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Anuario AC/E 2018 de cultura digital

Anuario AC/E 2018 de cultura digital

El Anuario AC/E de cultura digital es una publicación que refleja el impacto que Internet está teniendo en nuestra sociedad con el fin de profundizar en la transformación del sector cultural y ayudar a sus entidades y profesionales a crear experiencias en línea con las expectativas de los usuarios del siglo XXI.

La primera parte de esta edición de 2018 reúne textos de profesionales de la cultura y especialistas del entorno digital para hacer una puesta al día sobre temas trascendentes entre las principales tendencias. Como cada año, la segunda parte propone un Focus centrado en los cambios que experimentan la lectura y los lectores con el propósito de trazar un mapa de lectura digital.

Así Mario Tascón profundiza en las ciudades conectadas que han generado los nuevos dispositivos interconectados y el Internet de las Cosas, para después perfilar el rol que los espacios culturales están llamados a protagonizar en ellas.

A continuación José Manuel Menéndez y David Jimeno Bermejo describen los nuevos retos de las tecnologías inmersivas y su consolidación en el ecosistema de los contenidos. Mientras el equipo de UNIT Experimental de la Universidad de Valencia repasa su experiencia en el uso del diseño digital y analiza cómo las nuevas posibilidades de los dispositivos móviles ofrecen recursos para la construcción del discurso museográfico.

Jovanka Adzic nos trae una cuestión de plena actualidad. En su análisis sobre la evolución de las redes sociales y su cada vez mayor influencia en la forma de vida de las personas, también toca el problema de las noticias falsas en la red y plantea una reflexión seria sobre las ventajas competitivas de los enormes volúmenes de Social Data que acumulan las FANG en una economía impulsada por el Big Data.

Por su parte, Elena Neira, vuelve su mirada al impacto del consumo cultural en pantalla y los modelos de negocio basados en la suscripción, el denominado modelo Netflix”. Y Emma Rodero se acerca al tema del Focus de este año en su revisión de la oralidad para luego analizar el creciente peso de la voz y el sonido en la era digital. Mientras Pablo Gervás desarrolla el concepto de creatividad computacional y su impacto en la creación literaria.

En total 7 artículos de expertos destacados para ayudarnos a conocer y reflexionar sobre los cambios en los que está inmersa nuestra sociedad en su conjunto, y tras los que también se adivinan nuevas oportunidades para el sector cultural.

La segunda parte del Anuario plantea, como cada año, un Focus que reflexiona y expone, a través de ejemplos de buenas prácticas nacionales e internacionales, los grandes cambios que están experimentando la lectura y los lectores en la era digital con el objetivo de dar una visión de conjunto sobre esta cuestión. Sus autores, Luis Miguel Cencerrado, Elisa Yuste y Javier Celaya, trazan así un mapa para ayudarnos a conocer y a movernos con desenvoltura entre todo tipo de textos, destacando la figura del lector en el contexto actual de lectura híbrida (papel, digital, audio, visual, transmedia, etc.) que es la que propicia la era digital que nos ha tocado vivir.

Acceder al Anuario.

 

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En el Día de las librerías, la librería como referente cultural. Luis Miguel Cencerrado

En el Día de las librerías, la librería como referente cultural. Luis Miguel Cencerrado

Hoy se celebra el Día de las Librerías que organiza CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros). Esta cita anual nos recuerda la importancia de estos espacios de encuentro con el libro y la lectura y el papel que las librerías juegan como referentes culturales modernos y activos.

Porque una librería propiamente dicha no es un establecimiento comercial cualquiera, es ante todo un escaparte de la cultura. Desde esta perspectiva las librerías no se conforman con ser meramente tiendas en las que se venden libros. Muchas librerías quieren ir más allá y apuestan por jugar un papel importante en el desarrollo del hábito lector de los ciudadanos y en la vida cultural de la comunidad a la que prestan servicio.

¿Por qué su labor va más allá de la mera transacción comercial?

Porque el cliente de la librería obtiene de este establecimiento beneficios añadidos además de la estricta compra, ya que la librería le permite:

  • Buscar una lectura adecuada a sus gustos e intereses.
  • Solicitar información sobre una obra, sobre los títulos disponibles en relación con un tema, etc.
  • Estar informado de las novedades editoriales.
  • Adquirir los materiales elegidos.
  • Participar en las actividades que organiza.

En el empeño de conseguir que la librería sea realmente un agente dinamizador cultural de la comunidad muchas de ellas buscan como primer paso integrarse plenamente en la dinámica cultural de la ciudad. Esta es, sin duda, la mejor manera de hacer que toda la comunidad llegue a sentir la librería como un instrumento eficaz y necesario.

¿Qué consigue la librería con este planteamiento?

  • Que el cliente se sienta protagonista y no un mero comprador. Su papel será más activo y participativo.
  • Que él librero o librera ejerza una mayor influencia como profesional capacitado para orientar, sugerir, invitar y despertar interés en los lectores.
  • Estas metas revertirán también, a medio y largo plazo, en los logros estrictamente comerciales, sin duda.

Esta orientación es, por tanto, una vía de superación del estrecho marco de la librería como espacio meramente comercial y ajeno a la vida cultural de la ciudad y a la experiencia lectora de los individuos de la comunidad a la que pretende atender.

¿Qué son los sellos de calidad?

Los sellos de calidad en este sector son iniciativas de organismos oficiales y gremiales que van orientadas precisamente a destacar ese papel de la librería como referente cultural para la sociedad y a potenciar y reconocer la atención y servicios de calidad en las librerías.

Es el caso del Sello de Calidad de Librerías promovido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y la Asociación de Cámaras del Libro de España, en colaboración con CEGAL (Confederación española de gremios y asociaciones de libreros).

¿Qué pretenden con este reconocimiento sus promotores?

  • Consolidar las librerías como espacios de encuentro, reflexión y discusión en las comunidades en las que se ubican, mediante su conversión en espacios culturales y sociales.

Seguir leyendo en Biblogtecarios.

 

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Libros sobre librerías en la colección Tipos móviles.

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Luis Miguel Cencerrado Malmierca. Un estado de ánimo


 
Me llamo Luis Miguel Cencerrado Malmierca y en el sector del libro o como mero lector se me conoce como LuisMi, Luis Cema o @luismiyou en alguna red social como Twitter; no sé si consigo ser poliédrico o camaleónico con este abanico de apodos pero se intenta al menos.
Me gusta leer porque en los libros, a la vez, me pierdo y me encuentro; descubro cosas útiles y disfruto de las inútiles; descifro y paladeo, y realmente no he encontrado una cosa mejor que hacer…
Vocaciones he tenido muchas, desde misionero a periodista, pasando por actor, y al cabo mi itinerario ha sido ecléptico y con mucho meandro. La verdad es que nunca tuve claro en qué consistía esto de la edad adulta, y me atrevo a decir que ni aún ahora se me dibuja nítido.
Hoy soy bibliotecario, pero llegué a ello pasando por el magisterio y vía la farándula. Como el juego de la oca, tal cual, de puente a puente, del aula al escenario y de allí a la biblioteca, ¿y de ahí a dónde? No sé, pero me tienta el juego de tirar de nuevo el dado para mover la ficha hacia otra casilla.
Cuando me toca contarle a un extraño en una boda -raro porque voy a pocas, pero acepto la hipótesis- por qué me gusta leer o ando entre libros le digo que lo más interesante de mi trabajo es poder transmitir el entusiasmo por la lectura y ayudar a la gente a moverse entre las palabras, los datos, las informaciones…
Sin embargo, en realidad mi día a día está cada vez más pendiente de la pantalla, de lo que se mueve tras ella, con cierto azogue sobre el tiempo disponible para digerir tanta información y buscando la manera de recuperar el tiempo lento, relajado, sin prisas que requieren otras lecturas, que precisan ciertos escritos, al igual que determinados guisos que no se dejan conquistar por la Thermomix.
Lo más raro -más que raro es que me dejó con la boca abierta- que me ha sucedido nunca fue un día que estaba colocando libros en la Biblioteca Municipal de Salamanca, donde me crié profesionalmente; me ayudaba un niño que por entonces andaba por los seis o siete años. Era la zona de bebés y la ordenación era bastante libre, se trataba más de colocar para llamar la atención del lector, de atraerle con los libros dando la cara. Entonces le dije yo a ayudante:  – Edu, pon esos libros en la “repisita” de la ventana. Y él me miró, alzó su mano derecha amonestándome con el dedo índice:  – Se dice “alfeifar”, LuisMi, alfeifar.
Y fue esta una gran lección, una muestra clara de cómo tantas veces al infantilizar el lenguaje lo empobrecemos y de cuánto es lo que nos pueden enseñar a los adultos los niños y niñas con los que trabajamos en la escuela, la biblioteca o en otros ámbitos.
Y lo peor… quizás la falta de respuesta y la incomprensión de quien tiene el poder de decisión en un momento dado,  la hipervaloración del número frente a la calidad, la falta de sentido del bien público y compartido que tenemos en este país,…
Aún más, si te dedicas a lo mío la gente no dejará de tocarte las narices con… ¡Vaya chollo, bibliotecario, qué suerte, todo el tiempo tranquilo y leyendo, no te podrás quejar!
He perdido el entusiasmo por lo que hago cuando he olvidado para qué lo hago, el sentido último del trabajo, es decir, el lector, el niño, el joven, el padre, la madre, el docente o el bibliotecario que da sentido a tu trabajo, el usuario al que pretendes atender y servir. Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, son esas personas que se benefician de lo que haces, a las que puedes animar, apoyar, orientar, proporcionar lecturas e informaciones, fundamentos y herramientas o estrategias, y de las que también aprendes mucho.
El mejor día que recuerdo en el trabajo es difícil de determinar. Por fortuna he tenido muchísimos días buenos, muchos momentos de disfrutar con lo que hacía y muchos otros de verte recompensado por la sonrisa y por las palabras del destinatario de ese trabajo, la mayor satisfacción que se puede tener al culminar una tarea.
 Cuando quiero tomarme un descanso me dedico a segar el jardín y luego me encanta tumbarme, mirar la hierba cortada, respirar hondo y disfrutar del olor.
Así es como veo el futuro de mi profesión, híbrida, poliédrica, con un pie en la nube y otro en la tierra, en el vértice del cambio y del progreso,  pero tendiendo puentes y conexiones entre lo analógico y lo digital, la tecnología y el humanismo. Miro hacia atrás, y hay aspectos que han cambiado muchísimo, en otros en cambio reconozco las mismas necesidades y parecidas respuestas que antaño, adecuadas a un entorno y unas posibilidades diferentes, claro está.
Eso sí, si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda alargando la partida, seguir con el juego y descubriendo diferentes ocas y puentes nuevos; más cerca de la gente y de mi mismo; rodeado de palabras, vivas, en papel, en pantalla, de historias, más cerca de la naturaleza también.
El último libro que he leído ha sido El Leviatán”,  de Joseph Roth (Acantilado, 2013), me lo regaló mi sobrina Sara, también bibliotecaria en las municipales de Salamanca. Y el primero que recuerdo que leí fue una antología de cuentos de los Grimm en una edición del Círculo de lectores.
En mi mesilla tengo ahora para leer, mediada la lectura de “La facción caníbal” de Servando Rocha (La Felguera, 2013); e iniciada la “Metafísica de los tubos” de Amélie Nothomb (Anagrama, 2006); “La literatura en peligro” de Tzvetan Todorov ( Galaxia Gutenberg) y “Un dia qualsevol=Un día cualquiera” de Miquel Martí i Pol con ilustraciones de Pep Montserrat (Nórdica Libros, 2013).
Me gustaría añadir que ha sido un placer dejarme llevar por las cuestiones propuestas, gracias por la invitación.
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