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Charco de ranas. Amelia Pérez de Villar

Charco de ranas. Amelia Pérez de Villar

Hace unos años, con mis dos novelas en el cajón y muy poca –o ninguna– suerte para publicarlas, eclosionó Internet primero y luego la crisis. La gente se quedó sin trabajo y se puso a verter sus penas en papel o en soportes digitales, todos eran escritores o aprendices de escritor, los escritores que sí habían publicado se tuvieron que dedicar a dar talleres para enseñar a los que querían escribir pero no sabían, los que trabajaban en editoriales se quedaron sin trabajo y se dedicaron a labores de asesoría para que publicaran los que todavía no habían publicado porque no escribían bien, pero creían que sí porque habían ido a un taller donde les enseñaba a escribir un escritor que había publicado previamente pero ya no publicaba más porque nadie quería sus obras, porque ahora todo el mundo se bajaba gratis los libros de Internet. En este escenario (palabra horrible y muy mal empleada que queda muy bien aquí por lo gráfico y expresivo) un amigo me preguntó qué iba a hacer ahora.

Seguir leyendo en el blog de Amelia Pérez de Villar,  De libros y de hojas

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Gato por liebre

Gato por liebre

por Jaume Balmes
Blog personal Carácter digital

Os cuelgo mi artículo aparecido en la revista Trama & Texturas número 17 (el último) el pasado mayo. Como podréis comprobar está basado en el artículo Control de calidad de libros electrónicos (para editores de todas las tallas) que escribí el pasado enero y que dio bastantes vueltas por el ciberespacio. Los editores y responsables de la revista me hacen llegar algunos comentarios recibidos, y en general se puede decir que ha tenido bastante impacto y ha generado polémica. No escondo críticas bastante directas a ciertas prácticas del sector, y me consta que algunos (iba a decir «profesionales», pero no sería la palabra más adecuada) se han sentido identificados e incluso molestos (aunque hay alguna errata expresamente para despistar un poco). Pero es lo que hay. Disfruten, si quieren, la lectura en abierto. Y si quieren disfrutar más, suscríbanse en el sitio web de la editorial, que es muy barata, y sale más que rentable (y no, no me llevo ni un duro ni de las antiguas ni de las futuras pesetas).

Gato por liebre

 

Cómo hemos perdido dos años en la edición digital.

Pues parece que sí, que algo estamos haciendo mal los editores. En los últimos meses multitud de sitios web personales se han llenando de quejas. Se quejan por varios motivos: porque no pueden abrir el libro que han comprado en su aparato (que compró por mucho dinero con la promesa de usarlo para leer); también porque sí puede abrirlo pero está lleno de errores tipográficos; e incluso porque directamente al libro le falta un trozo. ¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿Cómo hemos sido capaces de depreciar tanto nuestro trabajo?

Podemos hablar de culpables, de interesados, de nombres, de apellidos e incluso de razones sociales, pero esto no nos ayudará en absoluto. Tenemos que decidir si lo que queremos es vender libros de calidad para que se valore nuestro trabajo como editores, o si, en cambio, queremos devaluar tanto nuestro producto que se ponga en duda nuestra tarea y finalmente se considere innecesaria.
Un editor que edita en papel y en digital nunca debería tratar uno de los formatos o soportes como subproducto del otro, pero actualmente la realidad es muy distinta. La clave está en el análisis de los controles de calidad a los que son sometidos uno u otro tipo de libros. No son los mismos ni se hacen de la misma forma, pero no deben descuidarse en ningún caso. Vamos a recordar y analizar paso por paso estos controles y la influencia que ejercen en la calidad técnica del libro final.

 

LOS CONTROLES DE CALIDAD DE LOS LIBROS ELECTRÓNICOS

PRIMER CONTROL: Epubcheck o equivalente

Es el control más sencillo y básico de todos y hay que llevarlo a cabo siempre en primer lugar. Este control consiste en chequear el ebook mediante unos pequeños programas o scripts de ordenador que realizan una serie de comprobaciones estructurales y de coherencia interna del archivo. Estas comprobaciones garantizan el cumplimiento de unos requisitos técnicos básicos según los estándares del formato.

Este pequeño y rapidísimo control, aunque parezca mentira, no lo pasan un número importante de libros que actualmente están a la venta, a pesar de que muchas plataformas y empresas distribuidoras de libros electrónicos lo exijan.

 

SEGUNDO CONTROL: Corrección tipográfica en el ordenador.

Consiste en comprobar que está todo el contenido, que se visualiza correctamente en la pantalla del ordenador y que no tiene errores tipográficos, es decir, que está todo lo que debe estar, donde debe estar y se ve como debe verse.

Este control, por absurdo y elemental que parezca, no lo pasan la mayoría de empresas editoras en la actualidad. En muchas ocasiones no lo miran en pantalla, o si lo hacen, no corrigen con suficiente profundidad.
Este es el punto clave donde un editor bien informado y uno mal informado (para ser suaves) diferencian su camino. Muchos editores están mal asesorados (abundan en demasía los asesores que no tienen ni idea del libro electrónico y se permiten el lujo de aconsejar e incluso de dar charlas en grandes eventos editoriales con información errónea y falsa), poco informados, o simplemente que no les importa lo más mínimo el libro en cuestión. En ocasiones confunden los errores de diseño de la maqueta digital con limitaciones del formato, y cuando ven los problemas en la pantalla del ordenador los dejan pasar sin más (y probablemente repitiéndose para sus adentros lo malos y feos que son los ebooks y cómo pueden considerarse libros tales engendros). La realidad, en cambio, es muy distinta ya que una buena maqueta digital, con el texto compuesto por un profesional de la tipografía, tiene poquísimas limitaciones.
En este punto recuerdo irremediablemente el enorme chasco que me llevé al comprar en ebook la edición en castellano de mi novela favorita (no diré nombres, he dicho antes), editada por un muy grande grupo editorial español y escrita originalmente en inglés por un británico nacido en la India. A cada dos párrafos había, como mínimo, dos palabras pegadas. No era un libro barato (aunque no quiero entrar en el debate sobre el precio de los libros electrónicos), la venta se hacía a través de un sistema de protección anticopia que me dificultó enormemente el ponerlo en mi dispositivo de lectura electrónico (tuve que aplicarle un par de medicinas), y aun sabiendo de antemano que tendría estas limitaciones pagué por él (todo el mundo tiene novelas favoritas, ¿no?). Al encontrar tal cantidad de errores me pareció que el editor (ese muy grande, pero que mucho) me había engañado. Este editor, que sí pasó el primer control (porque la plataforma de venta le obligó), ni miró lo que ponía a la venta y antes de llegar a este segundo control de calidad se cansó, se aburrió o vete tú a saber.


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