Carrito

Ya me he registrado:

Recuperar contraseña

Ver tu carrito

«Llamémosla Random House»: el editor Bennett Cerf hace memoria. En el ABC

«Llamémosla Random House»: el editor Bennett Cerf hace memoria. En el ABC

Bennett Cerf, el fundador de Random House, revolucionó la industria editorial norteamericana. Entre sus éxitos, lograr que el «Ulises» de Joyce viera la luz en Estados Unidos

Manuscrito del «Ulises», de Joyce, libro acusado de obsceno en EE.UU. y que Cerf consiguió publicar
Las memorias de editores constituyen, en sí mismas, un microgénero autobiográfico: la tentación de reunir el cúmulo de experiencias proporcionadas por la relación continuada con el mundo de la creación literaria puede ser irresistible. En España, José Ruiz-Castillo Basala, Carlos Barral, Rafael Borrás, Mario Muchnik, Esther Tusquets, Jorge Herralde (esporádicamente) y Juan Cruz son nombres imprescindibles si pensamos en el memorialismo vinculado a la experiencia editorial. Sus anécdotas nos ayudan a comprender el contexto histórico y biográfico del que surgen los aciertos, las grandes obras que han marcado nuestra percepción estética y moral.

Seguir leyendo

Llamémosla Random House en Librería Cámara

Llamémosla Random House en Librería Cámara

Llamémosla Random House en Librería Cámara.


Nos gusta y nos ilusiona que los libreros hagan un hueco en sus librerías a los libros de la colección Tipos móviles.
Si eres librero, aterrizas por aquí y los libros de Tipos móviles tienen un hueco en tu librería nos encantaría que nos envíes una foto a promociontramaeditorial@gmail.com
La fascinante vida del fundador de Random House en Entre líneas de Laura Revuelta

La fascinante vida del fundador de Random House en Entre líneas de Laura Revuelta

La fascinante vida del fundador de Random House

Bennet Cerf es el nombre del susodicho y se acaban de editar sus memorias. Obviamente, no son las memorias de un cualquiera sino las del creador de uno de los sellos editoriales más importantes e influyentes de los últimos tiempos: Random House. Esa cosa tan norteamericana de un hombre hecho a sí mismo. Desde la primera línea, el lector queda enganchado con los avatares de este editor en primera instancia fortuito pero que luego supo tener la amplia visión para editar obras maestras de Faulkner y de Truman Capote, entre otros. Como señala la contrasolapa del libro en una más que certera (y hasta peliculera) descripción: “perteneció, como Horace Liveright o Alfred Knopf, a una nueva generación de editores sin prejuicios ni apellidos que en los años veinte del siglo pasado revolucionó el mundo editorial”.

Seguir leyendo

Llamémosla Random House. Memorias de Bennett Cerf

Llamémosla Random House. Memorias de Bennett Cerf

Sumario:
Bennett Cerf fue un personaje decisivo en el mundo editorial norteamericano. Fundador de Random House, publicó las obras maestras de algunos de los escritores de la edad de oro literaria de Estados Unidos, como William Faulkner, John O’Hara, Eugene O’Neill o Truman Capote.Como editor estuvo atento siempre a los gustos e inquietudes del mercado lector. Jamás dudó en recuperar clásicos como el Cándido de Voltaire o Moby Dick de Melville; enfrentarse a la censura por llevar a Estados Unidos el Ulises de James Joyce; publicar a Gertrude Stein (de la que admitía sin el menor reparo no entender bien sus libros) o a Ayn Rand, cuyas ideas políticas no compartía en absoluto. Asimismo, su fe en las antologías, en el libro de bolsillo o en la edición infantil y juvenil ha modelado de alguna manera la forma en la que hoy entendemos la edición.

Perteneció, como Horace Liveright o Alfred Knopf, a una nueva generación de editores sin prejuicios ni apellidos, que en los años veinte del siglo pasado revolucionó el mundo editorial. Su clarividencia a la hora de entender el papel de los medios de comunicación en la nueva cultura de masas le llevó a convertirse en una figura televisiva y un orador famoso que daba conferencias por todo el país. Hábil negociador formado en los negocios, sacó su empresa a Bolsa. Y, sin embargo, sus memorias brillan especialmente por el retrato de algunos de los personajes esenciales del siglo XX que nos ofrece en ellas. Amante de la buena vida y las candilejas, fue juez del concurso de Miss Estados Unidos, se casó dos veces con actrices de Hollywood y fue amigo personal de Frank Sinatra. Trató a toda clase de gente: desde políticos como el presidente Roosevelt, a poetas como Auden o Dylan Thomas. Vivió los dulces años veinte, la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial y los revoltosos años sesenta. Y si bien murió antes de poder poner punto final a estas memorias, suya es la voz que nos lleva de viaje por una de las historias editoriales más asombrosas que puedan visitarse.
Traducción de Íñigo García Ureta

272 páginas

ISBN: 978-84-92755-90-5 

Memorias de Bennett Cerf

Dentro de un par de meses Trama editorial publicará en su colección Tipos móviles mi traducción de At Random: The Reminiscences of Bennett Cerf, el libro de memorias de quien fuera fundador de Random House. En el libro Cerf resulta optimista, amable, divertido, encantado de haberse conocido y tan sagaz y discreto como le permite serlo todo lo anterior.
Creo que este fragmento enseña muy bien cuál es el espíritu del libro:
En 1925, justo después de haber dejado de trabajar con él, Liveright había publicado una obra de Dreiser titulada Una tragedia americana. Fue un gran éxito y casi de inmediato se convirtió en un best-seller. En ese momento Horace Liveright estaba pensando en Hollywood, que en aquel tiempo estaba de moda y de hecho parecía hecho a su medida. De modo que decidió ir a dar una vuelta. Antes de salir le dijo a Dreiser:
—Creo que mientras esté allí puedo vender Una tragedia americana.
Dreiser contestó que era ridículo pensar que alguien pudiera vender en Hollywood una historia sobre un joven que recibe una niña embarazada en su oficina. Así que Horace Liveright replicó:
—Voy a hacer un trato contigo, Dreiser. Los primeros cincuenta mil dólares de anticipo que consiga en Hollywood, son para ti. Una vez cubierta esa cantidad, vamos a medias.
Dreiser contestó:
—No verás un solo dólar. Nadie va a hacer esa película, Horace.
—Tú déjame a mí —repuso Liveright:
Así que se dieron la mano. En aquellos días, cincuenta mil dólares era mucho dinero para comprar los derechos de una película. Pero Horace vendió los derechos cinematográficos de Una tragedia americana ¡por ochenta y cinco mil dólares! Cuando regresó, por supuesto, Horace tenía que presumir de sus triunfos, y yo era una persona muy buena que hacerlo, porque yo siempre le estaba agradecido. Así que él me llamó y me dijo:
—¿Qué te parece lo que les he sacado por Una tragedia americana? ¡Ochenta y cinco mil dólares! Espera a que se lo diga a Dreiser!
—Vaya, me gustaría estar presente.
—Me lo llevo a almorzar al Ritz el próximo jueves, y me gustaría que vinieras a ver qué cara pone Dreiser cuando se lo diga.
Los tres nos fuimos al Ritz. Nos dieron una mesa en la terraza junto a la barandilla. Dreiser dijo:
—¿Qué quieres de mí, Liveright?
Horace era muy tímido y sólo musitó esto:
—Vamos, vamos, vamos a comer primero.
Pero Dreiser estaba gruñón y volvió a la carga:
—¿Qué tienes que decirme?

Finalmente, antes del café, Horace anunció esto: 
Seguir leyendo