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El editor que tenía claro que no sería editor. Juan Tallón en Jot Down. Sobre Editor de Tom Maschler

El editor que tenía claro que no sería editor. Juan Tallón en Jot Down. Sobre Editor de Tom Maschler

Tom Maschler (Berlín, 1933) tenía veintisiete años y acababa de incorporarse a la editorial inglesa Jonathan Cape el día que Ernest Hemingway se suicidó en el porche de su rancho. Un mes después, su viuda, Mary Hemingway, visitó la sede de la editorial en Londres, y se fijó en el nuevo empleado, al que invitó a su rancho de Ketchum, en Idaho, donde estaba la residencia principal del autor de El viejo y el mar. Mary «necesitaba ayuda para reunir el manuscrito en el que “Papá” estaba trabajando cuando se pegó un tiro», cuenta Maschler en Editor (Trama Editorial). Durante varios días se sumergieron en el baúl donde guardaba sus páginas manuscritas. «No hallamos el menor indicio de la forma que hubiera previsto dar al libro, lo que hizo más difícil y al mismo tiempo más gratificante la tarea». La estancia dio para que Mary le propusiera utilizar el rifle que Hemingway empleaba en los safaris. El arma puso nervioso a Maschler, que pese a todo disparó uno o dos tiros. Cuando volvieron al baúl y los manuscritos, encontraron una mención a que «París era una fiesta», y les pareció que sería un título excelente para el libro. En la última noche al fin consiguieron poner orden en el manuscrito, y cuando Mary lo envolvió y se lo dio a Maschler, le pidió que por favor lo entregara en persona… en la editorial Scribner. Ese fue el primer gran trabajo Maschler, que editó una editorial que no era la suya.

Pero su vida pudo seguir un rumbo distinto. Después de sobrevivir al nazismo, y huir primero a Inglaterra y luego a Estados Unidos, al acabar la adolescencia «tenía claro en materia de profesiones que nunca sería editor», y por eso se marchó a Roma con el propósito de dedicarse al cine. Fracasó. Cuando lo asumió, decidió que a lo mejor la profesión de editor no estaba tan mal. Empezó en la editorial André Deutsch, donde asumió responsabilidades como «llevar el registro de las existencias de papel», lo que a veces lo obligaba a acudir algunos sábados a trabajar. El día que le permitieron editar un libro, se vendieron veinte mil ejemplares. Fue con Declaration, una serie de manifiestos encargados a algunos de los principales autores del mundo de las artes, como Doris Lessing,Kenneth Tyanon o John Osborne. Eso le dio la oportunidad de fichar por Penguin, donde trabajó dos años antes de aceptar ser director literario en Johathan Cape.

El cambio iba a darle la oportunidad de conocer a uno de los editores independientes que más admiraría, y con el que se le compararía con el tiempo: Bob Gottlieb. Gottlieb «jamás se permitió comer, porque lo consideraba una pérdida de tiempo». Cuando Maschler estuvo alojado en su casa, y quiso comerse un huevo duro en un desayuno, descubrió que no había. Fue a comprarlo. Al regreso, descubrió que tampoco había sal. La comida no tenía el menor significado en su vida. Sin embargo, su casa poesía el encanto del vecindario. En la casa de al lado vivíaKatherine Hepburn. Un día Gottlieb recibió una llamada de la actriz, que le aconsejó que limpiase la nieve del tejado para que no se filtrara. Gottlieb le dijo que ni siquiera sabía dónde estaba la trampilla para subir hasta él. «Entonces Katherine Hepburn, que en ese momento andaría en los setenta, se ofreció a limpiar ella misma el tejado de Bob».

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El baúl del editor. Carlos García Santa Cecilia

El baúl del editor. Carlos García Santa Cecilia

Cuenta en sus memorias Tom Maschler (Trama, 2009) –uno de los mejores y más influyentes editores de la segunda mitad del siglo XX– que comenzó su trabajo en la editorial Jonathan Cape poco después de que Ernest Hemingway se pegara un tiro. Mary, la viuda del escritor, a la que había conocido en la sede de la editorial en Londres, le invitó poco después a que la visitara en el rancho de Ketchum, Idaho. Fue a buscarle al aeropuerto en un destartalado Cadillac verde descapotable y le condujo por un paisaje de película del Oeste hasta una casa de madera rodeada de frondosos bosques en la que aún resonaba el disparo del rifle de Hemingway.

Mary había solicitado sus servicios para recomponer y terminar el libro en el que Papá estaba trabajando. Abrieron un baúl, atestado de recortes de prensa y hojas manuscritas sueltas, y no encontraron el menor indicio de la forma que hubiera querido dar el autor a todo aquel enredijo. Durante los seis días que permaneció allí fue leyendo y colocando por orden cronológico el material que le pareció más significativo, con ayuda de la viuda, que se trasegaba una botella de whisky al día. Había varias versiones de un mismo acontecimiento y muchas referencias a los autores que había conocido: Ford Madox Fox, James Joyce, Scott Fitgerald… Una mañana Maschler leyó una frase de Hemingway en la que afirmaba que, en aquella época, “París era una fiesta”.

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Tom MaschlerTM04_Editor

Editor

Tom Maschler ha sido una de las figuras más importantes del mundo de la edición inglesa en la segunda mitad del siglo XX. A lo largo de estas páginas, quien ha sido considerado el editor inglés de más alto perfil y éxito de estos años, hace un recorrido por su trayectoria personal y profesional a partir de su visión –a veces dulce y otras muy ácida– de esos autores que han escrito uno de los catálogos editoriales más brillantes en la historia.

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Maschler, el Don Draper de los libros. Iván Alonso

Maschler, el Don Draper de los libros. Iván Alonso

Si Don Draper, el protagonista de la serie Mad Men, tuviera un equivalente en el mundo del libro, ese sería sin lugar a dudas Tom Maschler, editor inglés en Jonathan Cape. En su despacho se fraguaron éxitos editoriales del calibre de Hijos de la medianoche, de Salman Rushdie; las primeras recopilaciones de cuentos y novelas del fundamental Ian McEwan; la mejor etapa de Roald Dahl o el desembarco de la literatura del boom latinoamericano en el mundo anglosajón con Gabriel García Márquez como banderín de enganche. En Editor (Trama Editorial, 2009) recuerda sus días al frente de Cape, sus encuentros con escritores de fama mundial como Martin Amis, Doris Lessing, Julian Barnes y Allen Ginsberg e incluso su papel en los dos únicos libros que publicó el ‘beatle’ John Lennon.

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Las ocho lecciones de Maschler

publicado en: Sobre Edición

El relato de la vida de los editores se ha convertido con el tiempo en una suerte de género literario emparentado con el de la hagiografía. De la misma manera que se estudia la vida de los santos para aprender por vía de la imitación la manera apropiada de honrar a Dios, leer la vida de los editores también brinda la oportunidad de entender gracias al estudio de casos las destrezas necesarias, los criterios válidos y hasta el carácter que se debe tener si se quiere desempeñar la profesión con éxito. Así, curiosamente, el santo y el editor quedan hermanados.

Aunque hay algunas por las que se sigue esperando, desde hace tiempo se vienen publicando biografías de editores. Gastón Gallimard. Medio siglo de edición en Francia, donde Pierre Assoulin habla del hombre que creó uno de los sellos literarios más prestigiosos de la industria, Senior Service, en la que Carlo Feltrinelli cuenta la fascinante vida de editor y de activista político de su padre, y El autor y su editor, en la que Siegfried Unseld habla de su relación con Bertolt Brecht, Hermann Hesse o Rainer Maria Rilke, son solo algunas de las que han llegado a convertirse en clásicos del género.
Y si aceptamos que la biografía de editor es un género, entonces podremos aceptar que su discurso esté plagado de figuras retóricas que tienden a destacar los éxitos por encima de los fracasos. Pero esto no es un defecto, es solo un recurso como se puede apreciar en Editor, la autobiografía del legendario Tom Maschler.
Aunque en muchas oportunidades su relato crea la falsa impresión de que en su vida profesional todo conspiró a favor de su éxito, se puede encontrar entre las anécdotas que ensalzan el genio de Maschler valiosas lecciones acerca de lo que significa ser un profesional de la edición de libros.
Lección 1. Debes sentir un entusiasmo a prueba de todo.
Tom Maschler nunca había publicado un libro para niños, pero el entusiasmo que sintió al conocer el trabajo del artista John Burningham lo hizo esforzarse hasta lograr vender los derechos de Borka, la primera obra del artista, a ocho editores en igual número de países y así convencer a sus jefes en la editorial Jonathan Cape de publicar el libro.
Borka. Las aventuras de un ganso sin plumas ganaría en 1963 la medalla Kate Greenaway, entregada por la Library Association al mejor libro ilustrado del año. También sería el primero de muchos libros de quien sería considerado como un artista de enorme talento en Gran Bretaña.
Lección 2. No importa el tipo de libro que publiques, te debe llenar de satisfacción.
Tras el éxito de Borka, Maschler, editor de libros para adultos, decidió continuar publicando libros para niños a pesar del riesgo comercial que estos implicaban. Y todo por la sencilla razón de que estos libros lo llenaban de una gran satisfacción.
Lección 3. Debes trabajar con colaboradores que amen su trabajo.
Según Maschler si al momento de evaluar el trabajo de un ilustrador éste afirmaba, refiriéndose a su trabajo, “también los puedo hacer con otro estilo”, esto probaba que no debía trabajar con ese colaborador.
Lección 4. Sé osado.
Cuando Tom Maschler conoció a la artista Nicola Bayley y su obra se convenció de que debía publicarla. Bayley era una completa desconocida pero su primer libro se llamó El libro de rimas infantiles de Nicola Bayley, llegando a tener un gran éxito.
Lección 5. La idea para un libro no siempre la encontrarás en el lugar más obvio.
Hay lugares idóneos para buscar autores y colaboradores, pero no siempre son los mejores para encontrar al autor de un buen libro. Fred fue el primer libro para niños publicado por Posy Simmonds quien era conocida hasta el momento como caricaturista de The Guardian.
Lección 6. Debes publicar libros que supongan una aportación única a nuestra cultura.
En las décadas de los setenta y ochenta Tom Maschler publicaría tres libros para niños que no solo alcanzarían ventas fabulosas sino que se convertirían en grandes sucesos en Gran Bretaña.
El primero de ellos sería The Butterfly Ball and The Grasshopper’s Feast (1973), producto de la colaboración entre el artista Alan Aldridge y el escritor William Plomer. Este libro sería considerado “piedra angular de una revolución gráfica”, ganaría el premio Whitebread al mejor libro para niños de 1973 y vendería unos trescientos mil ejemplares.
Seis años después, en 1979, aparecería Masquerade un libro que sorprendió a todos en Gran Bretaña. Ideado por el artista Kit Williams, las ilustraciones de Masquerade encerraban pistas que conducían a un tesoro enterrado en alguna parte de Inglaterra. Del libro se vendieron seiscientos mil ejemplares en Gran Bretaña y gracias al furor que causó entre los lectores que salieron a cazar el tesoro se consideró que se había tratado de la mejor campaña de mercadeo de todos los tiempos. Algunos también consideran que Masquerade fue el punto de partida para un nuevo tipo de libro, el libro de “la búsqueda del tesoro”.
Luego, en 1982 Maschler publicaría el libro animado (pop-up) El cuerpo humano, creación del diseñador David Pelham en colaboración con el doctor Jonathan Millar. Esta obra representó un gran reto técnico pues se trataba de “un libro animado con seis puntos de despliegue, para mostrar en tres dimensiones y con partes móviles el funcionamiento del cuerpo humano”. El libro, que fue impreso por Carvajal en Colombia, vendió trescientos mil ejemplares en Gran Bretaña y más de un millón en el resto del mundo, y fue traducido a veinte idiomas. Hasta el presidente de Colombia, según Maschler, le escribió una carta agradeciéndole lo que había hecho por la economía del país cuando decidió imprimir el libro con Carvajal.
Lección 7. No debes traicionar tus principios.
Durante un tiempo Maschler publicó las novelas de Jeffrey Archer. Si bien las novelas tuvieron cada vez mayor éxito comercial, su calidad literaria no fue en aumento. Así llegó el día en que la agente literaria del autor presentó Kane y Abel, la última novela escrita por su representado. A pesar de que Maschler sabía que sería un gran éxito de venta, por lo que había accedido a pagar cincuenta mil libras de adelanto, terminó desestimando su publicación. Y todo porque el autor quiso saber si de verdad el editor admiraba la obra, a lo que éste respondió: “no esperes que me traicione a mí mismo, para que yo admirara la obra tendría que ser literatura de calidad”. Ninguna obra de Archer volvió a ser publicada bajo el sello Jonathan Cape.
Lección 8. Sin importar qué tipo de libro publiques debes hacerlo con calidad.
Tras ser conocido como editor literario y haber tenido un gran éxito publicando libros para niños, Tom Maschler también se aventuró a publicar libros de cocina. Aunque fiel a su estilo, el editor británico publicaría una edición facsimilar de Mrs Beeton’s Book of Household Management, “el libro de cocina inglés más famoso de la historia”.
Con sus mil páginas, este libro victoriano vendería trescientos mil ejemplares en Gran Bretaña e incluso se convertiría en un éxito de ventas en Estados Unidos bajo el sello Farrar Straus.
publicado en Sobre Edición