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Las empresas de venta de libros al por menor que más facturan de España. El economista

Las empresas de venta de libros al por menor que más facturan de España. El economista

Las 741 compañías dedicadas al sector de Comercio al por menor de libros en establecimientos especializados en España alcanzaron una facturación de más de 1.000 millones de euros en 2016, según el Ranking de Empresas que elabora eInforma, marca de INFORMA D&B, (filial de CESCE), líder en el suministro de Información Comercial, Financiera, Sectorial y de Marketing, publicado por elEconomista. Las diez primeras concentran el 60% de las ventas, con 616 millones de euros, y las cinco mejor clasificadas repiten puesto respecto al año anterior.

Grandes Almacenes FNAC España SA mantiene la primera plaza con una facturación de 375 millones de euros en 2016, un ligero descenso del 0,33 % respecto al año anterior. El equipo de la empresa se compone de 1.925 personas, 22 menos que el año anterior. La compañía retrocede 26 plazas en el ranking nacional, hasta la 417, y 16 en su provincia, Madrid, donde ocupa la 229. Sus activos se elevan a 157 millones de euros. El Grupo FNAC se creó en Francia en 1954. Llegó a España en diciembre de 1993, abriendo una tiene en Madrid. Actualmente, Fnac España tiene una superficie de ventas de 48.100 m2 repartidos en 28 tiendas físicas.

En la segunda posición permanece Espasa Calpe SA. La sociedad avanza 78 puestos en la lista nacional y 19 en Madrid, situándose en el 1.774 y el 726 respectivamente. Sus ventas en 2016 se elevan un 11% para alcanzar 97 millones de euros, con unos activos de 79 millones de euros. La plantilla crece en este ejercicio, de 417 a 434 empleados, con una estabilidad del 100%. La Casa del Libro se fundó en 1923 y en 1992 se integra en el Grupo Planeta, contando en la actualidad con 46 librerías.

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Alberto Manguel: «Las grandes librerías del mundo son librerías pequeñas». Entrevista de Jorge Carrión en Jot Down

Alberto Manguel: «Las grandes librerías del mundo son librerías pequeñas». Entrevista de Jorge Carrión en Jot Down

En su despacho de director de la Biblioteca Nacional de Argentina destacan un póster del séptimo centenario de Dante, una fotografía y un busto de Jorge Luis Borges, una gran bandera albiceleste y un pequeño dinosaurio de plástico verde. «Me lo regaló mi hijo», me cuenta el escritor argentino-canadiense, bibliófilo, nómada cultural, profesor, traductor, editor, ensayista y novelista, antólogo, crítico, polígrafo multilingüe, gestor cultural y, sobre todo, lector Alberto Manguel, setenta años que crean estratos sucesivos a través de las gafas en sus ojos muy claros, «porque se llama Albertosaurus y encontraron su esqueleto en la provincia canadiense de Alberta». Después se sienta en una gran butaca, me ofrece la otra y comenzamos a hablar.

Estamos en una institución que todo el mundo vincula con Borges. ¿Cómo le está ayudando su experiencia como director de la Biblioteca Nacional para entender mejor al maestro?

Son dos hechos que solo se relacionan en esa constelación universal donde todo está relacionado. Borges fue director simbólico de la biblioteca, un director universal, un bibliotecario universal, que representó no a la Biblioteca Nacional de Argentina, sino la Biblioteca en todos sus aspectos. Ahora bien, la Biblioteca Nacional de Argentina, como una institución de piedra y hierro, de papel y de tinta, implica obligaciones, necesidades y funciones extraliterarias. Borges fue el símbolo de lo literario, y la literatura se divide en un antes y un después de Borges y Borges. No se puede escribir en castellano ni tampoco se puede escribir en cualquier otra lengua sin sentir, consciente o inconscientemente, la presencia de Borges. Textos como «Pierre Menard…» cambian para siempre la noción de lo que significa escribir y leer. Mi misión se encuentra en otro campo, completamente distinto, que es el de la pura administración. Yo he abandonado mi carrera de escritor y, hasta cierto punto, de lector, asumiendo este puesto de director de la Biblioteca Nacional a fines de 2015; y me he convertido en la persona encargada de eliminar obstáculos al trabajo de las otras ochocientas y pico personas que trabajan aquí. ¿Conoce usted un ballet de una gran coreógrafa  alemana, Pina Bausch, que se llama Café Müller? ¿Recuerda que se trata de una mujer que baila y otro personaje le quita las sillas del camino para que no se tropiece? Pues yo soy esa persona.

En Con Borges, su libro de recuerdos, vincula el trabajo de Borges como bibliotecario con el suyo como librero, porque él pasaba por la librería donde usted trabajaba después de salir de la sede anterior de esta misma biblioteca. Además de conocer a Borges, ¿qué más le aportó aquella primera experiencia como joven librero?

Yo trabajaba en la librería Pigmalion, donde vendíamos libros en inglés y alemán, a la edad de quince, dieciséis, diecisiete años. Iba al colegio por las tardes. Y Borges venía a comprar sus libros ahí, y un día me pidió que fuera a su casa a leerle, como a tantas otras personas. Yo ya sabía que quería vivir entre libros, sabía que el mundo me era revelado a través de los libros y que luego el mundo confirmaba o daba una versión imperfecta de lo que los libros me habían revelado. Lo que hizo Borges fue darme dos enseñanzas fundamentales. La primera es que no me preocupase por las expectativas del mundo de los adultos, que querían que fuese médico, ingeniero o abogado —vengo de una familia de abogados—, y que aceptase mi destino entre los libros. La segunda se refiere a la escritura. Borges quería que le leyese unos cuentos que le parecían casi perfectos, sobre todo de Kipling, pero también de Chesterton y Stevenson, porque quería revisitarlos antes de ponerse a escribir de nuevo cuentos. Él dejó de escribir cuando se quedó ciego, y diez años después, a mediados de los años sesenta, quiso volver a escribir. Quería ver cómo estaban fabricados. Recordemos que para Borges hay una palabra importante, el vocablo con el cual los anglosajones nombraban al poeta, el hacedor, the maker. Para Borges la escritura era un trabajo manual, de ingeniería, entonces él anatomizaba el texto, paraba mi lectura después de una frase o dos para observar cómo se combinaban las palabras, qué palabras habían sido elegidas, qué tiempo verbal se usaba, cómo se reflejaba una frase en la otra. Esa segunda enseñanza, una enseñanza relacionada con la escritura, fue que para escribir hay que conocer el arte. Los ingleses tienen la palabra craft, la artesanía de un texto. Hasta entonces yo había pensado que la literatura era emocional, filosófica, aventurera. Borges me enseñó a preocuparme por cómo ese texto fue construido antes de comunicar la emoción. Como si mi relación hasta entonces con las personas fuera a través de lo que decían, de su aspecto físico, y de pronto me dijesen: no, no, fíjate en cómo respiran, en cómo caminan, cuál es la estructura de sus huesos.

Pero, al margen de las lecciones de Borges, ¿usted qué aprendió en la librería?

Cuando entré, la dueña me dijo: «Como no sabes nada de librerías, lo primero que tienes que saber es qué contiene una librería y dónde está lo que contiene». Es algo que han olvidado los libreros de hoy: van a la computadora, cuando uno les pregunta «¿Tiene el Quijote?»; preguntan de quién es ese libro y lo buscan en la computadora; y, si la computadora les revela que hay un ejemplar, preguntan a la computadora dónde está el libro en sus estantes. Nosotros, que no teníamos la computadora, teníamos que aprender la cartografía del lugar. Me puso con un plumero a sacar el polvo… Durante un año no hice más que eso. Y me dijo: «Cuando veas un libro que te interesa, lo sacas y lo lees»; ella esperaba que yo lo trajese de vuelta, pero muchas veces me quedaba con el libro… Porque necesitas saber qué estas vendiendo. Entonces me enseñó que un librero tiene que conocer su espacio, tiene que conocer a los habitantes de ese espacio y tiene que saber hablar y recomendar lo que hay en ese espacio.

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La utopía de la lectura. Mircea Cărtărescu. Conferencia en la inauguración de la 77ª Feria del Libro de Madrid

La utopía de la lectura. Mircea Cărtărescu. Conferencia en la inauguración de la 77ª Feria del Libro de Madrid

Una luz fría y cegadora de septiembre, unas bolas enormes, rojo-anaranjadas, de escaramujos en cuya curvatura se refleja el mundo. La verja cargada de madreselvas que visitan las últimas abejas. Estoy en mi terraza, envuelto en la inmensa luz del otoño, bajo unas nubes de otoño, compactas, reventonas, indiferentes, bajo las cuales podrían suceder crímenes e incestos, guerras fratricidas y torturas sin que su ataraxia se viera perturbada un solo ápice.

Tengo sesenta y un años, me encuentro en el otoño de mi vida. He vivido un nanosegundo en una mota de polvo del mundo que nos han concedido, incomprensible y monstruoso. Pero este instante que vivo ahora, en mi terraza, con un café, junto a mi gato birmano, con las bolas del escaramujo sobre mi hombro, compensa por completo la locura del ser y del no-ser y, como una fotografía en la que el otoño brilla con todas sus fuerzas, demuestra que el instante es más importante que la eternidad.

En este momento eterno, leo. Releo La Ilíada al cabo de muchos años. Me he sumergido en el texto en cuanto me he levantado. Ahora estoy leyendo en la terraza trasera de la casa, y he murmurado largo rato los versos del primer canto hasta que me he dado cuenta de lo extraño de la situación. Porque, cuando me despertado pensando en Homero, no me he dirigido a la biblioteca, sino que he extendido la mano hacia el móvil depositado en la mesilla. En el archivo en el que guardo mis libros esenciales he encontrado de inmediato La Ilíada, junto a la Historia de Heródoto, la DivinaComedia, Dostoievski, Rilke y Kafka. He comenzado a leer antes de espabilarme del todo.

He seguido leyendo en el baño, con el móvil imprudentemente apoyado en el borde del lavabo, y en la cocina, mientras preparaba el café, pero no me he dado cuenta de que estaba leyendo en una pantalla, y no en papel, hasta que no he visto los hexámetros griegos mezclados con las nubes otoñales reflejadas en el cristal rectangular. Las nubes de hoy, literalmente las mismas que aquellas bajo las cuales compuso el poeta su epopeya.

¿Leer a Homero en un móvil? Al principio me he sentido golpeado por el hybris, tal vez incluso por la impiedad de la situación. He dejado el teléfono, en cuya pantalla se amontonaban, en series de hexámetros, los guerreros aqueos. He fijado la mirada en el vacío, sintiendo tan solo el frescor deslumbrante del otoño. ¿Por qué La Ilíada, que vivió al principio en la laringe de los aedas, pasó imperturbable a la nueva tecnología de los rollos de papiro, luego a la nueva tecnología del libro, luego a la nueva tecnología electrónica, sin mengua y sin añadidos, levitando sobre todos los soportes como dicen que levitaban las palabras sobre las tablas de Moisés? ¿Por qué, mientras la mayoría de los libros son olvidados antes incluso de ser escritos, otros atraviesan los espacios, los tiempos y las tecnologías para que, una mañana de otoño, miles de años después de su aparición, alguien se despierte con el deseo de releerlos?

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Traducción de Marian Ochoa de Eribe.

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Los primeros editores. Alessandro Marzo Magno. Malpaso

Los primeros editores. Alessandro Marzo Magno. Malpaso

Alessandro Marzo Magno

Los primeros editores.

Traductor: Marilena de Chiara

Malpaso

2017. 256 p.

Colección: Ensayo

ISBN 978-84-16420-30-8

 

¿Dónde se imprimió el primer Corán en árabe? ¿Y el primer Talmud? ¿Y los primeros libros en griego o en cirílico? ¿Dónde se vendieron los primeros libros de bolsillo y los primeros best seller? La respuesta es siempre la misma: en Venecia.

Allí coincidieron los primeros editores modernos, que imprimieron y comercializaron tanto el primer tratado ilustrado de arquitectura como el primer libro pornográfico, además de los primeros tratados de cocina, medicina, arte militar, cosmética y los libros de mapas que permitieron que el mundo conociera los descubrimientos de los españoles al otro lado del Atlántico.

El libro enumera todos esos acontecimientos y los pone en su contexto histórico. Gracias a su poderosa industria editorial, Venecia editaba la mitad de los libros del continente. Muchos libreros ingleses o alemanes encargaban allí las tiradas de sus títulos, desde donde se distribuían con rapidez gracias a las envidiables conexiones marítimas de la Serenísima.

En el centro de ese interesantísimo panorama, que cautivará tanto a los interesados en la historia de la cultura como a los viajeros enamorados de la ciudad italiana, el autor sitúa al primer editor moderno, Aldo Manuzio, que publicó a los autores clásicos en griego y en latín, pero que también se dio cuenta de que la lengua del futuro en esa península iba a ser el italiano, y apostó por ella como instrumento de cultura. Manuzio es la gran estrella deLos primeros editores, pero como todos los genios no se entiende sin su contexto, que Alessandro Marzo Magno dibuja con gran erudición y amenidad.

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La participación cultural en Catalunya 2013-2016. Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CoNCA)

La participación cultural en Catalunya 2013-2016. Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CoNCA)

Este estudio aborda la participación cultural en Cataluña durante el siglo xxi, con una mirada centrada especialmente en la segunda década, a partir de las cuatro encuestas realizadas entre 2013 y 2016. La investigación tiene un precedente en el estudio realizado sobre la participación cultural de la juventud durante los primeros quince años de siglo. La Generalitat ha mantenido la dinámica de realizar encuestas específicas con periodicidad anual, por lo que ahora se dispone de los datos que proporcionan dos años más de recogida de información: 2015 y 2016.

El presente estudio se desarrolla en dos fases y con dos medios de aproximación distintos: los siete primeros capítulos, siguiendo el esquema del cuestionario y mediante tablas de frecuencias, efectúan un recorrido por todos los campos de práctica contemplados en las encuestas y muestran la distribución social de cada una de las prácticas. Al mismo tiempo, el cuestionario permite profundizar, no solo en la realización y formas de cada práctica, sino también en los motivos por los que no se realiza una práctica concreta, o no se hace con mayor frecuencia, así como la lengua en la que se ofrecen los contenidos. La segunda parte tiene un carácter analítico. Mediante varias técnicas estadísticas, se efectúa un análisis en profundidad de las formas de participación cultural de la población catalana.

Acceder al estudio completo.

 

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Ensayos a la intemperie -3. Vicente Luis Mora

Ensayos a la intemperie -3. Vicente Luis Mora

Esta semana ha aparecido el último número de Chuy. Revista de Estudios Literarios Latinoamericanos (n.º 4, 2018), dedicado a Josefina Ludmer, donde la conocida teórica argentina comenta su idea de lo que es el activismo cultural:

El activismo cultural no sólo piensa la literatura sino, sobre todo, la industria cultural: la producción de ideas, de obras, de acontecimientos, de libros y de teorías. Y no sólo piensa la industria cultural sino que trata de intervenir y actuar con otras tácticas, medios y recursos.

Bueno, en eso estábamos con estos ensayos a la intemperie, que hoy ahondan en dos conceptos: la parcial desmaterialización de las obras y la progresiva desaparición de la “clase media” literaria.

La parcial desmaterialización de las selvas

Y lo inmaterial envolvió los días, y probamos lo insustancial y era bueno.

José Luis Zárate[1]

En un brillante artículo de 2009, el narrador Andrés Ibáñez daba algunos elementos para explicar la falta de tradición del pago a escritores: a diferencia de otros creadores, como los artistas plásticos, que producen objetos, los escritores sólo generan textos inmateriales que otros (los editores) se encargan de convertir en cosas: “[…] cuando un escritor entrega un libro a su editor, no recibe ni un céntimo. Lo que le pagan es un tanto por ciento de las ventas del libro. Normalmente, un ‘adelanto’ sobre las ventas de ese libro”[2]. Es decir, hasta que el libro no se materializa no se considera algo de valor. Esta es la diferencia entre un pintor, o un escultor, que reciben el total del precio de venta del objeto (o el 40 o 50%, si venden a través de una galería), mientras que el escritor nunca puede aspirar por ley a más del 8 ó 10% de los rendimientos económicos de su creación. Otra forma clara de verlo serían los artículos de prensa redactados por escritores, que sólo se pagan, dice Ibáñez, cuando se publican (por experiencia personal sé que hay excepciones, pero es la regla mayoritaria), luego no tienen ningún valor hasta que aparecen publicados por otros. “En una ópera, por ejemplo, el escenógrafo, que trabaja un mes, cobra mucho más que el compositor, que trabaja dos años. El compositor no crea objetos, el escenógrafo y el figurinista, sí”, completa Ibáñez.

Seguir leyendo en el blog de Vicente Luis Mora.

 

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Informe sobre el estado de la cultura en España 2018. Fundación Alternativas

Informe sobre el estado de la cultura en España 2018. Fundación Alternativas

El quinto Informe sobre el estado de la cultura en España, organizado por el Observatorio de Cultura y Comunicación de la Fundación Alternativas, cierra, por el momento, un travelling comprensivo de la evolución y la realidad cultural de nuestro país: desde la declaración oficial de la crisis financiera hasta su presumida recuperación oficial (2011-2018). Con el acento en el estado general de la cultura pero también en sus perspectivas particulares cambiantes y diversas en cada edición, se ofrece así un privilegiado caleidoscopio sobre las vicisitudes de la cultura “en tiempos de crisis” y en sus relaciones dialécticas con la evolución social

Índice

9 Presentación. España en el espacio cultural iberoamericano: nuevos escenarios para la reflexión Nicolás Sartorius e Inmaculada Ballesteros

13 Prefacio. Una visión desde la OEI: múltiples miradas del espacio cultural iberoamericano Paulo Speller

17 Introducción. Cultura y desarrollo: paradojas del espacio iberoamericano de cultura Enrique Bustamante

29 PRIMERA PARTE. EL ESPACIO IBEROAMERICANO DE CULTURA

31 El futuro de la cooperación: reformular el espacio cultural iberoamericano Néstor García Canclini

43 El espacio audiovisual iberoamericano: viejos problemas, nuevos desafíos Martín Becerra y Guillermo Mastrini

55 El escenario mediático de futuro: los ‘otros medios’ en el espacio público iberoamericano Guillermo Orozco y Darwin Franco

67 Esfuerzos y avances regionales de tres décadas: educación artística o arte/educación en América Latina Ana Mae Barbosa

75 Retrasos y asimetrías en el desarrollo de las TIC: para una sociedad del conocimiento iberoamericana sostenible, plural e inclusiva Francisco Rui Cádima, Luís Oliveira Martins y Ricardo Neves

87 SEGUNDA PARTE. ESPAÑA: LA CULTURA COMO DERECHO

89 Entre las identidades y la economía: el patrimonio cultural en España y sus desafíos Javier Rivera Blanco

99 Potencialidades de los compromisos internacionales para unas políticas adecuadas: España y los derechos culturales Alfons Martinell Sempere y Beatriz Barreiro Carril

109 El cine español en la era digital: transformaciones profundas, actuaciones escasas José Vicente García Santamaría

121 Centralidad cultural de las lenguas minoritarias: políticas sociolingüísticas para la diversidad Ramón Zallo

135 Valoración de los agentes culturales. El estado de la cultura en España (2018): optimismo prudente, suspenso mejorado Patricia Corredor Lanas

161 Equipo de investigación

Acceder al informe completo.

 

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El amor y la lectura. Silvia Tarragó. Comanegra

El amor y la lectura. Silvia Tarragó. Comanegra

Silvia Tarragó

El amor y la lectura.

Comanegra

2018. 104 p.

Colección: Emociones

ISBN 978-84-17188-38-2

A sus cuarenta y un años, Jordi ha tenido que volver a casa de sus padres después de separarse. El día de su santo, su madre decide comprarle un libro que le anime y se acerca a la nueva librería del barrio. Cuando Ana, la librera, recibe la misión de encontrar una lectura para alguien «a quien no le gusta leer», se sorprende, pero acepta el reto.

Ana será, en este caso, el «caballero» que librará a Jordi de las zarpas de un monstruo temible: la aversión a la lectura. Lo conquistará libro a libro, sin atosigarlo ni mirarlo con condescendencia, y el se acabará enamorando no solo de los libros, si no también de su librera. Una gesta donde el amor y la pasión serán los verdaderos protagonistas.

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El discreto arquitecto del porvenir. José Andrés Rojo. Sobre Javier Pradera. Itinerario de un editor

El discreto arquitecto del porvenir. José Andrés Rojo. Sobre Javier Pradera. Itinerario de un editor

Sobre Jordi Gracia (ed.); Javier Pradera. Itinerario de un editor.

Amplio artículo reseña aparecido en Claves de Razón Práctica sobre el libro de Javier Pradera.

Acceder al artículo.

 

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Para reflexionar: por qué triunfan las bibliotecas en Finlandia. Evelio Martínez

Para reflexionar: por qué triunfan las bibliotecas en Finlandia. Evelio Martínez

El día 15 de mayo el diario The Guardian publicaba un interesante artículo sobre las bibliotecas públicas de Finlandia. En concreto, el artículo hacía referencia a la próxima obertura (en diciembre) de la biblioteca central llamada Oodi.

El texto da para hacer un par de reflexiones rápidas, de esas lanzadas al vuelo que suelo dejar en este blog.

Finlandia es un país de lectores, se nos dice, una nación nombrada por Naciones Unidas en 2016 como la más educada (literate). Los finlandeses, pues, están entre los usuarios más entusiastas de las bibliotecas públicas del mundo (los 5’5 millones de habitantes toman en préstamo al año… ¡68 millones de libros!).

Y aquí viene la primera perla / reflexión:

No es difícil ver por qué las bibliotecas de Finlandia son tan usadas: el 84% de la población es urbana, y dado el frecuente duro clima, las bibliotecas no son sólo un espacio para estudiar, leer o tomar libros en préstamo – son espacios vitales para la socialización.

Dicho en plata: uno de los factores que hace que los finlandeses vayan tanto a la biblioteca es que en Finlandia hace un frío de la hostia.

Otra perla del artículo para reflexionar:

Las bibliotecas son vistas como el rostro de la creencia finlandesa en la educación, la igualdad y la buena ciudadanía. “Hay una fuerte creencia en la eduación para todos”, dice Hanna Harris, directora de Archinfo Finland y comisionada de Mind-building [el pabellón finlandés en la biennale de arquitectura de Venecia de este 2018]. “Hay un aprecio por la ciudadanía activa – la idea de que es algo a lo que todo el mundo tiene derecho. Las bibliotecas encarnan esa idea fuertemente”.

Seguir leyendo en emartibd. Aventuras en Infolandia.

 

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