Carrito

Ya me he registrado:

Recuperar contraseña

Ver tu carrito

Elena Cabrera. Un estado de ánimo

Elena Cabrera. Un estado de ánimo

 

Me llamo Elena Cabrera.
Me gusta leer porque lo real y lo irreal no existe sólo en el mundo de los cuerpos sino también en el mundo de las palabras.
Cuando tenía doce años quería ser periodista. Hoy soy periodista.
 Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que no haga preguntas estúpidas.
Mi día a día es más bien así: por la mañana cuido de mi hija y por la tarde trabajo como periodista freelance desde el estudio de mi propia casa.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando, hace una semana, un anciano desconocido me llamó por mi nombre en un autobús sin que yo me hubiera presentado.
Si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con la idea de que el periodismo está en manos de tertulianos.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando he trabajado para grandes multinacionales.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es que alguien te dé las gracias por contar su historia. Mi experiencia personal es que la gente no quiere ver su nombre escrito como protagonista de una historia triste.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando… no, no recuerdo ningún día mejor que cualquier otro.
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a escribir emails personales.
Así es como veo el futuro de mi profesión: los medios importarán cada vez menos y los periodistas trabajaremos directamente para quien quiera leernos. Publicaremos nuestros reportajes como ebooks. La mayor parte del periodismo será low cost y fritanga. Habrá un perdiodismo social fuerte y bien arraigado (serguramente mal pagado) que la gente entenderá casi como un servicio público, pero será un bien común y colectivo.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda en una casa junto al mar, escribiendo novelas y leyendo libros y periódicos, ambas cosas siempre en pantallas digitales.
El último libro que he leído ha sido Cómo ser mujer, de Caitlin Moran.
 Y lo conseguí en la tienda Kindle de Amazon.
No recuerdo el primer libro que leí pero sí que el primero realmente extenso fuera La historia interminable.
En mi mesilla tengo ahora para leer De la Tierra a la Luna, de Julio Verne.
 
María PTQK. Un estado de ánimo

María PTQK. Un estado de ánimo


Me llamo Maria Ptqk.
Me gusta leer porque…
Me hace sentir viva y me gusta esa sensación de paréntesis, esa capacidad para transportarte, es casi mágica. Hay algo muy íntimo en el acto de leer y te da autonomía.
Cuando tenía doce años quería ser…
Veterinaria, luego empresaria y periodista de guerra. Al final estudié derecho y economía, supongo que para retrasar la decisión. En la práctica no hizo falta tomarla, vino sola.
Hoy soy…
Gestora cultural. Pero a un nivel más personal considero que lo que hago es investigar: estudio, busco, rastreo, recompongo, elaboro, distribuyo… La lectura y la escritura son una parte importante del proceso.
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que…
Es un oficio, vocacional y artesano.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:
Escribir mails, consultar archivos y programaciones, leer artículos, redactar propuestas, hacer presupuestos, llamadas, tareas de administración…. También hay una parte muy social, que es emocionante pero genera un cierto estrés, como una jornada laboral extra.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando…
Lo más raro sigue siendo dedicarme a esto. Haber conseguido orientarme para encontrar la profesión que deseo me sigue pareciendo una enorme carambola.
Y lo peor…
Lo peor es que este trabajo te separa de la gente que se dedica a otra cosa: familia, amigos… Es como si tuvieras que estar justificándote siempre, demostrando que no eres una farsante.
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con…
que no es un verdadero trabajo. La gente del mundo de la cultura es endogámica por eso, para protegerse. Es la única forma de no estar todo el día aguantando que desacrediten tu trabajo. Hay un documental sobre Woody Allen en el que sale su madre lamentándose de que no sea farmacéutico. Es exactamente así. En esta profesión, por muy bien que te vaya, siempre hay alguien que sigue sin tomarte en serio.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando…
A veces pierdo el entusiasmo puntualmente, por las circunstancias. Pero es demasiado personal para desanimarme del todo. Sería como perder el entusiasmo por la vida.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es…
Que aprendo cosas nuevas constantemente, conozco gente, sitios… Es muy activo y estimulante. Me transforma todo el rato.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando…
Hay muchos días que recuerdo, pero lo más gratificante es cuando alguien me dice que algo de lo que he hecho le ha servido en su propio proceso, saber que lo que hago tiene una utilidad.
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a…
Andar en bici, nadar, tumbarme a la bartola, salir con amigos… O simplemente a hacer lo mismo, pero con otro espíritu.
Así es como veo el futuro de mi profesión…
Tal y como están las cosas, lo veo como una forma de resistencia. La cultura no tiene que ser eficiente ni rentable. Es un derecho y un bien común. Creo que lo que nos toca los próximos años es defender el valor social de nuestro trabajo.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda…
Ni me lo planteo, mi generación no va a jubilarse.
El último libro que he leído ha sido…
Reencuentro” de Fred Uhlman.
Y lo conseguí en…
Me lo prestó un amigo.
Y el primero que recuerdo que leí fue…
Saltad todos” de Ken Whitmore. Lo conté aquí.
En mi mesilla tengo ahora para leer…
Orientalismo” de Edward Saïd, unos cuentos de Onetti y un comic de Ralf Koening.
Me gustaría añadir que…
No habría que confundir la crisis de la lectura como práctica social con la crisis del sector del libro. Un sector editorial eficiente en términos capitalistas y concentrado como un oligopolio no favorece la lectura. Hoy es más urgente defender la supervivencia de las bibliotecas públicas y los centros culturales y el derecho a la educación.
Ricardo J. Sánchez Cano. Un estado de ánimo

Ricardo J. Sánchez Cano. Un estado de ánimo


Me llamo 

RICARDO J. SÁNCHEZ CANO.
Todos los nombres tienen una historia, la mía es la siguiente. Ricardo es en honor a mi padrino. Un hombre respetado por su fortaleza, personalidad y carácter. Era Herrero y murió joven. Jesús era mi abuelo paterno. Socialista y republicano. No lo conocí. Vivo de sus mítos y relatos. Cuentos e historias que me repite mi madre. Trabajó en un hospital en el Madrid rojo, era ATS, o auxiliar. Acusado de ocupar un puesto de trabajo que no le correspondía por su afiliación política. Repitió el examen de entrada una segunda vez para callar envidias. El orgullo le costó la cárcel cuando Madrid cayó. Mis dos  nombres me han marcado, por eso no los oculto.
Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como……..
Como Richard, gracias a una amiga de mi madre, emigrante como yo. Nacido en Béjar, Salamanca, que al venir a Irún, en la frontera me «afrancesó». Tengo que confesar que por mi profesión de psicólogo y asesor, por mis 52 años, cada vez tengo más cara de Ricardo.  Hace poco una alumna de nuestra formación de Supervisión y Coaching Sistémico, se me acercó y me dijo en privado. He descubierto lo que significa tu nombre. Y te pega. Guardó silencio y le dije ¿qué? Es de origen germánico y significa líder. Me gustó.
Me gusta leer porque………..
Porque es un reto, una conquista de paz interior. A pesar de ser un estudiante de letras, he sido un lector pésimo. En mi formación he leído poco y lo justo. Con los años, ha sido una conquista personal encontrar sentido a textos que me pesaban como losas. 
Tengo esa sensación todavía y siento que estoy perdiendo cierto equilibrio. Aunque mis lecturas durante años han sido fundamentalmente  temas profesionales, me gusta cada vez más convivir con más de un libro. Siempre una novela, uno de trabajo y, si puedo, una Biografía. 
Cuando tenía doce años quería ser…
No sé muy bien lo que quería a los doce, pienso que era complicado. No fue una buena época. Justo entonces hubo un cambio de centro escolar que fue a mejor. Pero venía del infierno. Podría hacer una novela. Por el momento… prefiero olvidar,  hay mucha rabia. Sí que recuerdo que a mi madre le decía, siendo niño, que sería relojero para trabajar siempre en casa junto a ella. Promesas incumplidas que seguramente fueron funcionales en una época. 
Hoy soy…
Psicólogo, asesor para el desarrollo organizacional, supervisor, Coach,  Formador y facilitador de procesos de cambio en equipos, organizaciones y entidades. Todo esto ha llegado tras un proceso de transformación personal… Bueno podría ser que de «relojero» haya pasado a ser una especie de perturbador o irritador de sistemas, un despertador un poco especial. De esos que compras para que te  digan algunas cosas que «sabes que sabes» pero que no quieres oír… y necesitas que alguien te las diga de otra forma . Quizás en otro lugar, tal vez en otro momento.
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que…
Creo que me pongo un poco pesado con lo que me apasiona… Normalmente hablo y hablo y hablo. Si un libro me gusta o pienso que es útil a alguien por su situación, lo compro y se lo regalo. No se lo ofrezco o se lo sugiero… ¡Me pueden mis impulsos!
Realmente me inunda la pasión por todo lo que hago. Y en esta lógica inscribo mis lecturas. Hay personas que cuando les cuento que en un verano me leí toda la obra de Murakami me miraron raro… Para mí estas cosas funcionan así. Por impulsos de pasión. Murakami ha sido mi herramienta en muchos trabajos, he prescrito muchos de sus libros. Con buen resultado.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:…
 Esta pregunta me gusta. Porque la pasión no es la realidad. Mi realidad es un salto de coche a despacho, de despacho a sesión o local de un cliente, de este al coche, de nuevo al despacho… Da capo! Y dónde esta mi equilibrio y mi paz interor. Mis tiempos de lectura, mis espacios para conectar con mi cuerpo. Cada vez los necesito más. Esta mañana antes de ir a trabajar leía:
«Cuando liberas tu cuerpo para recibir el poder de ser, empiezan a fluir todo tipo de sentimientos: sentimientos antiguos, nuevos, sombríos y luminosos. Estar vivo/a es peligroso, significa sentir, significa sentir cosas que tal vez no deseas sentir, o tener pensamientos que no tendrías nunca. Estar vivo significa tener corazón y expresarlo. » (G. ROTH en «Mapas para el éxtasis«). Leer y escribir, caminar, pensar. Parar un momento. Rutinas reparadoras.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando  
Creo que soy una persona acostumbrada a cosas «raras». A los ojos de una supuesta «normalidad» mi vida profesional se mueve en lo «normalmente» anormal. O raro. Es en esta lógica donde tiene sentido gran parte de mi trabajo. Por contra, para que las cosas funcionen bien a ojos de los que nos demandan ayuda  profesional como aseores- y no es un juego de palabras- , nos movemos en otra lógica, intentamos crear una cierta «normalidad » donde hay una autopercepción de anormalidad o rareza. Esto, de nuevo no es un juego de palabras. 
Por no perder el tono narrativo recuerdo una historia. En una visita a una institución francesa de corte comunista creada por sindicatos y jóvenes trabajadores tras el 68,  me entrevisté con el director y el subdirector. Paso todo el día con ellos y me presentan su modelo y proyectos. En cada imput de información el viejo director no pierde oportunidad para declarar su próxima jubilación y bondades del subdirector. Su sucesor. A la hora de comer me presenta a su mujer. Trabaja con él desde siempre. Allí, es responsable de la intendencia. Viven en la propia institución. Todo es muy familiar. Hay algo que no cuadra con el discurso político. En un momento tengo un lapsus en el café con  relación al subdirector. Digo… «Realmente es todo familiar! Parece que fuera su hijo» .
Parece que he roto el ambiente. Un silencio sepulcral corta el aire de la sala.  El sentencia. «Lo es…» Yo digo. Normal! Con un padre como el tuyo, no se puede trabajar en cualquier lugar. Todos reímos.
Y lo peor
Si lo mejor de la vida es la vida. Lo peor de la vida es no poder vivirla con plenitud. 
He tenido la suerte de no tener enfermedades graves. Pero he perdido algunos amigos desde la juventud por diferentes motivos. 
Es ley de vida… 
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con…
Algunas personas no acaban de entender nuestro trabajo. Nos llaman «vendedores de humo». Es curioso que en estos momentos, en nuestra sociedad cada vez hay menos cosas tangibles. Me reafirmo desde mis valores y desde una posición muy reaccionaria ante este tipo de argumentos. No cambiamos nada, no cambiamos la realidad, ayudamos a que las personas puedan mirarla de otra forma, con nuevas herramientas, con ilusión. Y  pienso que esto es muy valioso e importante en la época que nos está tocando vivir.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando…
Me encuentro con profesionales que hacen trabajos en mi sector  confundiendo las «formas con el fondo». Me explico. En esta vida no se puede hacer nada sin principios, sin valores. Nos arrastran las formas, el último grito tecnológico… En mi trabajo es peligroso. Nos olvidamos de las personas que son el centro en beneficio del ego del facilitador. 
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es…
 La satisfacción de la experiencia, que no se paga con dinero, de recibir agradecimiento y reconocimiento. De percibir que alguien ha encontrado su propio camino en el proceso que has iniciado con él o ella. 
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando…
Recibí una llamada de alguien que lo había pasado mal. Una experiencia organizacional, en la que había invertido prácticamente toda su vida profesional le había llevado a dimitir. Tras un proceso profesional y personal muy amargo había ordenado su vida. Quería hacerme participe de cómo estaba y agradecerme el trabajo hecho juntos. La llamada me ruborizó. Hablamos y comimos juntos. La conversación fue una mirada hacia adelante con fuerza y energía. Un regalo. 
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a…
Me gusta caminar, leer y dormir. 
Fantaseo con viajes, nuevos lugares… Pero realmente en la esencia esos verbos se pueden conjugar en cualquier lugar.
He de decir que mi principal forma de desconexión es la cocina, pero es una actividad de riesgo. 
No lo hago nada mal. 
Así es como veo el futuro de mi profesión…
Estamos en un momento complicado, soy un romántico, un defensor de una profesión y un modelo de asesoramiento en construcción. En los últimos quince años han ido emergiendo modelos de corte mercantilista.  Muy dependientes de la burbuja económica en la que se ha visto envuelto el país. No es un modelo sostenible. Y ante su la fragilidad, la solución ha sido una inflación de ofertas formativas. De nuevo muy preocupadas por las «formas» pero quizás con poco fondo. La situación es complicada no solo por la escasez de recursos económicos sino por la falta de «modelos cooperativos» y de trabajo complementario. Hecho en falta sinergía y trabajo en red. 
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda…
¡No lo sé muy bien! Es una pregunta que no puedo responder. Pienso  en mi trabajo y en mi formación como algo que me acompaña permanentemente. Sí sueño con un lugar en el que pueda investigar sobre gastronomía saludable y el placer de vivir. Cada vez más me interesa la conexión cuerpo y mente, no sólo filosóficamente sino desde el punto de vista práctico y vivencial. He invertido mucho en el hemisferio izquierdo, quiero recuperar mi hemisferio derecho.
El último libro que he leído ha sido
Mapas para el éxtasis . Gabrielle ROTH. Enseñanzas de una Chamán urbana . URANO  
Y lo conseguí en…
Me lo regaló una amiga. 
Y el primero que recuerdo que leí fue… 
El libro de la selva. De Rudyar Kipling. En una edición de letras pequeñísimas que conservé en varios traslados y mudanzas de casas y releí varias veces. Hasta que luego lo perdí. Soy aficionado a las librerías de viejo y lo he buscado, pero no encuentro esa edición que me conecta a mi infancia. 
En mi mesilla tengo ahora para leer………….
Varios libros que se apilan y que me cuestan alguna bronca. Cosas domésticas. Puedo citar algunos.
En plena lectura apasionante. «El lector de Julio Verne» de Almudea Grandes.
«Buena Crisis» de Jordi Pigen.
«Gracias» Daniel Pennac.
«El mundo de las palabras» Steven Pinker. 
Me gustaría añadir que……………
Me ha encantado contribuir y colaborar con TEXTURAS. Practico y prodigo la reflexividad, esta entrevista me ha facilitado un ejercicio en esta línea desde mis propios hábitos. Detrás de nuestra vida cotidiana se descubre un mosaico de pequeñas historias. Historias con las que vivo, me ha encanado contar(me)las una vez más. Esta vez en un formato diferente. ¡Gracias!
Blog personal – COMO PEZ EN EL AGUA  
En esta Web nuestro BLOG –   
Mariana Eguaras. Un estado de ánimo

Mariana Eguaras. Un estado de ánimo

Me llamo… Mariana Eguaras

Y en el sector del libro o como mera lectora se me conoce…
Por mi nombre. Si tengo apodo o mote aún no me he enterado, aunque sí lo tuve cuando realicé el Máster en Edición de la UPF: un editor amigo me bautizó como “Abuela” y él aún sigue llamándome así.
Me gusta leer porque…
Amplía horizontes, especialmente horizontes mentales. Porque a través de la lectura accedes a mundos a los que tal vez de otra forma no podrías llegar; aprendes, conoces, fantaseas, te trasladas a otras dimensiones… Me encanta que la historia de un libro me atrape, y si el libro logra cautivarme siento necesidad de devorarlo y lo leo –según las circunstancias– en el móvil, la tableta o el lector de tinta electrónico. Si es un libro impreso, está dentro de mi bolso para tenerlo a mano siempre, que para esto compro bolsos grandes.
Cuando tenía doce años quería ser…
Banquera, que no bancaria, o enfermera (“vacunaba” los rosales de mi madre con brebajes que preparaba yo misma, jeringuilla y aguja en mano). Ahora le tengo pánico a las agujas y a la vista está que sólo fueron fantasías infantiles.
Hoy soy…
Consultora editorial, que es una forma más elegante y decorosa de definirme que “mujer orquesta”. En esto he devenido por mi experiencia en el sector editorial, que se remonta a trabajar en editoriales y departamentos de publicaciones donde entre tres o cuatro personas hacíamos todo: contactar y contratar autores; idear y gestionar productos editoriales; corregir y reescribir manuscritos; plantear portadas; diseñar las publicaciones y maquetarlas; corregir pruebas a pie de imprenta; realizar promociones de las publicaciones; vender espacios publicitarios; llevar los ejemplares a destino; mas organizar algún evento; trabajar con páginas web y coordinar todas estas tareas para que salgan en tiempo y forma.
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que…
Me gusta leer como a otra gente le gusta ver TV o hacer manualidades, porque me gusta. Si con alguno de los comensales la conversación da para extenderse y ahondar, bienvenida sea.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:…
Mi día discurre, en diferente orden y entre mate y mate, realizando varias tareas: repaso, mediante el lector de feed, todos los blogs y secciones de periódicos que sigo, mas una rápida lectura a los titulares de la prensa. Extraigo y clasifico los contenidos para compartir en mis redes sociales y también en las redes sociales de los clientes con los que trabajo. Leo y contesto correos electrónicos; preparo y envío propuestas y presupuestos; reviso mi página web y la actualizo; anoto ideas que me vienen a la cabeza para escribir en el blog (la lista es larga); apunto cosas varias para hacer. Si toca reunión, presencial o vía Internet, prepararla y listar los temas a hablar. Según el trabajo que tenga entre manos, además de lo anterior, leer y trabajar sobre un manuscrito, maquetar algún libro o adaptar piezas gráficas, ir a trabajar al despacho de algún cliente, reunirme con escritores o quedar con algún colega o amigo para ponernos al día. Para no entumecer el cuerpo, intento ir tres veces por semana a nadar a la piscina que suelen terminar siendo sólo dos, y en verano ir a jugar a la paleta a la playa, que me queda a pocos metros de casa, o dar paseos en bici.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando…
Estaba en una librería y de repente escuché que preguntaban por un libro había escrito y editado. Me pasó en La Formiga d’Or, del Barrio Gótico de Barcelona, con 1000 ideas útiles para el diseño del hogar. Me entró un cosquilleo en el estómago…
Y lo peor…
Tener que trabajar con gente inepta, gris, que sólo entorpece el trabajo, y con algún editor anquilosado. Experiencias de las cuales, por suerte, también se aprende mucho. Aprovecho a destacar lo mejor: las amistades que gracias al trabajo he cosechado y que hoy forman parte de mis afectos, tanto en Argentina como aquí en España.
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con…
Querer comentar contigo, que les des tu opinión y brindes sugerencias sobre el libro que han escrito o la propuesta que les ha hecho una editorial, reunirse contigo, etc., etc… de forma gratuita. Parafraseando a Sarmientohay que “educar al (posible) cliente”.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando…
Algunas veces que me he desanimado cuando, mínimamente, las cosas no salen como quiero o espero, luego de ponerles mucho esfuerzo y dedicarle mucho tiempo.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es…
El trabajo mismo: todas las posibilidades que hay de hacer cosas y la satisfacción de sacarlas adelante, de colaborar con otras personas para encontrar respuestas a sus inquietudes de comunicación, el placer de transformar las ideas en una realidad, de ayudar a escritores a publicar o promocionar su libro, y la posibilidad que el trabajo mismo me brinda de conocer personas muy valiosas y majas.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando…
Un gran día fue cuando me confirmaron como consultora editorial fija del Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (INTAL), mientras hacía una sustitución maternal. Fue uno de mis mejores trabajos, aprendí muchísimo y me dio la posibilidad de conocer gente maravillosa. Incluso sigo colaborando con esta institución o con la sede madre, el BID, cuando lo necesitan.
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a…
Leer (libros, blogs, folletos, revistas, etc.), preparar comidas (y congelar para cuando no hay suficiente tiempo para cocinar), ver alguna de las series que sigo, jugar a videojuegos con palabras, quedar con amigos (face-to-face o por chat), y compartir salidas y tareas con mi pareja, como dar un paseo en bici por la ciudad o a pie por la sierra y hacer cerveza artesanal si estamos en el pueblo. Y viajar siempre que puedo y el bolsillo me lo permite.
Así es como veo el futuro de mi profesión…
Apasionante, con miles de cosas para hacer, para experimentar, para equivocarse y para acertar.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda…
Haciendo muchas cosas, entre ellas, leer más, cultivar mi propia huerta, cocinar, viajar, navegar por la Red y disfrutar de mi familia y amistades; todo sin prisas. Prácticamente es seguir haciendo lo mismo, pero con más calma. Y de aquí a que me jubile algo más se me ocurrirá ¡que aún faltan muchos años para jubilarme!
El último libro que he leído ha sido…
He acabado ¡Influye!, de Enrique Alcat, publicado por Alienta.
Y lo conseguí en…
Fue un regalo de la agencia literaria Sandra Bruna.
Y el primero que recuerdo que leí fue…
No recuerdo exactamente cuál fue el primer libro que leí, pero sí la fascinación que me produjo la serie Elije tu propia aventura. A mis amigas de la infancia, del pueblo (nací en una pequeña localidad del centro de Argentina: Coronel Charlone), también les gustaba la colección y como no podíamos comprar cada uno todos los libros organizamos una especie de club, donde cada uno compraba dos o tres títulos y nos los íbamos prestando para así poder leerlos a todos. Recuerdo de forma nítida la lectura a la obligada hora de la siesta en verano: pegada a la ventana de mi habitación para aprovechar un resquicio de luz para leer. La bibliotecaria de mi escuela primaria fue una enorme influencia para mis hábitos de lectura, además del amor por los libros también nos inculcó el arte titiritero.
En mi mesilla tengo ahora para leer…
Dos libros: uno de vuestra editorial y otro de Ediciones B. Estoy casi terminando la relectura de El paradigma digital y sostenible del libro, de Manuel Gil y Joaquín Rodríguez, en el iPad, porque me resulta más práctico para hacer anotaciones. E intercalo con Detrás de la lluvia, de Joaquín Barrero, en formato impreso. Me encantaron los tres anteriores libros de este autor y éste va también por ese camino.
Para mis vacaciones -que este año serán a mediados de octubre- tengo, en formato impreso, la tercera novela de la trilogía Martín Ojo de Plata, de Matilde Asensi. Y en el e-reader Manuscrito en el tiempo y El retorno de los bardos, de Lucía Solaz, publicados por Sinerrata; y La tristeza del samurái, de Víctor del Árbol, publicado por Alrevés.
Me gustaría añadir que…
Agradezco la invitación a participar en este blog y felicito una vez más a la editorial Tramapor publicar títulossobre el quehacer editorial, muy en especial, por la excelente revista Trama&Texturas, que para mí es un referente invaluable de conocimiento del sector del libro.
Mi página web y blog: www.marianaeguaras.com
En Twitter me encuentras por @MarianaEguaras
Y en LinkedIn en el grupo de Editorial & Media 2.0.
Jesús Ortiz. Un estado de ánimo

Jesús Ortiz. Un estado de ánimo


 
Me llamo Jesús Ortiz,  y en el mundo del libro se me conoce muy poco, cosa que me preocupa aproximadamente lo mismo: lo que merece la pena conocerse son mis libros.
A los 12 años escribí mi primera novela, en un cuaderno escolar, con ilustraciones del autor. No recuerdo el título, pero su protagonista se llamaba Jonás y estaba ambientada en el oeste americano. Jonás era un pacífico pescador de caña, no un pistolero. Con poco éxito de crítica y público, me enseñó que escribir es un trabajo duro: lo que a mí me gustaba era leer, algo que llevaba haciendo compulsivamente desde ocho años antes. Para entonces había devorado varias veces todos los libros de casa, los heredados de mi padre y tíos (Julio Verne, Emilio Salgari…), las Selecciones del Reader’s Digest que recibía mi madre (con meses de retraso, porque venían leídas por varias de mis tías), la entonces breve guía telefónica… De todos aquellos autores había algunos que mencionaban su relación con los editores. De ellos aprendí entonces que un editor era un sujeto que se hacía millonario gracias al talento y al trabajo de los demás, ¡qué profesión maravillosa!
A los 12 años escribí mi última novela, en un cuaderno escolar, con ilustraciones del autor. Todavía hoy me maravilla que tantísima gente se atreva a escribir novelas, habiendo tantas deslumbrantes aún por leer (¿ha leído usted La parcela de Dios, de Erskine Caldwell? Pues se publicó por primera vez hace 80 años, y ya se ha traducido dos veces al castellano. Si está pensando en escribir una novela, corra a leer esta y pregúntese si es capaz de escribir algo la mitad de bueno. Si puede responder afirmativamente, adelante: el éxito está a su alcance). Si mi afición a la escritura de novelas fue efímera, la que sentía por la prensa resultó mucho más perdurable: desde antes, y bastante tiempo después, editaba un periódico de aparición irregular, con la tecnología más avanzada de la época a la que podía aspirar un crío: un bic naranja y papel carbón que mi padre traía de la oficina. Su sentido ético no le permitía traerme de la empresa en que trabajaba más que el papel absolutamente gastado, infinidad de veces pasado por la máquina de escribir. Con eso y una terrible presión sobre el bolígrafo de punta fina conseguía «imprimir» tres ejemplares a la vez, uno azul y dos vagamente negros, tras lo cual tenía que irme a jugar a otra cosa con la mano dolorida.
Muy pocos años más tarde estaba imprimiendo panfletos con una vietnamita (magnífico artilugio que debería enseñarse en las escuelas, porque no sabemos cuándo tendremos que volver a utilizarlo), actividad que entonces podía suponerle a uno varios años de cárcel. A mí me supuso algunos de los peores días de mi vida…, solo que lo que no mata engorda y los peores ratos, dejados atrás, son una fuente extraordinaria de experiencia y conocimiento, para aprovechar los cuales basta con no dejarse amargar. Y justito después de lavarme la tinta de la vietnamita empecé a trabajar en mi primera imprenta de verdad, hace de esto apenas 38 años. De taller en taller acabé volviendo a la prensa, donde he pasado 24 años y un día.
La mayor parte de ese tiempo trabajé de noche. Trabajar de noche es una curiosa manera de adquirir experiencia, conocimiento y malos ratos, pero también le permite a uno hacer durante el día otras cosas. Entre las otras cosas que hice durante el día figura la compra de un trozo de la editorial Icaria, en 1995, que sigue siendo mío en la actualidad. El primer libro que publiqué en el sello milrazones se llama Delirios multitudinarios. A los dos meses de publicarlo quebró mi distribuidor en Cataluña, lo que ha dado lugar a una de esas situaciones propias de quien trabaja para hacerse millonario a costa del talento y el trabajo ajenos: no llegué a cobrar los ejemplares que los libreros habían pagado a mi distribuidor, pero desde entonces estoy comprando los que devuelven. Por otro lado, otro editor «plagió» el libro. En muchas librerías donde no está el mío he visto pilas de esta segunda versión.
Si tardé muchos años en abrir mi propio sello editorial fue sobre todo por falta de confianza en mis capacidades como vendedor. Todos los editores que prosperan, me parece, son excelentes vendedores. Por supuesto son más cosas… Esta tarea del editor, la de vender, es la que menos atractiva me resulta, aunque puede ser muy gratificante. Por ejemplo, hace unos pocos Liber, en Barcelona, Rosa, nuestra directora comercial, me dijo: «Ha venido una señora y te ha comprado 50 orgasmos», frase maravillosa se la entienda como se la entienda. En este caso concreto debe entenderse que la señora había comprado 50 ejemplares de La tecnología del orgasmo, un deslumbrante ensayo histórico de una filóloga estadounidense que en su versión original forma parte de una colección llamada Historia de la tecnología, de la Johns Hopkins University Press. Rosa me presentó poco después como «el editor del orgasmo» a la compradora en cuestión, que me miró de arriba abajo mientras murmuraba en tono admirado: «¡Lo que debe saber este hombre!»
Milrazones lleva publicados casi 40 títulos, de los cuales algunos se venden bien. Por ejemplo El cerebro de Buda, en ensayo, y Un poco perdido, en infantil. Se venden bien porque mucha gente se entera de que existen y va a pedirlos a las librerías, que no los tienen precisamente en el escaparate. Se venden bien porque hay gente que se empeña en estar informada y trabaja activamente para conseguirlo. Bendita gente que quiere saber, público natural de los pequeños editores, mientras que el público mayoritario, más pasivo, está cautivo del sistema de promoción y distribución del libro.
No he visto, ni de lejos, manera de hacerme millonario gracias al talento y al trabajo ajenos. Pero no lo echo de menos en absoluto. Trabajo como muchos de mis colegas: muchas más horas que en un puesto asalariado, sin jefe a quien echarle las culpas de las decisiones equivocadas, sin nada que se parezca a una nómina a final de mes. Pero, ya mayorcito, soy y hago lo que quise ser y hacer de niño. Al acabar la jornada, tras responder algún mail regateando un contrato o tras condenar a la oscuridad definitiva a una errata entrometida, camino descalzo por el suelo de madera del piso que alquilamos hace tres años por mucho menos de lo que pagábamos en Barcelona por otro menor. Mi hija ya está dormida, mi mujer probablemente me espera leyendo un libro, e invariablemente pienso: «No he sido más feliz en mi vida». Delante hay muchos libros por hacer. Y, con suerte, puede que consiga vender unos cuantos orgasmos más…
Algunas de mis opiniones pueden leerse en el blog de milrazones.  La entrada más leída es esta , y la que a mí me gusta más esta otra ,aunque me cuesta mucho preferirlo a esta, y seguramente si esto lo hubiera escrito otro día la habría elegido.
También me muevo por facebook. 
Concha Quirós. Un estado de ánimo

Concha Quirós. Un estado de ánimo


 Me llamo…Concha Quirós
Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como…Concha
Me gusta leer porque… no encuentro placer mayor.
Cuando tenía doce años quería ser… librera, pues nací en la librería.
Hoy soy… no sé muy bien qué soy ¿ aprendiz de librera?
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que…es mejor que cualquiera de los banquetes.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así: cada día los libros me deparan algo nuevo.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando…atendimos a la primera dama dominicana que, de paso por Oviedo, aprovechó para hacer compras de libros a discreción. Muy enterada y pagó al contado una cantidad muy estimable.
Y lo peor…atender  a un cliente enfadado porque no podíamos cargar el importe en su tarjeta, pero en francos suizos.
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… «yo leí un libro que no sé ni el autor, ni el título, pero que tiene la portada verde…..”
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando…Nunca.

Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es…el contacto con el público.

El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando…alguien te da las gracias por el servicio.
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a…leer, pasear, viajar.
Así es como veo el futuro de mi profesión…delicado.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… realmente estoy jubilada, pero sigo entre libros.
El último libro que he leído ha sido…el de Muñoz Molina «Todo lo que era sólido«. Creo que es imprescindible para comprender el estado actual de las cosas.
Y lo conseguí en…  Me lo regaló Elena Ramírez.
Y el primero que recuerdo que leí fue La gallinita roja, creo que de la editorial Molino. En realidad, creo que antes de saber leer, lo aprendí de memoria. Tendría 3 o 4 años.
En mi mesilla tengo ahora para leer : “Dejar las cosas en sus días”, de Laura Castañon, editorial Alfaguara.
Me gustaría añadir que NO SEAS LIBRERO SI NO AMAS PROFUNDAMENTE LA LECTURA.
Concha Quirós en Facebook
Leroy Gutiérrez. Un estado de ánimo

Leroy Gutiérrez. Un estado de ánimo


Me llamo Leroy Gutiérrez
Me gusta leer porque me hace sentir que la realidad puede llegar a ser comprendida y, si se quiere, transformada. Y si lo anterior no fuera cierto, leer, por lo menos, me hace disfrutar de lo bello.
Cuando tenía doce años quería ser paleontólogo, aunque después quería ser carpintero. Quizás el ser editor esté a medio camino entre el estudio de los fósiles y la construcción de un objeto utilitario.
Hoy soy editor.
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que es algo muy difícil de explicar y que solo el que lee puede entender el placer que puede encontrar alguien en la lectura. Sin embargo, si estoy de ánimo, puedo comenzar a contarle sobre el libro que estoy leyendo o trato de explicar que trabajar con libros puede que no sea un trabajo fácil (y no muy bien remunerado), pero que casi nunca permite que uno se aburra.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así leer (en pantalla), releer, corregir, responder correos electrónicos, escribir y leer (en papel).
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando me tocó editar un manual de electricidad para principiantes, para lo cual tuve que observar el procedimiento que realizaba el autor, tomar notas y luego redactar el texto. También fue muy raro tener que pensar en temas para libros de manualidades.    
Y lo peor es editar libros académicos. Los profesores son los autores más difíciles que hay. Ni siquiera los escritores de ficción llegan a ser tan reacios a los comentarios y tan pretenciosos respecto a cómo sus libros ayudarán a cambiar la sociedad y el curso de la historia.
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con que el estilo no se corrige, “mi hijo es ilustrador y me gustaría que él ilustrara la tapa de mi libro”, los libros de calidad no venden.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando no hay suficiente tiempo para ser riguroso y detenerse a pensar si lo que se hace es lo correcto. También cuando pienso que la crisis de la industria del libro no pasa por la baja en las ventas sino por una crisis del lector.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es ver que un libro que ha quedado bien editado es leído y disfrutado por los lectores.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando un libro informativo para niños y jóvenes que edité fue seleccionado en una licitación pública y se llegaron a imprimir unos 40.000 ejemplares.
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a leer por gusto y sin propósito alguno. No importa el género, pero para descansar tiendo a preferir la lectura de novelas gráficas y novela negra.
Así es como veo el futuro de mi profesión: como una actividad que en lo esencial no cambiará: evaluar un texto y determinar si reviste algún interés para un lector determinado siendo presentado en formato de libro, impreso o digital, como prefieran. Probablemente, los mayores cambios o mutaciones que experimentará mi profesión se manifestarán en su aspecto o en la forma en que es realizada. De todas maneras, muchos de los posibles cambios ya se han presentado desde hace tiempo. Entre lo que hacía Aldo Manuzio y luego Samuel Fischer y lo que aún hoy hace Jorge Herralde no hay, en esencia, diferencia alguna. Pero sí es cierto que las herramientas y las dinámicas para la realización del trabajo han cambiado, así como se ha transformado la concepción del negocio, el mercado y, seguramente, del lector.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda leyendo. Podría haber dicho que escribiendo, pero me convenció la afirmación de Gabriel Zaid: hay demasiados libros. Claro, también viajaría, si pudiera.
El último libro que he leído ha sido La prueba del ácido de Élmer Mendoza.
Y lo conseguí en una biblioteca.
Y el primero que recuerdo que leí fue Tarzán, en edición íntegra (sin dibujitos), publicado por Bruguera. Pero no estoy seguro si no leí antes unas novelitas que vendían en un kiosco frente a mi escuela y que tenían como protagonista a un arqueólogo aventurero, muy parecido a Indiana Jones, y que se enfrentaba, entre muchos enemigos, con hombres lobos.
En mi mesilla tengo ahora para leer una torre de libros entre los que están MetaMaus (Spiegelman), Kafka en la orilla (Murakami) y La vida entera (David Grossman).
Me gustaría añadir que si los lectores aspiramos a que los libros que se publiquen sean realmente de calidad, debemos comprometernos con esta y comprar, leer y recomendar esos libros que consideramos que se destacan por encima de los demás. De lo contrario, estaremos dejando, irresponsablemente, en manos de pocos la decisión de qué merece ser publicado y qué no. Es cierto que los editores tienen su responsabilidad, pero difícilmente puedan cumplirla si se los deja solos y se espera a que se sacrifican, literalmente, para proporcionarnos lecturas dignas.
Loreto Rubio. Un estado de ánimo

Loreto Rubio. Un estado de ánimo

Me llamo…
Loreto Rubio Odériz
Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como……..
Como Loreto. Allí donde vaya “Loreto” ha sido siempre mi identificativo, la forma que han tenido los demás de reconocerme. Así, sin más, sin apellido. Seguramente porque el nombre no es muy común y en el mundo en que me muevo no tengo cerca ninguna otra mujer con el mismo nombre. Nadie ha utilizado conmigo ningún sobrenombre, diminutivo o algo parecido de forma regular. Ni cuando era pequeña, excepto mi abuelo, que me llamaba “la terremoto”. Y yo misma, que a los 8 quise cambiarme el nombre por algo más común entre mis amigas, tipo Montse, hasta que descubrí lo práctico que era tener un nombre diferente. Sí, Loreto es como se me conoce.
Me gusta leer porque………..
Leer… es mágico. Pura magia. Magia para el sentir, magia para la mente y para el espíritu.
Cuando era pequeña había soñado muchas veces con el “teletransportador”. Esa fantástica máquina que podía llevarte a cualquier parte en cuestión de segundos y sin esfuerzo. No conozco ningún teletransportador tan eficaz y eficiente como el libro. El que te hace disfrutar de un paisaje fantástico, un mundo lejano, internarte en lo más profundo de otro ser, aprender o reír, el que te cuestiona tus principios y tus conocimientos, o el que te permite acercarte un poco más a ese individuo tan desconocido que eres tú mismo. Y lo mejor es que, en ese viaje, la magia te transforma. Antes y después no eres el mismo. En mi caso, la misma.
Cuando tenía doce años quería ser…
Médico, sin lugar a dudas. Lo tenía clarísimo. De esos médicos que trabajan en lugares lejanos descubriendo paisajes, culturas y personas.
Hoy soy…
A veces creo que no estoy tan lejos de mi primera vocación. Circunstancias familiares me impidieron, o eso creía yo en su momento, estudiar medicina clásica. Hoy creo que soy un poco médico de organizaciones y de “relaciones”. La mayoría de los proyectos que dirijo tienen como objetivo que todo aquello que una organización hace y que tiene valor para la sociedad, sea reconocido, pero sobre todo que sea un estímulo de cambio y transformación social en positivo. Un ejemplo de última hora. España está muy a la cola de la aportación privada a la investigación y la ciencia. Lo que tiene su efecto en el desarrollo económico del país. Estamos colaborando para que esa situación cambie y para ello tendremos que trabajar en dos frentes: diseñar instrumentos que permitan a la ciudadanía participar activamente en el sistema (como por ejemplo, poniendo en marcha una plataforma crowdfunding), pero también y quizás más relevante, consiguiendo que los 120.000 investigadores españoles no vivan “de espaldas a la sociedad”. Vaya, una relación de pareja.
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que…
“¡Anda! ¿y tú no? Pues cuéntame algo sobre ti, a ver si conozco algún libro que te pueda interesar”. Y a partir de ahí, me voy de la boda encantada de haber conocido y descubierto a alguien singular.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así:…
Vivo a 80 km de Barcelona donde está mi despacho. Si no tengo que viajar, entro y salgo de la ciudad en un tren comodísimo, con mesas y enchufes en cada asiento. En el tren, por las mañanas, se respira tranquilidad. Algunos respiran la tranquilidad tan fuerte, que yo diría que roncan.  Ese viaje me permite conectar, en todos los sentidos. Es el momento de preparar lo que va a pasar, organizar la jornada, leer cosas atrasadas… al tiempo que la naturaleza se cuela por la ventana con sus extraordinarios paisajes y te cuenta en qué anda.
A partir de ahí todo se precipita. Se establece una especie de caos en el que atender mensajes y llamadas, organizar y controlar el avance de proyectos, compartir reuniones de contraste, parece un sinsentido. Por suerte para nosotros, el caos es sólo aparente.
Al atardecer, el trayecto de vuelta permite que mis neuronas pongan todo en su lugar. Incluso, una vez todo en su sitio, puedo concederle un espacio a la magia de la lectura.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando…
Raro no, tal vez singular o único. Me pidieron que liderara el equipo que presentó a Vicente Ferrer a Premio Nobel de la Paz, estando él vivo. No creo que vuelva a vivir una experiencia parecida. Se trata de un proceso excepcional, con sus propias reglas de juego. Tuvimos que aprenderlas rápido y jugar con agilidad. La repuesta de los que nos acompañaron en el desarrollo de la candidatura fue extraordinaria. Pero como podéis intuir, lo más extraordinario fue aproximarse en profundidad a la persona, a Vicente. Un auténtico regalo vital. Tan transformador como 100 libros juntos.
No ganó… Nosotros, SÍ.
Y lo peor…
Todavía no ha llegado. Y no estoy segura de que vaya a llegar.
Y esa sensación se la debo seguro a mis padres, a mi familia, a mis abuelos, claro, a mis amigos,… a mis maestras y maestros vitales. ¿Cómo puedo decir que algo es lo peor si en esos momentos tan críticos y duros que la vida te ofrece están ellos ahí para recordarte lo mejor, lo mejor de ti mismo?
Eso sí, que conste que la vida me ha ofrecido grandes momentos de aprendizaje, algunos en los que incluso me faltaba el aire. Pero mira por donde, debo tener unos pulmones con grandes prestaciones y mejor capacidad.
Aprovecho pues estas líneas para mandar un sentido agradecimiento a todos los que me enseñaron y me enseñan a respirar. Gracias.
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte los huevos con…
[Me gustaría simplemente hacer notar a quién redactó la pregunta que la expresión “tocarte los huevos” me ha desconcertado un poco. De hecho he tenido que pararme un momento a pensar qué parte sería la que me tocarían a mí que fuera tan molesta como parece ser eso de que te “toquen los huevos”. Así que, asumiendo que yo no he sentido directamente ese malestar, y pensando en algo que pudiera asemejarse…]
No, no sé que contestar. Por lo general, en el tipo de proyecto en el que trabajamos, sea cual sea el ámbito -cultural, medio ambiental, de seguridad alimentaria o de innovación empresarial, por ejemplo-, la gente tiene verdadera vocación por hacer alguna contribución positiva. Así que más que tocarnos los huevos, nosotros nos desgastamos canalizando y reconduciendo energías.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando…
No voy a negarlo. A veces he pensado seriamente en cambiar de oficio cuando me cruzo con algún responsable o cargo directivo perfil mediocre mezquino. Esa gente que no es capaz de aprovechar todo lo bueno que tienen alrededor y que, por falta de preparación o miedo al fracaso, no permiten que todas las personas y proyectos que están a su alrededor sigan creciendo. Entonces tengo ganas de dedicarme a escribir cuentos infantiles. Pero al cabo de un rato, pienso que estamos obligados a superar y enfrentarnos al mediocre mezquino si queremos seguir avanzando.
Desde una posición externa a las organizaciones con las que colaboro, disfruto de un margen de maniobra y una libertad que juegan a mi favor. He perdido “clientes”, pocos, es verdad, pero también he ganado “grandes amigos”.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es…
El sentido de la contribución en equipo. Cuando trabajamos formamos parte de un grupo de personas con unos objetivos. Sentir que eres parte de esa energía y que por poco que cambiemos las cosas, algo positivo siempre queda, es la mejor de las sensaciones que ofrece mi trabajo.
El escribir y dar clases complementan esa sensación. Aprender enseñando, compartiendo, es sin lugar a dudas un privilegio.
Un día compartí mesa en un bar musical con una madre y un hijo adolescente. Los acababa de conocer y el chico me comentaba que estaba pensando qué hacer, y que cómo mínimo tenía claro lo que no quería: ser como su madre, maestra. En ese momento, y no sé porqué expresé una idea: “Quien ama lo que hace es raro que no tenga ganas de compartirlo con los demás. Tu dedícate a lo que amas y seguramente acabarás siendo maestro”. ¿Inspiración musical o gin-tonic? No sabría decir.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando…
Pues me resultaría muy injusto calificar un solo día como el mejor.
Ya he comentado que en mi trabajo tenemos siempre buenas sensaciones y vibraciones cuando vemos que las cosas van avanzando. ¡Son tantos años y tantos frentes que seguro que el paso del tiempo ha dulcificado con cariño el impacto de algunos momentos extraordinarios! Pero si pienso en algunos momentos relativamente recientes me quedo con dos: el día que ganamos la candidatura de Donostia-San Sebastián a Capital Europea de la Cultura 2016

 –fue como alcanzar una cumbre después de años de intenso trabajo-, aunque lo mejor vino en los días posteriores, cuando ante las críticas sinsentido que se recibieron, en Euskadi la reacción fue de “piña” (permitirme que exprese aquí que lo que está ocurriendo ahora desmerece totalmente la calidad y la potencia del proyecto presentado, y que todavía tengo confianza en que la situación se reconduzca); y el día que nos enseñaron las estadísticas que demostraban que el ICTUS, primera causa de muerte de mujeres en Catalunya, había empezado a disminuir coincidiendo con el inicio de un proyecto de sensibilización de la población en el que habíamos participado.

Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a…
Montar a caballo.
Es mi pasión desde los 10 años. Tuve suerte al conocer a Albert, dueño de una hípica cercana a mi casa. A cambio de limpiar cuadras, me dejaba montar.
Si me hubiesen explicado antes cuatro principios básicos de cómo tener éxito en los negocios, en seguida me hubiera dado cuenta de que en verdad Albert ¡tendría que haberme pagado a mí!, por limpiar cuadras y por mantener en forma a los caballos que nadie sacaba a pasear. En fin.
Así es como veo el futuro de mi profesión…
Apasionante. Duro pero apasionante. Queda mucho por hacer y seguro que algo vamos a poder aportar. Incluso hasta algún nuevo artículo o libro.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda…
Escribiendo cuentos infantiles. Eso sí, basados en las maravillosas historias que suelen contarnos las personas que nos acogen cuando vamos en familia a pasar unos días de vacaciones a casas rurales. Si alguna vez vais a Mallorca, alojaros o visitar SON MAYOL, una casa rural en Felanitx, donde la señora Apolonia, además de cocinar divinamente, te contará la maravillosa historia de su burro Valent.
El último libro que he leído ha sido………….
El amante lesbiano, de José Luis Sampedro. Me costó al principio, pero, me ha enseñado que existen otras verdades, sexuales, todas lícitas y respetables. ¡Un libro transformador!, por lo menos para mí, jajaja.
Y lo conseguí en……….
Un regalo de Sant Jordi.
De verdad que lo de Sant Jordi es extraordinario. Ojalá se extendiera. Es uno de los días más bonitos en Catalunya. Y en este caso sí puedo decir con convicción que para mí ES EL DÍA DEL AÑO MÁS BONITO. Es un día laborable, pero todo el mundo está en la calle, sonriendo. Que esté vinculado al libro, y que el libro esté en cualquier rincón, ciudad o pueblo, al lado de una rosa… inigualable.
Y el primero que recuerdo que leí fue………
Pues me zampé toda la saga de libros infantiles de la época, incluidos los cómics. Empecé a disfrutar tremendamente con Mafalda, pero sentí algo especial con Salvador de Madariaga, El corazón de piedra verde.
En mi mesilla tengo ahora para leer………….
En mi mesilla sigo con Sampedro. Es un pequeño tributo. Aunque Auster tampoco me deja. Pendiente, Doctor Glas de Söderberg, me lo recomendó un amigo. Para el verano, una novela histórica. Tengo que localizar alguna antes de que empiecen mis vacaciones. Se aceptan sugerencias.
En el tren, El futuro y sus Enemigos de Daniel Innerarity, y repasando El poliedro del liderazgo de Castiñeira y Lozano.
Me gustaría añadir que……………
Muchísimas gracias por dejarme compartir. He pasado un rato estupendo. En el tren.
Sobre Sinergia Value: http://www.sinergiavalue.com/es
 
En algo de lo que andamos: 

Ramiro Domínguez Hernanz. Un estado de ánimo

Ramiro Domínguez Hernanz. Un estado de ánimo


Me llamo Ramiro Domínguez Hernanz
Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como Ramiro Sílex.
Me gusta leer porque es un método de estar infinitamente mejor de ánimo, de aprender cada día y sobre todo de hacer reflexiones que me lleven a sacar conclusiones más o menos certeras para vivir con una calidad de vida necesaria.
Cuando tenía doce años quería ser Jeremiah Johnson o un teniente británico en la India, ya veis.
Hoy soy editor, lector y libre pensador.
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que en Eton, Óxford, Cambridge o Yale, los alumnos más aventajados y los mejor preparados son aquellos que leen, y a su vez les digo que para mi es una necesidad tan fuerte que sin la misma no podría tener mi cabeza bien.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así: Levantarme, desayunar, leer prensa digital, y si tengo la suerte ese día de tener un diario en papel, mejor; trabajar con libros, textos, corregir, ver las ventas, tener en cuenta la modernidad digital. Más tarde la necesidad del hombre al medio día, si es posible una siesta viendo animalitos, a la tarde a seguir leyendo, mirando pruebas, trabajando una cubierta, viendo los números. Ya a la noche a ser posible quedar con algún amigo, quedar con mi hija, cenar y el momento mágico por excelencia, que es la cama y sus lecturas varias; es decir los cinco libros que uno suele tener en la mesilla de noche de media.
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando atravesé una columna grande de humo en la autovía del este y no me choqué con ningún coche, ni nada, tal vez suerte o algo muy raro.
Y lo peor la muerte de mi hermano.
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte los huevos con “Pues los libros son muy caros”, “A mi me encanta leer…, ya sabemos lo que bien después…”, “¿Leer?, para qué…”, o el último día de trabajo alguien llamando para venderte un nuevo producto de alguna empresa eléctrica o telefónica.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando al haber editado un excelente título con un trabajo enorme y ver que las ventas son muy escasas. Pero, lo que es el cerebro, uno siempre lo supera.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es mi trabajo.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando un lector me dijo que somos un referente en libros de historia.
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a ver buen cine.
Así es como veo el futuro de mi profesión incierto, pero como todo.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda leyendo, viajando y tomando algún café en el Café de Flore.
El último libro que he leído ha sido “Tiempo de vida” de Marcos Giralt Torrente. Y lo leí en unos días.
Y el primero que recuerdo que leí fue “Sandokan”, me fascinó esa de lo indio y lo británico, con toques portugueses.
Me gustaría añadir que me lo he pasado muy bien haciendo este cuestionario.
Josep Mengual Català. Un estado de ánimo

Josep Mengual Català. Un estado de ánimo


  (Fotografía propiedad de Carla Mengual Reig)

 

Me llamo Josep Mengual Català.
Y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como Mengu.
Me gusta leer porque me descubre cosas sobre el mundo y sus a veces extraños habitantes.
Cuando tenía doce años quería ser estrella del rock and roll.
Hoy soy escritor, editor, corrector, bloguero, historiador de la edición…
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que cada día descubro algo nuevo interesante o curioso, y que leer es muy sexy y se liga mucho con un libro bajo el brazo.
Sin embargo, en realidad mi día a día es más bien así: Sorprendente, acelerado, inesperado, estresante, nunca igual al anterior…
Lo más raro que me ha sucedido nunca fue cuando me recomedaron leer un libro que había escrito yo. Pero tampoco estuvo mal cuando un editor me preguntó para cuándo teníamos programado un libro que ya estaba en las librerías.
Y lo peor tener que lidiar a diario con según que directores de editorial.
 
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte los huevos con el envío de originales para que les des tu franca opinión sobre ellos, al tiempo que confían en que no sea excesivamente franca.
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando he trabajado con jefes que no sabían ni dónde querían llevar a la editorial ni por qué camino ni con qué instrumentos, y con los que piensan que sólo los libros bobos se venden bien.
Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es la gente con la que trabajo y con la que me relaciono.
El mejor día que recuerdo en el trabajo fue cuando un libro que había recomendado y editado fue de repente e inesperadamente muy elogiado por lectores y criticos literarios muy diversos y se mantuvo varias semanas entre los diez más vendidos. Además, el autor era y es un buen amigo.
Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a dar largos paseos con mi perro Golum.
Así es como veo el futuro de mi profesión: Un grupo de friquis repartidos por el mundo editando para ofrecer buenos y bellos libros a otro reducto de friquis que respetan y aprecian su trabajo.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda tocando la batería y viajando a menudo a Samoa.
El último libro que he leído ha sido La traducció catalana sota el franquisme, de Montserrat Bacardí.
Y lo conseguí en el despacho de la autora en la Universitat Autònoma de Barcelona.
Y el primero que recuerdo que leí fue Príncipe y mendigo, de Mark Twain, si bien los que recuerdo que me impactaron mucho fueron En el camino, de Jack Kerouac y Uf, va dir ell, de Quim Monzó.
En mi mesilla tengo ahora para leer demasiados libros para una sola vida (por larga que sea la que se me conceda), además de los que quisiera releer.
Me gustaría añadir que confío en que mi hija siga leyendo libros bien diseñados, bien impresos y bien encuadernados, y no sólo archivos de texto.