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La biblioteca como experimento. Vicente Funes

La biblioteca como experimento. Vicente Funes

Puede que la mayoría aborreciéramos los exámenes sorpresa en el colegio o el instituto: pero ahora, cada día, no sometemos a exámenes diarios cada vez que compartimos una opinión, un post, una foto o una noticia en las redes. Evaluación continua. Todo hijo de vecino, por poco activo que sea digitalmente, se está ofreciendo al examen de miles de ojos anónimos. No es de extrañar por eso que algunos decidan sacarle rédito.

Mucho se habla de que gigantes como Google, Facebook, Twitter o Instagram paguen por alimentarse de las informaciones sobre nuestros intereses, hábitos, gustos y opiniones que compartimos alegremente: pero mientras que esto llega algunos ninis o millennials, según el caso, han encontrado salidas laborales como conejillos de indias.

Si desde los 60 en adelante se ha demonizado el exceso de consumo televisivo en los menores: ¿qué no se podrá decir de los videojuegos? En estos tiempos políticamente correctos no quedaría bien que padres y educadores organizaran quemas públicas de videojuegos como se hacía en los 50 estadounidenses con los cómics. Pero no por falta de ganas: sino por la difícil combustión que tienen.

Pero para algunos sus horas muertas frente a la pantalla matando zombis les ha salido rentables. Es el caso de los beta tester de videojuegos: los jóvenes contratados por empresas de videojuegos  para que actúen como  jueces (o ¿habría que decir cobayas?) de sus productos. Alojamiento, sueldo y manutención para dedicarse a lo que más le gusta: aunque bien es sabido que cuando un placer se convierte en obligación deja de ser placer. La empresa VR Oculus tal vez por eso ha preferido ser más sutil e inteligente.

Tras un acuerdo con la Biblioteca Estatal de California, hasta un total de 90 bibliotecas: disponen de equipos VR-ready, equipados con auriculares Oculus Rift y gafas para que los usuarios puedan experimentar con la realidad virtual. Para ello se eligieron bibliotecas con espacios abiertos (no era cuestión de aislar con auriculares y gafas a los usuarios para que luego se dieran de bruces con la realidad tropezándose unos con otros). Sumergirse en las profundidades del océano, visita la Estación Espacial Internacional o hasta la fusión del núcleo de Chernóbil: todo ello sin perder la perspectiva bibliotecaria: implementando software que provea de contenidos educativos a la maravilla tecnológica.

De este modo los usuarios de las bibliotecas se convierten en cobayas voluntarias para los productos Oculus; las bibliotecas atraen más público y amplían su oferta; y la tecnología amplia su campo de experimentación.

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Canción de verano bibliotecaria. Vicente Funes en Infobibliotecas

Canción de verano bibliotecaria. Vicente Funes en Infobibliotecas

The Card Catalog: books, cards and treasures literacy (El catálogo de fichas: libros, tarjetas y tesoros literarios): en el que se reúnen algunas de las tarjetas que, durante décadas, sirvieron para recoger los datos de las publicaciones y para dejar fe del buen pulso de los catalogadores a la hora de completar las fichas. El libro deja constancia de los esfuerzos de los bibliotecarios por intentar organizar unas colecciones que crecían sin parar; e incluso se hace eco de las rivalidades que se establecieron entre bibliotecarios a la hora de imponer sus criterios.

La glaciación digital arrasó con todo ello, pero dejó algunas situaciones curiosas que el libro recoge: sobre el modo en que algunas bibliotecas se despidieron de sus viejos ficheros. En una biblioteca de Maryland ataron las fichas a globos llenos de helio y las lanzaron al cielo; otras celebraron incluso funerales en homenaje a sus entrañables catálogos de fichas.

Hoy día lo digital deja poco margen para imprimir un toque personal en un trabajo tan reglado como es la catalogación. La personalización se margina a los tejuelos, y como mucho, a los códigos de barras. ¿Los códigos de barras? Pues sí: los códigos de barras son como las caprichosas marcas que el bañador o los anillos (en caso de practicar el nudismo) dejan en la piel bronceada: una inesperada demostración de que la diferencia está en los detalles. Es una pena que la falta de tiempo no permita “customizar” los códigos de barras de las bibliotecas. Podría dar lugar a comentarios gráficos sobre la temática de los documentos tan estimulantes como estos que provienen (cómo no) de Japón.

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La República Digital del Conocimiento. Entrevista a Robert Darnton. Rhys Tranter en Texturas 17

La República Digital del Conocimiento. Entrevista a Robert Darnton. Rhys Tranter en Texturas 17

Compra hasta el 10 de julio el artículo completo y todos los contenidos de Texturas 17 en digital por sólo dos euros.

El 5 de diciembre de 2011, el catedrático Robert Darnton (Universidad de Harvard) dio, en el marco de las «Cardiff University Distinguished Lecture in Humanities» de la Universidad de Cardiff, una conferencia ante un público de expertos. Partiendo de Thomas Jefferson, el profesor Darnton trazó el camino del intercambio de ideas, desde la «bujía» de Jefferson hasta la comercialización a través de Internet, postulando que aunque Internet parezca la traducción del ideal de Jefferson a un sistema de comunicación viable, los intereses comerciales están explotando la tecnología digital para acotar una parte importante de nuestro acervo cultural común. Habló también del proyecto de creación de una Biblioteca Pública Digital de Estados Unidos como respuesta a esta amenaza.

En Las razones del libro escribió que «la explosión de los medios de comunicación electrónicos ha sido tan revolucionaria como la invención de la imprenta con tipos móviles». ¿De qué manera cree que esta revolución está afectando la forma en que se difunden el conocimiento o la información?

Para empezar debo decir que el término revolución se suele emplear, en general, de forma muy laxa, así que dije aquello tras haberlo pensado mucho. Es decir, he leído cosas sobre la revolución en la ropa masculina, en los estilos de defensa del fútbol y demás. No quiero restar fuerza al término. Y es un término que puede emplearse en muchos sentidos distintos. Pero digamos que la frase quiere significar que los medios para comunicarse están cambiando hoy con tanta rapidez y de una forma tan radical como en los tiempos de Gutenberg. Y, de hecho, hoy hemos aprendido mucho sobre aquella época: quizá el cambio no fuera tan rápido como pensaron quienes se refirieron a él como una revolución. Sabemos, por ejemplo, que hasta tres siglos después de Gutenberg continuó la publicación de manuscritos, y que además floreció. Sirva esto como comentario preliminar a lo que estaba diciendo. Pero lo que nos planteamos es cómo este cambio, revolucionario o no, ha afectado la forma en que la comunicación penetra en la sociedad.

Basta con ir en autobús o en metro en Nueva York, Londres o París y observar a la gente con su smartphone o con otros dispositivos de mano. A veces decimos que «la gente está siempre conectada». Esto es, siempre está on-line,
siempre se está comunicando. Creo que ha habido una especie de reducción de los espacios en blanco de la vida, del tiempo en que la gente, por decirlo de alguna manera, estaba sin hacer nada. Por supuesto que nunca estaban realmente sin hacer nada. Pero significaba que había momentos en los que no se estaban comunicando conscientemente sino dejando que la vida siguiera su curso, pasando de todo. No está nada mal eso de dejar que la vida siga su curso, de pasar de todo.

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Robert Darnton es también autor de Las razones del TM08_razones_libro-225x225libro. Futuro, presente y pasado (22 €), publicado en la colección Tipos móviles.

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La transformación no solamente es digital en archivos y bibliotecas… también es de mentalidad. Comunidad Baratz

La transformación no solamente es digital en archivos y bibliotecas… también es de mentalidad. Comunidad Baratz

La transformación digital está en boca de más de medio mundo. El objetivo de la misma es el aprovechamiento de la tecnología para facilitar el trabajo, ganar eficiencia y hacer accesible los contenidos desde cualquier lugar y momento. Pero lo que vivimos en las XV Jornadas Españolas de Información y Documentación de Fesabid va más allá de la transformación digital de bibliotecas y archivos… tiene que ver más con un cambio de mentalidad.

Sí, es verdad que la transformación digital es más que necesaria… pero para eso hace falta previamente un cambio de mentalidad tanto de profesionales y asociaciones como de empresas del sector para poder llegar como es debido a la sociedad, y que ésta note la necesidad de bibliotecas y archivos. Dicho cambio de mentalidad lo percibimos en las jornadas, las cuales podríamos resumir en la siguiente frase: “Entre todos podemos hacer un mundo mejor basado en el conocimiento colaborativo a través de herramientas como bibliotecas y archivos” o la utilizada por Glória Pérez-Salmerón: “Los bibliotecarios somos los engranajes de los motores para el cambio”.

Y sí, es verdad que Internet es más que necesario tanto para archivos, bibliotecas y museos… pero también es verdad que contra sus espacios físicos no hay ningún medio que pueda igualarse.

La jornada de Fesabid fue toda una experiencia positiva para nosotros. Y no solamente por estar presentes en el Comité Científico o ser patrocinadores preferentes (que también), sino que por todo lo que allí vivimos. Y es que se respiraba entusiasmo, implicación, ganas de colaborar, conocimiento, participación, unión, ganas de aprender y mejorar, nuevas formas de pensar y emprender… En definitiva, un montón de lecciones aprendidas y que queremos compartir con todos vosotros en los siguientes puntos.

Seguir leyendo en Comunidad Baratz.

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El último refugio. Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

El último refugio. Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Soy de la última generación que ha tenido la manía y la voluntad de tener una biblioteca personal. En este sentido (y quizás en algunos más), soy un hombre del pasado. No es ningún mérito ni ningún defecto, es una descripción. Cuando debes hacer frente a una mudanza de vivienda –como es ahora mi caso– te das cuenta de que existir es una acumulación de cosas, entre las cuales hay estos objetos impresos que nos multiplican la vida. Confieso que soy un enfermo de los libros, no sólo de leerlos también de tenerlos, comprarlos, acumularlos, tocarlos. Soy un fetichista del papel encuadernado: no quiero revestirlo de ninguna aureola romántica ni de ninguna mistificación excesiva. Soy de una generación y de una clase social para la cual los libros son –fueron– la clave para acceder a una forma concreta y sólida de libertad y progreso.

Lo tengo algo hablado con alguno de mis amigos, también hijos como yo de la década de los sesenta del siglo XX y de una clase trabajadora que se convirtió en clase media modesta en la última etapa del franquismo y la transición. Nosotros –mujeres y hombres entre los cuarenta y pocos y los cincuenta– somos los últimos ciudadanos que hemos querido tener una biblioteca personal a imitación (a pequeña escala) de las bibliotecas de los sabios y las de algunos ricos. También somos los primeros de muchas familias que hemos tenido los recursos, el tiempo y la formación para rodearnos de libros.

La constatación es iluminadora: mis padres no tuvieron biblioteca y mis hijos tampoco la tendrán, muchos de mis coetáneos y yo somos una extraña excepción. Somos un paréntesis. Somos una reliquia de un afán cultural y vital, entre los libros preciosos que no se podían comprar y los libros invisibles disponibles en la red. Somos la generación biblioteca, unos humanos que aspirábamos a emanciparnos leyendo y llenando el hogar de libros.

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Los 7 ingredientes imprescindibles para asegurar el éxito de la biblioteca pública. Julián Marquina

Los 7 ingredientes imprescindibles para asegurar el éxito de la biblioteca pública. Julián Marquina

No hay mayor satisfacción para una biblioteca que ser de utilidad para las personas. Y es que su éxito reside, en su mayor parte, en el uso. Ahora bien, no por llevar el nombre de biblioteca se tiene el partido ganado. Es necesario una serie de componentes (o ingredientes como los he llamado en este post) para crear una biblioteca útil y necesaria dentro de la comunidad de usuarios a la que sirve.

Ingredientes básicos e imprescindibles que van a hacer que el resultado final de esta receta sea el esperado y el deseado. Un total de siete ingredientes como son un personal bibliotecario implicado, una buena colección, un espacio físico y online de utilidad, unos usuarios atraídos por el buen hacer de la biblioteca, unos buenos servicios y actividades a ofrecer a dichos usuarios, una buena difusión y promoción de todo lo que se hace, y (como no) un presupuesto digno.

Además, he querido acompañar en este post una serie de buenas prácticas (veinticinco en total) a poner en marcha desde las bibliotecas para incentivar su uso y asegurar el éxito, o por lo menos poner una primera piedra para conseguirlo.

La receta para asegurar el éxito de la biblioteca pública

El personal bibliotecario

Uno de los ingredientes principales para asegurar el éxito de una biblioteca es su personal. Hay que tener en cuenta que ellos son los anfitriones y la “cara humana” de lo que es la biblioteca.

Dicho personal debe ser cercano a los usuarios, tener disponibilidad, ser amable, resolutivo, comunicativo, saber escuchar, sugerir y recomendar. Debe hacer que las personas participen de la biblioteca y debe crear usuarios fieles y comprometidos.

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10 cosas que pasarían en el mundo si no existiesen las bibliotecas ni los archivos. Julián Marquina

10 cosas que pasarían en el mundo si no existiesen las bibliotecas ni los archivos. Julián Marquina

No me gustaría vivir en un mundo sin bibliotecas y sin archivos. Realmente me asusta cada vez que leo que cierran bibliotecas, que los archivos están colapsados y su información es inaccesible, que se despide al personal e incluso que el trabajo en bibliotecas y archivos podrían ser realizado por máquinas. Puede que nunca lleguemos (hablo en general) a darnos cuenta de su valor real ya que es algo que tenemos a nuestra disposición y que utilizamos (e incluso infrautilizamos)… y es difícil ponernos en un escenario de inexistencia o liquidación de bibliotecas y archivos, pero intentemos imaginarlo.

Para empezar, y es algo fácil de suponer, todo el acceso a la información sería de pago.  No todo el mundo tendría las mismas oportunidades de conocimiento y estaríamos frente a una sociedad desinformada y manipulable. Toda nuestra información sensible circularía sin control por los mercados negros de la información. No tendríamos acceso ni conocimiento de nuestro pasado ya que no se guardaría ninguna información. Existiría tal brecha social que la sociedad estaría dividida en sociedad informada y sociedad desinformada.

Si no existiesen bibliotecas ni archivos… ¿habrían llegado hasta nosotros, por ejemplo, la teoría de la gravedad de Isaac Newton o la teoría de la relatividad de Albert Einstein? ¿La gente podría haber leído obras como Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes o Hamlet de William Shakespeare? ¿Dónde quedarían los antiguos textos egipcios o griegos?… Quizás no nos plantearíamos estas preguntas porque ni por asomo hubiésemos escuchado hablar de ellos.

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Bibliotecarios: ¿apostamos en serio por la curación de contenidos? Evelio Martínez

Bibliotecarios: ¿apostamos en serio por la curación de contenidos? Evelio Martínez

El 2 de marzo tuvo lugar (de hecho, está teniendo lugar en el momento de escribir esto) la segunda jornada Bib and Play, un evento dedicado a la música en las bibliotecas públicas organizado por el Servei de Biblioteques de la Generalitat de Catalunya y la Associació de Musictecaris Catalans AMPLI.

A pesar de no haber podido asistir he tenido la oportunidad de seguir algunas ponencias de la jornada gracias a la estupenda labor de retransmisión en vivo por Twitter de l@s compañer@s allí presentes.

Si tuviera que sacar una conclusión importante de la mayoría de los tuits que he podido leer, sería la siguiente: los bibliotecarios hemos de tomarnos más en serio la prescripción. A lo que añadiría: es hora de que los bibliotecarios nos tomemos más en serio la curación de contenidos.

Seguir leyendo en el blog de Evelio Martínez

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Las bibliotecas y los encuentros inesperados. Evelio Martínez

Las bibliotecas y los encuentros inesperados. Evelio Martínez

Uno de los blogs que sigo con más interés en tiempos recientes es Cambiando de tercio, de Txetxu Barandiaran. Su autor es consultor en el mundo del libro, la cultura y el tercer sector. Sus reflexiones siempre son a tener en cuenta, porque permiten acercarse al complejo estado actual de esos sectores. Y en mi caso, algunas de sus ideas me despiertan otras reflexiones paralelas aplicadas al mundo de las bibliotecas  (un paralelismo que el mismo Barandiaran ha realizado en varias ocasiones).

​Dos ejemplos de lo que digo. En el primero, Txetxu recoge unas declaraciones de Calixto Bieito, que actualmente es el Director Artístico del Teatro Arriaga, en las que dice:

Un teatro público tiene la obligación de proporcionarnos algo que todavía no sabemos si nos gusta, llevarnos a sitios a los que no sabíamos que queríamos ir, y por descontado, sacudirnos, abrir nuestras mentes, hacernos más tolerantes y sobre todo hacernos sentir mejores personas.

Seguir leyendo en el blog del autor

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Roger Chartier o las divergencias entre las culturas impresa y digital. Entrevista en Confabulario

Roger Chartier o las divergencias entre las culturas impresa y digital. Entrevista en Confabulario

En Estados Unidos y Gran Bretaña, donde ha tenido mayor penetración, el libro digital se ha estancado o, si prefiere, se estabilizó en alrededor del 20% de las ventas totales; mientras que fuera del mundo angloparlante no pasa del 5%. El resto son los textos de siempre, en papel, con páginas e índices. La conclusión rápida ha sido que el mundo impreso y digital van a convivir. O incluso que la “amenaza electrónica” retrocede.

Puede ser. Sin embargo, antes de apurarse con las conclusiones habría que poner atención a algunas realidades: por ejemplo, que instituciones propias de la cultura impresa siguen en crisis, y que el e-book es la parte menos creativa dentro de las posibilidades que abre la llamada revolución digital.

Es lo que dijo el historiador francés Roger Chartier, especialista en historia del libro y la lectura, hace unas semanas de visita en la casa Central de la Universidad de Chile. Profesor emérito del Collège de France y autor de obras como El orden de los libros, Inscribir y borrar, Las revoluciones de la cultura escrita y El mundo como representación, Chartier fue invitado por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Casa de Bello a una serie de conferencias, entre ellas El libro y la lectura en soporte digital: ¿un cambio de época?, en la que matizó el optimismo impreso: “El porvenir es indescifrable”, dijo.

Parecido, pero no igual.

Empecemos por el principio: ¿Qué es un libro?

(Ríe) Es el principio y el fin al mismo tiempo… Es una pregunta antigua, Kant la había formulado en un texto de finales del XVIII, y respondió: un libro es un objeto material, un opus mechanicum, decía, resultado del trabajo de un taller tipográfico; y es un discurso, es el libro de Umberto Eco o es el libro de Gustave Flaubert. Hay una relación indisociable entre un objeto material que distinguimos inmediatamente de los otros objetos de la cultura escrita (el periódico, una revista, un cartel) y el discurso, que también tiene una serie de diferencias con otros discursos (no es un artículo, no es una carta, no es un panfleto). Es esta identidad entre la materialidad del objeto y la naturaleza del discurso lo que ha definido qué es un libro.

Luego de la aparición del códice (el libro compaginado que reemplazó a los rollos) y de la imprenta de Gutenberg, la irrupción de lo digital es la tercera revolución en nuestra relación con la escritura. La singularidad del nuevo momento es que por primera vez el texto se separa de su soporte. O sea, en una pantalla cualquier texto se lee igual, no importa si se llama diario, libro o carta. Además, mientras el códice impone una unidad el libro que tenemos en las manos, la lectura en pantalla es discontinua, segmentada, hipertextual. Es como un “banco de datos”, no implica la comprensión de la obra en su totalidad.

En la lógica digital los textos son móviles, maleables, abiertos; permiten al lector intervenirlos, transformarse en escritor; todo en el mismo aparato. Son palimpsestos que siempre se reescriben y que hacen desaparecer la identidad de la autoría… la autoridad de la autoría, agregó el historiador. O sea, la versión electrónica de un libro no es el mismo libro; tampoco la de una revista o un diario: En el formato impreso se sigue una lógica tipográfica, coexisten en el mismo objeto varios textos. Se puede viajar de un artículo a otro; lo mismo con el diario. La coexistencia de varios artículos es esencial para mostrar un proyecto intelectual, cultural, ideológico. La lógica digital es enciclopédica.

Seguir leyendo en Confabulario de El Universal de México

Números de la Revista Texturas con artículos de Roger Chartier. Consultar

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