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Javier García Clavel. Un estado de ánimo

Javier García Clavel. Un estado de ánimo

Me llamo… Javier García Clavel, para la cuadrilla últimamente Clavel y para la pre-escolar, primaria, secundaria y Bachillerato, Javi.
Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como…algo confuso, la verdad. Tengo que trabajarme más la imagen de marca.
Me gusta leer porque… Me sigue enseñando cosas de las personas y del mundo. Y porque se me pone cara de interesante (si consigo cerrar la boca y no musitar –verbo tremendo éste-).
Cuando tenía doce años quería ser…No me acuerdo bien. Supongo que futbolista, porque era bastante bueno y tenía suerte. Soñaba con el Bernabeu lleno de gente durante una temporada, me acunaba. En Bachiller quise ser médico, y psicólogo industrial/empresarial (no sabía qué era eso, pero un profesor nos dijo a mí y a un compañero que nos pegaba ese trabajo).
Hoy soy… profesor y técnico editorial. Ayudo a escribir y enseño a leer y escribir. Este año me paso el día hablando de literatura: pobre sociedad contemporánea navarra, qué paciencia tendrá que tener. He vendido libros y no descarto y sí amenazo con volver a hacerlo.
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… me gusta leer porque los libros me enseñan cosas, cómo soy y cómo es el otro, ella misma que me pregunta (eso les suele conmover). De todas formas, trato de no ir a bodas a no ser que sean autogestionadas. La gente se gasta unos dineros que madre mía.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así: Me paso el día en facebook, lamentablemente. Pero cuando soy formal, leo un rato (como hace el galerista Nacho Ruiz, a primera hora, cuando el mundo está dormido), corrijo para un par de editoriales, textos de amigas y amigos… Y enseguida me pongo a preparar las clases y talleres de por las tardes.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… Acabo de empezar, no me ha dado tiempo aún a que me pase algo raro. Tengo una amiga que absorbe cosas raras, con ese imán cerca a mí no me toca nada. Y no me parece mal.
Y lo peor… No sé y no contesto. Soy en general positivo y tengo memoria de pez. Ayer leí a Chantal y decía –es sabiduría popular, me parece- que tenemos el recurso natural de olvidar lo malo. Pues eso.
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… el tema del dinero. Y algunos padres de algunas parejas te dirán que a dónde vas, lo que quizá te dificulte un poco la estrategia de acercamiento. El otro día un empresario corrupto y drogadicto, que me cayó bien, me dijo que yo le daba pena, porque siendo profesor no ganaría dinero jamás.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando… Es que no lo he perdido. Soy duro de roer. Y cuando lo pierda no te lo voy a decir, muchacho, me iré a correr un rato o veré a Phoebe en algún capítulo de Friends. Hay un truco, si te lo puedes permitir: meterte sólo en proyectos que te interesan verdaderamente, con las dos manos. Cuando empiezas a trabajar un poquito –muy poco, pero un poquito- a desgana, te estropicias.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es… que a la gente le llegue lo que dices, que la gente se descubra en su escritura, que la gente esté satisfecha con un libro que ha escrito, sentir cosas leyendo. En clase pasan cosas muy especiales. Y en los talleres, con las adolescentes, los adolescentes y las adultas y adultos, también.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando… Trabajé unos meses en Valdeska, en Valencia, y fue maravilloso cada día (también cuando estaba leyendo tan tranquilo y mi querido jefe me dijo que qué, que venga, que había que vender libros, que algo habría que hacer). Todos los días que trabajé en Pre-Textos, y las cenas a las que sigo yendo siempre que puedo con Manolo, Manolo y Silvia.
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a… ver la tele (en general y en comercial), a hacer deporte, a pasear, a estar con gente.
Así es como veo el futuro de mi profesión… Bien. Tenemos la capacidad de trabajar en las condiciones actuales, de adaptarnos. De ir al origen de lo que hacemos con las letras y trabajar a partir de ahí. En eso no hay competencia.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… Creo que de editor o de profesor no hay jubilación, porque lees y enseñas y eso no tiene edad. Lo que cambiará serán los horarios.
El último libro que he leído ha sido…Egos revueltos, de Juan Cruz, en Tusquets. Me lo he pasado muy bien. Asignatura obligatoria y muy agradable lectura.
Y lo conseguí en… la biblioteca.
Y el primero que recuerdo que leí fue…Uf, ni idea. Sé que leía mucho de Los Cinco, y me recuerdo paseando con El caballo rojo y quizá de los primeros que me compraron fue Pipeto, el monito rosado, que leí con una linterna en una noche (era muy breve). También unos años después leí sin parar a Grisham. Y no sé por qué, en mi casa había una antología de Gerardo Diego y flipé una temporada con sus poemas ultraístas. En resumen, que no sé cuál fue mi primer libro.
En mi mesilla tengo ahora para leer…Los diarios filosóficos de Chantal, en Pre-Textos (Filosofía en los días críticos). Unos puntitos y a dormir (ha sonado anciano, pero es lo que hay hoy).
Me gustaría añadir que… es bastante probable que todo lo que he dicho en esta entrevista sea cierto. Y de pasó –o digo dónde se puede pillar- gramos de ánimo para aquellas y aquellos que estén un pelín atorados. Como en las clases, trabajar en este mundo es, primero, ánimo, y eso no se compra pero sí se pilla. Pedidme el mapa con los puntos de recogida de ánimo; tiene licencia creative commons, es prácticamente gratuito y se puede descargar. También hay versión en papel, preciosa.
Teresa Martín Peces. Un estado de ánimo

Teresa Martín Peces. Un estado de ánimo

Me llamo  Teresa Martín Peces. 

Y en el sector del libro o como mera lectora se me conoce como Teresa M. Peces, desde hace unos meses como SopadePecesyLibros (mi blog).

Me gusta leer porque leer abre la mente, te hace reflexionar, te descubre mundos y vivencias que de otra forma no alcanzarías a conocer, te enseña, te emociona, te entretiene, te excita, te relaja… cualquier emoción y aprendizaje puedes encontrarlo en un libro.
Cuando tenía doce años quería ser  Escritora.
Hoy soy Periodista cultural.
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… Es raro que en una boda se hable de libros y lo normal es que si sale el tema sea porque el que lo pregunta es también lector, entonces más que explicar decisiones, compartimos lecturas, que es lo interesante.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así: Madrugón a las 6:55, logística familiar, búsqueda de información por las redes sociales, compartir lo que encuentro vía Twitter, actualizar mi blog, acudir a encuentros profesionales y editoriales, entrevistas con autores, colaborar y ayudar a todo aquel implicado en el mundo del libro que lo solicite… por las tardes momentos de lectura y ocio compartido.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… llegué tarde a mi examen de Selectividad porque no sonó el despertador y me quedé dormida. Lo dije tal cual al Tribunal y aún con 20 minutos de retraso pude incorporarme al examen. ¡¡ La verdad siempre por delante!! Y No hay que tirar la toalla antes las dificultades.
Y lo peor… Cuando después de 23 años de trabajo en DELIBROS un buen día te despiden de mala manera “con una mano adelante y otra detrás”.
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con “Vives como una reina, todo el día de acto en acto”, no saben que detrás de eso hay un trabajo que te implica y va parte de tu vida personal en ello.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando Por lo general soy una persona entusiasta y procuro siempre buscar el lado positivo de todas las situaciones, pero cuando intentas proponer buenas ideas y topas con jefes ineptos e ineficientes es difícil trabajar con entusiasmo, entonces caes en la rutina y la comodidad, eso no es bueno.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es estar en contacto con gente maravillosa que vive por y para el libro y que a pesar de las dificultades busca innovación para llevar la lectura a los hogares.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando la Revista DELIBROS celebró su 20 aniversario. Se celebró un encuentro en la Feria del Libro de Madrid a la que acudieron profesionales de todos los estamentos del libro. Algunos no se conocían entre sí y yo los conocía a todos. Fue maravilloso por un momento sentir el cariño de la gente y saber que todos estaban allí por tener un nexo de unión: leer la revista DELIBROS que yo dirigía. Actos como este compensan muchos años  de esfuerzo.
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a leer, escribir y compartir buenos momentos en familia. Es un pilar fundamental.
Así es como veo el futuro de mi profesión… El periodismo y más el cultural ha sido uno de los sectores más afectados por la crisis económica. En estos momentos lo veo en escala de grises. Sin embargo, las posibilidades de Internet son infinitas y gracias a ello se puede revivir de las cenizas…
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… No creo que para mi generación exista la posibilidad de una jubilación. En cualquier caso, leer, pasear, viajar…
El último libro que he leído ha sido La sombra de otro”, de Luis García Jambrina (Ediciones B) ¡Magnífico!
Y lo conseguí por cortesía de la editorial.
Y el primero que recuerdo que leí fue De pequeña leía entusiasmada los cuentos tradicionales de los Hermanos Grimm, pero con 13 años cogí una gripe que me tuvo tres días en cama, para entretenerme empecé a leer “Cien años de Soledad”. No podía parar de leer, fue mi puerta de entrada a la lectura adulta. Todavía conservo el ejemplar.
En mi mesilla tengo ahora para leer Clases de baile para mayores”, de Bohumil Hrabal (Nórdica Libros) y “El castillo de la pureza” (Tusquets Editores) y “Per riguardo” (Fundación José Manuel Lara), ambos de Pere Gimferrer.
Me gustaría añadir que gracias a espacios como este identidades virtuales se convierten en reales y nos hacen entender que tras cualquier iniciativa siempre hay detrás una persona con sus inquietudes y pensamientos. Gracias por ofrecerme formar parte de esta Comunidad.
Twitter: https://twitter.com/Tpeces 

Blog: http://sopadepecesylibros.blogspot.com.es/  

 

Correo:  teresampeces@gmail.com

OTROS ESTADOS DE ÁNIMO 
Nuria Ruiz de Viñaspre. Un estado de ánimo

Nuria Ruiz de Viñaspre. Un estado de ánimo

Me llamo… Nuria Ruiz de Viñaspre. 
Y en el sector del libro o como mera lectora se me conoce como… Nuria, creo, aunque si escucho ese nombre en la calle, no me giro…  ni yo misma me re-conozco.
Me gusta leer porque… Me gusta leer porque me viaja. Y me gusta viajar porque el viaje me lee el mundo.
Cuando tenía doce años quería ser…Veterinaria, pero la primera vez que vi a un animal sufrir, me sentí tan apuntalada a tierra, tan inoperativa, que cambié salvar vidas por sanarlas (la literatura es tan sanadora…).
Hoy soy…Un caballo. Y después, poeta, y después, editora, pero antes de ser caballo, poeta y editora, fui y soy lectora, ahí está el origen del resto y del reto. Ah y antes de todo, persona. Y antes célula… y antes… ah si sigo acabaré por extinguirme.
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que…No suelo ir a bodas, quizá para eludir preguntas como ésta, ja ja ja . Pero si me lo preguntan en otro ambiente, contesto con gusto que para mí leer es la multiplicación en sí misma.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:…Mi día se divide en dos mitades, quizá porque mis días son eso, centauros. Mitad mujer mitad caballo. Por la mañana soy editora de un sello de viajes en el Grupo Anaya y en cuanto salgo soy editora en un sello editorial, escritura de mujeres en español, que acaba de nacer como quien dice, colección eme (Ediciones La Palma), así que en esas horas, me comunico con las autoras, me cito con ellas, luego en silencio las leo edito corrijo, y si me queda tiempo, que siempre lo hay, porque el tiempo no existe, escribo poemas (como aquella no-hermana de Szymborska).
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue…Subirme de adolescente en una moto de agua con un desconocido y que en alta mar me pidiera un beso. Debí de naufragar aquel día porque jamás se lo di.
Y lo peor… Supongo que siempre están por llegar…
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con…Aquella máxima (que de tanto repetirse se está convirtiendo en máxima…) la tecnología aplastará el libro como objeto. El aire pisará el papel. Me entristece tanto que me empuja a actuar para cambiar eso desde mi minúscula parcela.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando…No suelo perderlo. Soy toda un entusiasta con todo aquello que amo. Una entusiasta además que está plena de energía. Hasta que se apague la luz, supongo.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es…La persistencia. La tenacidad.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando…Uf, hay tantos como menos buenos… No, hay muchos más de los primeros. Tantos que no podría elegir.
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a…Escuchar música o a escribir, a veces estas dos acciones se solapan en una.
Así es como veo el futuro de mi profesión…Gris, desdibujado, como todo futuro, como todo pasado.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda…Leyendo y escribiendo cerca del mar, o mejor, en aquel punto exacto en alta mar donde naufragué un día por un no-beso.
El último libro que he leído ha sido…Las constelaciones del Capitán de Marifé Santiago Bolaños, por gusto pero también por trabajo (número 6 de colección eme que acabamos de publicar), y por gusto, tengo abierta de par en par la poesía de Thomas Bernhard (Ed. La Uña Rota).
Y lo conseguí en…El de Thomas Bernhard fue regalo, y el de Marifé me lo envió ella misma en archivo Word para convertirlo en ese número 6 de la colección eme. (Ya en las librerías por cierto).
Y el primero que recuerdo que leí fue…Una de dos, o tengo demasiados años para recordarlo, o aquel primerizo libro no me marcó especialmente.
En mi mesilla tengo ahora para leer…Tengo de cabecera esta escultura, María Zambrano, E. Cioran, son dos pilares, pero abierto y leyendo, sigo en Thomas Bernhard.
Me gustaría añadir que…Me ha encantado vuestra iniciativa.
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          Enlace 1: www.nruizvinaspre.com
          Enlace 2: www.coleccioneme.wordpress.com
          Enlace 3: www.rasca-cielos.blogspot.com
Naia Hernández. Un estado de ánimo

Naia Hernández. Un estado de ánimo

Me llamo…Naia  Hernández. 
Y en el sector del libro o como mera lectora se me conoce como… la cocinera especializada en Sopa de Sapo.
Me gusta leer porque… me hace descubrir en mi interior nuevas sensaciones. Mucho mejor que cualquier realidad virtual, aumentada o tridimensional. Nuestro cerebro tiene infinitas dimensiones.
Cuando tenía doce años quería ser…veterinaria, creo. He pasado por tantas vocaciones en mi infancia y en mi época adulta que ya no podría decir exactamente qué quería ser con  doce años. 
Hoy soy…  librera. Lo cual incluye: prescriptora de libros,  administrativa, contable, señora de la limpieza, community manager, mensajera, informática “arreglatelotúmisma”, comercial a puerta fría y caliente, ingeniera de finanzas y muchas más cosas. ¡Qué divertido!
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… no me haga mucho caso que me voy un poco piripi.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así: buenos días, alarma, caja (unos suspiros), retirada de materia orgánica del cristal del escaparate, un poco de orden, recepción de pedidos, entrada de pedidos en el programa, llamada al informático porque siempre la lío, ¿un libro de un gorila? Te lo busco, teléfono: lo siento, es que YA SOY CLIENTE VUESTRO, no me sigáis llamando, no quiero otro teléfono, más suspiros, a la tienda no se entra con la merienda, ¿dónde están tus padres?, ¿quieres formar parte de nuestra base de datos?, acordarme de comprarle comida al gato, este libro me lo llevo a casa, apaga la luz, alarma. Buenas noches.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… me lié la manta a la cabeza para meterme a librera.
Y lo peor… a las dos semanas de abrir nos robaron 8 libros ¡8! De la misma colección. El día que conozca a su autora se lo comentaré. Me pasé dos días llorando. Esa semana  la cerramos en negativo.  
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… “¡pero si ahora todo el mundo tiene e-book!” O también “¡mi hijo no usa libros, todo lo tiene en el Ipad“.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando… por ahora nunca. Es demasiado pronto para perder el entusiasmo.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es… ver cómo los niños se sientan, cogen un libro y lo devoran.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando… vinieron todos mis amigos y familiares a darme ánimos, el día de la inauguración. Aunque ahora, la verdad, necesito repetir.
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a… ¿leer? Es que últimamente no descanso.
Así es como veo el futuro de mi profesión… Pues no lo sé. ¿Ideas?
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… ¿Cómo que si algún día logro jubilarme? No entiendo la pregunta ¿La alternativa es morirse?
El último libro que he leído ha sido…Querida Felicidad”, de Ediciones Lóguez. 5 minutitos de ternura.
Y lo conseguí en… la balda de primeros lectores. Alguna ventaja tenía que tener ser socia cooperativista de mi propia librería ¿no?
Y el primero que recuerdo que leí fue…pues no sé. Es que yo tuve la suerte de que me leyeron mucho de pequeña. Así que no me acuerdo de lo primero que leí yo sola.
En mi mesilla tengo ahora para leer…Ventajas de viajar en tren” de Antonio Orejudo. Me da miedito y tengo que dormir con la luz encendida.
Me gustaría añadir que… Me encanta mi nueva y renovada profesión de librera. Que me encanta estar detrás del mostrador. Y que ojalá pueda hacerlo muchos años. Acepto consejos  y terapias de veteranos en el sector. ¡Ah! Y que en este lío nos metimos dos, engañé a Marçal Bonadonapara ser librero y ahora ha vuelto a su más tierna adolescencia siendo el especialista en juvenil.
          www.sopadesapo.com
 
Clo Vautherin. Un estado de ánimo

Clo Vautherin. Un estado de ánimo

Me llamo… Clo Vautherin            Foto de 7calasensilex

 

 
Y en el sector del libro o como mera lectora se me conoce como… Clo (aunque no creo que me conozca mucha gente).
 
Me gusta leer porque… me gusta. Me divierte, aprendo, paso un buen momento, desconecto… Es increíble la cantidad de emociones que te pueden dar los libros.
 
Cuando tenía doce años quería ser… médico forense.
 
Hoy soy… librera (y algo más) en La Central de Callao.
 
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… es mucho más complejo de lo que se imagina y que hay mucha gente implicada en todo el proceso.
 
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:… el día se divide entre dos partes complementarias del oficio: la “física” y la “romántica” (la gente se olvida que el trabajo en una librería es muy “físico”). Pasar pedidos, buscar novedades, ordenar estanterías, colocar mesas, hacer envíos, charlar con editores, hacer devoluciones, montar un ciclo, recomendar un libro, pillar un ladrón, preparar una presentación, hacer una entrevista, mover cajas, … Es muy entretenido
 
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… esa pregunta me pilla de sorpresa.
 
Y lo peor… ¿en la vida? No creo que me haya pasado cosas terribles.
 
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… que si los libros son caros, que si el libro en papel va a desaparecer, que si se edita mucho y se lee poco.
 
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando… me da rabia que se roben libros, pero perder el entusiasmo, no lo he perdido.
 
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es… Hay muchas cosas buenas y divertidas que se pueden hacer entre libros. Pero más que nada la gente que me he encontrado en este “mundillo”.
 
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando… no recuerdo, hay muchos días buenos. Es un trabajo que me gusta.
 
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a…  la costura.
 
Así es como veo el futuro de mi profesión… con optimismo.
 
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… cerca del mar, pero ¿lograremos jubilarnos?
 
El último libro que he leído ha sido…han sido dos, un cómic: “Mauvais genre” y una novela “Pietra Viva”.
 
Y los conseguí en… el primero me lo regalaron, el segundo me lo compré.
 
Y el primero que recuerdo que leí fue…no sé si fue el primero pero me gustaba mucho “La historia de los bonobos con gafas”.
 
En mi mesilla tengo ahora para leer…uffff, un montón y no me va a dar tiempo…
 
Me gustaría añadir que… me encanta que me recomienden libros.
 
 
Javier Celaya. Un estado de ánimo

Javier Celaya. Un estado de ánimo

 Me llamo Javier Celaya. 
 
Y en el sector del libro se me conoce como Dosdoce.com. Nunca pensé que mi personalidad llegaría a ser suplantada por una marca empresarial…
 
Me gusta leer porquetraslada mi mente a un lugar alejado del ruido mundano.
 
Cuando tenía doce años quería ser pianista, cantante, bailarín, actor de teatro…
 
Hoy soy docente, escritor, asesor, emprendedor, empresario… (sin lugar a dudas, actividades profesionales mucho menos glamurosas que lo que había soñado, pero lo asumo sin frustración alguna. Pienso llevarlas a cabo en mi próxima vida).
 
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o andar entre libros le digo queleer te permite vivir varias vidas a la vez…
 
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así: Londres, Frankfurt, Nueva York,  Sao Paulo, México, Milán, San Francisco…
 
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando choqué mi coche a los 16 años contra la limusina de Elisabeth Taylor… Ella ni se dignó a salir del coche, pero su chófer fue muy amable.
 
Y lo peor, que la Policía Militar llegue a tu casa para detenerte por prófugo. ¿Cómo continúa esta historia? La respuesta la dejo para cuando publique mis memorias…
 
Aún más, si te dedicas a lo mío algunas personas no dejarán de tocarte las narices concríticas insustanciales, pero lo siento por ellos: tengo una paciencia infinita…
 
Nunca he perdido el entusiasmo por lo que hago, ni en lo personal ni en lo profesional. Debe ser que tirar la toalla no forma parte de mi vida.
 
Lo mejor de mi trabajo es, sin duda, trabajar con personas inteligentes que me contagien su entusiasmo, con sus ideas o sus ganas de hacer cosas nuevas…
 
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando un cliente de la empresa donde trabajaba me contrató para incorporarme a su propia empresa. Fue toda una sorpresa que cambió mi vida profesional.
 
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a dar largos paseos con mi perro Max Gutenberg.
 
Así es como veo el futuro de mi profesión: adentrándose poco a poco en el trepidante mundo digital.
 
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda con mi marido dando la vuelta al mundo en un velero.
 
El último libro que he leído ha sidoNos vemos allá arriba” de Pierre Lemaitre (Editorial Salamandra). Normalmente leo en pantallas, pero este libro lo leí en papel puesto que fue un regalo de mi madre.
 
En el colegio se empeñaban en que leyera cada día la Biblia, pero no lo consiguieron…  Lo que sí devoré fueron los libros de la biblioteca de mis padres y de mis hermanos mayores. El primero que recuerdo leer con mucho entusiasmo fue “Miguel Strogoff” de Julio Verne.
 
En mi mesilla tengo ahora para leer una tableta llena de libros. Leo entre 25 y 30 libros al año de todo tipo de géneros, desde thrillers a novelas, pasando por ensayos, novela gráfica y libros de empresa.
 
Me gustaría añadir que no he mentido ni exagerado en ninguna de mis respuestas J
 
          Enlace 1: http://www.dosdoce.com/
          Enlace 2: http://www.comunicacion-cultural.com/

 

Imanol Aguirre Illarramendi. Un estado de ánimo

Imanol Aguirre Illarramendi. Un estado de ánimo

Me llamo… Imanol Aguirre Illarramendi 
Y en el sector del libro o como mera lectora se me conoce como…
el hijo mayor de Maria Florentina, la librera de Garoa. Imanol(txo). El pequeño en altura comparándome siempre con mi hermano Eneko que casi mide 2 metros. El de  la librería “Garoa”.
Me gusta leer porque… soy muy libre(sco).
Cuando tenía doce años quería ser… florista. Tener mi tienda de flores y un invernadero repleto de flores de todo tipo y colores.
Hoy soy… librero y la librería está repleta de flores frescas. Cada semana me paso por el mercado para comprar flores frescas a Mari Carmen (mi distribuidora de flores) para la librería.
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… que se pase por la librería que tengo un libro que me recuerda a él/ella.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:…empiezo el día escobando y fregando el suelo de la librería.  Primero paso la escoba y después fregoteo los suelos ( hay que tener en cuenta que con agua caliente se limpia mejor y utilizo una keter para calentar el agua y sobre todo mientras limpio PIENSO). Seguidamente cambio el agua a los floreros y riego los tiestos y enciendo el ordenador. Un tweet de buenos  días y a continuación hago las reposiciones de los libros vendidos un día antes.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… dejé la librería abierta de par en par durante toda una noche y no pasó nada. No entró nadie o tal vez sí, pero no robaron. No me creo todavía que la gente robe libros.
Y lo peor… cuando al vecino de arriba dejó el grifo abierto y llovió literalmente en la librería.
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… no recuerdo el título, pero es un libro de portada azul
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando… no lo he perdido ni quiero pensar en eso
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es… que me feliciten por una recomendación.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando…está por llegar
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a… pensar. Me gusta pensar y sobre todo pienso cuando paso la escoba y seguidamente la fregona. Garoa Kultur Lab (Donostia) me da mucho que pensar ya que el espacio cuenta con 300 m dividido en 2 plantas.
Así es como veo el futuro de mi profesión…agitador cultural libre (sco). Creador de puentes entre libros y diferentes disciplinas artísticas.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… en un caserio que a su vez será un laboratorio cultural y vendrán a pasar sus vacaciones: escritores, poetas, pintores, músicos, periodistas….y sobre todo vendrán a descansar y a escribir. Yo me dedicaré a poner flores frescas y preparas desayunos para todos. Y sobre todo, a leer.
El último libro que he leído ha sido…Sofia Petrovna una ciudadana ejemplar” de Lidia Chukovskaia (Errata Naturare)
Y lo conseguí en… me lo mandaron de la editorial directamente (las editoriales pequeñas `por lo general nos cuidan muy bien)
Y el primero que recuerdo que leí fue… “Euskaldun bat Marten” de Iñaki Zubeldia
En mi mesilla tengo ahora para leer… “No encuentro mi cara en el espejo” de Fulgencio Arguelles (Edit. Acantilado)
Me gustaría añadir que…silencio. Me encanta el silencio y la tranquilidad.
         Enlace 1: www.paperezkoak.com
         Enlace 2: www.egaroa.com
 

Las lecturas de los Estados de ánimo -2

Queremos recoger algunas de las propuestas y sugerencias lectoras de los 51 Estados de ánimo del primer año de andadura.
No están todas, pero sí, por lo menos, una por Estado de ánimo.

Os daréis cuenta que entre todas formarían una mesa de novedades quizás muy distinta a muchas de las habituales.

Ahí van por orden alfabético de título la segunda entrega.

  1. Diez de diciembre; George Saunders, Alfabia
  2. Kafka en la orilla; Haruki Murakami, Tusquets
  3. Las cárceles elegidas; Doris Lessing, FCE
  4. Las nieves azules;  Piotr Bednarski, Malpaso
  5. Libro del desasosiego; Fernando Pessoa, Acantilado
  6. Manual del perfecto canalla; Rafael de Santa Ana, Trama 
  7. Mapas para el éxtasis; Gabrielle Roth, Urano
  8. Muerte a crédito;  Louis-Ferdinand Celine, Debolsillo
  9. No pasarán; Carlos Alberto Scolari, Páginas de espuma
  10. Sirenas; Ángel González, Veintisiete letras 
  11. Sobre los acantilados de mármol; Ernst Jünger, Tusquets
  12. Sociofobia; César Rendueles, Capitán Swing
  13. Una lectora nada común; Alan Bennett, Anagrama
  14. Una noche con Claire; Gaito Gazdánov, Nevsky Prospects
  15. Visión desde el fondo del mar; Rafael Argullol, Acantilado


Vicente Luis Mora. Un estado de ánimo. Librería Telos

Vicente Luis Mora. Un estado de ánimo. Librería Telos

Publicado en el número 24 de Trama&TEXTURAS.

Tras recibir una nutrida e inesperada herencia, Ukio No Teksume tomó dos  decisiones insólitas: la primera, trasladar su residencia a España, país que nunca había visitado pero cuya lengua hablaba con soltura tras años de estudio de la cultura española; la segunda, abrir una pequeña librería. Decidió instalarse en Sevilla y llamar Telos al negocio, como homenaje a sus antiguos estudios filosóficos.
Una vez abierta la librería en pleno centro, y tras adaptarse a la exótica pronunciación del español por sus nuevos conciudadanos (a quienes consideró muy piadosos por sus continuas apelaciones al alma), Ukio pasaba largas mañanas trabajando en la librería, preparando cuidadosamente los pedidos, revisando albaranes, ordenando una y otra vez las estanterías de forma exhaustiva. El planteamiento librero de Ukio reducía la mostración a literatura de alta calidad, de forma que era imposible hallar en el establecimiento best-sellers o cualquier libro no escrito con finalidades exclusivamente artísticas, principio rector que se avisaba a posibles clientes mediante un anuncio en el escaparate: “Si no ha leído a Faulkner –o no sabe quién es– esta no es su librería”.
Durante los primeros meses no entró nadie, ni siquiera personas despistadas preguntando si hacía fotocopias. Esto no supuso un problema para Ukio (que tenía dinero de sobra y podría vivir hasta los 160 años perdiéndolo sin más), hasta la extraña visita de un policía, quien se adentró en sus dependencias con la excusa de consultarle una dirección, escrutando la tienda con mirada entre inquisitiva e inquisidora. En ese momento fue Ukio consciente de que una librería sin ventas podía parecer, a ojos del fisco, un instrumento de blanqueo de dinero. A partir de ese momento comenzó a venderse regularmente libros a sí mismo.
Al principio se compraba clásicos españoles e hispanoamericanos, para adquirir después rarezas alemanas o finesas, bien editadas y con soberbias traducciones, cuyo descubrimiento en los estantes le generaba una inmensa alegría. Tales hallazgos le movían a compartir su intensa emoción con el librero, quien sentía una emoción especular y complementaria, al comprobar que tenía por fin los clientes exquisitos y cómplices que tanto había anhelado. El clima sevillano era benigno en invierno. Paulo Coelho había dejado la escritura. El mundo era bello. Las ventas eran incesantes. “El negocio va viento en popa”, se decía Ukio, feliz, cada vez que cerraba la puerta corredera a las nueve de la noche.
No obstante, a los pocos meses, notó que faltaba dinero de la caja. Aunque nadie aparte del policía había entrado en Telos durante ese primer año, le daba la impresión de que había un descuadre en las cuentas, que repercutía negativamente en el balance. Se acumulaban las devoluciones a los editores, a pesar de que las ventas no menguaban, y las novedades comenzaban a atascar su almacén. Su motorizada recepción le impedía a veces llegar siquiera a abrir las cajas recién llegadas. Los paquetes de libros por abrir eran aplastados por nuevos paquetes y cajas, de modo que no podía dar de alta los libros en el programa informático, ni introducirles el chip de seguridad ni, en consecuencia, mostrarlos en los anaqueles, por miedo al robo. “Creo que mi clientela es honrada, pero ¿cómo estar seguro?”, meditaba compungido.
Como en Telos no se giraban los libros a noventa días, sino que eran comprados en firme con el fin de constituir un buen fondo de librería, Ukio se vio obligado a arrendar un segundo local, anejo al suyo, que servía únicamente de almacén de las cajas no abiertas. A los pocos meses, y aunque seguía comprándose libros sin desmayo en la librería, el volumen de ventas era tan inferior a la mercancía entrante que los números se hacían negativos de modo geométrico e insalvable, añadiéndose los gastos de alquiler de un tercer local, pues las cajas habían invadido por completo el primero, sin dejar espacio a un solo crisolín. Entonces comenzó la construcción de un almacén de almacenes de libros, adquiriendo todos los edificios de la manzana para dedicarlos a depósito, comunicando los inmuebles mediante pasadizos, escaleras y montacargas. Por aquella época, con el propósito de equilibrar los números a cualquier costa, se compraba ya los libros en serie, haciéndose por ejemplo con todos los volúmenes de la tienda cuyo título contuviera la letra “e”, o con todos los que no la contuviesen. Como los libros habían desbordado su casa, decidió dedicar el ala este del Almacén a Biblioteca. Era fácil diferenciar Almacén y Biblioteca: en la segunda los libros estaban sacados de las cajas y aproximadamente ordenados. La Librería Telos era el pequeño espacio intermedio donde convivían los dos órdenes, o ambos desórdenes.
En 2018 el peso acumulado de las cajas hizo que el edificio más grande se derrumbase, arrastrando al resto de anaqueles arquitectónicos, que cayeron en cascada; una marea ingente y polvorienta de cascotes, escombros y cajas de libros se derramó por todas las calles adyacentes, sin herir a nadie por jugarse ese día el derby entre el Betis y el Sevilla. Ukio murió aplastado por el peso de las obras completas de Balzac. Horas después, las personas que paseaban por los alrededores se acercaban a las cajas de libros de literatura de calidad, las abrían, sacaban cuidadosamente los volúmenes de ellas, depositándolos en el suelo, y se llevaban el cartón, ideal para embalar la ropa fuera de temporada.

OTROS ESTADOS DE ÁNIMO  
Lorena Fernández Álvarez. Un estado de ánimo

Lorena Fernández Álvarez. Un estado de ánimo

 
Me llamo… Lorena Fernández Álvarez. 
Y en el sector del libro o como mera lectora se me conoce como… Loretahur.
Me gusta leer porque… a través de los libros corro, vuelo, nado, mido dos metros o apenas diez centímetros, soy un ser humano o un animal, doy varias vuelta alrededor del mundo, me conecto y me desconecto, vivo en diferentes siglos y épocas, etc. En definitiva, me meto en muchas pieles que no son la mía con apenas pasar las páginas.
Cuando tenía doce años quería ser… mayor. Y ahora quiero volver a ser una niña. En ambas ocasiones lo he conseguido a través de los libros.
Hoy soy… procrastinadora hasta límites insospechados. Lo que aún me deja algo de tiempo para desempeñarme como Directora de Identidad Digital de la Universidad de Deusto. Ingeniera en cuerpo y alma, con lo que eso conlleva tanto para mi pensamiento cuadriculado profesional como para el personal. Además de esto, una persona poco asertiva que se deja enredar en otros menesteres (de los que disfruto enormemente) como es el caso de Doce Miradas, Radio Bilbao, Aprendices, Descubre Japón, … 
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que… no me gusta. Como buena tahúr, una no puede desvelar todos sus cartas en la primera jugada. De hecho, yo no hablo de lecturas con cualquiera, porque a través de lo que lees estás descubriendo parte de tu espíritu. Eso sí, no respondo de mi lengua tras tres gin-tonics.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:… cada minuto de cada día está programado para una o varias actividades, restando esto horas al sueño y a la lectura. Así que la pobre tiene que compartir su espacio y tiempo, durante los desplazamientos en transporte público, con el resto de ocupantes del tren y el tranvía. Es decir, con ruidos, conversaciones, sonidos de dispositivos electrónicos… De vez en cuando, se pone celosa y reclama su exclusividad, arrastrándome al “rincón de pensar” de mi casa, para que el silencio y la quietud bloqueen mis sentidos en esa única tarea. De hecho, me pide que apague móviles, ordenadores y tabletas para que ninguna notificación de una red social rompa ese encanto.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando… en uno de esos viajes en transporte público, ensimismada en mi libro, llegué a una parte de la historia que supuso un vuelco en la misma. En ese momento un exabrupto salió de mi boca a un nivel bastante audible, lo que hizo que mis compañeros de asiento se sobresaltaran sobremanera.
Y lo peor… que soy incapaz de dejar un libro a medias, por muy malo que sea. No sé si es por optimismo de que todo puede mejorar o más bien porque pienso que quizás entre tanto bodrio se puede esconder una perla que me perderé. Estoy tratándome esta anomalía, sin mucho éxito por el momento.
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… la típica frase de “vaya, vaya… la directora de identidad digital con un libro de papel en la mano”. Pero qué queréis que os diga: yo soy una fiel creyente de la erótica del papel. Su tacto y olor (aunque la celulosa de hoy en día tiene un mal envejecer) son placeres sensoriales que aún no he encontrado en mi ebook, al que también adoro porque me ha ahorrado unos cuantos dolores de espalda.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando… Aún no ha llegado ese momento. Y doy gracias porque cuando eso ocurra, tendré que cambiar de tercio. No me imagino “gastando” tantas horas de mi vida en algo que no encienda mi espíritu (de hecho, espero que nunca las circunstancias de la vida me obliguen a ello).
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es… relacionarme con las personas que componen mi organización y mis redes (tanto analógicas como digitales). Personas que me sorprenden todos los días, casi siempre de forma positiva, y de las que aprendo. Siempre cuento que cuando me decanté por la ingeniería como carrera, una de las razones que me empujaron a ello fue la idea de relacionarme exclusivamente con máquinas deterministas, que a unas mismas entradas, devuelven inmutablemente las mismas salidas. Tras finalizar mis estudios comprobé que detrás de toda máquina hay una persona totalmente indeterminista, pero que eso es lo excitante de la vida.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando… cualquiera en el que haya perdido la noción del tiempo. De hecho, he huido de los trabajos en los que me pasaba lo contrario: miraba el reloj cada cinco minutos esperando que llegara la hora de salida.
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a… estar con los míos, a poder ser desconectada (sin teléfono móvil ni conexión a internet). Después de tantos emails, tuits, posts, y demás contenidos digitales leídos, necesito hacer cura de desintoxicación.
Así es como veo el futuro de mi profesión… incierto. Y no lo digo por la volatilidad del empleo en este país, sino más bien porque me dedico a la comunicación digital, un mundo que cambia a una velocidad abismal. Hay días en los que grito aquello de “Que pare el mundo, que me bajo”. Otros en los que disfruto porque la monotonía no forma parte de mi diccionario. Lo único que tengo claro del futuro de mi profesión es que aún no está escrito y quién sabe, quizás lo pueda escribir yo.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda…viajando y, con lo que disfruto aún más que es preparando esos viajes. Que los libros vayan familiarizando a mis ojos con lo que luego contemplaré sin hojas de por medio. Pero ahora en serio, ¿qué es eso de la jubilación? No lo he encontrado en la RAE…
El último libro que he leído ha sido… El Japón de Murakami, de Carlos Rubio. Un obra estupenda para conocer con mayor profundidad la cultura y costumbres del país del Sol Naciente a través de las obras del peculiar escritor japonés.
Y lo conseguí en… la biblioteca pública de la Alhóndiga (Bilbao).
Y el primero que recuerdo que leí fue… El pirata Garrapata de Juan Muñoz Martín.
En mi mesilla tengo ahora para leer…  La ballena y el reactor: Una búsqueda de los límites en la era de la alta tecnología de Langdon Winner. Estupenda obra para que reflexionemos sobre si la tecnología tiene o no ideología.
Me gustaría añadir que… como no podía ser de otra manera, he procrastinado enormemente para escribir este estado de ánimo. Pero eso no quita para que haya disfrutado también enormemente.
Algunos enlaces:
Mi blog, en el que escribo de vez en cuando: http://blog.loretahur.net .
Mi Twitter, por donde me prodigo más: @loretahur.
Como soy una apasionada de la fotografía, mi cuenta de Flickr (https://www.flickr.com/photos/loretahur) e Instagram (http://instagram.com/loretahur).
Ahora tengo una nueva pasión: Japón, así que tenemos versión tuitera (https://twitter.com/descubreJapon) y facebookera (https://www.facebook.com/DisfrutaJapon). 


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