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No data, Big Data, Small Data, Another data. Joaquín Rodríguez

No data, Big Data, Small Data, Another data. Joaquín Rodríguez

Artículo publicado en Texturas 31

No data Pongamos que un encuestador ha sido encargado con la tarea de consultar a una muestra de ciudadanos sobre sus gustos y prácticas lectoras. Pongamos que esa muestra está bien dimensionada y estructurada y que las respuestas, por tanto, representarán por igual a todos los géneros y segmentos socioculturales de esa sociedad. Pongamos que plantea una de las pregunta clave en toda encuesta sobre hábitos y prácticas culturales: ¿lee usted libros? ¿con qué frecuencia lo hace? Esta pregunta, aparentemente tan sencilla y sin tacha, esconde un aplastante efecto de imposición que fuerza a los encuestados, sobre todo a quienes no leen, a expresar su buena voluntad cultural, a esconder lo que en una situación comunicativa como la de una encuesta pudiera parecer vergonzante o bochornoso.

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Por qué no hay un Netflix de los libros. Julieta Lionetti

Por qué no hay un Netflix de los libros. Julieta Lionetti

Muchas veces me he preguntado por qué en el mundo de los libros, las editoriales, las tiendas online y los servicios de suscripción son tan deficientes en su marketing de contenidos. Por qué no logran parecerse a Netflix, donde puede ser que no encuentres lo que buscas, pero siempre encuentras algo que te interesa.

La respuesta rápida es: nadie se ha ocupado de la estrategia de contenidos de los contenidos de los libros. Con la única excepción de la tienda de Amazon en Estados Unidos, los microgéneros son el gran ausente en la comercialización del libro.

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Informe anual del Sector de Contenidos Digitales en España 2015. Ontsi

Informe anual del Sector de Contenidos Digitales en España 2015. Ontsi

La industria de los contenidos digitales se configura como uno de los principales motores de la economía digital a nivel mundial. Desde el año 2008, Red.es, a través del Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información (ONTSI), analiza la evolución de esta industria en su informe anual, que este año alcanza su séptima edición.

La digitalización está afectando a todas las actividades que realizan tanto los ciudadanos como las empresas. En el ámbito ciudadano, los contenidos digitales se han introducido en procesos cotidianos como comprar, ver una película de cine o leer el periódico. Desde las actividades más lúdicas hasta las relacionadas con aspectos como la salud o el comercio están siendo modificadas por la incorporación masiva de los contenidos digitales. En el ámbito de las empresas, el fenómeno que se dado en llamar la transformación digital está revolucionando los procesos de negocio de la cadena de valor de amplios sectores productivos. En esta revolución la industria de contenidos digitales tiene una gran oportunidad, proporcionando servicios y productos digitales al resto de industrias.

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Qué será de nuestros libros, discos y películas si los gigantes se desploman. Lucía Caballero

Qué será de nuestros libros, discos y películas si los gigantes se desploman. Lucía Caballero

Para que puedas releer tu libro favorito dentro de diez años – ese ‘eBook’ que compraste en Amazon -, el ‘software’ de Kindle tendría que seguir funcionando. No podrías reproducir las canciones que guardas en Spotify o Apple Music si los servidores de estas plataformas dejaran de estar operativos. En el mundo digital, nada es para siempre: un hilo tecnológico invisible une muchos contenidos a sus proveedores.

“iTunes y sus licenciantes se reservan el derecho de cambiar, suspender, suprimir, discontinuar o deshabilitar el acceso al servicio de Apple Music y a los productos de Apple Music, contenidos u otros materiales en cualquier momento y sin preaviso”. Esto es lo que estipula la compañía de la manzana mordida entre el inmenso océano de términos y condiciones de iTunes.

Seguir leyendo en hojaderouter.com de eldiario.es

 

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24 Octubre. Taller Espacio Texturas. Luis Collado. La oferta digital de contenidos editoriales. Posicionamiento, Desarrollo y comercialización.

24 Octubre. Taller Espacio Texturas. Luis Collado. La oferta digital de contenidos editoriales. Posicionamiento, Desarrollo y comercialización.

TALLER

TITULO
Luis Collado
Descripción
Taller que facilitará  las claves para la incorporación de cualquier actor dentro de la cadena de valor del libro al mundo digital. Desde la digitalización de los contenidos hasta el desarrollo de modelos de negocio asociados
Contenidos
(i) Digitalizando contenidos. ¿Qué es digitalizar un libro?, ¿Para qué digitalizar un libro?. ¿En qué formato? Errores más habituales y cómo solucionarlos.
(ii) Promocionando los Contenidos Digitales. ¿Marketing tradicional o marketing digital?. ¿Promoción basada en la obra o en el Autor? El uso de las redes sociales.
(iii) Posicionamiento de los contenidos digitales. ¿Dónde estar?, ¿Cómo aparecer? Tareas a desarrollar para un óptimo posicionamiento en el ámbito digital. Descubribilidad de los contenidos digitales.
(iv) Vendiendo contenidos digitales. ¿Cual es mi mercado potencial?,¿Cómo llegar a mis lectores potenciales?. Estrategia de precios. ¿Contenidos gratuitos, freemium o premium?. Modelos de negocio.
Objetivos
Facilitar a los participantes herramientas básicas para desarrollar su oferta de contenidos digitales
Trabajar ideas básicas pero claves, basadas en experiencias reales, que contribuyan a ampliar los conocimiento y habilidades de los participantes en el ámbito digital
Compartir experiencias, con debates abiertos, que enriquezcan la realidad de los participantes, compartiendo puntos de vista y análisis críticos de lo aprendido
Profesor
Luis Collado
Con más de 14 años de experiencia en el mundo editorial, trabajando tanto con libros en papel y sus primeras herramientas tecnológicas asociadas, como con su digitalización y su disposición comercial en formato electrónico.
Ha sido Director General de la División Universitaria / Profesional en Pearson Educación y Director de Marketing y Ventas en McGraw-Hill, antes de incorporarse a Google para llevar el proyecto de Google Books en España y Portugal.
Ya en Google también ha trabajado  en el lanzamiento de Google Play Books en España, Portugal y 18 países de Latinoamérica
Duración
4 horas
Fecha
24 de octubre. De 16:00 a 20:00
Lugar de celebración
Orfila 3, 2º izda. 28010 Madrid
Precio
75 euros. Incluye curso y documentación.
Inscripción
SI LO DESEAS PUEDES REALIZAR EL PAGO POR TRASFERENCIA BANCARIA A
Trama Editorial
Banco Sabadell
IBAN ES45 0081 0647 86 0001012306
Asunto: Taller Luis Collado envía luego notificación de pago a promociontramaeditorial@gmail.com

 

Importante
Se ruega puntualidad
Para cualquier duda o sugerencia contactar con promociontramaeditorial@gmail.com

 

Visibilidad: el gran reto del libro

por Cecilia Tan
Trama & TEXTURAS nº 13
.
Como parte de un panel en el encuentro de Bookbuilders of Boston/ Emerson College, titulado «De Gutenberg a Google», una serie de presentaciones que giraron en torno a la r/evolución del ebook, di una charla. Prometí que, más tarde, la colgaría online para quienes no pudieron asistir y aquí está mi perspectiva sobre la «visibilidad» del libro y las razones por las cuales este principio clave está detrás de las tres patatas calientes que deben enfrentar las editoriales que se pasen a lo digital. A saber: 1) la transición de un mercado físico, compuesto por librerías minoristas, a un mercado online; 2) la importancia de las redes sociales y de la participación del autor; 3) ¡la piratería!, ¡glups!

No llegué a los ebooks ni me coloqué a la vanguardia de la innovación de las tecnologías del libro porque pensara que los ebooks eran la nueva onda y quisiera estar en el centro de la acción. No, en lo esencial me vi forzada a convertirme en una experta en ebooks o mi editorial se iba a la deriva. Fundé Circlet Press en 1992, mucho antes de ese pequeño inconveniente que hoy llamamos la Crisis de las Devoluciones.
La historia de Circlet es agitada: nos golpearon todas y cada una de las convulsiones de la industria editorial desde el año de nuestra fundación. Sobrevivimos a la quiebra de Inland Book Company; después, a la suspensión de pagos del distribuidor LCD. Si le echaran una mirada a mi lista de Clientes Importantes de hace diez años, verían una relación de al menos 50 mayoristas y minoristas que o bien han cerrado el negocio, o que han dejado de comprar libros o que han disminuido drásticamente sus pedidos y dejado de lado nuestros títulos.
Bookpeople ha desaparecido, Tower Records ha desaparecido, Lambda Rising ha desaparecido, y la lista sigue. De aquellos 50 clientes importantes, sólo quedan dos y son Borders y Barnes & Noble.
¿Qué pasaba si alguna de las dos grandes cadenas de librerías decidía no pedir alguna de nuestras novedades? No teníamos más alternativa que cancelar la publicación.
Las cosas fueron a peor: hubo títulos que ninguna de las cadenas aceptaron o de los cuales pedían cantidades tan exiguas (100 ejemplares o menos) que me preguntaba para qué se tomaban la molestia. A esas alturas, en 2008, la entrada de caja era casi nula y Circlet Press estaba, en principio, muerta.
Como ya no tenía nada que perder, empecé a convertir nuestro fondo en ebooks y a ponerlos a la venta en la tienda de Kindle o en el sitio de Fictionwise, tan sólo por hacer algo. No tenía dinero, pero si para empezar a vender ebooks lo único que hacía falta era una inversión de sudor, bueno, eso estaba en condiciones de ponerlo. Aprendí a formatear para Kindle por mis propios medios y pasé por el aro de Fictionwise, et voilà!
¡Ebooks!
Las ventas eran irrisorias. Pero, teniendo en cuenta que, en aquel momento, los costes de puesta en marcha de un ebook eran casi equivalentes a cero, porque empecé con títulos cuyos derechos ya tenía y tan sólo ponía capital sudor, hasta esas ventas insignificantes eran mejor que nada.
Después, empezamos a hacer ebooks originales. En lugar de restringirnos a la conversión del fondo, empezamos a producir títulos nuevos por primera vez en años. Circlet Press siempre ha publicado muchas antologías y libros de cuentos: los transformé en programas para becarios en prácticas. En las doce semanas de duración de las prácticas, podía guiar a un becario a través de todo el proceso, empezando por el pedido de propuestas a los autores, la selección de los cuentos, la revisión y la edición, la composición tipográfica y el diseño del PDF, el posterior formateo para Kindle y otras plataformas, ¡y listo! El libro estaba vivo y a la venta antes de que el becario hubiese abandonado mis oficinas. Por las venas de una editorial corren dos elementos vitales: dinero e ideas. De pronto teníamos un constructivo flujo de ambos, cuando apenas unos meses antes estábamos más muertos que clavo remachado.
Dos años más tarde, hemos logrado beneficios durante dos ejercicios (después de 5-7 años de pérdidas) y ahora cuento con un equipo de seis editores externos que contratan y editan libros para nuestro nicho y, al paso que llevamos, este verano será el de nuestro apogeo, con el lanzamiento de un nuevo título electrónico por semana. Muchos de ellos sólo venderán unos pocos cientos de ejemplares a lo largo de 2-3 años, pero cada uno de ellos recuperará la inversión y dejará beneficios, y muchos de ellos significarán ingresos más importantes para el autor de los que jamás hayamos pagado por un libro impreso.
Hecha la transición del papel a lo digital, hay tres temas candentes a los que quiero referirme y que están íntimamente relacionados. Piratería; redes sociales y la importancia de que el autor participe en la promoción de su libro; y la transición de un modelo de negocio centrado en las librerías a un modelo digital. ¿Qué tienen en común estos tres puntos?
La capacidad de ser descubierto
El primer obstáculo con que se encuentra un libro es la falta de atención que le impide ser descubierto.
Uno puede haber escrito el mejor libro del mundo, pero si no está en los anaqueles de la librería, ¿cómo se enterará su posible lector? Toda la gente de prensa y promoción de las editoriales sabe que, en el modelo de negocio tradicional, si el libro no está en las mesas y en los anaqueles cuando uno logra cobertura en los medios más importantes o hay una gran presentación del autor, se pierde casi todo el repunte de ventas que se habría logrado.
El antiguo método para descubrir libros era, para la gran mayoría, ir a la librería, pasearse por sus pasillos y ver qué había.
Este método se está desmoronando por varios motivos. Hay menos librerías. Las que hay, en buena medida, pertenecen a grandes cadenas, a menudo no tienen librero de cabecera que jerarquice el abastecimiento y sus existencias son paupérrimas. Hace poco, Borders hizo una reducción masiva de su inventario que se tradujo en menos títulos por anaquel. Los libreros independientes, con excelentes políticas en la elección de títulos, a menudo se encuentran con grandes desafíos de inventario y de flujo de caja. Aun así, la razón por la cual nosotros, los editores, seguimos vendiendo los libros en consignación y con derecho a devolución es que la mejor manera de vender un libro es que esté a la vista en los anaqueles para que el consumidor lo encuentre. Entonces, ¿qué pasa cuando hay menos librerías, menos anaqueles y más competencia por el espacio que queda? Uno se ve obligado a explorar otros métodos que permitan el descubrimiento de la obra. Y, desde luego, los ebooks no necesitan ni librerías ni anaqueles físicos.
En materia de ebooks, descubrimos que hay que tener los libros colgados en las páginas de los minoristas con más tráfico. Hay algunas excepciones como, por ejemplo, La cueva de Ellora y Torquere Press, dos editoriales especializadas en novela romántica, que han construido también modelos de relación directa con el consumidor. Pero para una editorial generalista, construir una marca que la haga reconocible es más difícil. En estos casos, es el autor quien posee el nombre de marca, no Random House o St. Martin’s Press. De manera que hay que tener los libros en la tienda de Kindle, en Fictionwise y también en la tienda de Mobipocket: los sitios donde ya está congregada la gente que quiere ebooks. Lo que en las librerías era un paseo a pie, se ha transformado en un paseo de miradas en los websites. ¿Qué se puede hacer para acrecentar los paseos de las miradas?
¿Quieren saber dónde se congregan los más ávidos lectores de libros electrónicos que navegan por la Red? En los sitios piratas. Y aquí está el asunto. La gente que piratea libros no es gente que odia los libros ni a los autores. Es como decía Nietzsche. El águila que se come al cordero no odia al cordero. El águila adora al cordero. A esta gente le chiflan los libros. Son insaciables. Por eso frecuentan los sitios piratas y hablan de sus autores favoritos en los foros y preguntan por otros dispuestos a compartir sus archivos digitales e, incluso, crean versiones digitales de los libros que todavía no las tienen.
Hasta ahora se ha realizado un par de estudios donde se señala que el aumento de la piratería digital de un título parece conducir al aumento de las ventas de la versión impresa. El jurado sigue deliberando sobre si un libro que sólo existe como ebook resulta perjudicado por la distribución pirata, pero, ¿qué hay si lo que uno quiere es vender libros de papel? Ser pirateado, en este caso, equivale a vencer de alguna manera el inconveniente de la ausencia de descubrimiento. Cuanto más piratas vehementes hablen de un libro y lo recomienden a otros que también lo descargan, mejor, siempre y cuando uno tenga los ejemplares físicos para venderle a los conversos que lo quieren para sí, o para regalarlo a la tía María, o para tenerlo en su biblioteca, porque ¿quién sabe si el archivo digital seguirá siendo legible dentro de 20 años?
Las redes sociales y la posibilidad del descubrimiento
En mi condición de autora, he publicado con editoriales grandes y pequeñas. HarperCollins, Avalon, Running Press, etc. En la mayoría de ellas, los departamentos de promoción no querían mi participación. La actitud era que si el autor participaba podía, de alguna manera, «malograr» los esfuerzos del publicista.
Pero, ¿adivinen qué? Ahora que el espacio dedicado a recensiones ha disminuido drásticamente, a menos que se tome en cuenta a los blogs, el publicista necesita lugares y caras nuevas para el lanzamiento de los libros. Y los blogueros no quieren ni oír hablar del brazo propagandístico de las grandes corporaciones. Quieren escuchar al autor. Así, de repente, el autor es alguien a quien hay que poner en juego para acercarse a los blogs y a los websites y conseguir menciones y reseñas.
Estamos viendo el despertar de las Giras de Blog. El autor escribe una serie de ensayos cortos y algunos artículos de opinión relacionados con el libro que los publicistas están promoviendo y los postean como «bloguero invitado» en sitios de mucho tráfico, siempre con enlaces a la página del autor y un botón de ¡Cómpralo ahora! vinculado al libro.
¡Editores!, provean a sus autores con ese pequeño trozo de código HTML. Solían equiparlos con una gacetilla de prensa y la cubierta del libro para que las repartieran. Hoy, denles el botón de ¡Cómpralo ahora!
Esto implica más trabajo para el autor, por supuesto, y cada tanto oímos quejas en ese sentido: «Ya escribí el libro, ¿ahora tengo que promocionarlo? ¿Acaso no es el trabajo del editor?». Pero la pura verdad es que la mayoría de los autores quiere participar en la promoción y el marketing de sus libros, y ya es tiempo de que los editores aprovechen esas energías. (Y no me malinterpreten: los autores todavía necesitan de los editores. Podría dar una charla entera sobre el tema.)
Lo anterior significa que el autor debe tener su propia página o blog, su página de fans en Facebook, su feed en Twitter, etc.
Si el autor publica su primera novela, tal vez no haya construido todavía una comunidad de seguidores en las redes sociales, pero la situación cambia si el escritor es experto en alguna materia y no escribe ficción. La posibilidad de que tenga un grupo de gente que lo sigue en las redes a causa del tema y que, a su vez, participa en otros grupos y organizaciones, es alta. Y hasta los novelistas, si se han dedicado a algún tipo de género, es probable que hayan escrito cuentos, asistido a convenciones y otros eventos por el estilo, que los ponen en contacto con sus lectores potenciales. Quienes lo siguen serán los primeros en descargar su libro en cuanto el autor active el enlace ¡Cómpralo ahora!
Los autores duchos en las dinámicas de las redes sociales superarán el escollo más rápido, porque están «allí», donde los pueden ver y descubrir. Deberían ser googleables. A medida que pase el tiempo, estas cualidades se volverán tanto o más deseables para los editores que la verdadera habilidad para escribir del autor.
Y aunque, por supuesto, en un año y medio o dos, este paisaje podrá ser completamente distinto, no veo que ninguna de estas tres dificultades se vaya a superar en el corto plazo. La capacidad de ser descubierto ha sido siempre uno de los grandes retos para los autores (fíjense si no en La vida de Pi, de Yann Martel, que vendía una miseria hasta que consiguió el Premio Booker, después de lo cual vendió 7 millones de ejemplares) y para los editores que tratan de imponer autores nuevos y nuevas ideas.
Lo fue antes de la era digital y lo seguirá siendo a medida que aparezcan nuevos dispositivos de lectura y nuevas formas de consumir literatura.
publicado en circlet.com
traducción de Julieta Lionetti 

Diseño y maquetación de contenidos en entornos digitales no migrados (be water, my friend)

por Miguel Gallego
Trama & TEXTURAS nº 11
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Sí, ya sé que el título suena muy técnico, pero no hay para tanto. Tras un título así se esconde una idea bastante simple: qué hacemos con los contenidos que estamos generando hoy, y cómo los gestionamos para no repetir el mismo trabajo en meses o años venideros. Existen dos metodologías para llegar al mismo punto final. Una requiere visión de futuro, la otra sólo seguir haciendo las cosas como hasta ahora.
Me van a permitir un pequeño flash-back hacia los años 60. Un autor entregaba un manuscrito (en la mayoría de los casos de su puño y letra, los más modernos –o con más posibles–, mecanografiado). Antes de pasarlo a la imprenta se leía y releía, puesto que hacer cambios una vez pasado este proceso era muy costoso. Esto pasaba a las más o menos expertas manos de un cajista, que lo convertía en plomo; se sacaban galeradas, se hacían las correcciones oportunas, se sacaban los tipos de plomo estropeados, gastados o defectuosos, y se imprimía. El coste del material y el proceso de elaboración era muy importante, mucho más que las horas de corrección. La tecnología –de plomo– era costosa.
Doy un salto a los 80; los Macintosh, y con ellos las fotomecánicas, entran en juego; lo que antes era un trabajo de semanas, se ventila en unas horas filmando unos fotolitos. Un error significaba filmar de nuevo unas cuantas páginas; nada que ver con los tipos móviles ya desaparecidos. Por unos cientos de miles de pesetas que costaba una impresora láser, se imprime en el salón. El salto, no obstante, aún no ha sido totalmente digital; hay procesos analógicos antes, durante o después de que el contenido tenga forma.
El último salto, año 2010: un ordenador, una conexión a Internet y… contenido digital a precio de saldo. Pensemos durante un minuto (1, 2, 3…) y nuestro contenido puede estar obsoleto. Yo escribo estas líneas en marzo del 2010; puede que en unos meses, cualquiera, al releer esto, diga: ¡Qué tonterías se decían hace unos meses! No sabemos que va a ocurrir con el contenido como tal; sí sabemos que no va a ser como hasta ahora…
Pasemos, pues, a los ejemplos. Supongamos que yo genero contenidos y los meto en una carpeta. En este punto, los inmigrantes digitales (o la parte más inmigrante de este grupo) habrá pensado en un díptico de cartoncillo de unos 200 gr. Y de un tamaño cerrado un poco mayor a un DINA4. El resto de este grupo se habrá preguntado: ¿Se referirá a una carpeta de papel o a una digital? Los nativos, ni se lo habrán planteado; TODO es digital. ¿Cuántos escribimos todavía en papel con bolígrafo o estilográfica? Y de esto que escribimos manuscrito, ¿cuánto es “contenido con voluntad de trascendencia”?
Todo texto que no sea de carácter epistolar y/o muy personal (una nota, una invitación, una felicitación) se genera, en el 2010, de forma digital. Creo que a nadie se le ocurriría escribir de su puño y letra un mail, escanearlo y mandárselo a 300 personas (aunque sería gracioso, bien mirado). Vuelvo pues, a mi carpeta –digital–. Introduzco fotos –escaneadas o no–, textos (“picados”, “ocerreados”), audio, vídeo, animaciones… Es mi repositorio de ideas. De aquí salen temas para mis clases, artículos más o menos extensos… Poco a poco, un grupo de contenidos muy aguerridos comienza a desligarse del resto, se hacen releer, evocan o provocan nuevos textos, nuevas búsquedas… y acaban conformando una unidad de contenido concreta (un seminario, un artículo extenso, o un libro). A partir de ese momento comienzo a darle forma: sí, voy a reunir esas ideas y construir un libro con ellas (uno de papel, del de toda la vida). Desecho por el momento, audio, vídeo y animación, y coloco cuidadosamente las fotografías y los textos en una carpeta. Tengo que ordenar todos esos contenidos para ajustar éste a una forma concreta; tendrá su introducción, su índice y sus pies de página, sus títulos y folios, etc. Ya me lo imagino. Se lo doy entonces a un editor, que tras volcarlo de modo inmisericorde sobre una maqueta, comenzará a tocar y retocar, hasta que, tras tres o cuatro idas y venidas entre editor de mesa, autor, maquetista, incluso diseñador, podrá cerrarse en un paquetito, esta vez electrónico, y llegar, a través de Internet, a la imprenta donde, ferros mediante, acabarán manchando el papel que hace unas semanas fue arbolito. Y aquí se acabó la historia de mi contenido. Aun habiendo sido concebido digitalmente, falleció de un ataque de analogía.
Veamos una segunda manera de hacerlo. Voy a imaginar, ahora, un nuevo modo de darle forma a mi contenido. Pensemos en ese grupo aguerrido, separado de los demás de forma casi autónoma. Decido buscar una manera de sacarle rendimiento a ese batallón de contenidos y no cercarlo y apretarlo en un número de páginas de papel. Edito los textos de modo flexible, y los agrupo sin pensar mucho en un formato concreto, sino en cómo agruparía ese contenido. Voy etiquetando en xml sin pensar en la estructura de un libro, sino pensando en la forma genérica de presentar un contenido. Introducción, ideas fuerza, desarrollo de éstas y conclusión. Tengo una botella llena de agua, y voy a volcar parte de ese líquido en un vaso grande; si lo vuelco a su vez en un vaso mediano, cabrá menos, y si sólo fuese una taza de té, aún menos. Todo es agua, la misma agua. Pero para uno y otro uso distinta cantidad. Y elijo los elementos que voy a introducir en ese recipiente. Para un sms y tweeter, quizá sólo el título; en Facebook título y resumen, y la posibilidad de bajar una relación de artículos (capítulos) relacionados, que puedo bajar individualmente, o el ebook completo. Como soy un inmigrante digital y no tengo eReader, voy a solicitar un libro en formato 13,5 x 21 cm, que tendré en 24 horas en casa (Print on Demand), con la versión “texto” y además un 21 x 29,7 con una tipografía algo más grande para mi padre, le cuesta leer en libros con tipografía pequeña vista cansada, creo. También lo recibirá en 24 horas. Ah, se me olvidaba, hay una versión divulgativa del contenido, con vídeos, audio y animaciones explicativas, y unos ejercicios al final para mis alumnos; así verán en qué trabaja su docente… a lo mejor se animan a comprar el libro, o seguirme en Facebook. El contenido es el mismo, el formato distinto. Y hasta ahora, ¿dónde está el diseño? Es curioso, pero alguien, creo que sin premeditación, se ha olvidado de él.
En la federación de gremios se habla de la necesidad de formar al sector editorial en estas lides de los nuevos paradigmas: libro digital (ebook o lo que sea o venga), POD y tiradas medias o altas o Inkjet). La gran pregunta es: ¿Y quién hace el trabajo? Pregunten en una editorial, casi en cualquiera, si están contentos con sus proveedores de formatos electrónicos; la respuesta más común será: “Vamos a dejar el tema”. Han surgido una multitud de empresas, normalmente de informática, que ofrecen este servicio. O arriesgados proveedores de impresión, que con un par de paquetes de software (muchos de ellos gratuitos), generan epubs que no pasarían ni de lejos el control de calidad más laxo. Retomo mi pregunta: ¿Y los diseñadores? Hasta que no pongamos en sus manos formación y herramientas para generar otros soportes, no sabrán hacerlo. Eso se les deja a otros.
La necesidad de nuevos perfiles profesionales afecta, a mi modo de ver, a varias áreas en la zona de “creación de valor” más importante de la actividad editorial: autores, traductores, editores, correctores, diseñadores y maquetadores. En el futuro, autores y traductores deberán tener habilidades tecnológicas suficientes para dilucidar qué elementos (texto, audio, imagen, animación, etc.) son los adecuados para sus contenidos, y saber explicar cómo quieren utilizarlos en cada plataforma. Y si no, tener a alguien que lo decida por ellos, esto es, su –convenientemente reconvertido– editor de mesa. Los editores deberán cambiar su perfil y serán expertos en textos y en imbricar esos elementos para cada plataforma, editarán para cada una de ellas, y seguramente etiquetarán en xml los textos. Los diseñadores serán una mezcla (como ya existe en web) de diseñador gráfico-web y maquetador xml. En la última convocatoria de “Enclave” se ha visto, negro sobre blanco, que los denominados e-distribuidores “todo lo que dicen es mentira” –ojo, lo dijeron en la reunión de representantes de Leer-e y Publidisa– y todos nos dimos cuenta de que sabíamos más que el año pasado, y que, poco a poco, es más difícil hacer comulgar con ruedas de molino.
Resumiendo, mientras estamos concentrados en un paso que para todos los e-distribuidores está empezando a ser ya una commodity –la digitalización de fondos–, nos pasa por encima (bueno, a lo mejor por detrás o por debajo, o por algún otro lugar, o por todos a la vez) la verdadera revolución: la generación de contenidos enriquecidos a través de sistemas semiautomáticos –por ahora– y automáticos en el futuro que generen contenidos enriquecidos multiplataforma, con sólo apretar un botón. Cualquiera que no lo vea, hace como el avestruz; esconde la cabeza, para ver si no le pasa nada. El libro en papel está ahí, y seguirá estando ahí por muchos años. Lo que cambia, y aún va a cambiar mucho más, es la forma de generar ese soporte, cómo será éste, y los productos derivados, complementarios, ventas cruzadas, sistemas de comercialización y modelos de negocio que harán que el mismo contenido, con algunas variaciones, se venda “n” veces más, sin que unos y otros formatos se quiten negocio, sino que se complementen, apoyen, deriven, y unos cuantos verbos más que ahora no podemos conjugar.
Ya existen algunos proveedores que están desarrollando nuevas salidas para aparatos como el iPad, que pueden ser una revolución en un mundo donde el libro, con el concepto actual (lectura normalmente lineal, principio y fin, etc.), pasará a ser una de las posibilidades de transmisión del conocimiento, pero no la única.
Si tuviese que concentrar estas líneas en una frase, ésta sería: entrada única, salida múltiple. No es el único cambio, pero sí uno de los más importantes.