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Libros e industria editorial: el negocio contra la cultura. Juan Domingo Argüelles en La Jornada

Libros e industria editorial: el negocio contra la cultura. Juan Domingo Argüelles en La Jornada

La industria editorial, en sus mejores momentos, está asociada a la creación y a la divulgación de la cultura; estrechamente vinculada al progreso de la educación y a la formación de conocimiento, lo mismo si se trata de literatura que si se refiere a la ciencia, el arte, la historia, la religión, los viajes, etcétera.

Después de la segunda guerra mundial (1939-1945) tocó a la industria editorial la reconstrucción más importante: la del pensamiento. Y esta reconstrucción (que se hizo a la par de retirar escombros y levantar nuevas edificaciones) corrió a cargo de las editoriales universitarias y los sellos independientes, cuyos impulsores tenían la certeza de que ninguna reconstrucción sería duradera si, en medio del nihilismo ocasionado por la barbarie bélica, no se reedificaba la inteligencia.

La historia de este antídoto contra la devastación no sólo de los edificios sino, sobre todo, de la conciencia y el saber, la encontramos en muchos libros, pero especialmente está en dos volúmenes ejemplares: La industria del libro. Pasado, presente y futuro de la edición (Anagrama, 2001), de Jason Epstein, y La edición sin editores. Las grandes corporaciones y la cultura (Era, 2001), de André Schiffrin. Estos libros cuentan la historia de los esfuerzos y afanes denodados por restablecer la confianza en la cultura y en la educación en los años finales de la primera mitad del siglo xx.

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¿Será 2016 el año del big data para el sector de la cultura? Ferrán López en Teknecultura

¿Será 2016 el año del big data para el sector de la cultura? Ferrán López en Teknecultura

Los datos nos permiten:

  • Conocer mejor a nuestra comunidad para servirla mejor, y para buscar de nueva
  • Evaluar y mejorar nuestras estrategias
  • Aprender de la experimentación
  • Definir nuestros objetivos de forma SMART
  • Tomar decisiones
  • Mejorar la transparencia interna y externa
  • Mejorar de forma continua

Aspectos críticos para el sector de la cultura que necesita optimizar recursos y ser lo más eficiente posible, sea cual sea su objetivo.

Y es por eso que ya hace un tiempo que los datos han comenzado a ser objeto de interés en nuestro sector.

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Cultura viva. Pepe Ribas en Hansel i Gretel

Cultura viva. Pepe Ribas en Hansel i Gretel

Un nuevo espacio de esperanza me empuja a reivindicar las sombras de un mundo emergente que fue real, pese a las jodidas circunstancias políticas. Por aquél entonces sí hubo cultura viva, cultura crítica, cultura abierta, cultura hija del encuentro fortuito. Nació por necesidad imperiosa de experimentar un nuevo imaginario. La Rambla fue foco de encuentro y de debate. Un foro público espontáneo en el que nadie se sentía más estrella que otro, donde la jerarquía brillaba por su ausencia, donde no existían funcionarios y pocos, poquísimos sujetos discriminaban por lengua, edad, nacionalidad o condición sexual.

Las sillas en hilera, apostadas en ambas bandas del paseo, eran gratuitas a partir de una determinada hora de la tarde.

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Cultura digital. Cultura oral. Antonio Rodríguez las Heras en BEZ

Cultura digital. Cultura oral. Antonio Rodríguez las Heras en BEZ

Hace pocas décadas veíamos los fenómenos que nos traía el mundo digital desde nuestras concepciones y prácticas de la cultura escrita. Así que la web era un libro infinito desencuadernado, sus páginas cubrían y empapelaban el planeta, y en vez de estar cosidas como en un libro hecho de papel, estaban hilvanadas por puntadas (links) que enlazaban palabras. Se deshojaba el libro y se tejía el hipertexto. Teníamos delante de nuestros ojos una pantalla, pero la tratábamos como una página, una página web.

Pensábamos que era solo cuestión de cambio de soporte para la palabra escrita. De igual modo que la escritura había pasado de la cera, el metal, la arcilla, al papiro, al pergamino, al papel, ahora presenciábamos la transición –no sin resistencias y recelos, como en casos anteriores—a un soporte digital.

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La cultura común, no es la cultura de todos. Jaron Rowan

La cultura común, no es la cultura de todos. Jaron Rowan

Vivimos tiempos trepidantes. Tiempos en los que lo que eran consignas, exigencias e intuiciones, pueden transformarse en medidas políticas e instituciones. Momentos en los que el deseo puede rápidamente convertirse en norma. Los nuevos partidos hablan de pasar de una cultura entendida como un derecho o un recurso a la cultura entendida como un bien común. Importante reto. Las políticas culturales que se han implementado en el Estado español desde la llegada de la democracia, pese a estar salpicadas por visiones economicistas de la cultura, siempre han situado al Estado y sus administraciones como tutores y administradores de la cultura. Implementar políticas que promuevan la cultura como bien común, si bien suena estimulante, parece de difícil realización teniendo en cuenta la falta de precedentes claros. Igualmente, aunque pueda no parecerlo, las nociones de lo público y lo común, en ocasiones entran en conflicto. A continuación voy a lanzar algunas ideas sobre cómo podrían pensarse estas políticas y las contradicciones que conllevan.

Primero, algunos antecedentes. Las políticas culturales que se han desarrollado con mayor o menor acierto desde la administración central se insertan en una larga tradición que considera que es de interés público que la ciudadanía tenga acceso a la cultura. Bajo esta idea se han construido museos, bibliotecas, teatros, auditorios y grandes infraestructuras que permitían a la ciudadanía el consumo de cultura en condiciones óptimas y sin la necesidad de mediación por parte de entidades privadas. En la última década esta noción clásica de acceso se actualizó con los mecanismos de participación y proximidad. En pocas palabras: participación implica poner en crisis la idea de consumo pasivo de cultura, proximidad tiene que ver con el desarrollo de equipamientos culturales de pequeña escala y el estímulo de las comunidades que los frecuentan. Ambos mecanismos tienen más sentido e incidencia en una escala municipal.

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Jaron Rowan.

¿Quién teme a la cultura? Jorge Majfud

¿Quién teme a la cultura? Jorge Majfud

Resumen de la conferencia inaugural del Salón Internacional del Libro Africano en Santa Cruz de Tenerife, setiembre 2015.

El problema con las palabras es que con demasiada frecuencia piensan por nosotros y de esa forma somos medios de un pensamiento y de unos valores transmitidos por las palabras: repetimos apriorismos enquistados en el lenguaje, en la cultura popular. Este problema es mayor aun cuando carecemos de una conciencia metalingüística.

Una de esas trampas consiste en usar palabras que encierran una diversidad insospechada donde generalmente uno de sus posibles significados domina y excluye a los otros. Algunas de esas palabras son, por mencionar solo unas pocas, patriota, libertad, igualdad, radical, cultura, y todos aquellos nombres de países, de religiones y de otras buenas intenciones.

En cualquier debate, en cualquier política sobre cultura es necesario aclarar a qué cultura nos estamos refiriendo. En una clasificación básica, existe lo que alguna vez se llamó durante el siglo pasado “alta cultura”; muy próxima, dentro y fuera de ésta, está la “cultura radical”. La cultura radical es aquella que eleva la conciencia de los individuos y de los pueblos, la que no se conforma con reproducir estándares y estereotipos y que, por consecuencia y consistencia, está siempre empujando los límites del pensamiento y de la sensibilidad. Es aquella que nos hace más humanos.

Por otro lado tenemos la “cultura popular” y dentro de ésta dos formas radicalmente opuestas:

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Políticas de información para la lectura y la cultura. Lluis Anglada

Políticas de información para la lectura y la cultura. Lluis Anglada

[El v. 23, n. 2 (marzo-abril de 2014) de la revista “El profesional de la información” tratará de Políticas de información. Paso a publicar por entregas mi contribución (4/6).]

El dominio emergente de lo digital reconfigurará las relaciones del ciudadano con la cultura y debe suponer más información y más capacidad de usarla para el ciudadano. Los espacios de uso libre de la información dentro de lo que han sido las bibliotecas hasta ahora deben extenderse al espacio virtual donde el ciudadano ha  de poder encontrar la información que rellena su ocio, le forma y configura su memoria. La biblioteca no edificio y sí organización ha de poder prestar libros digitales, ofrecer información digital para el uso de todos y garantizar que el acervo de lo nacido digital pasará a las generaciones futuras.
Para los ámbitos anteriores hemos afirmado que se daba coincidencia amplia sobre los objetivos finales. En este en cambio incluso estos pueden estar en entredicho ya que la información digital erosiona los modelos de mercado vigentes.

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