lanzadas al vuelo que suelo dejar en este blog.

Finlandia es un país de lectores, se nos dice, una nación nombrada por Naciones Unidas en 2016 como la más educada (literate). Los finlandeses, pues, están entre los usuarios más entusiastas de las bibliotecas públicas del mundo (los 5’5 millones de habitantes toman en préstamo al año… ¡68 millones de libros!).

Y aquí viene la primera perla / reflexión:

No es difícil ver por qué las bibliotecas de Finlandia son tan usadas: el 84% de la población es urbana, y dado el frecuente duro clima, las bibliotecas no son sólo un espacio para estudiar, leer o tomar libros en préstamo – son espacios vitales para la socialización.

Dicho en plata: uno de los factores que hace que los finlandeses vayan tanto a la biblioteca es que en Finlandia hace un frío de la hostia.

Otra perla del artículo para reflexionar:

Las bibliotecas son vistas como el rostro de la creencia finlandesa en la educación, la igualdad y la buena ciudadanía. “Hay una fuerte creencia en la eduación para todos”, dice Hanna Harris, directora de Archinfo Finland y comisionada de Mind-building [el pabellón finlandés en la biennale de arquitectura de Venecia de este 2018]. “Hay un aprecio por la ciudadanía activa – la idea de que es algo a lo que todo el mundo tiene derecho. Las bibliotecas encarnan esa idea fuertemente”.

Seguir leyendo en emartibd. Aventuras en Infolandia.

 

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Discurso de apertura de la Feria del Libro de Buenos Aires a cargo de Claudia Piñeiro

Discurso de apertura de la Feria del Libro de Buenos Aires a cargo de Claudia Piñeiro

Antes que nada quiero agradecer haber sido elegida para dar el discurso de apertura en esta Feria del Libro de Buenos Aires. La Feria es el evento literario más importante de la ciudad, del país y de la región. Y una de las ferias en español más destacadas del mundo. Vengo a esta feria desde antes de ser escritora. Valoro lo que tiene de literario y también lo que tiene de evento social, de lugar de reunión, de cofradía, de territorio por el que transitan infinidad de personas buscando un libro. Desde que fui convocada a dar este discurso me persigue una pregunta: ¿Qué se espera de un escritor? ¿Alguien espera algo de nosotros? Tal vez sí. O tal vez ni siquiera que escribamos un próximo libro.
Cuando hace ocho años Griselda Gambaro tuvo que dar su discurso inaugural en la Feria de Frankfurt citó a Graham Greene quien había dicho: «Debemos admitir que la verdad del escritor y la deslealtad son términos sinónimos (…) El escritor estará siempre, en un momento o en otro, en conflicto con la autoridad». Me atrae ese lugar para el escritor: el de conflicto con la autoridad. Entendiendo por autoridad –en nuestro caso– el Estado, la industria editorial y los intolerantes que pretenden imponer cómo debemos vivir. Me siento cómoda en un colectivo de escritores para los que la lealtad nunca deba ser con la autoridad, sino con el lector, con el ciudadano, con la literatura y con nosotros mismos. Y retomo el concepto tal cual lo expresó Gambaro: «Así debe ser por razones de sano distanciamiento en la preservación del espíritu crítico, de la disidencia como estado de alerta, si bien es preciso no confundir la disidencia – trabajo de pensamiento – con la estéril rutina del antagonismo sistemático.» Quiero apropiarme de esa frase de Gambaro: disentir como estado de alerta, no como antagonismo sistemático. La vida está llena de gestos que tienen un significado y tratamos de decodificar. Nosotros, como escritores, estamos atentos a los gestos que nos muestran la industria, el Estado y por supuesto los lectores. Los nuestros también importan pero solemos creer que alcanza con escribir. Sin embargo, hay determinadas circunstancias sociales frente a las cuales la falta de acción o la falta de gesto explícito también trasmite un mensaje.
Quiero señalar algunos de esos gestos.
Los escritores somos parte de la industria editorial. Reivindico el ejercicio de la literatura como trabajo y nosotros como trabajadores de la palabra. Somos trabajadores dentro de una industria, pero a veces ni nosotros mismos tenemos conciencia de ese status. La confusión puede deberse a que trabajamos haciendo lo que más nos importa en la vida: escribir. Hay textos inolvidables de George Orwell, Marguerite Duras, Reinaldo Arenas, acerca de por qué escribimos. Dice Arenas: «Para mí, escribir es una fatalidad, no una razón; una fuerza natural, no una interpretación». Podría suscribir lo que dicen todos ellos, en especial sumarme a lo que dice Arenas porque creo que cualquiera de esas búsquedas del origen de la propia escritura son posteriores al acto. En el acto de escribir hay pulsión, escribimos porque no tenemos más remedio, porque si no escribiéramos no seríamos quienes somos. Creo en la escritura como una marca ontológica.
Nosotros tenemos plena conciencia de la crisis que atraviesa el sector; somos parte de la cadena de valor tanto como lo son todos los otros eslabones: el accionista que invierte en el negocio, el editor, el imprentero, el librero, el distribuidor, los correctores, los traductores y cada uno de los que trabajan en la industria. Nos gusta lo que hacemos y tal vez, si tuviéramos de qué vivir, lo haríamos gratis. Pero el trabajo se paga. Se nos debe pagar en tiempo y forma lo que vale. Algunas editoriales lo hacen, algunas no. No se trata de tamaños: grandes, medianas o independientes, hay quienes hacen las cosas bien y quienes las hacen mal. En ese sentido yo me siento privilegiada. Pero tengo la responsabilidad de hablar no sólo por lo que me pasa a mí sino por mis colegas.
Más allá de que el 10% por derechos de autor – porcentaje que no tiene otra explicación que «porque siempre fue así»– se liquide semestralmente y sin ajuste por inflación, hay editoriales que pudiendo hacerlo no pagan anticipos y otras que proponen contratos infirmables que no resistirían un análisis ni jurídico ni ético. ¿Por qué los firmamos? Porque queremos ser publicados, porque sabemos lo difícil que es conseguirlo, pero también porque estamos convencidos como El mercader de Venecia de Shakespeare, que aunque el contrato diga que deberemos pagar con una libra de carne, llegado el caso Shylock no será capaz de tomar el cuchillo y cortarnos un pedazo del cuerpo: error. Y porque estamos solos. Hay un estado de indefensión ante ciertos usos y costumbres que deberían ser revisados. Algunos tenemos la suerte de contar con un agente que nos defienda. Algunos tenemos la suerte de trabajar con editoriales que cumplen con sus obligaciones. Pero muchos escritores no. Ante esas inequidades hay una ausencia del Estado. Es poco habitual encontrar diputados que estén pensando leyes que nos protejan. Los jueces no entienden nuestros reclamos. Los distintos actores del poder ejecutivo no dan respuestas a preguntas sobre la continuidad de premios nacionales y municipales, la ley del libro o la jubilación de los escritores. No pretendo que nos digan que sí a todo lo que pedimos, pero pretendo un intercambio de opiniones y una respuesta que demuestre que se nos escucha. La ausencia de gesto también es un gesto. Los dramaturgos y guionistas cuentan con Argentores, que con errores y aciertos, defiende sus derechos. El resto de los escritores no tenemos sindicato en el sentido estricto de la palabra. Tal vez porque somos seres muy solitarios y poco afectos a lo gregario es que nos cuesta reclamar en conjunto y este reclamo no puede ser individual. Tal vez porque sentimos que la literatura tiene que estar por encima de cualquier demanda. Y es cierto, la literatura debe estar por encima de cualquier demanda; pero hoy, en el 2018, los escritores somos un engranaje de una industria que genera bienes y servicios y nuestra tarea tiene que ser honrada como lo que es: trabajo.
Algunos gestos novedosos y positivos. Han surgido en los últimos tiempos colectivos con conciencia de la necesidad de visibilizar lo que nos pasa. Por un lado la Unión de Escritores, que en su razón de ser dice : «Somos un grupo de escritoras y escritores interesados en instalar el debate sobre la figura del escritor en tanto trabajador». Un grupo que iniciaron entre otros Selva Almada, Julián López, Enzo Maqueira, Alejandra Zina, y al que hemos adherido muchos más. Con ese debate, la Unión intenta lograr que escritores con menos experiencia adviertan que si alguien pide la libra de carne, no hay que firmar. Por otro lado está el nacimiento de NP literatura, una Asamblea Permanente de Trabajadoras Feministas del Campo Cultural, Literario e Intelectual que gestaron entre otras Cecilia Szperling, Florencia Abatte y Gabriela Cabezón Cámara. Ya adherimos más de trescientas cincuenta escritoras. NP literatura se define así: Nosotras proponemos diez puntos para un compromiso ético y solidario en la búsqueda de la igualdad de espacios, visibilidad y puesta en valor de la mujer en el campo cultural, literario e intelectual».

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