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Judith de Intempestivos prefirió al final la librería al puticlub

Judith de Intempestivos prefirió al final la librería al puticlub

La innovación, lo nuevo, lo distinto no siempre es fácil llevarlo a cabo y ponerlo en marcha. Algo así les ha pasado a las personas que han puesto en marcha Intempestivos, donde encontraréis las publicaciones de Trama y sino se encargarán de conseguírlas.

Raquel Blanco realiza unas estupendas y cariñosas (el ánimo y el afecto es importante) entrevistas, conversaciones prefiere llamarlas ella, a librerías y estamos encantados de acercar por aquí la de Intempestivos de Segovia donde, además, nuestros libros lucen con cariño.

Así empieza…

Si hubiéramos abierto un puticlub hubiera sido mucho más fácil. Porque habrían sabido qué era, qué reglas había, a qué atenerse. En cambio, una librería-café… No había ninguna. En La Granja sí hay un par, Ícaro y Farinelli. Aquí, en Segovia, ninguna. Cuando fuimos a urbanismo a contarles el proyecto: «¿Pero es un bar?». Y nosotros «No es un bar, es una librería, con un complemento, un añadido…» «¿Pero va a haber pinchos?». «No, no va a haber pinchos…». Les parecía demencial. Nos decía el señor «Esto que os habéis inventado…». Hay librerías como ésta a montones. Y este hombre ni idea. No comprendía nada.

De manera que, a la hora de darnos los permisos, nos trataron como bar. Tuvimos que poner una insonorización al local carísima. Podrían venir los Rolling Stones a tocar sin problemas. Gran parte de la inversión en libros que teníamos prevista se nos fue en esto. Imagínate.

¿Y cómo acabáis aquí?

Yo vivía en Barcelona. Iba a Laie, me encanta esa librería. Solía decir que cuando fuera mayor y me tocara la lotería abriría una Librería-café. No me tocó. Lo que nos tocó fue un ERE. A Jesús lo despidieron. Y fue el momento, decidimos invertir lo que le dieron en esto, con la ayuda de su hermano. Se lo llevó casi todo la obra, claro. Medio metro de hormigón, cuarenta centímetros de pareces, medio metro de techo… No teníamos previsto el tener que preparar así el local. Algo de obra sí queríamos hacer, el sitio es privilegiado, ya lo ves. Pero fue una locura la obra. Eso sí, ahora se está muy bien, la acústica es genial. No reverbera. Cuando vino Peridis –nos juntaríamos cuarenta o cincuenta personas– la gente hablaba y se estaba bien. Hemos también tenido un par de conciertos. Hay que buscar el lado positivo.

Leer la entrevista completa en Librerantes

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