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El Rincón Literario Dominical de Paco Marín: “La sabiduría del editor”. En Cartagena Actualidad

El Rincón Literario Dominical de Paco Marín: “La sabiduría del editor”. En Cartagena Actualidad

TÍTULO:     La sabiduría del editor

AUTOR:      Hubert Nyssen

Traducción de Auxiliadora Cabrera Granados

EDITA:       Trama Editorial (2008) –Tipos móviles

 

Encuadernación: Rústica con solapas. Tamaño: 14,5 x 20,5 cm. Número de páginas: 80. PVP: 12,00 €. ISBN: 978-84-89239.90-6

Hay autores que redactan un “porrón” de páginas para conformar una historia y… no dicen, ni aportan absolutamente nada. Por el contrario, otros, en unas pocas páginas, te dejan más que satisfechos y con ganas de más.

Es el caso de La sabiduría del editor. Un libro que se publicó en 2008 y por cosas curiosas de la vida, ha caído en mis manos no hace mucho. Es una auténtica joya literaria, amén de un ejemplo de superación y tesón hasta conseguir lo que se quiere. Hubert Nyssen fundó una editorial que publicó un único libro… el proyecto se malogró a causa de la nula experiencia, una autofinanciación imposible, amen de lectores y ayudas inexistentes…

Una segunda tentativa editorial… fue un nuevo proyecto sin recorrido alguno. Entre esta tentativa y la siguiente, los libros que él había escrito empezaron a publicarse: El ensayo Les voies d l’escriture (Mercure de France) y la novela Le nom de l’arbre (Grasset).

A finales de los años setenta, del pasado siglo, un geógrafo que lo asistía en la preparación de un libro sobre Argelia le sugirió crear una pequeña empresa cartográfica reflexiva… y tomó la decisión de crear un taller sobre la materia y llamarle Actes. La Universidad de Marsella, unos años más tardes, le encargó la confección de un atlas regional… al acabar, comprendió que había editado un libro. Ese fue el punto de partida a su tercera y definitiva locura editorial. Era 1978.

«Ser editor, lo supe aquel día, no es solamente poseer un savoir faire y el recuerdo de ciertas enseñanzas. Consiste, en primer lugar, en manifestar un querer hacer, aliado con un querer soñar. Es también, en ocasiones, un saber sobrevivir. Digamos más sencillamente que es tener un ápice de locura o, si se prefiere, ser más obstinado que una mula.»

Hubert Nyssen, fundador de la imprescindible editorial francesa Actes Sud, despliega en este libro algunos recuerdos y reflexiones sobre el oficio de editor,

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La locura del editor. Juan Tallón

La locura del editor. Juan Tallón

La bisabuela de Hubert Nyssen (Bélgica, 1925), el editor que tuvo que fracasar dos veces en su propósito de convertirse en uno, tenía como apellido de soltera Proust. Nyssen siempre pensó, en su juventud, que por esa razón «tal vez había conocido al autor de En busca del tiempo perdido». Se engañó. Al menos su abuelo, y con esto Nyssen se conformaba, «le había dado la mano a Anatole France en la Casa del Pueblo de Bruselas». Estos eran sus únicos antecedentes literarios cuando Nyssen decidió probar suerte en el mundo editorial. Fue en la época universitaria. La guerra había encontrado su final con los «monstruosos fuegos artificiales de Hiroshima tras los de Nagasaki y la Universidad de Bruselas había reabierto sus puertas», cuenta en La sabiduría del editor (editorial Trama). Se hizo a la idea de que «el hilo de la escritura permitiría volver a coser los trozos del mundo», y fundó una editorial que publicó un único libro «con el que el proyecto se malogró a causa de la nula experiencia, una autofinanciación imposible, un puñado de lectores y de ayudas… inexistentes».

Algunos años más tarde, la segunda tentativa editorial llegó gracias a un pequeño teatro que abrió en Bruselas. Se le ocurrió editar las obras que montaba, porque «se me había metido en la cabeza la idea de que en el momento en que el telón cae sobre la última representación no quedan más que cenizas del texto, si no está publicado». Fue otro proyecto sin recorrido. Entre esta tentativa y la siguiente ocurrió un acontecimiento inesperado: sus propios libros, los que él había escrito, empezaron a publicarse. En el Mercure de France un ensayo, Les voies d l’ecriture, y en Grasset una novela, Le nom de l’arbre. Eso le dio la oportunidad de ver o entrever lo que él deseaba de los editores, preparándose para cuando fuese uno de ellos. ¿Y qué deseaba? «No simplemente la publicación, sino también una complicidad a la par que una atención analítica que permite al autor descubrir y medir la distancia entre lo que cree haber escrito y lo que en realidad escribió, entre sus ambiciones y sus realizaciones».

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