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«De oficio, lector» – El mito de Apostrophes. Bárbara Pérez de Espinosa Barrio

Hoy en día los formatos televisivos se copian sin ningún pudor y contribuyen a esa homogenización que nos hace sentir a todos personajes del mismo espectáculo sin guion ni sentido. Apostrophes fue una rara avis por su prestigio más allá de Francia y los territorios francófonos pero, sobre todo, porque el protagonista no era la cocina, el crimen o la música sino el libro, que lucha casi desde los tiempos de Gutenberg contra su extinción.

Trama editorial ofrece a sus lectores un catálogo arriesgado y elegido con gran mimo. En él se encuentran los mejores títulos sobre el mundo de los libros, desde editoriales hasta librerías, contado por figuras de primera fila como Diana Athill -no se pierdan Stet (vale lo tachado). Recuerdo de una editora– y Marco Cassini (Erratas. Diario de un editor incorregible). Este 2016 Trama ha apostado por unas singulares memorias de Bernard Pivot construidas sobre un infinito e inteligente cuestionario elaborado por Pierre Nora. Muchos de los lectores españoles solo conocen Apostrophes por su leyenda y, tal vez ahora, gracias a este libro puedan entender la dimensión de ese fenómeno cultural y televisivo. Solo en los años noventa se publicaron en España una selección de las grabaciones de los 724 programas que Pivot condujo entre 1975 y 1990.

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El prurito de un Editor. Erratas, de Marco Cassini por Marta Magariños

El prurito de un Editor. Erratas, de Marco Cassini por Marta Magariños

Vivimos en unos tiempos en los que la integridad está muy desprestigiada. Sé que suena apocalíptico y que, probablemente, este mundo de ahora no es tan distinto de los de antes. Casi seguro que esta primera frase es solo un indicador de que empiezo a no reconocer el mundo en el que vivo, vaya, que empiezo a envejecer. Así que lo que debería decir es que la integridad es un concepto que se ha valorado siempre de forma muy parecida, en general muy poco. Todos somos capaces de identificar compañeros o conocidos (pocas veces amigos, sino no lo serían) que tienen como metas valores que no entendemos en absoluto, personas que confunden la posición y el éxito con el desarrollo personal, que necesitan recompensas basadas en la cantidad por encima de la calidad. Personas con metas que no tienen que ver con proyectos personales concretos, sino con el éxito en general; éxito medido como número de personas a las que les gustas, influencia que tienes o dinero que ganas. De hecho, eso es uno de los “grandes valores” que caracteriza (y promueve) la era en la que vivimos: productividad, números, eficiencia, conseguir objetivos, cerrar temas, ser ejecutivo.

Y todos podemos estar de acuerdo en que ser productivo es algo positivo, y que sin un poco de ese sentido práctico se echan a perder vidas muy prometedoras. Vidas de muchos artistas que son incapaces de domar sus deseos y no pueden vivir como quieren. Vidas de maravillosos escritores que no consiguen apostar por hacer lo que más les gusta. Vidas de los que sí lo intentaron un poco y fallaron mucho –porque, no nos engañemos, intentarlo no es garantía de éxito, por mucho que se nos venda a la menor ocasión; “Querer es poder”, es un refrán peligrosísimo–. Pero tener como principal objetivo ser productivo o exitoso, escama mucho y devalúa al que lo luce.

Así que es refrescante encontrar un libro como Erratas, diario de un editor incorregible en el que el autor, Marco Cassini, nos deja la sensación, muy agradable, de que hay gente que sí tiene un proyecto propio, no basado en conseguir ese tipo de éxito, sino un proyecto que está basado en unos principios que no se salta tan fácilmente.

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Erratas de Marco Cassini adoptado por Emilio Sánchez de Libros del K.O. como como libro de estilo non fiction

Erratas de Marco Cassini adoptado por Emilio Sánchez de Libros del K.O. como como libro de estilo non fiction

Desde que nació Libros del K.O., hemos leído dos libros que nos gustaría adoptar como libro de estilo de Libros del K.O.: “Gottland”, de Mariusz Szczygiel (Acantilado)  y “Limónov”, de Eugene Carrere (Anagrama). Pero hoy prefiero recomendar otra reciente lectura, seguramente mucho menos conocida y por eso más jugosa: Erratas (Trama editorial), de Marco Cassini, cofundador junto con Daniele di Gennaro, de la editorial italiana minimum fax.

non fiction

Antes de proseguir, me veo obligado a insertar una cita del texto de contraportada, para que el lector se haga una idea del calambre de complicidad que le asalta a unos jóvenes editores indocumentados como nosotros:
“Con el oficio que he elegido esperaba una vida distinta a la que llevo. Imaginaba largas jornadas leyendo manuscritos que iban a cambiar la historia de la literatura, conversaciones en figones llenos de humo con escritores legendarios, esclarecedoras reuniones con colaboradores que continuarían en cenas memorables. Había creído poder repetir fácilmente la experiencia del NewYorker de William Shawn, de Shakespeare & Co. de Sylvia Beach, del Grupo Bloomsbury de Virginia Woolf, o de la Einaudi del trío Vittorini-Calvino-Pavese. Olvidé que un editor no es sólo un apasionado de los libros, un agitador cultural, sino que fundamentalmente es empresario, siempre pendiente de los impuestos, balances y cuenta de resultados” (Marco Cassini).
En las memorias de editor (o de ex presidente), el autor suele adoptar una irresistible pose fascinante de kamikaze romántico y mesiánico. Algo de esto puede haber, claro (no hay más que ver nuestras fotos en la web de Libros del K.O. o las abdominales de Aznar), pero yo disfruto más con los pasajes desmitificadores y con los recuentos irónicos de las pequeñas frustraciones cotidianas.
Además de transmitir su pasión glotona por los libros, Cassani nos explica sus miedos, sus ansiedades, sus piruetas para sobrevivir, sus momentos de duda. No hay mística ni heroísmo, pero sí mucha ternura y grandes dosis de asombro. A pesar de su sinceridad, o posiblemente gracias a ella, uno termina de leer el libro con renovadas ganas de calzarse las katiuskas y enfangarse de nuevo en el próximo libro.
Publicado originalmente en Verlanga
Erratas de Marco Cassini en El Boomerang

Erratas de Marco Cassini en El Boomerang

ERRATAS. Diario de un editor incorregible relata con importantes dosis de ironía y pasión los momentos más importantes de la aventura personal y profesional del editor italiano Marco Cassini, ofreciéndonos sus reflexiones sobre los avatares de una editorial cultural en un entorno difícil y complejo, pero no exento de satisfacciones y alegrías.
«Con el oficio que he elegido esperaba una vida distinta a la que llevo. Imaginaba largas jornadas leyendo manuscritos que iban a cambiar la historia de la literatura, conversaciones en figones llenos de humo con escritores legendarios, esclarecedoras reuniones con colaboradores que continuarían en cenas memorables. Había creído poder repetir fácilmente la experiencia del New Yorker de William Shawn, de la Shakespeare & Co. de Sylvia Beach, del Grupo Bloomsbury de Virginia Woolf o de la Einaudi del trío Vittorini-Calvino-Pavese.»
 LA EDAD DE LA INOCENCIA
(agosto) 
 Marco Cassini
Editor italiano (minimum fax)
Aquel verano leí la autobiografía de Diana Athill1, donde habla de su medio siglo en el mundo de la edición, junto a André Deutsch, un intelectual húngaro que después de la Segunda Guerra Mundial fundó en Londres la editorial que lleva su nombre. Refiriéndose a los primeros años de oficio y a uno de los primeros libros que decidió publicar, Athill recuerda:

 

De qué hablamos cuando hablamos de edición

En 1992, Marco Cassini (nacido en 1970) y Daniele di Gennaro, veinteañeros con ganas, fundan minimum fax, una primera revista literaria que se enviaba por fax y que levnató cierto revuelo en Italia. Dos años más tarde, minimum fax pasa a convertirse en una editorial. Como el mismo Cassini admite en su libro.
Imaginaba largas jornadas leyendo manuscritos que iban a cambiar la historia de la literatura, conversaciones en figones llenos de humo con escritores legendarios, (…) repetir fácilmente la experiencia del New Yorker de William Shawn, de la Shakespeare & Co. de Sylvia Beach, del Grupo Bloomsbury de Virginia Woolf o de la Einaudi del trío Vittorini-Calvino-Pavese.

Esto, como se verá, no es así. Cuando Marco Cassini escribe Erratas, minimum fax ya publica varias decenas de libros de ficción y no ficción al año: su autor estrella es Raymond Carver; y tiene un catálogo que reúne a Foster Wallace con Bukowski; Lennon con las entrevistas de The Paris Review, los ensayos de Auster con la teoría cinematográfica de Lars von Triers o Ginsberg con un bestseller sobre cómo la Iglesia Católica inventó el marketing titulado Jesús lava más blanco. Tanta actividad le acaba ocasionando lo que él denomina el “síndrome de la Cenicienta”, que se manifiesta invariablemente a medianoche y que lleva acompañada una multitud de granitos “rojos y pruriginosos” que se le extienden por todo el cuerpo y que cuatro especialistas diagnostican como estrés.
De modo que en vez de conversaciones legendarias, su oficio le ofrece estrés. ¿Y de qué le viene tanto estrés? De no poder parar quieto ni un instante, dice Cassini, que se muestra sincero al respecto como sólo alguien con la vocación de un atracador de bancos o un jesuita puede sincerarse: “cuando se es editor uno no deja de serlo nunca, ni un solo instante”. Tan sincero es que huye del peor mal que aqueja a muchos de los libros de grandes editores, desde Maschler hasta Herralde: la tentación de confundir unas memorias con un enorme ejercicio de name-dropping y contarlo todo como si se fuera James Cameron filmando Titanic. Quien se acerque a Erratas encontrará en cambio el tono mucho más cercano de un Jim Jarmush: Cassini no nos muestra veladas más memorables que las que otorga el recibir en el último día laborable del año un fax de la viuda de Carver que les cede los derechos de la obra de su marido citando a Bob Dylan. El resto, las grandes fiestas, los viajes exóticos y las recepciones en Estocolmo brillan por su ausencia. (Vale, duerme una semana en el suelo de la casa de Ferlinghetti y rechaza un ácido que le ofrece Ginsberg, pero es todo.)
Y ¿qué nos da a cambio? Un curso, franco y recatado, que el mismo Cassini podría haber presentado en cualquier master de edición con el título carveriano de “De qué hablamos cuando hablamos de edición”. En efecto, el editor Cassini confiesa que hay centenares de libros que no acaba y que debe disculparse cada vez que convoca reuniones por muy necesarias que sean, cita a Diana Athill y no teme mostrarse como Robert Mitchum en La noche del cazador –“negocio” tatuado en los nudillos de la zurda; “arte” en los de la diestra— y dedica un capítulo a qué significan términos como validez cultural y validez económica en el día a día de un editor; nos explica qué es un plan editorial, un catálogo editorial o qué se entiende por “política de autores”. E incluso añade una bibliografía titulada inequívocamente “Guía para reconocer a tus santos” que no es sino el temario de ese curso, y que también es impecable. Todo ello, se diría, with the minimum fuss, con el menor escándalo, casi de puntillas. El resultado es un libro que se lee con gusto, del que se sacan ideas, con el que es casi imposible estar en desacuerdo y que no precisa llegar a las cien páginas ni acumular un par de cuadernillos de fotos para demostrar que sabe quién es. De lectura obligatoria.
Letra Internacional
Novedades Tipos móviles: Erratas

Novedades Tipos móviles: Erratas

ERRATAS. Diario de un editor incorregible relata con importantes dosis de ironía y pasión los momentos más importantes de la aventura personal y profesional del editor italiano Marco Cassini, ofreciéndonos sus reflexiones sobre los avatares de una editorial cultural en un entorno difícil y complejo, pero no exento de satisfacciones y alegrías.
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“Con el oficio que he elegido esperaba una vida distinta a la que llevo. Imaginaba largas jornadas leyendo manuscritos que iban a cambiar la historia de la literatura, conversaciones en figones llenos de humo con escritores legendarios, esclarecedoras reuniones con colaboradores que continuarían en cenas memorables. Había creído poder repetir fácilmente la experiencia del New Yorker de William Shawn, de la Shakespeare & Co. de Sylvia Beach, del Grupo Bloomsbury de Virginia Woolf o de la Einaudi del trío Vittorini-Calvino-Pavese.”
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MARCO CASSINI (1970) dirige la editorial italiana mínimum fax desde 1994, editorial que tuvo su origen como revista literaria difundida exclusivamente por fax. Es autor de Carver (1997) y, junto con Martina Testa, de la antología de autores norteamericanos Generación quemada (2001).
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