Carrito

Ya me he registrado:

Recuperar contraseña

Ver tu carrito

¿Dan los libros la felicidad? Elena Rius

¿Dan los libros la felicidad? Elena Rius

(Ilustración de Elena Vázquez)

Ya he criticado alguna vez la ola de buenismo lector que parece estar invadiéndonos, esa desaforada manía de exaltar la lectura, hablando de sus bondades y efectos terapéuticos en unos términos que unas veces calificaría de cursis y otras de simplemente implausibles. Como si leer un libro, cualquier libro, fuese realmente la cosa más sublime que uno puede hacer, remedio para todos los males -mentales y a veces incluso físicos (llegados aquí no puedo evitar que acudan a mí ecos de las medallitas de santos patronos o los viajes a Lourdes: remedios todos tan efectivos, o tan poco, como la lectura)-, fuente de sabiduría y mucho más… Siento llevar la contraria a esta corriente de opinión cada vez más extendida, pero no, leer no es sinónimo de felicidad. (Ahora viene cuando esto se llena de comentaristas que insisten en que ellos nunca son tan felices como cuando están leyendo: calma, señores, no hemos terminado con nuestra argumentación.) Ni todas las lecturas son placenteras, ni todos los libros son buenos.

Seguir leyendo en Notas para lectores curiosos.

Si quieres estar al día de las actividades, colecciones, propuestas, cursos, información destacada semanalmente del sector del libro y la cultura DATE DE ALTA en el Boletín semanal de Trama Editorial.¡NO TE ARREPENTIRÁS!

Elogio de los libros malos. Elena Rius

Elogio de los libros malos. Elena Rius

Tengo apuntada por ahí una frase que mis notas atribuyen a Augusto Monterroso, aunque luego me ha sido imposible verificar su procedencia; algunos autores reputados por sus agudezas, como sucede también con Oscar Wilde, tienen la virtud de cargar con frases que tal vez nunca escribieron ni pronunciaron. Aunque imagino que ellos se conformarían con que estuviesen a la altura de su ingenio. Sea o no suya, pues, la frase en cuestión dice: «Sin libros malos no es posible formarse un gusto lector». Cada vez que cae en mis manos un artículo que habla de la necesidad de fomentar la lectura en los jóvenes le doy la razón, porque las medidas que por regla general proponen me ponen los pelos de punta. Desde luego, las «lecturas obligatorias» del currículo escolar parecen en su mayor parte destinadas a hacer que los jóvenes se alejen a toda velocidad de cualquier cosa que huela a literatura. Si se trata de formar lectores, cuanta menos obligación y más libertad de elección se le ponga al proceso, mejor.

Seguir leyendo en Notas para lectores curiosos.

Si quieres estar al día de las actividades, colecciones, propuestas, cursos, información destacada semanalmente del sector del libro y la cultura DATE DE ALTA en el Boletín semanal de Trama Editorial.¡NO TE ARREPENTIRÁS!

Librerías, más que tiendas de libros. Elena Rius

Librerías, más que tiendas de libros. Elena Rius

Como el comercio en general, las librerías han experimentado un gran cambio en las últimas décadas. Recuerdo con algo de nostalgia aquellos abigarrados establecimientos de mi infancia, donde tanto vendían alpargatas como abono para los rosales, llenos hasta el techo de estanterías, armarios y pilas donde se ocultaban mil artículos insospechados. Las librerías de antes también eran así, grandes cuevas de Alibabá, donde escarbar en busca de tesoros (en Barcelona, cerró hace poco uno de los últimos ejemplos de este género, la librería Canuda, ahora sustituida por una tienda de la cadena Mango). Durante un tiempo, la «cadenización» también pareció adueñarse del comercio de libros, con Casas del Libro y Fnacs proliferando en toda nuestra geografía. Igual que ha ocurrido con las tiendas de ropa o zapatos, tanto da hoy que uno esté en Sevilla o en Vigo, el producto y la forma de presentarlo es el mismo en todos lados.

Seguir leyendo en Notas para lectores curiosos.

Si quieres estar al día de las actividades, colecciones, propuestas, cursos, información destacada semanalmente del sector del libro y la cultura DATE DE ALTA en el Boletín semanal de Trama Editorial.¡NO TE ARREPENTIRÁS!

 

Lectura extrema. Elena Rius

Lectura extrema. Elena Rius

Hace años, la gente que sentía ganas de hacer deporte se calzaba unas zapatillas y echaba a correr por el parque más cercano. Como no había demasiadas posibilidades de compararse con otros corredores -a no ser los amigos o los que trotaban al lado de uno-, había escasa presión en cuanto a tiempos o marcas a alcanzar. Uno corría, se ponía más o menos en forma y eso era todo. Pero las cosas han cambiado y la presión, propia y ajena, ha aumentado, de manera que ahora ya pocos se conforman con ser corredores (también ha cambiado el nombre: ahora se les llama runners). No, hay que superarse continuamente: correr la milla, la media maratón, la maratón…; o incrementar la dificultad del asunto con modalidades más duras como el cross-country o el triatlón. Y así, en todo. Ha llegado la hora de los deportes extremos. El más difícil todavía: barranquismo, la escalada en solo, el ironman…
Este afán competitivo parece estar, lenta e insidiosamente, trasladándose también a la lectura. Cuando lo máximo que se hacía era comentar los últimos libros leídos con un pariente o amigo, no había posibilidad ni ganas de medirse con los demás. Como mucho, observaciones del tipo «Fulanito parece que los devora», «El lento de Menganito ha tardado más de un mes en terminar esta novela», «De este verano no pasa que lea por fin la obra de X.» Pero, como en el deporte, parece que no basta

Seguir leyendo en Notas para lectores curiosos.

Si quieres estar al día de las actividades, colecciones, propuestas, cursos, información destacada semanalmente del sector del libro y la cultura DATE DE ALTA en el Boletín semanal de Trama Editorial.¡NO TE ARREPENTIRÁS!
Las edades de la lectura. Elena Rius

Las edades de la lectura. Elena Rius

¿Son los libros que leímos hace años realmente como creemos que son? Como el libro está ahí, aparentemente inmutable, con sus letras, sus líneas, sus párrafos, sus páginas… los lectores tendemos a creer que siempre es el mismo libro, no importa cuándo lo hayamos leído o lo pensemos leer. Olvidamos, claro, que no hay libro si no hay lector: todas esas letras, líneas, párrafos, etc. no son nada sin la experiencia del lector que los capta, los comprende y los filtra de acuerdo a su entendimiento. No hay un libro, hay tantos libros como lectores. Por si fuera poco, los propios lectores no son siempre el mismo lector, de ahí las inmensas sorpresas que a menudo deparan las relecturas. Créanme, no es lo mismo leer Guerra y paz a los dieciséis que a los cuarenta y seis años.
Recientemente, tuve una experiencia que corroboró este extremo: leyendo la reseña hecha por un bloguero amigo de uno de los libros que marcaron mi juventud, El corazón es un cazador solitario, me di cuenta de que buena parte de lo que contaba no me sonaba en absoluto. Con asombro y cierto horror, descubrí que mi yo lector de entonces sólo había registrado una parte de la historia. Por supuesto, la que a mí en esos momentos de mi vida mi importaba; el resto, se había esfumado de mi recuerdo porque -sospecho- nunca le presté mucha atención.

Seguir leyendo en Notas para lectores curiosos.

Si quieres estar al día de las actividades, colecciones, propuestas, cursos, información destacada semanalmente del sector del libro y la cultura DATE DE ALTA en el Boletín semanal de Trama Editorial.¡NO TE ARREPENTIRÁS!
La primera vez que pisé una biblioteca. Elena Rius

La primera vez que pisé una biblioteca. Elena Rius

Leo por ahí que las bibliotecas públicas son uno de los servicios más valorados por los ciudadanos y que se calcula que el 47% de la población española es socia de alguna de ellas. Aunque no todos ellos las frecuenten -y muchos las usen para cosas distintas del préstamo de libros-, son unas cifras que inducen a un cierto optimismo. Podría decirse que -al menos en las ciudades grandes y medianas- entrar en una biblioteca se ha convertido en algo cotidiano. Padres con niños, señoras que vienen o van del mercado con su carrito a cuestas, estudiantes con mochilas, jubilados que pasan las mañanas allí y aprovechan para leer la prensa… difícil hacer un retrato-robot del usuario de bibliotecas, tan variada es su clientela. Ir a la biblioteca es algo tan normal como ir al parque. No siempre ha sido así. En mi infancia, las bibliotecas públicas apenas existían. Y las pocas que había, no eran precisamente lugares donde un niño (ni tampoco un adolescente) se sintiese bienvenido. Mi primera experiencia bibliotecaria se remonta a un verano.

Seguir leyendo en Notas para lectores curiosos.

Si quieres estar al día de nuestras actividades, colecciones, propuestas, cursos, ofertas, date de alta en nuestro boletín semanal.

Contra el fundamentalismo lector. Elena Rius

Contra el fundamentalismo lector. Elena Rius

Llámenme rebelde, maniática, exagerada o lo que quieran, pero las continuas admoniciones acerca de la bondad de determinados productos o acciones siempre me hacen sentir ganas de echar a correr en dirección contraria. No sólo eso: despiertan en mí la sospecha -paranoica, por supuesto… ¿o no?- de que quieren manipularme y de que tal vez detrás de esos consejos aparentemente dirigidos a aumentar mi bienestar hay oscuros intereses. Así, de repente la grasa es mala, malísima, mortal de necesidad. Las pantallas de TV y los suplementos dominicales se llenan de programas y artículos dedicados a convencernos de que -por nuestro bien- hay que consumir únicamente productos light, aunque no sólo sepan peor que los normales, sino que cuesten más caros. ¡Ah, es por tu salud!, dicen. ¿Nos ponemos acaso todos morados de tocino cada día? ¿Realmente llevando una dieta normal es tan malo comerse un yogur con toda su grasa (que es más bien poca)? ¿Está la gente con una salud aceptable condenada al fiambre de pavo -mejor si es bajo en sal, ya puestos- y a no acercarse a las morcillas ni de lejos? Qué quieren, a mí tanta insistencia me huele a chamusquina.

Seguir leyendo en Notas para lectores curiosos.

Si quieres estar al día de nuestras actividades, colecciones, propuestas, cursos, ofertas, date de alta en nuestro boletín semanal.

 

Las notas al margen están de moda. Elena Rius

Las notas al margen están de moda. Elena Rius

Grosso modo, los lectores se dividen en dos grandes grupos: los que nunca, bajo ningún concepto, escribirían notas en un libro y los que alegremente, lápiz en mano, van dejando sus comentarios en los libros que leen (¡incluso, a menudo, si no son suyos!). Como todas las generalizaciones, esta clasificación es maximalista y pasa por alto las innumerables gradaciones posibles. Tampoco tiene en cuenta las posibles motivaciones de los pertenecientes a uno y otro bando. Yo, por ejemplo, en algún periodo de mi juventud, espoleada por ciertos ilustres ejemplos, me decidí a dejar mi rastro en unos cuantos libros; años después, el hallazgo casual de alguno de ellos me produjo, a partes iguales, rubor y perplejidad. Desde entonces, abandoné por completo esa costumbre.
El caso es que las notas al margen parecen estar experimentando unrevival últimamente.

Seguir leyendo en Notas para lectores curiosos.

Si quieres estar al día de nuestras actividades, colecciones, propuestas, cursos, ofertas, date de alta en nuestro boletín semanal.