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Escribir con seudónimo. Elena Rius

Escribir con seudónimo. Elena Rius

Esconderse. Fingir. Sortear prohibiciones. Desconcertar al público. Usar una voz distinta. Cambiar de identidad. Ser otro.
Son muchos y diversos los motivos que llevan a escribir bajo seudónimo. Históricamente, el seudónimo ha sido el disfraz idóneo para sortear la censura, o la desaprobación social. Mujeres que adoptaban un nombre masculino para presentarse ante el mundo y que sus obras fuesen tenidas en cuenta, como las dos «George», George Eliot y George Sand, en la vida real respectivamente Mary Ann Evans y Aurore Dupin (o Dudevant, según optemos por su nombre de soltera o de casada: en países como Francia o Inglaterra, donde las mujeres pierden su apellido al casarse para adoptar el del esposo, tal vez el seudónimo era simplemente un cambio de identidad más). O, mas tímidamente, se escondían bajo el genérico «a Lady», como hizo Jane Austen al publicar su primera novela, Sense and Sensibility.
Este deseo de esquivar la mirada severa del público, de que no piensen mal de uno por haber escrito nada menos que ¡una novela! no es privativo, sin embargo, del sexo femenino. Walter Scott, cuando ya era conocido y alabado por sus compatriotas como poeta -la popularidad de su poema narrativo La dama del lago traspasó fronteras, hasta el punto de que Schubert puso música a algunos fragmentos; el célebre Ave María, tan socorrido en bodas y otros festejos, procede precisamente de esa obra, aunque la letra original no se ha mantenido…
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Elena Rius es autora de El síndrome del lector, publicado en la colección Tipos móviles de Trama editorial.
Estará presente en la Feria del Libro de Madrid el viernes 9 de junio, a partir de las 18:30, en Librería Pasajes, caseta 143 y el sábado 10, a partir de las 12 en Trama Editorial, caseta 195.

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Trama en la Feria del Libro de Madrid

Hoy viernes 26 de mayo empieza la Feria del Libro de Madrid.

Trama editorial estará, como en años anteriores, presente en la misma.

Nos podréis encontrar en la caseta 195 y podréis encontraros con algunos de los autores de la editorial.

Aquí os dejamos el calendario y el anuncio de sus presencia en la Feria.

Gatos y gatas, perros y perras, animales varios… Mañana empieza la Feria del Libro de Madrid. Os esperamos en nuestra humilde morada y caseta sita en el número 195. Y… os adelantamos nuestras firmas ya confirmadas para la Feria…

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Viernes 26. 19-21 hrs. Juan Ignacio Macua, autor de Mi burdel y Pedro García-Ramos

 

 

 

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Sábado 27. 12-14. Javier Viver, autor de Aurelia Immortal

 

 

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Sábado 3. 12-14. Perroantonio JB -Josean Blanco, autor de Te voy a hacer una autocrítica

 

 

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Sábado 10. 12-14. Elena Rius – Tonia De Miquel Serra, autora de El síndrome del lector

 

 

 

 

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La lectura y la vida. Elena Rius

La lectura y la vida. Elena Rius

Nuestro ministerio de Cultura -¡ay, no!, que ahora van Educación, Cultura y Deporte en un mismo saco- ha anunciado un nuevo Plan de Fomento de la Lectura. Según nos informa el propio ministerio, con datos de una Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales elaborada por su departamento, en el año 2015, el 62% de españoles afirmaba haber leído al menos un libro en el último año. No es un dato especialmente malo -veníamos de cifras más bajas-, pero tenemos aún un porcentaje nada despreciable de gente que no lee ni un libro al año. Bienvenido sea, pues, todo lo que se pueda hacer en favor de la lectura, sobre todo si se traduce en más recursos: más bibliotecas públicas y con más fondos, más apoyo a las librerías -por cierto, alguien debería preocuparse alguna vez de solucionar el cuello de botella de la distribución, tan rematadamente complicada en este país: si los libros no llegan a los lectores, es como tirarlos a un pozo-, a la lectura en las escuelas y a las bibliotecas escolares, demasiado a menudo inexistentes o muy mal surtidas.

Es cierto que la ficción, en un sentido amplio, nos permite vivir otras vidas. Como dijo Vargas Llosa, «Inventamos las ficciones para vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando disponemos de una sola».  Pero eso también nos lo da el cine, o las series, sin duda de ahí su inmensa popularidad. La ficción en pantalla es además fácil e inmediata, imagen y sonido nos atrapan y nos envuelven. Si los guionistas, los actores y el director han hecho bien su trabajo,

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Elena Rius es autora de El síndorme del lector publicado por Trama editorial en su colección Tipos móviles.

 

 

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Del blog al libro. Elena Rius y El síndrome del lector

Del blog al libro. Elena Rius y El síndrome del lector

Estoy recibiendo estos días muchas felicitaciones por la publicación de El síndrome del lector, el libro surgido de este blog. Me siento, cómo no, agradecidísima. Pero creo que debo a mis lectores más que agradecimiento. Algo de eso he intentado explicar en mi prefacio:

«Cuando se me ocurrió la idea de abrir un blog, lo hice pensando en que me gustaría compartir con otros lectores como yo algunas de mis reflexiones y experiencias. No se trataba, lo tuve muy claro, de hacer reseñas de libros, ni de explicar lo que me había gustado y lo que no. Eso, con mayor o menor fortuna, podía comentarlo con personas de mi entorno. Lo que echaba de menos -y lo que buscaba en este salto a la red- era encontrar almas gemelas que vibrasen del mismo modo que yo con la mera cercanía de la letra impresa, lectores voraces y todoterreno de esos cuya máxima felicidad se encierra entre las páginas de un libro. […] Gracias a Notas para lectores curiosos he podido constatar que no estaba sola en mis manías de lectora impenitente, que mis filias y tal vez alguna de mis fobias tocaban también de cerca a otras personas. Lectores cuya existencia de otro modo seguiría ignorando, bibliópatas de todo pelaje y de todas las edades, que residen a cientos o miles de kilómetros de mí. Pero que me son muy cercanos.
El blog también ha tenido consecuencias inesperadas. Entre comentario y comentario, entrada y entrada, algunos de mis seguidores se han convertido en verdaderos amigos. La mayoría han aportado opiniones enriquecedoras y unos cuantos incluso han aceptado mi invitación a colaborar. Mi mundo de lectora ha ampliado sus horizontes. Y, sobre todo, ahora sé que alguien está al otro lado, escuchándome.»

 

Lo que más valoro, lo que ha conseguido que, año tras año, siguiese publicando, buscando temas, rompiéndome a veces la cabeza para dar con el dato curioso, la reflexión original (o eso pretendía), la forma amena, ha sido únicamente la idea de que hay «ahí fuera» una serie de personas que comparten mis inquietudes y que merecen que yo les dedique mi tiempo y mi esfuerzo. Escribir un blog es, en este sentido, mucho más gratificante que escribir un libro.

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El síndrome del lector. Elena Rius. Novedad en Tipos móviles

Es ciertamente paradójico que un blog dedicado a los lectores voraces, a aquellas personas que aman los libros, las bibliotecas, la letra impresa y el papel solo exista en un soporte digital, virtual, o sea, que carezca precisamente de esa materialidad que tanto apreciamos en los libros. Luego está el asunto de que, después de seis años y más de cuatrocientas entradas, pocos de los nuevos lectores tendrán la paciencia de volver atrás para leerlas todas. Y los comprendo muy bien, ¿quién tiene tiempo para eso? Claro que no todos merecen ser recordadas, pero hojeando (debiera decir clicando, más bien, puesto que no hay hojas físicas) entradas antiguas a veces me asaltaba el sentimiento de que algunas seguían teniendo interés. Con esa intención, la de salvaguardar del olvido digital unos cuantos artículos, contados, empecé hace un tiempo a recopilarlos. Al principio, mi intención no iba más allá de hacer con ellos un PDF y colgarlo en el blog, para quien quisiera un compendio rápido de su contenido. Sin embargo, algunos amigos a quienes les hablé de este proyecto me insistieron en que era una lástima que este destilado del blog no tuviera existencia en papel y me animaron a que lo publicase. Gracias a ellos, pues, emprendí, en principio con poco convencimiento, la búsqueda de editor. Comencé -por aquello de que siempre conviene poner las miras bien altas, que para bajarlas siempre hay tiempo- por el sello que más admiro entre los que se ocupan del peculiar género de los «libros sobre libros»: Trama Editorial. Un catálogo en el que figuran editores como Diane Athill, Giulio Einaudi y Jean-Jacques Pauvert o autores/lectores como Robert Darnton y Bernard Pivot es, para un bibliómano, algo así como la tierra prometida. Para mi monumental sorpresa -y grandísimo deleite- no solo aceptaron mi propuesta de inmediato, sin que ¡resultó que hasta conocían mi blog! El resto, lector, es historia.

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Recuerdos de lectura. Elena Rius

Recuerdos de lectura. Elena Rius

«Ah, sí, ese libro ya lo he leído. Fue en…» Y comienza el viaje en el tiempo, torbellino de imágenes y de momentos. Dicen que lo importante de un libro es su contenido, pero si pretendemos evocar lo leído es imposible desvincularlo del cuándo, el dónde y el cómo. Proust, que era un maestro en esto de hacer memoria, tiene un bello volumen, Sobre la lectura, que retrata magistralmente el fenómeno:
«Quizá no hubo días en nuestra infancia más plenamente vividos que aquellos que creímos dejar sin vivirlos, aquellos que pasamos con un libro favorito. Todo lo que, al parecer, los llenaba para los demás, y que rechazábamos como si fuera un vulgar obstáculo ante un placer divino: el juego al que un amigo venia a invitarnos en el pasaje más interesante, la abeja o el rayo de sol molestos que nos forzaban a levantar los ojos de la página o a cambiar de sitio, la merienda que nos habían obligado a llevar y que dejábamos a nuestro lado sobre el banco, sin tocarla siquiera, mientras que, por encima de nuestra cabeza, el sol iba perdiendo fuerza en el cielo azul, la cena a la que teníamos que llegar a tiempo y durante la cual no pensábamos más que en subir a terminar, sin perder un minuto, el capítulo interrumpido; todo esto, de lo que la lectura hubiera debido impedirnos percibir otra cosa que su importunidad, dejaba por el contrario en nosotros un recuerdo tan agradable (mucho más precioso para nosotros, que aquello que leíamos entonces con tanta devoción), que, si llegáramos ahora a hojear aquellos libros de antaño, serían para nosotros como los únicos almanaques que hubiéramos conservado de un tiempo pasado, con la esperanza de ver reflejados en sus páginas lugares y estanques que han dejado de existir hace tiempo.»

 

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Mi librería ideal. Elena Rius

Mi librería ideal. Elena Rius

Las redes sociales nos bombardean con listas de todo tipo, la mayoría de ellas absurdas, algunas curiosas y otras más o menos interesantes (según sean los intereses de cada cual, claro). Como bibliómana que soy,  no tengo otro remedio que fijarme en todas aquellas que se refieren al mundo de los libros: las bibliotecas más hermosas, los 10 mejores libros de tal o cual tema/género (ya que estamos, aprovecho para confesar que yo misma incurro a veces en la confección de listas de este tipo, sólo tienen que ir a la web de El Buscalibros si quieren verlas), las librerías más espectaculares o más pintorescas de tal ciudad/tal país/el mundo mundial… No negaré que me guste ver hermosas bibliotecas -aunque muchas aparecen en estas listas más por lo valioso u original de su arquitectura que por su contenido libresco- y por supuesto una agradece que las librerías se encuentren en locales bien iluminados y con una bonita arquitectura. Pero, francamente, no es eso lo que yo le pido a una librería. Se habla mucho de «la muerte de las librerías», de que la compra online está acabando con las librerías físicas. Pero si yo sigo frecuentando librerías, y comprando en ellas, es porque me ofrecen algunos alicientes que internet no es capaz de imitar.
Ante todo, vaya por delante que para mí un «comercio que vende libros» no es automáticamente una librería.

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Dormir entre libros. Elena Rius

Dormir entre libros. Elena Rius

Dudo que haya algún bibliómano al que no le guste dormir rodeado de libros. Están, por supuesto, los amontonados en la mesita de noche -unas pilas que pueden llegar a convertirse en verdaderos Everest. (Aprovecho para mencionar que siempre pongo mala nota a los hoteles en cuya mesita de noche a duras penas cabe un libro. Señores hoteleros, deberían pensar en la gente que lee en la cama.) Ciertamente, hay dormitorios enanos, en los que no cabe una estantería, y también hay quien prefiere el look minimalista y las habitaciones que parecen un monasterio zen, pero si uno tiene -como me pasa a mí- la casa llena de libros, es inevitable que también el dormitorio tenga su librería en cualquier cacho de pared que quede libre.
Una de las razones por las que, Brexit o no Brexit, el Reino Unido va a seguir siendo uno de mis destinos favoritos es porque  -más que ningún otro país que yo conozca- entienden bien esta necesidad bibliómana de rodearse de libros en todas las situaciones posibles.

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El orden de los libros. Elena Rius

El orden de los libros. Elena Rius

Tal como dice Georges Perec un divertido artículo titulado «Notas breves sobre el arte y la manera de ordenar los libros» (contenido en el volumen Pensar, clasificar), «Toda biblioteca responde a una doble necesidad, que a menudo es también una doble manía: la de conservar determinadas cosas (libros) y la de ordenarlos de determinadas maneras». Este último extremo, es decir, dónde, cómo y en qué orden colocar los libros que vamos acumulando incansablemente, constituye una de las obsesiones de todo bibliómano. Perec menciona diversas maneras posibles de conferir un orden a los libros (orden alfabético, por países, por fechas de adquisición o de publicación, por géneros, por idiomas, por colecciones…), pero acaba concluyendo que ninguno de ellos es satisfactorio por sí solo y que, en la práctica, la mayoría de bibliotecas se ordenan por una combinación de estos sistemas. Algo que los lectores de este blog han podido comprobar de forma fehaciente husmeando en las bibliotecas de los blogueros que amablemente se ofrecieron a exhibir sus libros y su orden en este rincón libresco

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Cata a ciegas literarias. Elena Rius

Cata a ciegas literarias. Elena Rius

¿Por qué compramos un libro? ¿Por qué ese precisamente y no el de al lado, o el de la estantería de arriba? Tal vez nos mueve el autor, el título, una recomendación de un amigo, una crítica que hemos leído… Muchas veces, sin embargo -y esto lo saben muy bien los departamentos de marketing de las editoriales- lo que precipita nuestra decisión es una cubierta atractiva, un color llamativo o un texto promocional que nos haga imaginar las maravillas que encontraremos entre sus páginas. (Sobre esos textos promocionales hay también mucho que decir, pero ya hablamos de ello en alguna ocasión anterior.) La verdadera prueba de fuego es llegar a un libro sin ninguna referencia, a pelo. Imagínense que tienen delante un libro en el que no figura el autor (o su nombre les es del todo desconocido) y carece de textos de solapa. Esto último no es tan raro, la mayoría de libros en tapa dura que se publicaban hace cien años carecían de cualquier texto aclaratorio. La misma Jane Austen se dio a conocer ante sus lectores con un volumen –Sense and Sensibility, su primera novela publicada- en el que como autor se postulaba sólo un enigmático «By a Lady». Nada de resumen del argumento, ni biografía de la autora, ni faja del editor diciendo «una novela de amor que nunca podrá olvidar». ¡Y la obra fue un éxito! (al menos para los parámetros de la época: la tirada de esta novela fue de unos 750 ejemplares, aunque hay que tener en cuenta que por entonces tiradas de 500 eran lo más habitual).

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